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domingo, 22 de febrero de 2026

La Corte de Ayoó.

La Corte nevada, vista desde la Chana.

Una rama de la ciencia del leguaje, o lingüística, es la etimología; que define la RAE como “Origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma”. La etimología, aparte de ser la historia de las palabras, su origen y derivaciones, se me antoja como la historia de las cosas, o la historia de las historias. Un nombre (o su raíz) nos puede llevar a definiciones inesperadas, como la que nos espera a continuación:

Una aplicación de la etimología es la toponimia, el estudio de los nombres propios de los lugares, así como sus raíces. Bien, pues hagamos un ejercicio de toponimia con un lugar de Ayoó de Vidriales como otro cualquiera, sin ninguna particularidad especial.

Siempre me llamó la atención, desde el primer momento que lo oí, el topónimo “La Corte”, un lugar en medio de un valle al norte del pueblo. No debiera carecer de importancia, ya que da nombre al arroyo que baja desde la Chana con aguas de lluvia, y recoge las de varias fuentes de la parte más alta del valle, Los Labayos, otro topónimo bastante común en España, que parece hacer referencia a zona pantanosa, encharcada. Nunca mejor descrito el lugar.

La Corte. MTN 50 (1936)

Antes de seguir, también quiero darle importancia al hecho de que en Ayoó se establecieron dos importantes comunidades culturales en un monasterio seguramente fundado por San Fructuoso hacia el año 650, por lo que se deduce de un documento de 1057 de la infanta doña Elvira, hija ilegítima del rey Bermudo II, fundador del monasterio de Carracedo, en el Bierzo, y cooperador necesario en la restauración del monasterio de Ageo. Explícitamente habla de una donación: “Y la dimos y entregamos a la casa de San Fructuoso, en toda su integridad, para que le sirva para siempre”. La casa de San Fructuoso sin duda nos habla de su fundador, seguramente a raíz de la decadencia de Petavonium, en Rosinos de Vidriales. La primera etapa, interrumpida dos veces por la invasión musulmana, dio paso a la segunda, tomada a la fuerza por los templarios hasta el 1310. Estas dos comunidades le dieron especial importancia a los topónimos, llamando “Fanum” (lugar sagrado) a un castro indígena, “El Castrillo” a la zona donde seguramente hubo un campamento romano para conquistar el anterior castro, y La Corte, en femenino, no a lo que imaginamos, un corte en el terreno, o un valle estrecho, sino a otra explicación mucho más relevante.

El diccionario de la RAE tiene 18 acepciones para la palabra “corte”, desde la acción y efecto de cortar, el filo del instrumento, la herida, etc, pero hay una segunda palabra “corte” con un significado distinto y 10 acepciones. Las número 4 y 5 hacen referencia al ganado como un edificio, recinto o cercado para guardarlo; el resto a las personas como grupo menos una, que describe el territorio que hay alrededor de esa gente. Puesto que buscamos un significado antiguo, nada como consultar a nuestros mayores ayoínos, y “corte” es una palabra desconocida de como comienza el diccionario, al margen del topónimo que estamos estudiando. En la vecina Valdería, concretamente en mi pueblo Calzada, coinciden con la gente de Ayoó, dato que confirma Isidora Rivas al no incluir “Corte” en su diccionario “Voces del Eria”.

Por la estrecha relación de la primera comunidad de monjes con el Bierzo, y las repoblaciones conjuntas, he consultado otro diccionario online: El Varal, del museo etnográfico agrícola en Carracedo del Monasterio, pueblo que acogió a la comunidad de Ayoó durante la conquista musulmana, y que más tarde hizo el viaje de vuelta con la comunidad berciana al llegar allí las hordas invasoras. Fruto de este último viaje seguramente naciera el pueblo de Carracedo de Vidriales. En el Varal, la entrada 200 dice: CORTE. cuadra de los animales, y la 201: CORTELLO. Cuadra pequeña. Precisamente en éste Carracedo de Vidriales se utilizó una palabra parecida, “cortea”, para nombrar a las pocilgas de cerdos (informante Manuel, actualmente la persona de mayor edad que reside en el pueblo). Y ya preguntando en Ayoó por esa “cortea” y no por “corte”, Andrés Gutiérrez la relacionó sin dudar con la pocilga, en desuso, pero no olvidada. Otra informante, Trini Lobato, recuerda de sus mayores una palabra similar, más importante si cabe: “curtea”, para llamar a la pocilga. Digo lo de la importancia porque estamos ante una típica palabra en leonés y su evolución fonética del latín, en el que sus vocales -o y -e se cierran en -u y -i, o incluso en diptongos, como -oi y -ei (ejemplos en Ayoó: coito por coto, veiga por vega, requeijo por requejo). (Ver la Cátedra de Estudios Leoneses de la Universidad de León, entrada “cortea” o “curtea”). Y ya, indagando levemente, en el pueblo de San Pedro de Ceque, vecino por el Sur de Ayoó, la cortea a día de hoy es una palabra en uso, normal, para denominar la pocilga.

