| Una sola foto resume los daños del incendio forestal a Ayoó. |
Una noche más, entre incontables
vueltas de cama y de cabeza, no he podido dormir. He tenido incluso suerte, sólo
son las 3, 38 de la mañana cuando he bajado a desayunar, y por qué no, a
vomitar en el ordenador lo que no me deja descansar. Supongo que era a esto a lo
que le llaman “quitarse peso de encima”.
El verano pasado pasó
lo que tenía que pasar, valgan todas las redundancias. La despoblación, mezclada
con los trámites burocráticos en agricultura y ganadería, bien aliñado todo con
trabas al acarreo de leña de ríos y montes, y de postre dejadez en la limpieza
de solares, han sido el cóctel perfecto para que un… “alguien” (juro que me
estoy mordiendo la lengua para no calificarlo) con una simple cerilla cambiara
la faz de nuestra tierra en muerte y desolación, y a la gente en impotencia y
desesperación.
Parece ser que todo
empezó en Entrevalles. Desde Ayoó el espectáculo era dantesco. Aquel domingo
las columnas de humo avanzaban claramente en nuestra dirección. Terrible.
Imposible definir.
Pero por la mañana
era otra cosa. El lunes amaneció sin rastro de humo. La humedad nocturna, o el
trabajo de los bomberos (pensamos), habían parado uno de tantos incendios
forestales que pese a lo grave y extraordinario hemos acabado normalizando.
Aquel lunes teníamos programado
un viaje familiar. Una ventana a la ilusión. Dudamos de salir, es cierto, pero
desde nuestra posición el incendio del domingo nos quedaba en contra del viento
y no había rastro de humo que indicara peligro. Por otra parte, nada podemos
hacer. Si el monte se quema, como ardió la Peña de Abajo, al fin y al cabo es
una pérdida, terrible, pero no es más que madera. Así que lo programado: coche
y rumbo a la capital.
Dicen que la mañana
estuvo tranquila. En Congosta, pueblo que lindaba con el extinto incendio, vida
normal. Pero a mediodía todo cambió. El incendio no estaba muerto, sólo
desatendido, y la sequedad extrema del verano y un poco de viento avivaron
auténtica gasolina. Si la primera chispa fue intencionada, el abandono y falta
de perimetrar de un monstruo también hace pensar lo mismo. La diferencia es que
ya no era monte, ya no era sólo madera, ahora tocaba pueblo. Ahora iba a por la
carne. Tocaba venganza.
Una pequeña vega se
interponía. Sólo unos rastrojos y la hierba seca de cunetas. Un frente de poca
altura, de lento avanzar. Una mecha que si nadie pisa hará explotar la bomba. Y
explotó, vaya si explotó.
La primera reacción
fue confinar la gente en sus casas. La Guardia Civil patrullando bajo pena de
multa. La idea era la táctica del avestruz; si yo no veo el incendio el
incendio no me ve, pasa de largo. Todos en casita con las ventanas cerradas y
las persianas bajadas. Y la cabeza bajo tierra, a ver si el fuego nos ignora. O
a lo mejor le da por llover. O cae un meteorito y la falta de oxígeno que
provoca la explosión ahoga el fuego. Los directores de operaciones se estaban ganando
el sueldo haciendo experimentos con los ayoínos. Dicen que los experimentos se
hacen con gaseosa, pero aquí no, aquí siguieron los mismos consejos del que
dijo “no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado”. O sea, hacer
nada (qué contradicción).
Menos mal que la
gente salió de casa, manguera y calderos en mano, como se ha hecho toda la vida,
en contra de la opinión de las patrullas lápiz en mano. Menos mal, porque
entonces el famoso incendio del 25 de marzo de 1878 en el que se quemaron 44
casas, de ellas 33 habitadas, hubiera sido peccata minuta, un fueguito sin
importancia. Menos mal que era verano y los abundantes veraneantes, codo con
codo con los autóctonos, le echaron güevos. Menos mal, porque de lo contrario el
cementerio hubiera colapsado, y todos y cada uno con una multa. Encima.
Nosotros, mi familia,
cuando quisimos volver, después del largo viaje nos cortaron el paso en el
cruce de Rosinos. Retenidos en Santibáñez de Vidriales. No sé cuánto tiempo. Hasta
que nos permitieron rodear por retaguardia. Hasta que todo había pasado.
Por casa bien,
gracias a los valientes ayoínos. Pero mal por mis dos almacenes, en los que
guardaba máquinas, herramientas y útiles para mi pie de vida en la construcción
como autónomo, y mis actividades como autosuficiente: adiós al tractor, aperos,
leñas…
A algunos les toca la
lotería, a otros nos tocó al revés, tocó el gordo y devolver el reintegro sin
haber jugado. Pero a resiliencia nadie nos gana. Detrás de toda tormenta vuelve
a salir el sol.
