eltijoaquin@hotmail.com - facebook.com/El Ti Joaquin

domingo, 24 de julio de 2022

Maldito seas, pirómano.

 


Humo que viene de lejos,

que alguien nos diga dónde es:

el fuego avanza en el monte

verde que ves y ya no ves.

 

De horror se visten los rostros,

lágrimas que erizan la piel;

la nada viene de pronto

con nada nos paga después

 

El fuego rodea el pueblo,

dicen: “poco se puede hacer”,

coje tus cosas y vete;

hay veces que es mejor no ver.

 

Ya son bastantes los rayos

y los descuidos que atender,

para que tú, mala bestia,

quemes más sin desfallecer.

 

Maldito seas por siempre,

monstruo que le gusta prender,

baboso que deja un rastro

de a saber que negro interés.

 

Pirómano cobarde, que el

legado que te vio nacer

lo has reducido a cenizas;

es lo que debes merecer.

 

 

A ti, solo te deseo,

si en el fuego sientes placer,

tropieces, y en tu última obra

nadie te pueda socorrer.

 

----------ETJ----------


lunes, 27 de junio de 2022

La decadencia medioambiental y sus consecuencias.


El monte arde.

De forma inmisericorde.

Odiosamente imparable, mortalmente desolador.

 

En las más antiguas y brillantes memorias nunca jamás se recuerdan incendios tan extensos y agresivos. Más de 30.000 hectáreas en la vecina Sierra de la Culebra en un “visto y no visto”. Pueblos enteros rodeados por las llamas ante la impotencia, la rabia y el miedo a perderlo todo. Qué barbaridad.

Quizás vaya siendo hora de preguntarnos qué está pasando, las causas y condiciones de estos terribles acontecimientos, para ver si se puede actuar razonablemente, y revertir o al menos minimizar a coste aceptable este problema que con los años se acentúa y exagera.

Y la primera conclusión indica que es una cuestión de tiempo, una decadencia. De apenas cinco décadas a esta parte el monte está irreconocible, tanto en las formas como en el fondo. Desde entonces al monte lo persigue un asesino, el fuego; natural o intencionado. Un asesino que hace 50 años no era más que un pequeño delincuente, sin mayor delito que pequeños conatos con más beneficio que perjuicio, aunque quemar casi nunca ha estado bien. A este asesino algo lo está alimentando, volviéndolo una bestia incontrolable que se escapa con facilidad de los más modernos sistemas de extinción. La segunda conclusión es que si lo que hacemos no mejora, al contrario, empeora los resultados, algo no hacemos bien.

 


Nací en un pueblo rodeado de monte, y la mayor parte de mi vida la he pasado en un pueblo vecino, también rodeado de monte. Las condiciones y tradiciones en ambos sitios son muy semejantes, aunque cambien de provincia. Mi memoria alcanza esas cinco décadas que mencioné antes, y de esa experiencia y observación voy a aportar mi visión particular, sin mayor ánimo que el de ejercitar la reflexión a través de la lectura.

Lo primero que aparece en mi cabeza, es un viejo lema plenamente vigente en la actualidad: “Cuando un monte se quema, algo suyo se quema”. Aunque se entiende mejor sin tanta educación y buenos modales: “Cuando un monte se quema, algo TUYO se quema”. Porque si, literalmente el monte es de todos, aunque también es verdad que de unos más que de otros. Hay quien no lo sabe, pero gran parte es de titularidad privada, y otra parte municipal, en el que los vecinos tienen mucho que decir. Pero el monte también es de quien nada en él tiene, porque los beneficios que acarrea afectan a las generaciones actuales y venideras: humedad, aire limpio, recursos… en una palabra, vida.

 

(1)

Lo segundo que recuerdo era el aprovechamiento libre de la leña como combustible en todas las casas, algo que se venía haciendo desde que los pueblos son pueblos. Para quitar el frío, para encender la cocina, para cocer el pan… en invierno o verano todas las chimeneas estaban activas. Más atrás de esas cinco décadas a nuestros pueblos no había llegado el gasoil, la electricidad, el gas…, aunque sobraba autosuficiencia, y únicamente la falta de especialidades y medicinas diezmaba la población, y empequeñecía la esperanza de vida. El monte surtía leñeros y tinadas de un año para otro, siempre a golpe de hacha. Nunca cortar árboles, y hablo de esta comarca, supuso el fin del monte; de lo contrario después de siglos de aprovechamiento todo sería un desierto.

 

Lo tercero es que se fuera donde se fuera, había que hacer lumbre. Indispensable. Aunque no hiciera frío. La leña seca del entorno se quemaba en una hoguera porque después seguramente algo hubiera para asar, y de paso se hacía limpieza. Nunca hubo incendios, a pesar del nulo nivel educativo, pero del alto saber hacer de nuestros antepasados que conocían el terreno, los vientos y los riesgos de encender fuego. De aquellas, a nadie le interesaba un incendio; a ellos menos porque lo primero que ardería eran sus propiedades.


Lo cuarto y principal son los ganados que pateaban todo el término municipal e incluso más allá, como demuestra la necesidad de un vigilante o guarda y las sanciones a los pastores que se atrevían a saltar las marras. Todos los días sin excepción miles de bocas y patas mantenían la hierba y los nuevos brotes a raya. También hay quien no lo sabe, pero la naturaleza necesita “castigo” constante, de lo contrario envejece y muere. Ese castigo son las podas, las entresacas, las quemas controladas, las siegas, y por excelencia los incesantes bocados del ganado. Cuanto mayor es el hostigamiento, mejor es la calidad. Y en un monte de calidad el fuego no tiene nada que hacer, él sólo se extingue. (Exceptuando los árboles no autóctonos, que son un mundo aparte y no han venido a solucionar nada, sino a ser parte principal del problema.)

A golpe de campana, el ganado salía por grupos y para distintos sitios: vacas, caballos, yeguas, burros, ovejas y cabras. Más o menos en este orden se establecía la distancia. Un ejército de desbrozadoras naturales que sin esfuerzo tintaba los campos de verde, y cuando arreciaba el calor y la sequía, la hierba era tan corta que le costaba mantener la llama, y mucho menos coger temperatura para subirse a los árboles.

