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lunes, 6 de agosto de 2018

Símbolos en Vidriales: las piedras del camino.


Las carreteras están abarrotadas de símbolos: escritos, señales, luminosos…; demasiada cantidad y variedad, tantas que algunos conductores veteranos, entre los que me incluyo, dudamos o desconocemos varios de los nuevos. No nos culpen, cuando por parte de una mayoría parece que la norma es saltarse los más claros y peligrosos, como que sólo incumben a los demás.
  
Las señales en las carreteras de Vidriales nos viene de muy antiguo, de tiempos de los romanos, pues por éste valle cruza la importante vía 17 del Itinerario de Antonino, que unía Asturica con Bracara. Una calzada estratégica; por lo que nos toca servía para pacificar la zona de los irreductibles ástures y agilizar el transporte del oro extraído de Cabrera y Valdería.

En las proximidades de Astorga, se hallaron unas tablillas de barro cocido, de una autenticidad muy discutida (quizás por buscar exactitud donde nunca la hubo), conocidas como el “Itinerario de Barro”, expuestas en la actualidad en el Museo Arqueológico de Oviedo. Son placas de 14 por 12 cm que, parece ser, debían ser colocadas en un lugar público para informar a los usuarios de la calzada. Estas tablillas, junto con el “Itinerario de Antonino”, han servido para localizar algunas “mansio”, que significan literalmente “lugar donde pasar la noche durante un viaje”. A Vidriales le tocó Petavonium, con todo un campamento de la legión Décima Gémina, y posteriormente del de la no menos importante Ala Segunda Flavia. Según algunas estimaciones, ésta Mansio llegaría a ocupar 90 hectáreas, 17 de ellas para el campamento de la X Gémina desde el 19 A.c. al 63 D.c., que fue reducido hasta 4,5 hectáreas para el Ala II Flavia hasta el 400-410 D.C. y el resto para las Canabae: termas, templos, mercados, tabernas, burdeles… y familiares que acompañaban a la legión.

Los ingenieros romanos medían las calzadas, supongo que como ahora, para saber lo que resta hasta el destino. La medida era la milla, abreviatura de “millia passus”, mil pasos. Solo que sus pasos eran dobles, es decir, solo contaban los dados por el mismo pie.

En uno de los lados de la calzada hincaban hitos de piedra, señalizando las millas. Monumentos que en muchos lugares han llegado hasta nuestros días tal y como nos los dejaron. En otros sitios, y por diversos motivos, desaparecieron o se trasladaron a otro emplazamiento. La forma suele ser cilíndrica, variando su tamaño ente los 0,5 m. y los 0,80, y una altura entre el metro y los cuatro metros. La piedra solía usarse la de la zona, y sobre ella eran grabadas inscripciones con diversos motivos: honoríficos, indicando la fidelidad al emperador, con menciones al encargado de mantenimiento, al cónsul de la época, y aparte, cuentamillas. En nuestro valle, en el término de Fuente Encalada, tenemos el lugar de Carricueva, que independientemente de los cambios del trazado de la calzada, establecieron como “milla fija”, la 38.

Hace unos años, con buen acierto, se decidió señalizar de nuevo la calzada, y restaurar la señalización perdida. De tal modo que en la milla 38 se volvieron a hincar las piedras como antaño, con réplicas de las inscripciones, y una sencilla leyenda que traduce del latín y explica el conjunto.

Un trozo de la primera milla, el miliario de Caracalla (recordemos es el sobrenombre del emperador Marco Aurelio Severo Antonino Augusto) se guarda en casa de un vecino de Fuente Encalada, con una altura de 67 cm. y un diámetro de 69 cm. El texto viene a decir: “nieto del divino Marco Antonino, bisnieto del divino Antonino Pío, trinieto del divino Adriano, y tetranieto de los divinos Trajano y Nerva”. Datado en 214 D. C.