 

Queda una visita general en Google de “corte”, y nos lleva al resto de Castilla y León, Cantabria, Asturias, Galicia, etc, (incluso en catalán se dice “cort” y en vasco “korta”), sitios donde también se utiliza esa palabra o derivadas para nombrar pocilga, cuadra o establo, aunque generalmente en desuso. Y me parece interesante una última acepción para “corte”, que se sigue utilizando aunque no la recoja el diccionario, y es en masculino (el corte) y sinónimo de “tajo”, como el sitio a donde llega y se interrumpe el trabajo de los operarios para comer o como final de jornada, porque queda “cortado”. Pero quizás el topónimo de La Corte tenga más que ver con los animales que con otros cortes, aunque sean metafóricos, así que seguiremos ese hilo.


Según la prestigiosa página “Etimologías de Chile”, la acepción que buscamos de la palabra “Corte” viene del latín “cors, cortis”, y éste de “cohors, cohortis”, palabras formadas por el prefijo “co-” y la raíz “hort-” (lugar cercado, huerto). Desde el latín muy antiguo esta palabra pasó al ejército, donde “cohors” definió a una unidad militar, una subdivisión de una legión de normalmente unos 500 hombres. Las cohortes con el tiempo fueron tropas auxiliares con recinto propio que daban apoyo a la legión, por lo que cohorte acabó significando “tropa que rodea a un mando”, luego “séquito que rodea a un rey”, y con el tiempo “asambleas consultivas”, lo que da sentido a las Cortes parlamentarias, y a la Corte como tribunal de justicia. Por otra parte, “huerto” parece venir del latín “hortus” (jardín), y éste del griego “hortos”, como “lugar cercado, rodeado de valla, recinto” que se usa como pasto.

 

En San Pedro de la Viña hay un lugar en el que se repite la relación entre huerto y corte, pero escondida tras un diminutivo. Las huertas que hay entre el campamento de la Calea (de una cohorte) y la fuente del lugar, o fuente romana, se conocen como “Las Cortinas”, como si “la corte” original hubiera sido dividida en “cortes” más pequeñas o Cortinas, que es el nombre dado en la actualidad.


 

Vuelo americano A. 28/07/1946.


Campamento romano, o "la corte" (lugar cercado).

Topónimo las Cortinas (división de la corte en partes más pequeñas)

Volviendo a Ayoó, buscaremos en La Corte algún tipo de corral o recinto que pueda servir para el ganado, o tal vez asociado a la larga estancia de los romanos en Vidriales. Sobre el terreno actualmente no hay nada, y las memorias de nuestros mayores tampoco recuerdan otra cosa que un tejar, justo debajo de uno de los barrancos. El tejar podía haber sido una excelente explicación, pero entre sus restos no hay ni rastro de ímbrices o tégula, es relativamente reciente. En la fotografía aérea del vuelo B americano se aprecia una llamativa línea recta de unos 100 metros, con dos esquinas redondeadas en sus extremos, al lado derecho del arroyo. El lado izquierdo, debido al desnivel y el natural arrastre de sedimentos no conserva marcas, si acaso en la última esquina izquierda, a unos 90 metros de dicha línea. En conjunto parece un rectángulo con esquinas redondeadas, el modelo típico de campamento romano con una superficie inferior a la hectárea.