 


En el año 1967, hace más o menos esas cinco décadas, el Ministerio de Agricultura publicó un mapa agronómico nacional. Hay un dato que viene al hilo, y es la densidad ganadera en el municipio de Ayoó de Vidriales. Por si alguien pensó que yo exageraba con lo del “ejército de desbrozadoras”, paso a detallar este censo, no sin antes puntualizar que seguramente no es del todo real; faltarían animales recién nacidos, recién comprados, o que simplemente no se declaraban, yo diría que aumentando como poco entre un 10 y un 20 por ciento más:

Ayoó de Vidriales: 60,04 km cuadrados, 300 hectáreas de prados.

475 cabezas de ganado bovino.

471 cabezas de ganado porcino.

1851 cabezas de ganado ovino.

680 cabezas de ganado caprino.

133 cabezas de ganado caballar.

21 cabezas de ganado asnal.

Y 111 cabezas de ganado mular.

 

Exceptuando los cerdos, los demás salían a pastar; algunos todos los días, otros por temporadas. Más de 3.000 animales masticando sin parar, muchas horas diarias, provocan un gasto vegetal muy importante a lo largo del año. Hoy no llegan a 300 animales, que apenas salen por encontrar en la cercanía el alimento. Y esta cifra gracias al último valiente que después de meses y meses de papeles y dolores de cabeza ha puesto recientemente en marcha una granja de cabras. Y es que nunca trabajar ha tenido tanta traba. Volviendo a las mismas cinco décadas, quien podía y compraba un animal, era ganadero. Quien sembraba o plantaba una parcela, era agricultor. Los constantes controles y exigencias actuales han llevado a mucha gente a abandonar los sistemas tradicionales de agricultura y ganadería. Y junto con ellos el monte, que a falta de atención arde como la yesca.


 


Las cortas y podas están muy vigiladas y controladas. Es necesario pedir permiso para gestionar tu propia propiedad. Una ventanilla reparte solicitudes un día a la semana, que el particular debe rellenar y enviar por otra ventanilla a no sé dónde. Aquello de facilitar los trámites no funciona en las infladas administraciones públicas. Da la sensación que hay demasiada gente para nada. Así que la leña queda envejeciendo en el monte, y aunque lo fácil no sea lo mejor para la naturaleza, pasamos de combustibles con nulas emisiones a contaminar y claro está, a pagar por ello. No solo hacemos daño, sino que encima nos cuesta dinero.

 

Como éramos pocos parió… la Guardia Civil un nuevo control: SEPRONA. A las trabas burocráticas se suman los palos al bolsillo por un quítame allá ese papel, ese despiste, ese accidente. Mejor quietos en casa que salir a trabajar, a generar algo de riqueza, a recoger lo que es de uno. (2)

 

Qué curioso. Fue terminar la dictadura para comenzar tanta normativa, que cada año engorda con una nueva estupidez. Y así tiene mas voz un grupo ecologista o animalista de sofá que las asociaciones agrícolas y ganaderas, o los consejos que quienes desde tiempos inmemoriales mantuvieron el monte a raya, las especies cinegéticas a raya, y el fuego a raya. Claro está, no siempre quien sabe gestiona lo que debe.


Las redes sociales son la última puntilla a lo rural. Se acusa al ganadero por el ataque del lobo. Se acusa al conductor por el accidente con un ciervo o jabalí. Se acusa al trabajador del incendio de su máquina. Y la administración en vez de proteger al afectado da una nueva vuelta de tuerca, con nuevas exigencias, nuevos trámites, y más y más trabas que se traducen en un mayor abandono.


 


He salido un momento para hacer unas fotos que documenten mi reflexión. Sin salir de uno de los caminos más transitados, por donde salían a diario los ganados que mantenían la hierba corta y fresca, se entrelazan hierbas grises que ahogan las nuevas, porque ninguna boca las ha retirado a tiempo. Una hierba que con un poco de viento expandirá la llama como si de gasolina se tratara. Y los árboles sin podar, y las jaras y urces sin arrancar, son el escenario perfecto para el pirómano, para el rayo, o para el accidente involuntario.

 

Una última foto, por si queda algún incrédulo. Una valla separa la misma tierra. A un lado pasta el ganado, al otro no puede entrar. Si alguien todavía no lo ve claro, es que no tiene ojos en la cara.

 


Y hasta aquí hemos llegado, a mirar como se quema lo nuestro, mientras carísimos equipos no quieren más que algo de suerte y que las condiciones atmosféricas cambien para contener lo imparable.

 

Cinco décadas y ya sufrimos decadencia medioambiental. A este paso nada resiste otras cinco.


P.D.- Soy incapaz de hacer o publicar una foto de un incendio. Me parece que es seguirle la corriente al pirómano. Os dejo fotos de naturaleza triste y gris, pero viva.


 1- https://www.todocoleccion.net/carteles/cartel-cuando-un-monte-se-quema-algo-suyo-se-quema-1964~x48424493

2- https://www.laopiniondezamora.es/zamora-ciudad/2022/05/06/hermanos-incendiaron-lober-pagaran-679-65771224.html

2- https://www.elcomercio.es/asturias/oriente/201501/09/multa-euros-para-ganadero-20150109003717-v.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

2- https://www.laregion.es/articulo/trives/multas-ganaderos-cortas-lena/202105030008491026315.html

a63a42b

2- https://www.elmundo.es/madrid/2018/01/21/5ca474171258b45f7.html

Y así hasta el infinito y más allá....

miércoles, 19 de enero de 2022

La vela vecinal.