Un trozo de la segunda milla, el miliario de Maximino (Cayo Julio Vero Maximino, de sobrenombre “el Tracio”) tuvo mejor fin: un “pilón de vacas”. También se conserva en casa de un vecino de Fuente Encalada, de altura y diámetros similares al anterior, pero con distinta inscripción legible: “… ordenaron restaurar las vías y los puentes deteriorados con el paso del tiempo, siendo legado propretor de los augustos el esclarecido varón Quinto Decio Valerino”. Sigue el texto “datable entre los años 235 – 238 de la era” (D. C.)

La iglesia vieja de Santibáñez de Vidriales se construyó muy cerca del trazado de la calzada antes mencionada, aunque en ésta zona pudo cambiar de sitio, como ocurrió en el Castro, que la de la conquista fue por un lado, y la de la dominación por otro. Fuera como fuere, en sus cercanías deberían coincidir otros miliarios que pudieron reutilizarse en piezas más pequeñas, columnas, o simplemente destrozados para rellenar huecos.

Lo que voy a exponer a continuación es sólo mi sugerencia: en el muro Este de ésta iglesia, el del presbiterio, asoma un círculo de aproximadamente 50 cm. de diámetro entre las piedras rejuntadas del muro. Es de composición “rara”, como hecho de piedrecitas más pequeñas, relativamente blancas, pero en conjunto prevalece amarilleado por la intemperie; yo diría que no es piedra típica de la zona. Dice Internet que podría ser una roca sedimentaria, detrítica, y rudita, por el tamaño del sedimento; a esto yo no digo nada, como buen ignorante. Lo que está claro es que es un cilindro, quizás uno de los miliarios, o quizás solo sea parte de una columna vulgar, del lugar de Petavonium, o una pieza labrada para vete a saber qué; el caso es que me gusta mirarla, y aunque nunca lleguemos a saber de qué se trata, aprovecho para apuntar su situación, para que tú, querido lector, cuando pases por su lado levantes la vista y la busques, y de paso, sientas como yo la necesidad de ver este magnífico edificio con un tejado, mejor o peor, pero que aleje la sensación de ruina y desolación. Porque ya que hablamos de símbolos… ¿no es la Iglesia del pueblo uno de ellos?





domingo, 22 de julio de 2018

Símbolos en Vidriales: Moratones


Me parece apasionante el mundo de los símbolos. Comprimir en apenas unos rasgos toda una exposición de ideas y pensamientos, y perdurar en el tiempo es para mi otro de los misterios de la humanidad. Qué vemos, para luego qué sentir.

Los anagramas, logotipos, emoticonos, banderas, grafitis, pines, señales, medallas, caracteres, jeroglíficos, atributos, insignias, escudos, trofeos… a diario vemos y usamos dibujos, objetos o relieves que recogen en muy poco espacio gran cantidad de información, que nos transmiten instantáneamente un importante mensaje. Hay además tal variedad de sinónimos de símbolos que se suelen confundir para el concepto que fueron creados.

Descifrar algunos símbolos es, por parte de algunos, verdadera obsesión. Pero… ¿acaso no fue también obsesión crearlos y continuar en el tiempo su uso? Se puede tachar de pura imaginación, la de quienes indagan; y posiblemente fuera (y es) pura imaginación la de quienes los usan. Cuantas veces la visión de un simple ideograma nos desconecta de la realidad, y transporta a otra historia, vivida o imaginada…; ahí está la fuerza de los símbolos.

Ya metidos en el siglo XXI, en plena era tecnológica, continuamos usando símbolos, algunos me atrevería a decir que con veneración, otros con auténtico rechazo, la mayoría (supongo que por abundancia) pasan ignorados y se pierden, y muy pocos resurgen del olvido por cualquier motivo, o lo que es peor, con el significado cambiado.

Intentaré describir o descifrar varios objetos con cierta antigüedad que se dejan ver por nuestro valle de Vidriales en una sucesión de artículos. Me declaro profano en el tema, solo me guía la ilusión y un absoluto respeto; se agradecerían mejores explicaciones de quien sepa darlas.