Como campamento incumple los consejos de Vegecio, estando dominado por lugares más altos. Por la pendiente es improbable que inundara alguno de sus fosos, como en casi la totalidad de campamentos de la zona; cuenta con agua, sí, pero el arroyo lo cruza por el centro. La verdad es que como campamento es muy raro, y en verano el arroyo lo dejaría casi sin agua, porque merma su caudal y ya conocemos las necesidades hídricas romanas y su facilidad de conducirla donde hiciera falta.



Vuelo PNOA 2006 de La Corte

Posiblemente forzando el relato, recuerdo que Pascual Madoz nos habla de agua canalizada desde Castrocontrigo, a tres leguas de distancia, hasta el castro de San Pedro/Fuente Encalada. Manuel Gómez-Moreno en su Catálogo Monumental de la provincia de Zamora, también menciona “otra conducción de aguas (que) llegaba encañada desde Ayoó, faldeando la ladera del valle”. Ambos canales sin duda son el mismo, y necesariamente deberían discurrir “faldeando” el lado izquierdo del Almucera, sin cruzarlo, lo que nos lleva a la Peña de San Mamés, y de ahí hasta el valle más a la izquierda de la cuenca de Ayoó, al arroyo de La Corte. El valle que más se acerca a la Valdería es el de Ayoó Pequeñino, pero también el más pantanoso. En cambio, La Corte parece ideal para ese canal, ya que es el valle más al Norte que vierte las aguas en Vidriales, y quitando un pequeño tramo en los Labayos discurre por una zona que conservaría bien la calidad del agua.

 

Paralelo a ese valle discurre el camino Foracuervos, suplantado por otro nuevo de la concentración parcelaria, para mí la forma de subir a la Chana por el sitio más sano, en contra del resto de valles que mientras no se abrieron canales fueron humedales difíciles de transitar. Un camino que iría paralelo a ese canal hasta la Chana, donde enlaza con el camino a Castrocontrigo. De haber un canal, sin duda son necesarios esos caminos paralelos, para su construcción y mantenimiento. También es posible que el canal original se repartiera en dos o más ramales, pero seguramente que uno abastecería permanentemente el recinto de La Corte. Ese camino a Castrocontrigo, que más tarde se ampliaría por Requeijo, mantendría buena comunicación de las tropas acantonadas en Petavonium con las minas de oro de la Valdería, por ser el camino más corto entre ambos puntos.


Pero queda por encontrar sentido al recinto de La Corte. Mi propuesta, siempre como hipótesis, pudo tener origen como campamento (para una cohorte, unos 500 hombres), y de ahí su forma, en el momento de la construcción de dichos camino y canal para no tener que desplazarse cada jornada de trabajo, y para protegerse de las inclemencias atmosféricas o de alguna otra amenaza. Pero posteriormente, y debido a su situación, pudo dedicarse a abastecer al ejército de un bien preciado, la cría de ganado, y me decanto por caballos. El último cuerpo romano en abandonar Vidriales pudo ser el Ala de caballería II Flavia Hispanorum civium romanorum en el siglo cuarto después de Cristo, de unos 500 jinetes a caballo. Para mantener y renovar esa caballería, y sus otros animales de carga, como burros o mulos, por fuerza en los alrededores de Petavonium serían necesarias importantes caballerizas. Debido al abundante pasto fresco y agua, los valles de Ayoó son indicados para la cría, alimentación y entrenamiento de los équidos. De hecho, en un censo del Ministerio de Agricultura de mediados del siglo XX, y gracias a las bondades descritas, se contabilizan 133 cabezas de ganado caballar, 21 cabezas de ganado asnal y 111 cabezas de ganado mular (siempre fueron muchos más de los censados, entre crías, nuevas compras y algunos no inscritos), que se organizaban para salir a pastar a toque de campana como “yeguada”.

 

Mi conclusión, y sólo por buscarle sentido al topónimo La Corte:

La llegada de los monjes para la fundación del monasterio de Ageo sin duda encontró el mencionado recinto, o al menos sus restos, y vista su importancia no dudaron en llamar “cors o cortis” al sitio, que derivó en La Corte como se denomina actualmente. Ese enorme establo dio nombre al arroyo que algún día fue canal artificial. Por falta de mantenimiento y debido a las tareas agrícolas, se nivelaron los restos y gran parte de los canales se taparon, lo que nos lleva a conjeturar cómo, por dónde y en la pendiente adecuada encauzaron el agua. De los ingenieros romanos nos podemos esperar cualquier cosa, por extraordinaria que parezca. Por su increíble constancia y determinación dejaron escrito: Aut viam invenian aut faciam. (Encontraré un camino o haré uno).