 


Aunque parezca increíble algunos pueblos mantienen una norma ancestral para la organización, la cooperación y el desarrollo de ciertos trabajos y costumbres sociales, siempre en beneficio común, utilizada también en asuntos más particulares. No es cuestión baladí, cuando incluso sirve jurídicamente, al aceptar sin rechistar el orden establecido y los trabajos encomendados, aunque nadie sepa quien o quienes idearon semejante disposición. En la práctica tiene grandes ventajas sobre el actual orden alfabético, porque cualquier vecino conoce casi de memoria el lugar que ocupa en la convivencia vecinal, con las ventajas que conlleva. El nombre de éste sistema me parece enigmático: la vela.

 

Esta “vela” no aparece en el diccionario de la RAE como acepción, y curiosamente se le pasó por alto al recopilador de palabras vidrialesas en uso para su “Diccionario Inacabable de la Lengua de Vidriales”, mi buen amigo Manolo Cabezas (1).

 

La Asociación Cultural Zamorana Furmientu (2), creada para dignificar nuestro patrimonio lingüístico define “vela” parcamente como “turno” (de un servicio, de molienda, de guardar las ovejas…). La siguiente palabra en su diccionario es “Vela, andar a la”, definida como “Seguir un tumo por el orden del vecindario para regar, guardar el ganado, etc”. Mucho que añadir a estas definiciones, porque razonadamente “la vela” no es el turno, aunque “andar a la vela” sí pudiera ser.

 

Yo me decanto algo más por la definición de “vela” del diccionario “Voces del Eria” (3) de mi coterránea Isidora Rivas Turrado, aunque tampoco del todo:

Vela: f. Turno, tanda o alternancia que se sigue en determinadas tareas comunitarias. Tanda. Vez. 2.- Dar la vela: fr. Para expresar el hecho de transmitir la vez o el turno cuando ya corresponde a otra persona, siguiendo el orden establecido por una comunidad. 3.- Ir por la vela: fr. para señalar que una tarea o asunto comunitario se distribuye siguiendo un orden estricto, sea por ubicación, sea alfabéticamente, en el que van participando todos los afectados.

 

Me gustaría corregir este “turno”, porque según la definición de la RAE implica a las personas, y no a las cosas:

1.   m. Orden según el cual se suceden varias personas en el desempeño de cualquier actividad o función.

2.   m Conjunto de trabajadores que desempeñan su actividad al mismo tiempo, según un orden establecido previamente.

Pero claramente la vela se refiere a la posición de las cosas para que luego haya un turno de las personas, es en realidad ese “orden establecido previamente” en una ruta inalterable.

 

La vela sería la ordenación de los bienes, para la participación de su representante en las funciones o tareas de la comunidad. La vela es un listado de domicilios, molinos, corrales (granjas), parcelas, etc, que dependiendo de la necesidad los afectados deben atender a una orden de ejecución cuando le toque la vez.

 

Veamos varios ejemplos:

En los trabajos comunales (la facendera o yera) se convoca a la comunidad a razón de un representante válido por casa habitada, siempre desde el primer punto y siguiendo el orden establecido, en el mismo sentido hasta el último; esta es la auténtica vela vecinal, pudiendo pasar revista para proponer sanción a quien falte sin motivo justificado. Por ejemplo, para limpiar un caño se ordenarán a los trabajadores por orden de vecindad, por la vela. En caso de no terminar el trabajo se volverá a repartir en el mismo orden.

 

Pero hay trabajos comunales en los que no se necesita todo el pueblo; entonces se mandarán en grupos, e incluso se puede hacer una lista, para que los afectados sepan cuando les toca siguiendo la vela.

 

También puede suceder que el tema a tratar sólo incumba a una parte de los vecinos. Entonces la vela mantendrá el orden y dirección, pero solamente incluirá a los afectados. Por ejemplo, la ganadería: El pastor del desaparecido rebaño del pueblo rotaba por la vela, lo mismo que en la vacada, para la que se necesitaba un grupo de pastores. Pastores o pastoras, porque nunca hubo distinción a la hora de participar de las labores ordinarias. En esta vela, quien no tenía ganado no participaba, claro está.

 

El regadío cuenta con su propia vela. Integra a todas las parcelas regadas por un mismo canal, la termanera, y cuando se riega “a hecho” o “por la vela” lo que cuenta es el orden parcelario en sentido descendente. Aquí el anterior turno cambia; es por esto que es innato a las cosas, no a las personas. Y el hecho que corrobora lo que acabo de exponer es que la compra de una propiedad puede llevar consigo derechos y obligaciones de la vela. Por ejemplo, si alguien cambia de domicilio se integrará en el recorrido de la nueva calle. Lo mismo ocurre con la adquisición de una parcela, el nuevo propietario atenderá al turno que se declare para el riego.

 

Resumiendo, la vela ordena cosas y los propietarios establecen turnos: por tanto la vela no es el turno, es el orden necesario para que haya autoridad para establecer los turnos.

 

Pero la vela tiene otros usos, pues se recurre a ella para ordenar los participantes en trabajos más concretos, para los que hay que apuntarse. Por ejemplo, la limpieza de la Iglesia, que actualmente se hace en grupos de 6 y por orden de la vela. Otro ejemplo es la capilla domiciliaria que recorre las casas que la hayan solicitado, en orden también de la vela.

 

En Ayoó la vela comienza en el barrio de los Palomares. A partir de ahí recorre algunas calles, siempre por el lado izquierdo hasta el final y dando la vuelta, y en otras en zigzag para no dejar a nadie atrás. Por cierto, es muy curioso este comienzo, porque como ya sugerí en el artículo relacionado con la cronología de nuestro pueblo, el barrio de los Palomares podría ser la cuna de Ayoó, con cerca de dos milenios de historia. Por tanto, es el sitio correcto, ampliado al crecer poblacionalmente. Pero lo más curioso es que acaba en la calle de la Iglesia, entrando por la izquierda desde la plaza de la Audiencia, cambiando en la fuente al otro lado donde tiene fin. La explicación podría estar en que en esa parte estaba el monasterio de Ageo, exento de trabajos comunales, pero no así cuando dividido pasó a particulares, a los que ya les afectaba la vela.

