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sábado, 7 de marzo de 2026

La Junta castiga a Ayoó (y Carracedo)

Una sola foto resume los daños del incendio forestal a Ayoó.

Una noche más, entre incontables vueltas de cama y de cabeza, no he podido dormir. He tenido incluso suerte, sólo son las 3, 38 de la mañana cuando he bajado a desayunar, y por qué no, a vomitar en el ordenador lo que no me deja descansar. Supongo que era a esto a lo que le llaman “quitarse peso de encima”.

El verano pasado pasó lo que tenía que pasar, valgan todas las redundancias. La despoblación, mezclada con los trámites burocráticos en agricultura y ganadería, bien aliñado todo con trabas al acarreo de leña de ríos y montes, y de postre dejadez en la limpieza de solares, han sido el cóctel perfecto para que un… “alguien” (juro que me estoy mordiendo la lengua para no calificarlo) con una simple cerilla cambiara la faz de nuestra tierra en muerte y desolación, y a la gente en impotencia y desesperación.

Parece ser que todo empezó en Entrevalles. Desde Ayoó el espectáculo era dantesco. Aquel domingo las columnas de humo avanzaban claramente en nuestra dirección. Terrible. Imposible definir.

Pero por la mañana era otra cosa. El lunes amaneció sin rastro de humo. La humedad nocturna, o el trabajo de los bomberos (pensamos), habían parado uno de tantos incendios forestales que pese a lo grave y extraordinario hemos acabado normalizando.

Aquel lunes teníamos programado un viaje familiar. Una ventana a la ilusión. Dudamos de salir, es cierto, pero desde nuestra posición el incendio del domingo nos quedaba en contra del viento y no había rastro de humo que indicara peligro. Por otra parte, nada podemos hacer. Si el monte se quema, como ardió la Peña de Abajo, al fin y al cabo es una pérdida, terrible, pero no es más que madera. Así que lo programado: coche y rumbo a la capital.

Dicen que la mañana estuvo tranquila. En Congosta, pueblo que lindaba con el extinto incendio, vida normal. Pero a mediodía todo cambió. El incendio no estaba muerto, sólo desatendido, y la sequedad extrema del verano y un poco de viento avivaron auténtica gasolina. Si la primera chispa fue intencionada, el abandono y falta de perimetrar de un monstruo también hace pensar lo mismo. La diferencia es que ya no era monte, ya no era sólo madera, ahora tocaba pueblo. Ahora iba a por la carne. Tocaba venganza.

Una pequeña vega se interponía. Sólo unos rastrojos y la hierba seca de cunetas. Un frente de poca altura, de lento avanzar. Una mecha que si nadie pisa hará explotar la bomba. Y explotó, vaya si explotó.

La primera reacción fue confinar la gente en sus casas. La Guardia Civil patrullando bajo pena de multa. La idea era la táctica del avestruz; si yo no veo el incendio el incendio no me ve, pasa de largo. Todos en casita con las ventanas cerradas y las persianas bajadas. Y la cabeza bajo tierra, a ver si el fuego nos ignora. O a lo mejor le da por llover. O cae un meteorito y la falta de oxígeno que provoca la explosión ahoga el fuego. Los directores de operaciones se estaban ganando el sueldo haciendo experimentos con los ayoínos. Dicen que los experimentos se hacen con gaseosa, pero aquí no, aquí siguieron los mismos consejos del que dijo “no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado”. O sea, hacer nada (qué contradicción).

Menos mal que la gente salió de casa, manguera y calderos en mano, como se ha hecho toda la vida, en contra de la opinión de las patrullas lápiz en mano. Menos mal, porque entonces el famoso incendio del 25 de marzo de 1878 en el que se quemaron 44 casas, de ellas 33 habitadas, hubiera sido peccata minuta, un fueguito sin importancia. Menos mal que era verano y los abundantes veraneantes, codo con codo con los autóctonos, le echaron güevos. Menos mal, porque de lo contrario el cementerio hubiera colapsado, y alguno con multa póstuma. Encima.