Al agua o a lo que sea. 


miércoles, 14 de enero de 2026

Carta a los Magos.


Queridos Reyes Magos:

no soy niño ni viejo,

pero he visto el buzón

y os envío estos versos.

Espero que esta carta

arribe a buen puerto,

hagáis vuestro trabajo,

y así todos contentos.

Yo no quiero regalos,

ya no pido deseos;

tan solo quiero saber

por qué ha ardido mi pueblo.

Vosotros, que sois magos,

y nos veis desde el cielo,

señalad quien ha sido

la bestia del mechero.

Y cuando esté durmiendo,

llevadle carbón negro,

(por no decir un cáncer

que coma sus adentros)

Llevadle taquicardia

para eso de su pecho,

que no late, vomita

odio y resentimiento.

Que no le falten mocos,

y que le sobren cuernos,

que la culpa le explote

su podrido cerebro.

En esta noche Santa

dejadle, por supuesto,

la mayor almorrana

que le quepa en el cuerpo.

Ponedle ojos de topo,

orejas de cabestro,

y cuando quiera comer

que gruña como un cerdo.

Vosotros, que sois magos,

sé que podéis hacerlo

y tendréis mi gratitud

y la del pueblo entero.

Nada más, abrigaros,

viene frío este invierno;

feliz regreso a casa,

saludos al cartero.




P.D. Gracias al grupo ADN por adornar el pueblo. 



 

domingo, 14 de diciembre de 2025

Moratones: de muros y moros.


Un viejo proverbio reza así: “los árboles no dejan ver el bosque”. Cierto, y vamos con un ejemplo:

Una calzada romana del siglo I a.C. cruza el valle de Vidriales con origen en Astorga y meta en Braga, Portugal. En la chana de Castrocalbón todavía se puede ver en algunos tramos intacta, casi como la dejaron los constructores hace más de dos milenios; en el resto la carretera se superpone en casi la totalidad hasta las afueras de Santibáñez de Vidriales, donde lo hace un camino de concentración.


Esta vía tiene nombre propio y curioso: la numeración de las rutas romanas que se atribuye a Antonino Augusto Caracalla, parece ser que fue de Eduardo Saavedra en el siglo XIX, quien le asigna a ésta el número XVII del itinerario de Antonino, un anacronismo de libro. Sobre estas vías se señalaban millas y mansiones, siendo visitable un emplazamiento de milla en Fuente Encalada, y lo que se ha recreado de una mansión en Rosinos de Vidriales, un castellum o campamento romano estable.

(Para ampliar las fotos clicar encima)




Este campamento en realidad no es el original; lo rodea con una superficie cercana a las 18 hectáreas todo un asentamiento para una legión, la Legio X Gemina. Sin duda, metafóricamente hablando, junto con la calzada son un árbol enorme… que como veremos no nos ha dejado ver el bosque.

Son varios los historiadores que apuntan a que en la conquista del noroeste peninsular por Augusto, la X Gemina estuvo acompañada de otras dos, la V Alaudae y la VI Victrix, bajo el mando de un único general, el legado de la provincia Lusitania Publio Carisio. También que la X y la VI actuaron juntas, que tuvieron oficiales comunes y por tanto que sus campamentos o eran el mismo o estaban muy próximos. Entonces parece sensato buscar en las cercanías de Petavonium susodicho campamento, y resulta que es el bosque del proverbio.

José Luis Vicente González, para su "Bellum Asturicum" ya intentó encontrar ese campamento valle abajo, con la razonada idea de que, para asaltar el castro de las Labradas, Petavonium queda muy lejos. Además, buscó lugares o topónimos con referencias a lo moro, porque en la zona, todos los nombres sobre los moros o es romano o anterior; muy anterior, como el Casetón de los Moros, un monumento megalítico.

Un razonamiento digno de encomio, y quizás la distancia desde su domicilio y el desconocimiento de Vidriales le hicieron pasar por alto tan enorme topónimo que es ni más ni menos que el nombre de un pueblo: Moratones. Curiosamente muy antiguo; ya aparece en la España Sagrada de Enrique Flórez con fecha en el año 1160.