 

Una vez más, para documentar este sistema de ordenación, he recurrido a las excelentes memorias de nuestros mayores. En este caso a la de Isabel Cano, Trini Lobato y Victoria Cano, esta última hija de Laurentino Cano, fallecido presidente de la Hermandad de Labradores durante muchos años, y luego alcalde del ayuntamiento, dos instituciones para las que la vela era de obligado cumplimiento.

 

El último objetivo de este artículo no es otro que dejar constancia del tortuoso recorrido de la vela en Ayoó, para que no se pierda; y nuevos y viejos habitantes conozcan el ancestral lugar que ocupan en el casco urbano, en un ciclo igualitario, que nunca tiene fin, y que no encuentro motivo para dejar caer en desuso. En un deber social, un legado milenario que forma parte de nuestro rico acervo histórico.

 

Dice un principio de derecho que “Ignorantia juris non excusat”; viniendo a decir que el desconocimiento no sirve de excusa para el cumplimiento de las normas. Ayoíno: si hubiere algo que hacer, ¿sabes cuando te toca?.



 

Referencias:

 

1-   http://www.furmientu.org/07Vocabularios2011/03VocabularioValleVidriales.pdf

2-   http://www.furmientu.org/

3-   https://lafueyacabreiresa.com/tag/voces-del-eria

 Foto aérea – Gabi (gracias).

 


lunes, 27 de diciembre de 2021

El Belén: en la variedad...

 


Creo que una de las obras de arte más cuestionadas es innata a la Navidad: los belenes. Y no porque se opine sobre las formas (es normal expresar los gustos), sino porque hay mucha gente empeñada en juzgar el fondo: la verdadera escena del nacimiento de Jesús.

 

¿Pero qué sabemos de ese suceso histórico? Prácticamente nada. Apenas que José y su esposa María en avanzado embarazo hicieron un viaje a Belén para empadronarse. Una vez allí, no encuentran posada digna, se produce el parto y acuestan al recién nacido en un “pesebre”. Otro texto dice que luego aparecen unos sabios o magos que han seguido una estrella y regalan al niño unos presentes muy valiosos en aquella época. Los evangelistas Lucas y Mateo nos han legado así de pobre el relato del nacimiento del personaje más importante de los últimos dos milenios, al contrario que su muerte, profusamente detallada.

 

Esto no quiere decir que entonces no podamos representar una escena en la que no pueden faltar tres personajes: un varón, una mujer y un niño de muy corta edad. Y la primera y principal razón es porque simplemente es arte popular, y nos gusta. A muchos nos gusta construir belenes y a muchos más verlos; porque precisamente, y ya lo dice el refrán, en la variedad está el gusto. Las figuritas de algunas representaciones pueden ser idénticas, o no; pero desde luego cada escena es única, y ahí es donde entra la imaginación y los recursos del artista… y por supuesto la crítica de los “realistas”.

 

Sin embargo, a nadie se le ocurre criticar una maqueta en la que se recrea el modelismo ferroviario, con sus vías y trenes a escala, dotados de movimiento, luces y otros efectos, en una escena natural imaginada; una afición que además cuenta con muchísimos seguidores, y que me parece una analogía perfecta al modelismo belenista.

 

Para mí un belén es un lienzo en blanco, y todo lo demás la paleta de pintura. Si en el lienzo no puede faltar la pintura, en el Belén tiene que haber representado un recién nacido con sus padres. No tiene por qué haber escena, ni un modelo a seguir. De hecho, se considera que una de las primeras representaciones del nacimiento de Jesús está en la Capilla Greca de las catacumbas de Santa Priscila, en Roma; es pintura y ni siquiera aparece San José.

(1)


Tras otros casos de representaciones de nacimientos, no es hasta 1223 cuando comienza el belenismo, de la mano de San Francisco de Asís (Giovanni di Prieto Brenardone, 1182-1226) en una cueva de Greccio, un pueblo italiano. Este fundador de la orden franciscana, de las Hermanas Clarisas y de la Orden Seglar, pidió ayuda a un lugareño llamado también Giovanni para recrear una idea: “Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno”. En cierto modo el primer belenista fue el lugareño Giovanni, quien manos a la obra construyó la escena siguiendo las directrices de San Francisco, introduciendo figuras y objetos que podían o no haber estado en el Belén primigenio, como es el caso del heno, el buey y el asno. El 25 de diciembre de aquel año, numerosos visitantes quedaron maravillados por ese primer belén, y espontáneamente un sacerdote decidió celebrar una misa, creando un vínculo inseparable entre la Eucaristía y esas representaciones del nacimiento del Hijo de Dios.

 

Esos nacimientos suelen llenar rincones en muchos hogares, en templos, o en salas de exposiciones, siempre según el ingenio de los artistas. Porque sí, cada belén es arte, arte popular, y los temas pueden ser tan variados que se da el caso de auténticas ofensas a la dignidad de los hechos, por rebuscar los elementos que cosifican y degradan los personajes históricos de una hermosa tradición dirigida a todos los públicos, también y en especial a los niños.

 

Una Navidad más, he colaborado en la construcción de dos belenes: el del Santuario de Nuestra Señora del Campo, junto con la Asociación Cultural Son de Los Valles (2), y el de la Iglesia Parroquial de Ayoó de Vidriales, con la ayuda de Matías. Dos versiones totalmente distintas del nacimiento, y ambas perfectamente válidas, sirviendo como ejemplo al debate del realismo que acabo de exponer.

 

El belén del Santuario partió de la idea de hacer una mezcla de tradición religiosa, exposición de indumentaria típica de nuestro valle, y una muestra de aperos y herramientas que se guardaron hasta hace apenas medio siglo en un lugar de las casas vidrialesas que da a la calle, llamado comúnmente “portal”. El primer y tercer punto lo creo conocer, no así el tema de los trajes, para el cual hemos contado con las expertas manos del grupo Son de los Valles, que abarcan el extenso mundo del folklore, y que luego complementarían con una gala de villancicos populares zamoranos.