Nosotros, mi familia, cuando quisimos volver, después del largo viaje nos cortaron el paso en el cruce de Rosinos. Retenidos en Santibáñez de Vidriales. No sé cuánto tiempo. Hasta que nos permitieron rodear por retaguardia. Hasta que todo había pasado.

Por casa bien, gracias a los valientes ayoínos. Pero mal por mis dos almacenes, en los que guardaba máquinas, herramientas y útiles para mi pie de vida en la construcción como autónomo, y mis actividades como autosuficiente: adiós al tractor, remolque, aperos, leñas…

A algunos les toca la lotería, a otros nos tocó al revés, tocó el gordo y devolver el reintegro sin haber jugado. Pero a resiliencia nadie nos gana. Detrás de toda tormenta vuelve a salir el sol.

En plenas tareas de limpieza, con negro hasta el alma, llegó el milagro. Si en el incendio de 1878 fue San Bartolo el que contuvo el incendio, en verano de 2025 apareció la ministra Margarita en helicóptero. Un par de vueltas sobrevolando el pueblo, sería para no perder detalle de los daños, y aterrizaje en el paraje del “Coito”, en el campo de fútbol. Sin avisar. Vale. El motivo de la visita parece ser que fue pasar revista a la UME, obligada a desplazarse desde su base en Santibáñez de Vidriales (11 km.). Tan lejos quedaba Santibáñez como Ayoó, pero se ve que la foto no es la misma. El fondo calcinado queda mucho más bonito; mires para donde mires desde ese punto no quedó un triste metro cuadrado sin daño. Así cualquiera.

El mensaje de la ministra Margarita en los medios de comunicación fue claro: Gracias a la UME el fuego no llegó al casco urbano de Ayoó de Vidriales.

¿Queeeeeeee…?

A mis 61 años por fin he entendido por qué donde aparcó la ministra Margarita su helicóptero se le llama “Coito” y por qué al lado construyeron el campo de fútbol, para que algún día la ministra Margarita pudiera venir a Ayoó a jod.. y a tocar las pelotas sin moverse del sitio. Esto no se le ocurrió predecir ni a Nostradamus.

A ver, ministra Margarita: el fuego llegó al casco urbano de Ayoó, cruzó el casco urbano de Ayoó, y no quemó todo el casco urbano de Ayoó de chiripa. De chiripa no, del esfuerzo ayoíno. Por poner algunos ejemplos, ardió la Perapán (en el centro del pueblo), un solar en la calle Carracedo, 20 (rodeado de viviendas), o varios edificios en la calle Peñacabras. Incluso en la tele, cuando hablaban de estos incendios, ponían en bucle a los ayoínos frente al fuego tirando de mangueras.

Así que ministra Margarita, por no decir ministra Mentirita, si tu parte de “guerra” ha sido que gracias a la UME el fuego no alcanzó el casco urbano de Ayoó, sólo puedo decir que no has estado a la altura. Ni a la altura de tu rango ni a la intelectual, porque como ves se pilla antes a una mentirosa que a una coja. Y a la física se ve que tampoco, porque podrías no haber llegado a las ventanillas del helicóptero cuando sobrevolaste el pueblo, y eso explicaría tu análisis. Prefiero pensar lo último.

Por cierto, ministra Mentirita, el coche propiedad de una valiente joven de las pocas que apuestan por el pueblo, y aparcado en una calle, también se abrasó. Las marcas todavía están en el hormigón de la calle. Si quieres te envío una foto. O un dossier.

La junta de Castilla y León, que falló en prevención, corrió a decretar ayudas a los afectados. Dice el refrán que las penas con pan son menos penas. Bien. En primer lugar, y antes de nada, se corrió a alimentar a nuestros vecinos los animales silvestres. Sales minerales, paja, hierba, cebada, pienso granulado y de postre melones. Que no les falte de ná. A continuación los pocos animales domésticos, ya sin melones. Vale.

Parece ser que después se centraron en las viviendas afectadas, como es lógico y razonable. A continuación ayudas por evacuación (que más bien parecen propinas por las molestias), y en último lugar quienes más impuestos pagan, ayudas para... y copio textualmente: “Reforzar la liquidez y solvencia de los autónomos y pymes para que puedan mantener su actividad y el empleo en la zona, a fin de proteger el tejido productivo y recuperar progresivamente la actividad económica en la zona”.