En plenas tareas de
limpieza, con negro hasta el alma, llegó el milagro. Si en el incendio de 1878
fue San Bartolo el que contuvo el incendio, en verano de 2025 apareció la
ministra Margarita en helicóptero. Un par de vueltas sobrevolando el pueblo,
sería para no perder detalle de los daños, y aterrizaje en el paraje del “Coito”,
en el campo de fútbol. Sin avisar. Vale. El motivo de la visita parece ser que
fue pasar revista a la UME, obligada a desplazarse desde su base en Santibáñez
de Vidriales (11 km.). Tan lejos quedaba Santibáñez como Ayoó, pero se ve que
la foto no es la misma. El fondo calcinado queda mucho más bonito; mires para
donde mires desde ese punto no quedó un triste metro cuadrado sin daño. Así
cualquiera.
El mensaje de la
ministra Margarita en los medios de comunicación fue claro: Gracias a la UME el
fuego no llegó al casco urbano de Ayoó de Vidriales.
¿Queeeeeeee…?
A mis 61 años por fin
he entendido por qué donde aparcó la ministra Margarita su helicóptero se le
llama “Coito” y por qué al lado construyeron el campo de fútbol, para que algún
día la ministra Margarita pudiera venir a Ayoó a jod.. y a tocar las pelotas
sin moverse del sitio. Esto no se le ocurrió predecir ni a Nostradamus.
A ver, ministra
Margarita: el fuego llegó al casco urbano de Ayoó, cruzó el casco urbano de Ayoó,
y no quemó todo el casco urbano de Ayoó de chiripa. De chiripa no, del esfuerzo
ayoíno. Por poner algunos ejemplos, ardió la Perapán (en el centro del pueblo),
un solar en la calle Carracedo, 20 (rodeado de viviendas), o varios edificios
en la calle Peñacabras. Incluso en la tele, cuando hablaban de estos incendios,
ponían en bucle a los ayoínos frente al fuego tirando de mangueras.
Así que ministra
Margarita, por no decir ministra Mentirita, si tu parte de “guerra” ha sido que
gracias a la UME el fuego no alcanzó el casco urbano de Ayoó, sólo puedo decir
que no has estado a la altura. Ni a la altura de tu rango ni a la intelectual,
porque como ves se pilla antes a una mentirosa que a una coja. Y a la física se
ve que tampoco, porque podrías no haber llegado a las ventanillas del
helicóptero cuando sobrevolaste el pueblo, y eso explicaría tu análisis.
Prefiero pensar lo último.
Por cierto, ministra Mentirita,
el coche propiedad de una valiente joven de las pocas que apuestan por el
pueblo, y aparcado en una calle, también se abrasó. Las marcas todavía están en
el hormigón de la calle. Si quieres te envío una foto, o un dossier.
La junta de Castilla
y León, que falló en prevención, corrió a decretar ayudas a los afectados. Dice
el refrán que las penas con pan son menos penas. Bien. En primer lugar, y antes
de nada, corrieron a alimentar a nuestros vecinos los animales silvestres. Sales
minerales, paja, hierba, cebada, pienso granulado y de postre melones. Que no
les falte de ná. A continuación los pocos animales domésticos, ya sin melones.
Vale.
Parece ser que
después se centraron en las viviendas afectadas, como es lógico y razonable. Y
de parte última ayudas por evacuación (que más bien parecen propinas por las
molestias), y en último lugar quienes más impuestos pagan, ayudas para... y copio textualmente:
“Reforzar la liquidez
y solvencia de los autónomos y pymes para que puedan mantener su actividad y el
empleo en la zona, a fin de proteger el tejido productivo y recuperar
progresivamente la actividad económica en la zona”.
Como autónomo
afectado, y después de un problema en la gestoría, mi solicitud se hizo el
diecisiete de septiembre. Ya cumple seis meses y a esa criatura la han ignorado
por completo. Después de un ciento de llamadas, de hablar con máquinas como si
fuéramos idiotas, alguien de cuyo nombre intento olvidarme me dijo que
seguramente no contestarían mi solicitud, y que sería rechazada. ¿El motivo?:
Ayoó y Carracedo no fueron desalojados, y por tanto sus autónomos no tendríamos
acceso a dichas ayudas.
¿Queeeeeeee…?
En primer lugar,
artículo 21 de la Ley 39/2015, la administración pública en España está obligada
legalmente a dictar resolución expresa y a notificarla en todos los
procedimientos, sin importar cómo se hayan iniciado. El plazo máximo es de seis
meses, aunque si no se fija plazo específico, es de tres. Esto se conoce como silencio
administrativo, y la consecuencia legal es la responsabilidad
disciplinaria (Art. 21.6 LPAC). Sé que la maraña de cargos y cargas, y no
es inclusión lingüística, se va a pasar esto por el arco del triunfo. Es lo que
hay, y así nos luce el pelo (al que le luce).