 

Este belén consta de un “portal”, una composición más o menos artística que imita a la cueva de Greccio, que Giovanni - no me cabe duda - adornó con lo que tenía a mano para que pareciese un establo, el edificio donde se recogen las pocas pertenencias de los aldeanos más humildes, inevitablemente agricultores y ganaderos. Rescatados de la misma humildad son todos y cada uno de los enseres expuestos, restos de otros tiempos que engulló la revolución industrial del último medio siglo en la comarca vidrialesa.

 

Unos maniquíes han servido de percha a los originales atuendos que todavía se guardan en viejas arcas, en una colocación belenística: el encuentro de la Sagrada Familia con las primeras gentes que se acercaron al portal a conocer al Niño Dios.

 

Esa es mi visión, pero me parece imprescindible aportar la de Ángel María, miembro fundador de Son de Los Valles, principalmente sobre la indumentaria expuesta, porque me parece francamente muy interesante, y prácticamente imposible de simplificar:


"La Virgen presenta un conjunto de gala, cual novia engalanada con las mejores ropas guardadas con primor en el arca de la casa para la boda. Calza zapatos de tafilete, calados y de hechura antigua con medias de algodón blancas indicándonos su estado social. El rodao negro, de paño fino, con mandil de terciopelo y chambra, donde destacan los agremanes de abalorios y lentejuelas, que a su vez aportan elegancia y enriquecimiento en el conjunto. Al talle, mantón de Manila con escenas chinescas y sobrepañuelo de seda para evitar el roce y el sudor del mantón. A la cabeza, pañuelo de cuadros de seda con cerras y mantilla de paño y seda negra también con abalorios de azabache. Los pendientes de calabaza realizados en plata dorada junto a una rica collarada de corales, cuentas vítreas, medallas y relicarios de diversas devociones hacen que el conjunto resulte de especial importancia.



El Niño se muestra con la indumentaria infantil que con esmero se confeccionaba en casa para vestir a los recién nacidos. Como prenda característica destacamos la mantilla de acristianar o envuelta de paño fino con diferentes adornos con la que se rodea el cuerpo de la criatura y el fajero con el que se ciñe la cintura. La chambra sirve para cubrir el torso y los brazos sobre la cual se coloca el babero. En la cabeza destaca por su colorido el gorrito engalanado con puntillas, pasamanerías y galones, haciendo que la atención sobre el recién nacido recaiga en las diversas prendas para así evitar los alunamientos y supersticiones tan frecuentes. Sobre la cintura destacada el cinturón de dijes y amuletos para la protección del bebé, tales como cascabeles, caracolas, medallas, ramas de coral, evangelios e higas de azabache. Todas las protecciones eran siempre pocas para una criatura indefensa.



San José se nos presenta como buen mozo con traje de gala compuesto de zapatos de oreja, media blanca de algodón, ataqueras o bragas de paño fino con botonadura de plata y cintas de seda a modo de ligas. La camisa de cabezón, de lino con ricos bordados en el cuello y puños, armador de escote de ventana con doble botonadura de moneda y faja de color aportan vistosidad al conjunto, el cual se completa con la capa de estameña parda, de las denominadas de “ala de murciélago”, tan propias y exclusivas de Los Valles de Benavente. A la cabeza, sombrero de paño con cinta de seda anudada al lateral, distintivo predominante de la zona, con algún pequeño adorno obsequio de alguna moza.



El Ángel luce la indumentaria propia de los danzantes de la comarca, quienes representaban a los ángeles en las danzas que interpretaban principalmente en la procesión del Corpus Christi o en otras celebraciones destacadas. Viste zapatillas adornadas con escarapelas de color y media blanca calada de “ochos”, ligas de seda con borlas, enagua y camisa blancas. A modo de alas lleva cintas y escarapelas de seda sobre los hombros, los brazos y el torso. Va tocado con un pañuelo merino anudado a modo de corona. La vestimenta del danzante se complementa con escapularios de diversas devociones populares sobre el pecho, pañuelos de tiber” a la cintura y unas pequeñas castañuelas o “pitos” en las manos.

Las mozas que se dirigen al portal visten conjuntos vistosos por su colorido y composición.


* Moza de amarillo: luce traje de gala antiguo con rodao amarillo de estameña con labores de picao, mandil de estameña con bordados en lanas, faltriquera de tela de pescadero con picaos, camisa de lino bordada, jubón de paño con bordados en las bocamangas y mantón de cadeneta. A la cabeza un pañuelo de algodón estampado denominado de palma. En cuanto al calzado se aprecia el zapato de oreja y las medias coloradas. Porta en sus manos una cinta de seda como ofrenda, al igual que diversos exvotos de cera, que eran ofrecidos a las imágenes de mayor devoción por favores recibidos o curaciones de partes del cuerpo. Luce pendientes de arracada, gran cruz de Caravaca, collarada de corales y diferentes medallas.



* Moza de verde: viste traje antiguo de gala con rodao verde de estameña con labores de picado y aplicaciones donde destaca el colorido, mandil azul de satén, justillo de paño y camisa de lino. Al torso lleva mantón de mil colores. Zapato cerrado de piel y medias azules. A la cabeza, pañuelo de lana con cerras, denominado “de tiber”. Luce joyería con varias vueltas de coral y medallas de plata, patena de “corazón de novia” además de cuentas de pasta vítrea denominadas “cuentas romanas” y pendientes de polca. Sostiene un bebé ataviado con mantilla y gorrito de acristianar, así como un dijero de amuletos.



*Moza de azul: lleva traje dominguero con rodao azul de estameña con tachón de terciopelo, mandil de lanilla bordado con lanas, camisa de lino, jubona de estameña y mantón de algodón denominado “de sandía”. Zapato de piel con medias de lana y pañuelo de cabeza denominado “de palma”. Se completa el conjunto con pendientes de arracada, collar de vueltas de cristal y corales.

A estas letras solo puedo apuntar que en el momento de hacer las fotos no había joyería, porque se retira al final de cada evento religioso.