Como autónomo afectado, y después de un problema en la gestoría, mi solicitud se hizo el diecisiete de septiembre. Ya cumple seis meses y a esa criatura la han ignorado por completo. Después de un ciento de llamadas, de hablar con máquinas como si fuéramos idiotas, alguien de cuyo nombre intento olvidarme me dijo que seguramente no contestarían mi solicitud, y que sería rechazada. ¿El motivo?: Ayoó y Carracedo no fueron desalojados, y por tanto sus autónomos no tendríamos acceso a dichas ayudas.

¿Queeeeeeee…?

En primer lugar, artículo 21 de la Ley 39/2015, la administración pública en España está obligada legalmente a dictar resolución expresa y a notificarla en todos los procedimientos, sin importar cómo se hayan iniciado. El plazo máximo es de seis meses, aunque si no se fija plazo específico, es de tres. Esto se conoce como silencio administrativo, y la consecuencia legal es la responsabilidad disciplinaria (Art. 21.6 LPAC). Sé que la maraña de cargos y cargas, y no es inclusión lingüística, se va a pasar esto por el arco del triunfo. Es lo que hay, y así nos luce el pelo (al que le luce).

En segundo lugar, se está produciendo un agravio comparativo, un trato desigual e injustificado recibido frente a otros en situaciones idénticas, violando el principio de igualdad. Yo me atrevo a decir que los autónomos de Ayoó y Carracedo estamos en peor situación que la de otros pueblos que si han recibido ayudas. Hay pueblos con daños, como Ayoó y Carracedo, y pueblos sin pérdidas materiales en los que el fuego no llegó al casco urbano (y tampoco gracias a la UME de la ministra Mentirita, sino a los cambios del viento). Si las comparaciones son odiosas, ésta se lleva la palma.

En tercer lugar, si hubiera justicia distributiva, las ayudas deberían ser equitativas, no igualitarias, adaptando el apoyo a las necesidades y circunstancias específicas de cada beneficiario para alcanzar un resultado justo. Sé que esto es pedirle peras al olmo, si en algo destaca la administración es en vagancia (excepto la parte recaudatoria, qué curioso), y es más sencillo de repartir ayudas igualitarias. Pero, ¿alguien me puede explicar qué tiene que ver desalojo o no desalojo, o en mi caso retención, para excluir nuestros negocios de las ayudas a autónomos y PYMES? ¿Por qué no ha habido ni un solo problema en concederla en pueblos no afectados y en Ayoó y Carracedo completamente cercados por el fuego, con varios edificios destruidos y graves daños materiales no han podido acceder a las ayudas? ¿Entendéis mi indignación?

En cuarto lugar, ¿alguien ha visto al ayuntamiento de Ayoó? ¿Sabéis si es lo único que desalojaron y no han vuelto? ¿Cómo es posible que permita distinto trato en dos de sus tres pueblos? En Congosta las ayudas fueron aprobadas, en el monte común los trabajos son iguales, a los animales silvestres se les ha tratado por igual, se ve que los ciudadanos de Ayoó y Carracedo estamos un peldaño por debajo de la última mierda del cuento. ¿Acaso el haber trabajado en las tareas de extinción como héroes no merece aparte de la misma ayuda un plus de agradecimiento, y sobre todo un ápice de dignidad? Se han quemado casas, almacenes, un coche en la vía pública… ¿qué más tiene que ocurrir para que deis un puñetazo sobre la mesa del pleno extraordinario que ni siquiera habéis convocado para exigir como poco justicia e igualdad, y una declaración formal de ayuntamiento gravemente afectado? ¿O es que pensáis lo mismo que la ministra Mentirita, que aquí no ha pasado nada?