En el artículo “Nuevas conjeturas de toponimia zamorana, el autor Pascual Riesco Chueca hace un estudio etimológico de Moratones. Dice que es un topónimo de compleja determinación:

1-   Por estar en plural.

2-   Por confundirse restos de la base prerromana mor(a) (montón de piedras) con el latín “maurus” y la voz “moro”, y cito textualmente “comúnmente vinculada en la tradición oral a cualquier resto ruinoso: en Zamora y otras provincias próximas, muchos restos ruinosos o monumentales son automáticamente atribuidos a los moros”.

3-   Y porque también podría venir del latín “murus”, o su derivado “muratus”, que podría significar amurallado, ceñido o defendido por muros.

Yo no entiendo nada de etimología, pero la verdad es que para lo que voy a exponer a continuación me viene de maravilla esta última acepción, “defendido por muros”. Un poco más adelante, el filólogo escribe que la referencia puede estar aludiendo a restos arqueológicos. Creo que hemos cantado línea, y seguimos para bingo.

Volviendo a la búsqueda de un campamento (defendido por muros) en Moratones, las personas de mayor edad de este pueblo, o en particular de Bercianos, recuerdan un camino recto, elevado, y como no podía ser de otra forma, llamado “el camino de los moros” a las afueras de Bercianos, en dirección Moratones. Un camino que parece morir ahí, que no continúa hacia adelante, y que fue destrozado ignorantemente por obra y gracia del Ayuntamiento de turno para abrir un canal.



Las fotos aéreas más antiguas lo muestran perfectamente; las más actuales lo hacen con el canal. Pero todas vienen a decir lo mismo, que extendiendo esa recta valle arriba nos lleva a… efectivamente, a los campamentos de Petavonium. Los romanos fueron maestros en aplicar la línea recta, porque hace el camino más corto y mejor defendible y los edificios más estables y sencillos, pura matemática y geometría. Otro ejemplo de camino recto lo tenemos muy cerca: extendiendo la calzada de la chana de Castrocalbón con una línea recta, pasaría por encima del castro que debían expugnar y marcaría el lugar donde debían acampar, otra vez Petavonium. Nada de casualidad. La religiosidad del ejército romano no dejaba sitio al libre albedrío.



En la explanada que en el futuro sería Petavonium acampó una legión, la X Gemina. Hay quien propone que fue después de pacificar a los indígenas. Difícilmente; lo digo porque el castro de Las labradas y el Marrón es tan grande y tan fortificado que pienso que incluso una legión eran pocos efectivos para su conquista. Por tanto continuemos la recta desde Petavonium hasta que muere el camino de los moros para ver qué podemos encontrar.

 

En los primeros mapas decentes, el MTN25 de 1982, ya señalaron un muro perfectamente recto en el lugar de los Arenales, justo donde acaba el camino de los moros. Partiendo desde la carretera, tiene aproximadamente 180 metros de largo. Cualquier observador con un mínimo de atención comprobará que los muros de huertas medievales, incluso sus caminos, no son más que culebrillas sin orden ni sentido. Para muestra el camino del conventico y sus huertas en San Pedro de la Viña.


In situ, ese muro de 180 metros (a) continúa con otro de 140 metros (b), igualmente recto. Y a continuación otro muro que al final lo destroza el camino, al menos otros 160 metros (c) con un pequeño quiebro al principio. Donde hemos comenzado a medir, podemos trazar una línea imaginaria hacia el Noreste de al menos 190 metros (d); pasaría por encima de un canal que para abrirlo desmontaron lo que parece el mismo muro, enterrado, pero con idéntica mampostería. Todo nos lleva a pensar que forma parte de un recinto, defendido por muros con una base de mampuestos y sobre ellos seguramente tapial, con una superficie mínima de dieciocho hectáreas si tomamos como lado Norte el viejo camino. Mi propuesta es un castellum, un campamento estable de planta irregular en el que podríamos identificar varios elementos:

-      Porta Decumana donde linda con el "camino de los moros".

-      Porta Principalis Sinistra, la carretera en dirección poniente.

-      Porta Principalis Dextra, la carretera en dirección naciente.

-      Via Principalis, la carretera o Via Petavonium-Lusitania.