Para comenzar la primera parte nos vamos a Moratones de Vidriales, a su Iglesia Parroquial consagrada a Santiago Apóstol. En la misma esquina del muro Este con el Sur, encontramos un sillar con forma de paralelepípedo rectangular con unas medidas aproximadas de 35 cm por 45 cm de base, y 34 cm de altura con dos símbolos grabados en buen estado. Hacia el Este, podemos ver una típica cruz “de Calvario” con cruces en los brazos, posiblemente parte de un “Via Crucis” que tuviera el paso en torno a la Iglesia. En el lado Este y centrado, vemos un disco solar; una sauvástica, por su giro hacia la izquierda, de 12 radios con un centro cóncavo.

Me resulta difícil datar ambos símbolos, si bien la cruz de calvario me parece “reciente”, y sincrética, no diría lo mismo del disco solar, un clásico celta, o como poco romanizado. Posiblemente sea una pieza extraída de las ruinas de otro monumento, una estela discoidal relacionada con el rito mortuorio, y utilizada como sillar, a la que posteriormente y para evitar “malos entendidos”, se “cristianizó” con la cruz.

El otro símbolo que quisiera comentar se encuentra en una propiedad particular, y ahí llegó de otra, del borde de una parcela en la que corría peligro por los trabajos con el tractor. Parece ser la lápida de un sepulcro, una gran losa pétrea de más de 10 cm de grosor, con un ancho en la cabecera de un metro, por 0,65 cm a los pies, y 1,60 m. de larga. Sobre ella destaca lo que fue el relieve de una figura de tres brazos, conocida como “pata de oca”.

Largo y tendido se ha hablado y escrito sobre la “pata de oca” y su relación con los Templarios, con el camino de Santiago, y el popular juego de la oca. Cárcel, puente, posada, muerte, laberinto, dados, pozo…, los símbolos del tablero de juego parecen relacionarse con las situaciones en las que un caminante se puede ver envuelto: hospitalidad, abandono, pecado, delitos, muerte, desorientación, azar… y un final dichoso. Y la oca como comodín, un animal que se utiliza desde tiempos inmemoriales como guardián territorial, que quizás represente la actuación de los Templarios como guardianes del camino, al proteger las riquezas y dar seguridad a los peregrinos.

En el camino de Santiago tenemos referencias a las ocas: el Ganso, en el Bierzo, o la comarca Montes de Oca, en Burgos. Y también a su “pata” por la forma de la cruz del Cristo de la Pata de Oca, en Puente la Reina, o el Cristo del Amparo, en Carrión de los Condes, o los relieves en canecillos de las ermitas de San Amaro o San Bartolomé, por citar algunos ejemplos.

Qué hace un disco solar (por cierto con una correcta orientación, haciendo honor al nombre) en Vidriales, puede tener su explicación, por el pasado Ástur y Romano; pero qué hace una lápida con la “pata de oca” templaria en el pueblo donde aparece Santiago Apóstol en su Iglesia como Santiago Matamoros presidiendo el altar mayor, Santiago Peregrino en el pequeño retablo que hay frente a la entrada, y otro Santiago en el ambón, en una talla que antaño fue parte del altar… ya no sé que decir.

¿Son o no, fascinantes los símbolos?



Cruz de Calvario.


Disco solar.


Lápida con la "pata de oca".


Detalle.


Santiago Matamoros.


Santiago Peregrino.


 Año de construcción de la Iglesia: 1781.


domingo, 22 de abril de 2018

Echamos las campanas al vuelo, también en Vidriales.



Es una pena, la gran cantidad de tradiciones que hemos perdido, o dejado de renovar, en las últimas décadas en nuestra comarca. La más “sonada”, sin duda, es la de los toques de campana. Recuerdo de niño, a principios de los 70, que el toque era prácticamente diario. Las campanas organizaban la vida social y colectiva del pueblo, conectando con todos al mismo tiempo no importa donde estuvieran.