En el lugar numero cinco, y la coletilla a la inversa nos viene de perlas, este escrito estaba preparado para el diecisiete de marzo. Pero el día quince habemus elecciones autonómicas. Así que sirva este adelanto de rabia contenida para mostrar al mundo la calaña que nos gobierna, que se llena la boca con la despoblación y sus soluciones a la hora de pedir el voto, que promete hasta que mete, y después de metido voy y te olvido. Los autónomos somos trabajadores, resignados, valientes en este país de palos en las ruedas. Y no queremos nada que no nos pertenezca, por igualdad, por dignidad, y porque no tenéis razón ni derecho a ningunearnos. Yo trabajo en la construcción y sé de primera mano la dureza del hormigón armado. Nada comparado con vuestra cara, con vuestra actitud chulesca y mentirosa que ha dejado en la cuneta a los poquitos que resistimos en estos pueblos. Si tenéis lo que hay que tener, os espero en algún mitin para cantaros las cuarenta. A todos. Porque parece que sólo os interesa el sillón calentito, y quede el trabajo sin hacer. Lo confirmáis a diario.

¡Ah!, y el próximo letrero de "la Junta de Castilla y León" deberíais escribirlo correcta y literalmente: "La Junta castiga a Ayoó".

Está amaneciendo. Voy a tomar otro café y a publicar. Y después al baño, una necesidad fisiológica manda. Mira, pensando en vosotros, políticos, no hay estreñimiento que valga. Algo os tengo que agradecer. Que os aproveche.

_el ti Joaquín_

 

P.D.: Las ayudas a autónomos y PYMES desde un principio me parecieron una generosa inyección económica a nuestros pueblos, castigados por los incendios. Pudiera parecer, y no es cierto que me parezca mal que a vosotros, autónomos, os hayan aprobado las ayudas aunque vuestro pueblo haya sufrido poco o nada. Sólo quiero que entendáis mi postura que mañana puede ser la vuestra, cuando vuelva a haber una catástrofe similar, que volverá, y os dejen selectivamente con el culo al aire como a nosotros.


 

domingo, 22 de febrero de 2026

La Corte de Ayoó.

La Corte nevada, vista desde la Chana.

Una rama de la ciencia del leguaje, o lingüística, es la etimología; que define la RAE como “Origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma”. La etimología, aparte de ser la historia de las palabras, su origen y derivaciones, se me antoja como la historia de las cosas, o la historia de las historias. Un nombre (o su raíz) nos puede llevar a definiciones sorprendentes, como la que nos espera a continuación:

Una aplicación de la etimología es la toponimia, el estudio de los nombres propios de los lugares, así como sus raíces. Bien, pues hagamos un ejercicio de toponimia con un lugar de Ayoó de Vidriales como otro cualquiera, sin ninguna particularidad especial.

Siempre me llamó la atención, desde el primer momento que lo oí, el topónimo “La Corte”, un lugar en medio de un valle al norte del pueblo. No debiera carecer de importancia, ya que da nombre al arroyo que baja desde la Chana con aguas de lluvia, y recoge las de varias fuentes de la parte más alta del valle, Los Labayos, otro topónimo bastante común en España, que parece hacer referencia a zona pantanosa, encharcada. Nunca mejor descrito el lugar.

La Corte. MTN 50 (1936)

Antes de seguir, también quiero resaltar el hecho de que en Ayoó se establecieron dos importantes comunidades culturales en un monasterio seguramente fundado por San Fructuoso hacia el año 650, por lo que se deduce de un documento de 1057 de la infanta doña Elvira, hija ilegítima del rey Bermudo II, fundador del monasterio de Carracedo, en el Bierzo, y cooperador necesario en la restauración del monasterio de Ageo. Explícitamente habla de una donación: “Y la dimos y entregamos a la casa de San Fructuoso, en toda su integridad, para que le sirva para siempre”. La casa de San Fructuoso sin duda nos habla de su fundador, seguramente a raíz de la decadencia de Petavonium, en Rosinos de Vidriales. La primera etapa, interrumpida dos veces por la invasión musulmana, dio paso a la segunda, tomada a la fuerza por los templarios hasta el 1310. Estas dos comunidades le dieron especial importancia a los topónimos, llamando “Fanum” (lugar sagrado) a un castro indígena, “El Castrillo”  a la zona donde seguramente hubo un pequeño campamento romano para conquistar el anterior castro, y La Corte, en femenino, no a lo que imaginamos, un corte en el terreno, o un valle estrecho, sino a otra explicación mucho más relevante.