-      Via Petavonium-Arenales, o “camino de los moros”.

Pero un castellum no es algo que se haga en pocas horas, como los campamentos de marcha o castra aestiva. Un castellum es todo un edificio amurallado para el que se necesita maquinaria y transporte, mucho transporte y mucho tiempo, lo digo como conocedor del mundo de la construcción. Es de pensar que muy cerca debería haber un castra aestiva, porque recordemos que estamos en terreno muy hostil, con los indígenas de Las Labradas – el Marrón a un tiro de piedra, y esto no es metafórico. Los romanos nunca pasaban la noche fuera de un campamento, mucho menos aquí; así que habrá que rastrear las fotos cenitales… y ¡¡eureca!!



A muy poca distancia, superpuesto en el lado de naciente del castellum, se aprecian tres líneas que parecen parte de la silueta de un rectángulo con las esquinas redondeadas. Idéntica orientación del castellum, o campamento 1. A este le daremos el 2, porque a lo mejor no hay dos sin tres. La anchura estimada son 135 metros, por un largo que podría estar en torno a los 160 metros: un tamaño estimado que podría superar las dos hectáreas, según cálculos de la aplicación. Al estar el castellum superpuesto, pienso que el dos es más antiguo, y sirvió para resguardarse y contener los ataques mientras se hacían las labores de construcción.


El caso es que a poco más de cuarenta metros del lado de naciente del campamento 2 aparece una línea paralela, nuevamente redondeada sobre el lado de la carretera. Observando otras señales podemos identificar el recinto 3, similar en tamaño al número 2. ¿Se trasladó este campamento al finalizar el castellum, aprovechando sus materiales, o es un campamento distinto, de otra unidad? El abanico de interrogantes no hace más que comenzar.





¿Eso es todo, amigos, como diría Porky?

Claro que no. Mucha gente mayor, de los pueblos aledaños, conocen un sitio donde “han aparecido baldosas”, identificando algún tipo de vivienda. Efectivamente, hay tégula superficial en un altozano a 500 metros dirección Oeste. Si nos remontamos en el tiempo, antes de la concentración parcelaria de la zona (el vuelo interministerial, por ejemplo), podemos ver tres cosas interesantes:

1-   Un camino que viniendo del Noroeste muere en el altozano.

2-   Un puente hacia el Este cruzando un ramal del arroyo Almucera.

3-   Una llamativa red de canales que toman el agua valle arriba.


Mi conclusión es la de una villa, o centro de explotación agrícola con algún tipo de edificio más lujoso y de ahí la tégula. No es casualidad que un poco valle arriba haya un topónimo Quintana, nombre tanto asociado a las villas romanas como a sus campamentos. Al lado de la villa, en los vuelos de antes de la concentración parcelaria, se puede ver una compleja red de canales de riego que podría indicar la producción: verduras y hortalizas. El altozano, además, serviría de mirador para controlar la actividad en las huertas. El puente sobre el Almucera garantiza el aceso rápido al campamento o a la inversa; un puente conocido como el puente de Vegamor, clara contracción de "Vega del Moro": Vega(del)mor(o), última pieza del puzle del enorme bosque escondido de Petavonium y su Vía XVII.

La Vega del Moro al lado del castellum de Arenales aseguraría la producción local de alimentos, evitaría el transporte con sus riesgos y pérdidas, y nos indicaría que el campamento fue estable durante bastante tiempo, al menos algunos años. Una estabilidad que podríamos encontrar en la Geografía de Estrabón: "De éstos, el uno con dos legiones administra todo el país al otro lado del Duero, hacia el Norte..."

Estamos, pues, ante todo un complejo campamental que contaría incluso con cementerio compartido con Petavonium, a algo más de un kilómetro en dirección Tardemézar, donde se encontró una estela funeraria custodiada en el museo de Santibáñez.


 

Es bien sabido que La X Gemina y la VI Victrix adiestraron varias alas y cohortes de ástures; con estos datos ya no tendremos quejas por falta de espacio, sin tener que recurrir a los campamentos de la chana de Castrocalbón como campamentos de prácticas.