Aprender y distinguir los diversos toques era un lenguaje más para enseñar a los niños, el lenguaje de los sonidos. En ellos influía la hora solar, la época del año, o el evento a anunciar. Con las primeras campanadas era fácil saber si había que soltar el ganado, reunirse en concejo, prepararse para misa o rosario, coger los calderos y salir corriendo al incendio, informarse del mediodía, salir a trabajos comunales, o conocer el fallecimiento de un vecino, entre otros sucesos. Algunos toques son tan increíbles como el ya perdido por completo en mi pueblo natal, Calzada de la Valdería; uno de los varios sitios donde se tañía la campana con la esperanza de alejar los efectos dañinos de las tormentas. Sin electricidad, sin mecanismos, solo volteando o tirando rítmicamente de una cuerda. Seguramente, de esa cuerda venga el nombre del más tristes de los toques, “encordar”, palabra recogida en el diccionario de la RAE como propia de León, Zamora, Salamanca, Valladolid y Palencia, la última ordenación del territorio de la región leonesa. En su cuarta acepción dice de “encordar”, dicho de una campana: tocar a muerto.

Los toques de campana son una tradición mantenida desde tiempos inmemoriales. Dice un viejo refrán que “las campanas y el Pendón, del pueblo son”. La propiedad queda aclarada, no en vano ha sido la comunidad quien ha sufragado sus costes. A sus toques se ha reunido siempre el bien común; políticos o apolíticos, religiosos o laicos, o todos a la vez, sin importar nunca que estuvieran situadas en torres de iglesias, u otro muro. La neutralidad hecha sonido.

Muy poca gente tenía, o tiene, esa especial habilidad mezcla de fuerza y ritmo que hace los toques agradables al oído; son los llamados campaneros. Los demás, entre los que me incluyo, simplemente aporreamos las campanas. Solo hay un toque igual para todos los campaneros, el más fácil, el más sonoro, y el más espectacular: el volteo. El resto de toques son propios de cada pueblo, una herencia musical a la que cada cual inevitablemente añade su saber hacer. Era personalizar los toques, y pasar al recuerdo como “aquel que tocaba tan bien las campanas”.

El tañido de campanas es un lenguaje universal de rápido aprendizaje, es un sonido que influye en el ánimo y la emoción personal. El melancólico toque “a muerto” tiende al silencio, a sobrellevar la pena; efecto totalmente opuesto al toque de fiesta, alegre, provocador. O el rabioso toque “a fuego”, que acelera el paso, que mentaliza de antemano la desgracia, es antagónico al de llamada por otros menesteres, cadente y tranquilo. Con la pérdida de estas costumbres, parece talmente que los pueblos, además de viejos, se están quedando sordos, y mudos.

El año 2018 ha sido declarado Año Europeo del Patrimonio Cultural, por lo que varias asociaciones se han unido para solicitar a la UNESCO el reconocimiento del toque de campanas  como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Me parece correcto, así que, con el permiso debido y creo que en representación de nuestro valle, desde su corazón “echamos las campanas al vuelo”, como reza el eslogan de ésta hermosa iniciativa.

Era sábado, 21 de abril, mediodía, y como siempre se hizo, algunos campaneros del Santuario de Nuestra Señora la Virgen del Campo dejamos momentáneamente nuestros respectivos quehaceres para seguir la tradición. Sólo quince minutos, que como siempre supieron a gloria, pero con la sensación que toda Europa sonaba al unísono. Ojalá hiciéramos esto más a menudo, comunicarnos en el idioma ancestral y universal simplemente para decir que seguimos unidos.

Desde Vidriales, nuestro aporte:



jueves, 5 de abril de 2018

Treinta años y un nieto.


Que diga esta poesía,
meditada y serena,
lo que ha sido, mi amor,
junto a ti mi condena.

Son treinta años y un nieto,
y hora de hacer la cuenta,
que empezó un cuatro de abril
siendo ya primavera.