El belén expuesto en la Iglesia Parroquial de Ayoó, en cambio, muestra el estilo más extendido: un paisaje más o menos adornado, tradicionalmente ligado al musgo, en el que se muestran usos y costumbres intemporales. En un lugar privilegiado destaca un espacio recogido donde la Sagrada Familia parece ocultarse o abrigarse de las inclemencias humanas o atmosféricas. Este año, hemos querido resaltar el colorido neutro, la sequedad, en señal de duelo por los crudos tiempos que atravesamos.





En todos los belenes, dentro de la variedad, siempre destaca la misma esencia: el aporte extra de ilusión y ternura. Hay muy pocos rostros que no se iluminan, aunque sólo sea mínimamente, al encontrarse con un nacimiento, por humilde que sea. Al menos los de la gente de buen corazón. Para todos ellos, el deseo de las tres “efes”: felices y familiares fiestas, y que el viejo año que concluye haya sido menos propicio que el nuevo que ya pugna por comenzar.

 

Feliz y auténtica Navidad.

 

Referencias:

1-   elcorreoweb.es/aladar/cuando-surge-la-tradicion-de-montar-el-belen-BE7035715

2-   https://www.facebook.com/SondeLosValles

 


lunes, 19 de julio de 2021

El toro de Ayoó.

 

(1)

A la península Ibérica se la suele relacionar con una piel de toro. Es una comparativa curiosa, escrita por quien conocía la piel extendida de ese animal, pero que nunca pateó la península, simplemente la dibujó en un mapa de oídas. Estrabón, en los 17 libros de su obra Geografía, describió el mundo conocido a principios de era. Dedicó su libro tercero a Hispania, que abarcaba toda la península, y quizás para que de forma verbal todos imaginasen la superficie de aquella lejana provincia romana, y por lo que le contaron, añadió esta semejanza: “Iberia se asemeja a una piel de buey extendida a lo largo de Oeste a Este, con los miembros delanteros en dirección al Este, y a lo ancho de Norte a Sur” (III 1 3)”. Por otras dos veces, esta vez en el segundo tomo, repitió su analogía: “...en cuanto a la forma es suficiente con representarla con alguna de las figuras geométricas (...) Iberia mediante una piel de toro...” (II 1 30)
“Por países el primero de todos desde Occidente es Iberia, semejante a una piel de buey cuyo cuello se prolongaría en la vecina Céltica...” (II 5 27)

 

No entiendo nada de pieles, pero me parece bastante rara la comparación; a no ser que haya que leer entre líneas: los conquistadores romanos que le relataron a Estrabón términos y características peninsulares fueron conscientes del culto de sus indígenas al toro, como símbolo de fuerza, temperamento y virilidad, entre otras muchas de las peculiaridades que le vincularon. En la meseta noroccidental, a mayores, encontraron cientos de tallas en piedra de toros (a la par de jabalíes y cerdos), hoy llamados verracos, únicos en el mundo celta.

 

Los toros de piedra son propios de los vetones, aunque aparecen también fuera de sus fronteras; éste es el caso del toro de la plaza de San Vitero, sito al lado de su Iglesia, compartiendo espacio con un miliario. El toro no sabemos si se esculpió y expuso en el mismo pueblo o en su inmediatez; el miliario dicen los estudiosos que no, ya que por aquí no pasa ninguna calzada. Pero lo que podemos asegurar es que muchos kilómetros de distancia no recorrieron ambas figuras milenarias para terminar en esta plaza, por tanto, los daremos por originarios de Aliste.



A la par de estas figuras pétreas, los toros también aparecen en fíbulas o en cerámicas prerromanas, detalles que Estrabón no pasó por alto para su comparación; Hispania, tierra de toros (o de conejos, según otra versión). Por cierto, nada que ver con la lidia de toros, o los toros de lidia, invento genético posterior. Nos referimos al toro, macho bóvido autóctono, empleado en la reproducción de las vacas de forma natural hasta no hace tanto tiempo, y conocida su peligrosidad con varios casos de accidentes recordados por nuestros mayores. El temperamento del toro sólo fue apaciguado mediante la castración para aprovechamiento de su increíble fuerza en el tiro, costumbre totalmente perdida, como se han extinguido casi por completo estos nobles animales, los bueyes amaestrados.

 

Reminiscencias del culto al toro ha traspasado milenios y son recordadas y rescatadas de las memorias porque fueron imprescindibles en un día aceptado como tolerante y permisivo: carnaval. En varios lugares continúa esta exhibición de un toro ficticio; por nombrar sólo a algunos, Morales de Valverde, Alcoba de la Ribera, o Velilla de la Reina y sus antruejos. El tema se ha estudiado y documentado a conciencia, con declaraciones de Bien de Interés Turístico. Básicamente es un bastidor de madera portado por un mozo, y cubierto por una sábana o un paño similar. En la parte frontal sobresalen y destacan un par de cuernos de toro, en una posición natural. Esta figura con sus carreras provoca un corro, y tienta a perseguir o atacar.

 

Los cincuentañeros de Ayoó y sus anteriores recuerdan ese mismo “toro”, con algunas leves correcciones: el bastidor se reducía a un simple palo de aproximadamente metro y medio en el que iba clavado al extremo superior y haciendo cruz otro en el que iban insertados dos cuernos de toro. El encargado de sacarlo, un corpulento mozo, lo aseguraba a su espalda y se cubría con un mantón grande. Al agacharse para encornar levantaba “el rabo”, momento que era aprovechado para seguir la broma contrarrestando el “animal”. Las víctimas eran preferiblemente mozas, y no siempre la broma acabó bien.

 

Por aclarar conciencias, aquello de dirigirse el “toro” hacia las mozas en Ayoó, e incluso simular propasarse, no es más que el rescoldo de un ancestral ritual pagano de fertilidad, repetido en los sitios mencionados, donde algunas veces interviene una segunda figura, que levanta a la moza para pasarla sobre el astado.

