Queridos Reyes Magos:
no soy niño ni viejo,
pero he visto el
buzón
y os envío estos
versos.
Espero que esta carta
arribe a buen puerto,
hagáis vuestro
trabajo,
y así todos
contentos.
Yo no quiero regalos,
ya no pido deseos;
tan solo quiero saber
por qué ha ardido mi
pueblo.
Vosotros, que sois
magos,
y nos veis desde el
cielo,
señalad quien ha sido
la bestia del
mechero.
Y cuando esté durmiendo,
llevadle carbón
negro,
(por no decir un
cáncer
que coma sus adentros)
Llevadle taquicardia
para eso de su pecho,
que no late, vomita
odio y resentimiento.
Que no le falten mocos,
y que le sobren cuernos,
que la culpa le
explote
su podrido cerebro.
En esta noche Santa
dejadle, por supuesto,
la mayor almorrana
que le quepa en el
cuerpo.
Ponedle ojos de topo,
orejas de cabestro,
y cuando quiera comer
que gruña como un
cerdo.
Vosotros, que sois
magos,
sé que podéis hacerlo
y tendréis mi
gratitud
y la del pueblo
entero.
Nada más, abrigaros,
viene frío este
invierno;
feliz regreso a casa,
saludos al cartero.