Compartimos destino
conocidos apenas;
yo nunca vi a Cupido,
por ti sé de sus flechas.

Uno, dos, y luego tres
veces brotó la siembra,
y la casa a rebosar…
qué bonito… ¿te acuerdas?

Si, hubo temporales,
como vienen se alejan,
lo importante es taponar
las vías de agua que dejan.

Nos maduró el verano
de golpe la cosecha,
y el nido se vio solo
sin casi darnos cuenta.

Tranquila, sabrán volver,
hay un faro en la puerta,
y un ancla amarra el patio,
sujeta a una cadena.

Vivimos ya el otoño,
de la mano, con fuerza;
cuando un hombro es otro hombro
sobran todas las letras.

Sólo queda el invierno,
y ésta es mi sugerencia:
con que sea a tu lado,
que venga como quiera.


-----ETJ-----

miércoles, 14 de marzo de 2018

Se muere mi pueblo.


No es porque sea otro más,
es que ya son muchos menos;
y lo que queda por llegar…
qué tristeza, y desconsuelo.

Las campanas llamando van,
encordan, hay otro muerto;
horror me produce el pensar
que el pueblo muere por dentro.

Otra casa se va a cerrar,
¿cuantas son ya?, ni me acuerdo;
el cementerio a rebosar,
y las calles... un desierto.

Y los niños… ¿dónde están?,
¿qué fue de los nacimientos?;
restar, dicen, y no sumar,
hacen lo grande pequeño.

Es así nuestra realidad,
y esto no tiene remedio;
solo queda honrar y enterrar,
y dejar correr el tiempo.

-----ETJ-----

jueves, 8 de marzo de 2018

¿Basura?... no, gracias.






Ha sido ayer a primera hora de la mañana. Parece ser que a alguna “persona” le quedaba más cerca el monte que el contenedor de al lado de su casa para depositar sus deshechos. El punto elegido está al lado de la carretera, a 1,5 Km. o 2,5 Km. desde los pueblos más cercanos, Carracedo o Ayoó. La bolsa, abierta y por más de la mitad, es la típica de basura; lo que indica que no es un error, y que hubo intención en hacer la guarrada.

Al bajar a mi trabajo la he visto, y he sentido la necesidad de parar y terminar lo que su dueño o dueña dejó a medias, depositarla en un contenedor. Curiosamente, no he tenido sentimientos negativos para semejante falta de educación, solo me ha invadido una inmensa tristeza. Inevitablemente he mirado dentro y he visto el reflejo de la personalidad del sujeto: “por sus frutos los conoceréis”, dice una famosa cita bíblica.

Me parece imposible explicarle a ésta “persona” los motivos por los que ha hecho mal dejando allí su bolsa, porque por su mentalidad no entenderá ningún argumento por razonado que sea. No valdrá la sanidad, la belleza paisajística o la riqueza natural de nuestro entorno, y la necesidad de mantenerlo igual que lo encontramos, si es que no nos proponemos mejorarlo. No, porque por encima de todo estará su “persona” y su bolsa.

Aunque más raro me parece lo que ocurre en la otra parte de mi desplazamiento al trabajo. En “el camino de conventico”, esa medio-carretera que discurre estrecha y sinuosa entre San Pedro de la Viña y Santibáñez. No sabría decir si alguien bebe y pincha los recipientes en los lados del camino, o si unos beben y otros pinchan; el caso es que más de medio centenar de envases se pueden ver ensartados en cualquier vegetal que los sustente. Vamos, que esto debe ser lo que toda la vida se llamó “una mierda pinchada en un palo”.

No sé que decir. El caso es que he visto cosas peores en los museos de arte contemporáneo. Recuerdo aquella vez que el servicio de limpieza arruinó una obra por hacer bien su trabajo (1). Aunque puedo, y me apetece, no voy a escribir para estos o estas “artistas”, con la esperanza de que lo lean, reflexionen y dejen de ensuciar el espacio de todos. Quienes actúan así no los veo capaces de leer cuatro palabras seguidas, pero ya que estoy, les pondré solo tres:
¿BASURA?... NO, GRACIAS.











viernes, 9 de febrero de 2018

¿Por qué no nieva en Vidriales?