En segundo lugar, se
está produciendo un agravio comparativo, un trato desigual e injustificado
recibido frente a otros en situaciones idénticas, violando el principio de
igualdad. Yo me atrevo a decir que los autónomos de Ayoó y Carracedo estamos
en peor situación que la de otros pueblos que si han recibido ayudas. Hay
pueblos con daños, como Ayoó y Carracedo, y pueblos sin pérdidas materiales en
los que el fuego no llegó al casco urbano (y tampoco gracias a la UME de la
ministra Mentirita, sino a los cambios del viento). Si las comparaciones son
odiosas, ésta se lleva la palma.
En tercer lugar, si
hubiera justicia distributiva, las ayudas deberían ser equitativas,
no igualitarias, adaptando el apoyo a las necesidades y circunstancias
específicas de cada beneficiario para alcanzar un resultado justo. Sé que esto
es pedirle peras al olmo, si en algo destaca la administración es en vagancia
(excepto la parte recaudatoria, qué curioso), y es más sencillo de repartir
ayudas igualitarias. Pero, ¿alguien me puede explicar qué tiene que ver
desalojo o no desalojo, o en mi caso retención, para excluir nuestros negocios
de las ayudas a autónomos y PYMES? ¿Por qué no ha habido ni un solo problema en
concederla en pueblos no afectados y en Ayoó y Carracedo completamente cercados
por el fuego, con varios edificios destruidos y graves daños materiales no han
podido acceder a las ayudas? ¿Entendéis mi indignación?
En cuarto lugar, ¿alguien
ha visto al ayuntamiento de Ayoó? ¿Sabéis si es lo único que desalojaron y no
han vuelto? ¿Cómo es posible que permita distinto trato en dos de sus tres
pueblos? En Congosta las ayudas fueron aprobadas, en el monte común los
trabajos son iguales, a los animales silvestres se les ha tratado por igual, se
ve que los ciudadanos de Ayoó y Carracedo estamos un peldaño por debajo de la
última mierda del cuento. ¿Acaso el haber trabajado en las tareas de extinción
como héroes no merece aparte de la misma ayuda un plus de agradecimiento, y
sobre todo un ápice de dignidad? Se han quemado casas, almacenes, un coche en
la vía pública… ¿qué más tiene que ocurrir para que deis un puñetazo sobre la
mesa del pleno extraordinario que ni siquiera habéis convocado para exigir como
poco justicia e igualdad, y una declaración formal de ayuntamiento gravemente
afectado? ¿O es que pensáis lo mismo que la ministra Mentirita, que aquí no ha
pasado nada?
En el lugar numero
cinco, y la coletilla a la inversa nos viene de perlas, este escrito estaba
preparado para el diecisiete de marzo. Pero el día quince habemus elecciones
autonómicas. Así que sirva este adelanto de rabia contenida para mostrar al
mundo la calaña que nos gobierna, que se llena la boca con la despoblación y sus
soluciones a la hora de pedir el voto, que promete hasta que mete, y después de
metido voy y te olvido. Los autónomos somos trabajadores, resignados, valientes
en este país de palos en las ruedas. Y no queremos nada que no nos pertenezca,
por igualdad, por dignidad, y porque no tenéis razón ni derecho a ningunearnos.
Yo trabajo en la construcción y sé de primera mano la dureza del hormigón
armado. Nada comparado con vuestra cara, con vuestra actitud chulesca y mentirosa
que ha dejado en la cuneta a los poquitos que resistimos en estos pueblos. Si tenéis
lo que hay que tener, os espero en algún mitin para cantaros las cuarenta. A
todos. Porque todos sois distintas razas de perro con el mismo collar del
sillón calentito y del trabajo sin hacer. Y lo confirmáis a diario.
Está amaneciendo. Voy
a tomar otro café y a publicar. Y después al baño, una necesidad fisiológica
manda. Mira, pensando en vosotros, políticos, no hay estreñimiento que valga. Algo
os tengo que agradecer. Que os aproveche.
P.D.: Las ayudas a
autónomos y PYMES desde un principio me parecieron una generosa inyección
económica a nuestros pueblos, castigados por los incendios. Pudiera parecer, y
no es cierto que me parezca mal que a vosotros, autónomos, os hayan aprobado
las ayudas aunque vuestro pueblo haya sufrido poco o nada. Sólo quiero que
entendáis mi postura que mañana puede ser la vuestra, cuando vuelva a haber una
catástrofe similar, que volverá, y os dejen selectivamente con el culo al aire
como a nosotros.






