El diccionario de la RAE tiene 18 acepciones para la palabra “corte”, desde la acción y efecto de cortar, el filo del instrumento, la herida, etc, pero hay una segunda palabra “corte” con un significado distinto y 10 acepciones. Las número 4 y 5 hacen referencia al ganado como un edificio, recinto o cercado para guardarlo; el resto a las personas como grupo menos una, que describe el territorio que hay alrededor de esa gente. Puesto que buscamos un significado antiguo, nada como consultar a nuestros mayores ayoínos, y “corte” es una palabra desconocida de como comienza el diccionario, al margen del topónimo que estamos estudiando. En la vecina Valdería, concretamente en mi pueblo Calzada, coinciden con la gente de Ayoó, dato que confirma Isidora Rivas al no incluir “Corte” en su diccionario “Voces del Eria”.

Por la estrecha relación de la primera comunidad de monjes con el Bierzo, y las repoblaciones conjuntas, he consultado otro diccionario online: El Varal, del museo etnográfico agrícola en Carracedo del Monasterio, pueblo que acogió a la comunidad de Ayoó durante la conquista musulmana, y que más tarde hizo el viaje de vuelta con la comunidad berciana al llegar allí las hordas invasoras. Fruto de este último viaje seguramente naciera el pueblo de Carracedo de Vidriales. En el Varal, la entrada 200 dice: CORTE. Cuadra de los animales, y la 201 CORTELLO. Cuadra pequeña. Precisamente en éste Carracedo de Vidriales se utilizó una palabra parecida, “cortella”, para nombrar a las pocilgas de cerdos (informante Manuel Álvarez, actualmente la persona de mayor edad que reside en el pueblo). Y ya preguntando en Ayoó por esa “cortella” y no por “corte”, Andrés Gutiérrez recordó una parecida, en desuso, pero no olvidada: "cortea". Otra informante, Trini Lobato, recuerda de sus mayores una palabra similar, más importante si cabe: “curtea”, para llamar a la pocilga. Digo lo de la importancia porque estamos ante una típica palabra en leonés y su evolución fonética del latín, en el que sus vocales -o y -e se cierran en -u y -i, o incluso en diptongos, como -oi y -ei (ejemplos en Ayoó: coito por coto, veiga por vega, requeijo por requejo). (Ver la Cátedra de Estudios Leoneses de la Universidad de León, entrada “cortea” o “curtea”). Y ya, indagando levemente, en el pueblo de San Pedro de Ceque, vecino por el Sur de Ayoó, la cortea a día de hoy es una palabra en uso, normal, para denominar la pocilga.

 

Queda una visita general en Google de “corte”, y nos lleva al resto de Castilla y León, Cantabria, Asturias, Galicia, etc, (incluso en catalán se dice “cort” y en vasco “korta”), sitios donde también se utiliza esa palabra o derivadas para nombrar pocilga, cuadra o establo, aunque generalmente en desuso. Y me parece interesante una última acepción para “corte”, que se sigue utilizando aunque no la recoja el diccionario, y es en masculino (el corte) y sinónimo de “tajo”, como el sitio a donde llega y se interrumpe el trabajo de los operarios para comer o como final de jornada, porque queda “cortado”. Pero quizás el topónimo de La Corte tenga más que ver con los animales que con otros cortes, aunque sean metafóricos, así que seguiremos ese hilo.