Un georradar, técnica no invasiva ni destructiva, en tiempo de descanso de las parcelas, estoy seguro que nos contaría mucho más que todas las fotos aéreas juntas. Pero de momento al menos quedémonos con tres datos importantes: 

1- la etimología de Moratones como antigua zona de muros;

2- un lugar donde perfectamente pudo acampar la legión perdida de Publio Carisio, la VI Victrix, compañera de la X Gemina; 

3-y dada la importancia de este complejo campamental en la antigüedad, el posible origen de la palabra Vidriales: Victrix con el sufijo -alis, (Victrixalis) como lugar de, o perteneciente a la Victrix.

Algunos me diréis que soñar es gratis.

Al menos me entretiene; ya dirá el tiempo lo que tenga que decir.

 

  

domingo, 12 de enero de 2025

Uno de geología:



Uno de los ejercicios más sanos y sencillos de realizar es el paseo. Se puede realizar en solitario o en número indeterminado, en buena charla o en silencio, siempre que cumpla la condición de hacerlo en paz y relajación. Por supuesto que en una ruta alejada de lo mundano, del ruido, y del peligro. Por esto que no entiendo a quienes pasean por las carreteras, con la de caminos y sendas preciosas que rodean nuestros pueblos. Además, con el aliciente de encontrar algún vecino de cuatro a muchas más patas, grande o pequeñito, asustadizo o campechano. Es el milagro de la naturaleza, una riqueza increíble que no solemos valorar ni como la mitad de lo que merece, y que por otra parte, de la que estamos rodeados en los pueblos.

 

Los domingos, a primera hora, suelo dar ese tipo de paseos. Paseo contemplativo, le digo. Además, tenemos la inmensa suerte de vivir en una zona de constante cambio en la vegetación o en los cultivos, y por tanto del color, para dar la sensación de que cada paseo es por un sitio distinto, con la cadencia de un año. Me parece tontería decir que me encanta nuestro entorno, ver crecer algunas especies vivas, en otras es necesario muchos años para darse cuenta de ello. Otra cosa es el “soporte” de tanta vida, el terreno, que parece impasible y que muestra detalles en la tierra o rocas a las que nunca prestamos, quizás, demasiada atención.

 

Hoy toca uno de esos detalles, descubierto en el paseo contemplativo de un reciente domingo. En una cuneta de un camino, bastante erosionada por la escorrentía, aparecieron unas bolas más o menos redondeadas que me llamaron la atención. No eran piedras comunes, como se podía apreciar a simple vista, y porque además estaban unidas entre sí por una especie de conducto. El soporte es barro, lo que hacía destacar mucho más dichas bolas, ya que suele ser un material homogéneo.

 

Recogí unas cuantas y volví a casa encantado; ya tenía algo que me pareció poco común para investigar. Para alguno de esos ratos perdidos que no tengo, pensé.

 

Hoy tocó. En el primer análisis superficial aparecen formas redondeadas sobre la principal, como si un fluido que sale del subsuelo a presión forma una bola donde el terreno se lo permite, y rompe luego su superficie para expandirse en otras bolas más pequeñas. Se observa también que en algún punto de la bola principal se abre un tubo o conducto por donde asciende el mineral a través del barro para crear otra bola o conjunto de bolas. Algo realmente curioso.

 

Rompí una bola para ver su interior, y se compone de varias capas concéntricas (como las cebollas) de un óxido, envueltas en barro, o algo que se le parece de color ocre. No tiene humedad, es un material seco y quebradizo, aunque claramente algún día fue como poco pastoso.

 

El siguiente paso, inevitable, era preguntarle al todopoderoso buscador de internet. Y parece que encontré la respuesta: se trata de Limonita. Limonita que no viene de limón, o limones, sino de “limo”, nombre con el que todavía en la zona se le llama también al lodo, fango o sedimentos pegajosos, que a su vez deriva del latín “limus”.

 

La Limonita en un mineral compuesto, también llamado Goethita. En la antigüedad se utilizaba como tinte, después de molida, para las tonalidades del ocre. En algunas pinturas rupestres se ha encontrado como pigmento. También como fuente de hierro, ya que se desprende con facilidad y resulta fácil de moler para tiempos pasados exentos de maquinaria. Pero quizá lo más relevante es que suelen ser marcadores de menas o filones de hierro. Algo que parece haber pasado desapercibido en la antigüedad, ya que mientras en la comarca hay topónimos o nombres de pueblos relacionados con la extracción y proceso del hierro, en Ayoó no conozco ninguno, o algo que se parezca a una mina de ese mineral.