De las grandes nevadonas
se llenan los titulares;
aquí, que es tierra de algunas,
nada llega de lo de antes.

Se pone el gorro Teleno,
y otros cercanos lugares;
nosotros también, de frío,
pero con polvo en las calles.

¿Qué fue de los chupiteles
que rompimos de rapaces
con la fría artillería
que sobraba por las calles?

En las cuestas resbalinas,
los muñecos bien gigantes,
y el carámbano en los charcos
que no rompe aunque saltes.

Se hacía camino en la nieve,
no porque fuera importante,
bien repletas las despensas,
las paneras y yerbales.

En las noches buenas mantas,
por el día mil telares,
un buen cocido en la mesa,
y la lumbre que no falte.

Ya no tenemos invierno
el campo quiere humedades,
la mejor, la que nos falta,
que para pronto, ya es tarde.

Se secan jaras y urces,
los piornos y agavanzales,
menguan fuentes y lagunas…
no se llenan los cañales.

Dice el refrán que las nieves
traen al año menos males
¿quien se lleva nuestros bienes?,
por robar se va a la cárcel.

Bóreas, viento del norte,
respóndeme tú que sabes:
si al campo no han puesto puertas…
¿por qué no nieva en Vidriales?

-----ETJ-----

domingo, 21 de enero de 2018

Lista de pueblos del Valle de Vidriales


(Foto, centro histórico de Vidriales)

Para hablar con propiedad, tenemos dos herramientas básicas: conocer el tema o hacer consultas contrastadas para averiguarlo; porque de otra forma hablaremos por hablar, y además crearemos confusión. Y nada hay peor que una mentira como argumento.

Estos días en una red social, para publicitar como es de bonita la provincia, incluía en nuestro pequeño valle de Vidriales pueblos aledaños. Nada tengo en contra de estos pueblos, al contrario, allí viven muchos de mis amigos; y también me gustaría añadir que nos deberíamos de sentir muy honrados de que hablen de nosotros para bien. Aunque llegado a este punto hay que añadir los “peros”:

Pero las cosas son como son, y el valle es lo que es, y si alguien no sabe lo que significa “valle”, el diccionario de la RAE lo deja meridianamente claro, valga la redundancia, en sus tres acepciones:
Del lat. vallis.
1. m. Llanura entre montes o alturas.
2. m. Cuenca de un río.
3. m. Conjunto de lugares, caseríos o aldeas situados en un valle.

Supongamos que desconocemos Vidriales, e investigamos rápida y fácilmente por Internet, para asesorarnos y llevar a cabo nuestro trabajo. Entre los primeros resultados aparecerá la Wikipedia, ese sitio donde todo el mundo corrige a todo el mundo, en su apartado de Benavente y los Valles. Dice que es una comarca, bla bla bla…, de la comunidad autónoma, bla bla bla…, en lo geográfico (a saberse que entenderemos por geografía) vemos que cuenta no se cuantos municipios y parroquias (¿?¿?) bla bla bla…, y un poco más abajo vemos con sorpresa que pone de ejemplo de uno de los valles de Benavente al Valle de Vidriales.

Pues nada, vienen ordenados de mayor a menor, corto y pego, y encantado los repaso: Santibáñez de Vidriales, San Pedro de Ceque, Quiruelas de Vidriales, Ayoó de Vidriales, San Pedro de la Viña, Brime de Sog, Uña de Quintana, Brime de Urz, Cubo de Benavente, Fuente Encalada, Pozuelo de Vidriales, Congosta de Vidriales, Tardemézar, Moratones, Bercianos de Vidriales, Villageriz, Grijalba de Vidriales, Carracedo de Vidriales, Rosinos de Vidriales, Cunquilla de Vidriales, y Villaobispo. Total 21 pueblos.