 

Otra vez, y yo encantado, un nuevo objeto termina en mis manos y es pie para este artículo: es el palo que hacía cruz con los cuernos insertados, la parte principal del “toro” de Ayoó, el último que se sacó. La primera impresión es que esta parte se separó por la fuerza de la vara principal; se deduce por las puntas de unión semi dobladas. El principal problema es la cantidad de carcoma que horada por completo la madera que une los cuernos; una inmediata aplicación de un insecticida acaricida y un envoltorio de plástico espero que contrarresten la actividad de las carcomas, aunque posiblemente haya que sustituir la pieza. El siguiente paso será añadirle la parte perdida, para recuperar esta figura que se movía entre el ritual y la diversión.








Esta reliquia la guardaba Guillermo entre sus trastos; con, por qué no, cierta melancolía. Hay varias razones para ello: él tuvo un toro durante algún tiempo para “cubrir” las vacas del pueblo, tarea que más tarde traspasara a Juanito, el de la parada. Él, siendo mozo, sacó varias veces el “toro” y conoce el procedimiento y complot con otros mozos para “asaltar” a las mozas, así que es un grato recuerdo. Y por último, él siempre fue alegre y festivo, con su caja y al lado de “Benino” (Benigno) y su dulzaina, que amenizaron fiestas, bodas, y cualquier acontecimiento donde cupiera la música y la diversión. Guillermo, siempre tan auténtico.

 

El “toro” era sacado el martes de carnaval, la jornada anterior a la Cuaresma, el día del “entruejo”. Precisamente entruejo deriva de entroido, o entrada (a la cuaresma). Una fiesta en toda regla en la que había de todo. A primera hora de la mañana, la campana mayor con un ritmo pausado llamaba a la “yera”, unos trabajos en beneficio de la comunidad que se alargaban hasta la hora de comer. Por la tarde, la gente llenaba la plaza y las calles, porque salía el “toro”. Era un entruejo sin máscaras ni disfraces, sólo el “toro”. Los mozos y las mozas eran los protagonistas de carreras y encuentros, de innata picardía. Luego, en el bar del pueblo se hacía el reparto de escabeche y vino. Y, por último, la caja y la dulzaina amenizaban un animado baile hasta pasado el sol puesto. Nunca un solo día dio para tanto.

 

Cuanto ha llovido, o cuanto ha dejado de llover, para perder aquellos días mágicos. No es otra tradición perdida, es que ya casi no quedan. Estaría bien sacarlo, aunque sólo fuera una última vez, rememorando todas las anteriores.

Se busca voluntario.

 



1-   http://3.bp.blogspot.com/_qRFK6V9vNo0/R3tXVJY17nI/AAAAAAAAAAM/iSZ1udSSfTY/s1600-h/iberiaestrabon.bmp

 Referencias:

http://mipieldetoro.blogspot.com/2008/01/piel-de-toro.html

https://antruejosreinodeleon.es/






jueves, 6 de mayo de 2021

El silo.

Plaza Silos, Villageriz de Vidriales.

La Plaza Mayor de Villageriz es conocida también como Plaza Silos, como reza el correspondiente cartel en la fachada del edificio del Ayuntamiento, sito en dicho lugar. Por curiosidad, he preguntado por el origen de la palabra “silos”, y me han contado que viene de la cantidad de silos que habría en el barrio, “unos agujeros en el suelo para esconder cosas”. En ese momento pensé en que quizás se estuviese llamando al “agujero” con el nombre equivocado; al fin y al cabo, un agujero no es precisamente el concepto general que tenía de un silo, un lugar seco donde se guarda grano, pienso compuesto o forraje.

 

Esta acepción de silo ha invitado a una investigación sobre silos, graneros y paneras del valle Vidriales y su capitalidad, Benavente. Y así partimos de los años 40, cuando se produce una intervención estatal en política agraria frente a políticas liberales, creándose la Red Nacional de Silos y Graneros, con más de 277 graneros y 672 silos creados entre 1940 y 1984 para la regulación del mercado, el aseguramiento del abastecimiento al final de cada campaña, además de hacer una selección para mejora del rendimiento; todo bajo el lema “Ni un español sin pan”.

 

En Benavente había dos silos, uno en la plaza de Santa Clara, ya destruido, con una capacidad de 2370 toneladas, levantado en 1955. Era del tipo B, destinado únicamente a recepción, con la torre del elevador en una esquina y más alta que el resto del edificio. Queda el otro en pie en Los Salados, edificado en 1971. Es del tipo E, con dos elevadores. Tiene capacidad para 4700 toneladas, y ha sido subastado por cuarta vez por el Ministerio de agricultura, Pesca y Alimentación, sin haber aparecido comprador a día de hoy.

Silo de la plaza Santa Clara , Benavente (1)

Silo en Los Salados, Benavente.

En Santibáñez de Vidriales hay un antiguo silo, en forma de edificio con departamentos internos para almacenaje de cereal. Se inauguró en 1957, y está catalogado como granero para una capacidad de 400 toneladas. Es del tipo G, construido en piedra y ladrillo con el tejado a dos aguas, destinado fundamentalmente a la recepción de grano y en la actualidad a almacén municipal.


Granero de Santibáñez de Vidriales.

Anteriores a estos silos y graneros ya se almacenaba sobre todo el trigo en los pósitos o paneras, unos edificios-almacenes creados para “el surtimiento de pan cocido en tiempos de escasez, el fomento de la agricultura por medio de auxilios oportunos a los trabajadores, y la conservación y aumento de la población”. Esto anterior a 1584, año en el que se regularizó con la Ley Pragmática del 15 de mayo, firmada por el entonces Rey Felipe II. El 30 de enero de 1608 Felipe III corroboró y mejoró dicha Orden mandando que “provean lo necesario para que los pósitos del Reyno se conserven y aumenten...”. Fernando VI, el 16 de marzo de 1751, crea la figura del “Superintendente General de todos los Pósitos del Reyno”, que debido a muchísimas irregularidades fue suspendida el 2 de mayo de 1790 por Felipe IV, que une la gestión de los Pósitos a la de Correos, Caminos y Rentas de la Real Hacienda bajo el mejor control de un sólo director. En 1792, el 2 de julio, se hace de obligado cumplimiento un reglamento con 63 capítulos. A partir de entonces, el pueblo administraría los pósitos por medio de una junta, compuesta por el alcalde del ayuntamiento, un presidente electo y un mayordomo. Para la seguridad del dinero, libros de contabilidad y demás documentos se guardarían en un arca con tres llaves, quedando cada cargo con una y siendo necesarios los tres para abrirla y hacer cambios. Las cuentas las llevaría un escribano que no trabajara para el ayuntamiento, y en caso de no estar ninguno disponible se nombraría un “Fiel de Fechos”, como un secretario actual. El cereal se custodiaría en edificios destinados a dicho fin, con cerraduras de tres llaves, también repartidas entre los tres cargos. El grano prestado debería ser devuelto con “creces”, un tanto más por fanega, que de media en el año de redacción del reglamento era de medio celemín. Los pósitos también podían prestar dinero a los agricultores necesitados, que podían reintegrarlo o devolver su valor en especie, al precio de cosecha.