 

El microscopio muestra una composición muy variada de colores y formas, parece ser que es fruto de millones de años de arrastre de otros minerales además del hierro que pueda contener.

 

A la Goethita también se le atribuye propiedades poco menos que milagrosas, dentro del discutible mundillo de la geoterapia. Desde desarrollar la creatividad, conectar con la tierra, a curar diversas dolencias del oído, nariz y garganta. La verdad es que desde que la descubrí padezco algo de catarro, así que no sé yo.

 

Dejaremos a las cosas en su sitio y volvamos al camino. Por cierto, más de tres décadas viviendo en este pueblo y aún quedan secretos tan chulos por descubrir. A por ellos:











 

sábado, 21 de diciembre de 2024

El cuento de Navidad.

 




Nos han enseñado un cuento

para esos días de frío,

de noches largas y tristes…

escucha y sé bienvenido.

 

Es un cuento de contarse

con familiares y amigos

y hasta con quien no conoces

nadie sabe del destino.

 

Se cuenta si falta paz,

o donde haya alguien perdido;

se cuenta de corazón

y el cuento sirve de abrigo.

 

Es un cuento de mayores

con el que cuentan los niños;

y que hoy gustaría contar

a tantos que ya se han ido.

 

Y lo mejor de este cuento

es que es fácil repetirlo;

lo contamos mutuamente

cada año de cada siglo.

 

Es el cuento de los pobres

que sirve para los ricos;

lo que tienes nada vale,

pues contar cuesta poquito.

 

Se cuenta sinceramente,

solo por vernos reunidos,

y siempre con alegría

de lo que haya, compartimos.

 

Es un cuento sin distancias,

sin curvas ni laberintos;

si no vienes ya te cuento,

reservaremos tu sitio.

 

O se cuenta o no se cuenta,

no hacen falta sacrificios;

por eso estamos felices

cuando a la cuenta acudimos.

 

Espera, que te lo cuento,

porque a ti va dirigido:

es el cuento de Navidad,

y quiero contar contigo.

 

Quiero contar con tu amistad,

con tu respeto y cariño,

contar con vernos al lado

con salud para vivirlo.

 

Este cuento enrevesado

en realidad, es sencillo,

ya que llevo muchos versos

repitiéndote lo mismo:

 

Porque contar es recordar,

querer, tener incluido.

y al contar que he contado

se resuelve el acertijo.

 

Feliz Navidad, paz y bien,

y un año nuevo benigno.

Gracias por estar ahí

por haberte conocido.

 

P.D.:

Comparte esta cuenta y cuento

con quien tengas decidido;

y si acaso vuelve a ti

siéntete agradecido.

 

......etj......









Fotos: Santuario de Nuestra Señora la Virgen del Campo (1750).

domingo, 15 de diciembre de 2024

A un recién jubilado:

 


Es la cuenta de la vieja,

la que todos nos echamos:

a una vida laboral

le corresponde un descanso.

 

Sin esperar a mañana

porque surgen sobresaltos,

debemos pedir lo nuestro,

que no nos coman el tarro.

 

Se acabaron los trajines,

adiós muy buenas contratos,

mojaduras y solianas,

nervios y demás quebrantos.

 

Olvida el despertador,

queda en la cama otro rato;

¿te apetece madrugar?

puedes poner tú el horario.

 

Un café a madia mañana,

como se hacía en el tajo,

solo que ahora ya no hay prisa

recuerda, todo ha cambiado.

 

Y si apetece partida

siempre sobran candidatos;

eres del grupo de aquellos

cuando tú ibas al trabajo.

 

Tampoco es cosa quedarse

como un mal reloj, parado;

hay mucho por ver o hacer

antes de verte un anciano.

 

Ejercicio en lo posible,

a poder ser, comer sano;

que no falten excepciones

que también te lo has ganado.

 

Sólo me queda un deseo,

te lo envuelvo en un abrazo:

como pedían en el pueblo…

“y que sea por muchos años”.

 

P.D.

Este poema lo dedico

a un reciente jubilado:

trabajador incansable,

gran persona, y buen hermano.

Con todo el amor del mundo,

cuídate y disfruta, SANTOS.