Lo primero que echo en falta son los pueblos de Quintanilla de Urz y Granucillo, como si los hubiesen borrado del mapa. Y no es que sean pueblos anejos; ambos son ayuntamientos y me parece un error garrafal ignorarlos. Sumados a los anteriores arrojan un total de 23 pueblos.

Y lo primero que echo de sobra en Vidriales, es a San Pedro de Ceque, Uña de Quintana, y Cubo de Benavente. Ni pertenecen, ni han pertenecido, y me atrevo a asegurar que jamás pertenecerán al “valle de Vidriales”, y si lo llegan a hacer, será tan grande la hecatombe que ya no importará la discusión. Porque… ¿están en la llanura entre montes o alturas? No. ¿Están en la cuenca del mismo río? No. ¿Forma parte del conjunto de lugares, caseríos o aldeas situados en éste valle? NO, NO Y NO. Punto. Así que después de restar, nos quedan 20 pueblos. ¿Es así, o habría que cambiar alguno más?

Consultaremos a la sabiduría popular, la de nuestros mayores, que pisaron poco y menos la escuela y una vez más nos van a ilustrar, y además con arte:

Copla del valle de Vidriales

Ésta es la copla moderna
que ha salido de altas mares:
que entre grillos y cadenas
vino al valle de Vidriales.

Empezando por Quiruelas,
Quintanilla y Brime de Urz,
Cunquilla y Granucillo,
y en Grijalba hace la cruz.

También va por Moratones,
Bercianos y Villaobispo,
Tardemézar y Pozuelo,
y hace parada en Rosinos.

También va por Villageriz,
Fuente Encalada y la sierra,
y San Pedro de la Viña,
que es el que hace cabecera.

Va por Ayoó y Carracedo,
Congosta y Brime de Sog,
Santibáñez de Vidriales,
que es el que lleva la flor.

(Autor desconocido)

¿ALGUNA DUDA MÁS?



martes, 9 de enero de 2018

La caldera de gasificación.


Hoy, con la primera nevada del año, y de varios años que se pueda llamar nevada, cargo el tintero para un tema que bien merece esta mañana de quedar en casa, por si las moscas. Por cierto, “moscas” se llaman aquí a los copos de nieve, cuando caen ralos; hoy los copos son copiosos, y nos guste o no, es lo que el campo necesita, mucha nieve. Y al dicho me remito: “año de nieves, año de bienes”.

Pues nada, “prenderemos la calefacción”.

Hace ya unos años que sustituimos la caldera de leña, de esa marca tan conocida, que empieza por “ro” y termina por “ca”, simplemente porque se quedaba pequeña. Buscamos alternativas en combustibles, y por convicción, porque nos rodea un monte maravilloso de roble y encina, decidimos seguir con leña.

La leña se desarrolla en nuestra comarca muy por encima de su consumo, y con la manía de control burocrático mucho más, pues ya hay quien por no andar con permisos y zarandajas, deja de cortar y podar con el lógico envejecimiento del monte, que ya se está adueñando hasta de los caminos. Con el monte se expande la fauna, y ya es normal que corzos, jabalíes, ciervos o lobos, se vean en los arrabales del pueblo, o lo que es peor, se sientan sus efectos destructivos.

Por otra parte, dicen que la leña es ecológica, sostenible, y de nulas emisiones… yo no digo nada, solo sé que da calor. Calor para cortarla, calor para trasportarla, calor para guardarla, y calor de hogar, sobre todo en la chimenea, cuando se está ante el embrujo de las llamas. Pero algunas tradiciones es lo que tienen, dan trabajo… y satisfacción, por realizar una buena labor ecológica.

Otra cosa es decidirse por la caldera: marcas, tamaños, calidades… Y por probar, probamos con un sistema totalmente desconocido para nosotros, y por lo que he visto, para la inmensa mayoría de la gente: la gasificación, o llama invertida, pues “arde hacia abajo”. La marca que adquirimos, no creo que importe, comienza por “Vi” y termina por “gas”, en su modelo modulante de 5 a 31 kW, la básica.