Según la prestigiosa página “Etimologías de Chile”, la acepción que buscamos de la palabra “Corte” viene del latín “cors, cortis”, y éste de “cohors, cohortis”, palabras formadas por el prefijo “co-” y la raíz “hort-” (lugar cercado, huerto). Desde el latín muy antiguo esta palabra pasó al ejército, donde “cohors” definió a una unidad militar, una subdivisión de una legión de normalmente unos 500 hombres. Las cohortes con el tiempo fueron tropas auxiliares con recinto propio que daban apoyo a la legión, por lo que cohorte acabó significando “tropa que rodea a un mando”, luego “séquito que rodea a un rey”, y con el tiempo “asambleas consultivas”, lo que da sentido a las Cortes parlamentarias, y a la Corte como tribunal de justicia. Por otra parte, “huerto” parece venir del latín “hortus” (jardín), y éste del griego “hortos”, como “lugar cercado, rodeado de valla, recinto” que se usa como pasto.

 

En San Pedro de la Viña hay un lugar en el que se repite la relación entre huerto y corte, pero escondida tras un diminutivo. Las huertas que hay entre el campamento de la Calea (de una cohorte) y la fuente del lugar, o fuente romana, se conocen como “Las Cortinas”, como si “la corte” original hubiera sido dividida en “cortes” más pequeñas o Cortinas, que es el nombre dado en la actualidad.

(Para ampliar las fotos clicar encima)
 

Vuelo americano A. 28/07/1946.


Campamento romano, o "la corte" (lugar cercado).

Topónimo las Cortinas (división de la corte en partes más pequeñas)

Volviendo a Ayoó, buscaremos en La Corte algún tipo de corral o recinto que pueda servir para el ganado, o tal vez asociado a la larga estancia de los romanos en Vidriales. Sobre el terreno actualmente no hay nada, y las memorias de nuestros mayores tampoco recuerdan otra cosa que un tejar, justo debajo de uno de los barrancos. El tejar podía haber sido una excelente explicación, pero entre sus restos no hay ni rastro de ímbrices o tégula, es relativamente reciente. En la fotografía aérea del vuelo B americano se aprecia una llamativa línea recta de unos 100 metros, con dos esquinas redondeadas en sus extremos, al lado derecho del arroyo. El lado izquierdo, debido al desnivel y el natural arrastre de sedimentos no conserva marcas, si acaso en la última esquina izquierda, a unos 90 metros de dicha línea. En conjunto parece un rectángulo con esquinas redondeadas, el modelo típico de campamento romano con una superficie inferior a la hectárea.






Como campamento incumple los consejos de Vegecio, estando dominado por lugares más altos. Por la pendiente es improbable que inundara alguno de sus fosos, como en casi la totalidad de campamentos de la zona; cuenta con agua, sí, pero el arroyo lo cruza por el centro. La verdad es que como campamento es muy raro, y en verano el arroyo lo dejaría casi sin agua, porque merma su caudal y ya conocemos las necesidades hídricas romanas y su facilidad de conducirla donde hiciera falta.



Vuelo PNOA 2006 de La Corte

Posiblemente forzando el relato, recuerdo que Pascual Madoz nos habla de agua canalizada desde Castrocontrigo, a tres leguas de distancia, hasta el castro de San Pedro/Fuente Encalada. Manuel Gómez-Moreno en su Catálogo Monumental de la provincia de Zamora, también menciona “otra conducción de aguas (que) llegaba encañada desde Ayoó, faldeando la ladera del valle”. Ambos canales sin duda son el mismo, y necesariamente deberían discurrir “faldeando” el lado izquierdo del Almucera, sin cruzarlo, lo que nos lleva a la Peña de San Mamés, y de ahí hasta el valle más a la izquierda de la cuenca de Ayoó, al arroyo de La Corte. El valle que más se acerca a la Valdería es el de Ayoó Pequeñino, pero también el más pantanoso. En cambio, La Corte parece ideal para ese canal, ya que es el valle más al Norte que vierte las aguas en Vidriales, y quitando un pequeño tramo en los Labayos discurre por una zona que conservaría bien la calidad del agua.

 

Paralelo a ese valle discurre el camino Foracuervos, suplantado por otro nuevo de la concentración parcelaria, para mí la forma de subir a la Chana por el sitio más sano, en contra del resto de valles que mientras no se abrieron canales fueron humedales difíciles de transitar. Un camino que iría paralelo a ese canal hasta la Chana, donde enlaza con el camino a Castrocontrigo. De haber un canal, sin duda son necesarios esos caminos paralelos, para su construcción y mantenimiento. También es posible que el canal original se repartiera en dos o más ramales, pero seguramente que uno abastecería permanentemente el recinto de La Corte. Ese camino a Castrocontrigo, que más tarde se ampliaría por Requeijo, mantendría buena comunicación de las tropas acantonadas en Petavonium con las minas de oro de la Valdería, por ser el camino más corto entre ambos puntos.