 

En el Valle de Vidriales hay al menos dos de estas paneras conocidas, una en Cunquilla y otra en Carracedo; ambas han pasado a propiedad particular. Llama la atención que son construcciones aisladas, por una sencilla razón: los ratones son difíciles de erradicar en muros contiguos, pero la calle les resulta un obstáculo poco menos que infranqueable; el bullicio humano y los perros y gatos, que deambulan precisamente cuando sus amos dejan de hacerlo, son para ellos trampas mortales. Otros edificios similares, como pósitos y graneros (quizás todos sean lo mismo, y no cambie más que el nombre) han sido modificados y resulta complicada su identificación. En Carracedo, por ejemplo, lo que parece el edificio más antiguo del pueblo es en realidad una pequeña nave reformada que cumple con las características expuestas. De hecho, he consultado a algunos vecinos de mayor edad y todavía oyeron hablar a sus padres de cierta cosecha de uvas que se guardó allí, dato que confirma dos cosas; se utilizaba colectivamente y servía de almacén. Por tanto, es más que probable que también sirviera de pósito, además ancestral, mostrando signos de cómo era antes de la última reforma: dónde estaba su tejado con la inclinación adecuada para una cubierta de urz.


Panera Cunquilla de Vidriales.

Panera Carracedo de Vidriales.

Ayoó también tuvo su pósito, como cuenta el diccionario estadístico de Sebastián de Milano y Bedoya escrito en 1826. Describe nuestro pueblo en la provincia de León, con 269 habitantes en casas cubiertas de urces, y entre ellas un pósito. Aunque tenemos una zona conocida como “la Lóndiga” (alhóndiga, sinónimo de pósito) es difícil identificar actualmente ese edificio en dicho lugar, y en cualquier otro. Sin embargo, las brillantes memorias de nuestras personas mayores todavía recuerdan movimiento de sacos de sacos de cereal en lo que hoy es el bar, el bajo del antiguo ayuntamiento. Un edificio “que sirve para la municipalidad”, según reconoce Pascual Madoz en 1846, después de la reordenación del territorio por el cual Ayoó pasa a pertenecer a la provincia de Zamora.



 

Y hablando de silos, nos quedan por mencionar los metálicos imprescindibles que alimentan las numerosas granjas del valle. Pero ninguno de estos silos, paneras o pósitos tienen que ver con un agujero en el suelo. Una consulta a la Wikipedia nos saca de dudas. Silo: (del griego σιρός - siros, "hoyo o agujero para conservar grano"). Así pues, aquellos agujeros de Villageriz que dieron nombre a su Plaza Mayor tenían el nombre correcto.

 

Conocía la existencia de estos agujeros de oídas, aunque nunca había visto ninguno. Sabía de su uso, de sus ventajas, de su historia, de su uso picaresco… o realmente necesario; pero al quedar obsoletos casi todos fueron rellenados, desaparecidos.

 

Ha querido el destino aclarar por completo cómo eran aquellos silos, pero no en Villageriz, sino en su pueblo vecino, Fuente Encalada. Una reciente reforma en una planta baja venía con sorpresa: al retirar la capa superficial de tierra para un nuevo solado ha aparecido en el centro del local una forma circular en la que la tierra seguía removida conforme aumentaba la profundidad, no como el resto, que era de arcilla virgen. El dueño, Santiago “el perdido”, nada sabía de que allí hubiera nada, aquel cuarto siempre lo conoció como el dormitorio de los abuelos. Estudiado el caso, se hizo necesario excavar por descubrir qué se esconde bajo el suelo, y si fuera necesario, tomar medidas para evitar posibles repises. Terminada la tarea de retirar la tierra removida, se descubrió uno de esos agujeros, un silo auténtico.



Por lo que parece es de pequeño tamaño. Es cilíndrico, con la forma interior que tienen los barriles o toneles de madera, con mayor capacidad a media altura. La profundidad es de 1,65 metros, con un metro de diámetro en su parte más ancha, y 0,70 metros en la “boca”. A 0,90 metros de la base hay dos muescas opuestas; claramente para encajar un palo que hacía las veces de peldaño para ayudarse en el descenso.

 

El hallazgo plantea una incógnita: se debería rellenar con materiales más consistentes que la tierra (canto rodado, hormigón de limpieza, grava…) para solar encima sin riesgo de hundimiento… o quizás se debiera conservar como curiosidad y como una parte más de la vieja casa. Mi buen cliente y mejor amigo tomó (para mí) la decisión más correcta: habría que hacer lo posible para dejar el silo no sólo intacto, sino también accesible y presentable.

 

El resultado no puede ser más agradecido, incluso un punto de luz en su interior añade a la estancia, dedicada a cuarto de estar, una iluminación indirecta, ideal para ver la tele. Por supuesto que un cristal laminado protege de caídas a su interior. Y lo mejor, se ha conservado un monumento a la escasez, a los años del hambre, pero también a lo ecológico, económico y sostenible, tan de moda en nuestros días.

 





Cuando vuelva a pisar la plaza Silos de Villageriz, la veré con otros ojos.