Pero queda por encontrar sentido al recinto de La Corte. Mi propuesta, siempre como hipótesis, pudo tener origen como campamento (para una cohorte, unos 500 hombres), y de ahí su forma, en el momento de la construcción de dichos camino y canal para no tener que desplazarse cada jornada de trabajo, y para protegerse de las inclemencias atmosféricas o de alguna otra amenaza. Pero posteriormente, y debido a su situación, pudo dedicarse a abastecer al ejército de un bien preciado, la cría de ganado, y me decanto por caballos. El último cuerpo romano en abandonar Vidriales pudo ser el Ala de caballería II Flavia Hispanorum civium romanorum en el siglo cuarto después de Cristo, de unos 500 jinetes a caballo. Para mantener y renovar esa caballería, y sus otros animales de carga, como burros o mulos, por fuerza en los alrededores de Petavonium serían necesarias importantes caballerizas. Debido al abundante pasto fresco y agua, los valles de Ayoó son indicados para la cría, alimentación y entrenamiento de los équidos. De hecho, en un censo del Ministerio de Agricultura de mediados del siglo XX, y gracias a las bondades descritas, se contabilizan 133 cabezas de ganado caballar, 21 cabezas de ganado asnal y 111 cabezas de ganado mular (siempre fueron muchos más de los censados, entre crías, nuevas compras y algunos no inscritos), que se organizaban para salir a pastar a toque de campana como “yeguada”.

 

Mi conclusión, y sólo por buscarle sentido al topónimo La Corte:

La llegada de los monjes para la fundación del monasterio de Ageo sin duda encontró el mencionado recinto, o al menos sus restos, y vista su importancia no dudaron en llamar “cors o cortis” al sitio, que derivó en La Corte como se denomina actualmente. Ese enorme establo dio nombre al arroyo que algún día fue canal artificial. Por falta de mantenimiento y debido a las tareas agrícolas, se nivelaron los restos y gran parte de los canales se taparon, lo que nos lleva a conjeturar cómo, por dónde y en la pendiente adecuada encauzaron el agua. De los ingenieros romanos nos podemos esperar cualquier cosa, por extraordinaria que parezca. Por su increíble constancia y determinación dejaron escrito: Aut viam invenian aut faciam. (Encontraré un camino o haré uno).

Al agua o a lo que sea. 


miércoles, 14 de enero de 2026

Carta a los Magos.


Queridos Reyes Magos:

no soy niño ni viejo,

pero he visto el buzón

y os envío estos versos.

Espero que esta carta

arribe a buen puerto,

hagáis vuestro trabajo,

y así todos contentos.

Yo no quiero regalos,

ya no pido deseos;

tan solo quiero saber

por qué ha ardido mi pueblo.

Vosotros, que sois magos,

y nos veis desde el cielo,

señalad quien ha sido

la bestia del mechero.

Y cuando esté durmiendo,

llevadle carbón negro,

(por no decir un cáncer

que coma sus adentros)

Llevadle taquicardia

para eso de su pecho,

que no late, vomita

odio y resentimiento.

Que no le falten mocos,

y que le sobren cuernos,

que la culpa le explote

su podrido cerebro.

En esta noche Santa

dejadle, por supuesto,

la mayor almorrana

que le quepa en el cuerpo.

Ponedle ojos de topo,

orejas de cabestro,

y cuando quiera comer

que gruña como un cerdo.

Vosotros, que sois magos,

sé que podéis hacerlo

y tendréis mi gratitud

y la del pueblo entero.

Nada más, abrigaros,

viene frío este invierno;

feliz regreso a casa,

saludos al cartero.




P.D. Gracias al grupo ADN por adornar el pueblo.