Describiré la caldera como parecida a las de toda la vida, con una cámara de combustión, con su salida a la chimenea, y su puerta de acceso para alimentarla. Solo que donde las demás tienen un cajón para recoger la ceniza, debajo, éstas tienen otra cámara de combustión, y la rejilla entre ambas es una ranura. En el frente tiene un servo ventilador, que varía la velocidad automáticamente, y encima una pantallita, donde nos indica dicha velocidad, la temperatura del agua, y la temperatura de la chimenea.

El funcionamiento es relativamente sencillo: se enciende como las clásicas, yo sugiero que en vez de papeles se usen pastillas de encendido, un poco de leña menuda, y a esperar que arda bien. Luego se añade leña hasta completar el hueco, por la sencilla razón que hasta que no se consuma por completo no podremos abrir la puerta. De esta forma aseguraremos un mayor tiempo de calefacción. Observaremos la temperatura de la chimenea hasta que alcance o supere los 125 grados, supongo que en otras u otros modelos será distinto, dependiendo de varios factores. A continuación se cierran las puertas, la de la cámara de abajo y la de alimentación, y se tira de una palanca que hay al lado de la manilla de ésta puerta. Lo que hace dicha manilla es taponar la salida de la cámara alta hacia la chimenea, por lo que la leña debería de dejar de arder, puesto que se ha quedado sin tiro ni salida. Entonces se acciona el ventilador, que proporciona una corriente de aire en la ranura que describí, entre ambas cámaras. Y… ¡¡¡voilá!!! en la cámara de abajo se produce la gasificación, una intensa llama azulada que viene hacia adelante y luego asciende por unos conductos traseros a la chimenea, aprovechando al máximo el combustible. Encender ésta caldera supone aproximadamente media hora, para largas horas de calor, olvidando por completo que es leña quien abastece el quemador.

Las ventajas creo que son obvias, y ya están descritas. Los inconvenientes creo necesario describirlos también, desde mi punto de vista, claro está. El primero es el de todas las calderas de leña, es necesaria limpieza y más limpieza. Una es diaria, antes de encender (si se deja apagar), y otra es mensual. Ésta última consiste, en nuestro modelo, en levantar una tapa trasera, quitar dos tornillos y otra tapa para acceder a los conductos traseros que antes mencioné. Con un útil, suministrado con la caldera, limpiaremos la carbonilla acumulada, que sacaremos con otro útil por la cámara de abajo. Finalizado tapamos y a funcionar. Tengo que decir que es poca la suciedad que se acumula. Otro inconveniente es el humo producido en esa media hora de encendido, lo digo por los vecinos; con la gasificación luego será mucho menor, muy aceptable. Y otro es la leña en si; debe estar seca, no ser resinosa, y se debe disponer de abundante espacio para almacenamiento.

Remataré con la seguridad, puesto que una caldera de leña es una bomba que tiene el vapor como potente explosivo. Potentísimo, me atrevo a decir. A la válvula de seguridad que se instala en todo sistema de calefacción, que se abre por presión (presostato), este modelo que describo está fabricado con un serpentín interior, conectado al agua corriente mediante una válvula, accionada con un termostato. Si hubiese algún fallo, antes de hervir el agua se accionaría la válvula, entrando agua fría en el serpentín, y bajando rápidamente la temperatura interna. Otro caso sería el corte de electricidad: la bomba de recirculación se pararía, pero también lo haría el ventilador de la gasificación, por tanto, al no entrar oxígeno por ningún sitio la leña se apagará irremediablemente, dejando de calentar. Por tanto confianza plena.

Otro pequeño inconveniente es el ligero “temblor” del aire al bajar las revoluciones del ventilador de la gasificación: la llama pide oxígeno, y el aparato se no niega, el sistema se ahoga y “sufre”. A esto se tarda uno en acostumbrar, parece la batería de un loco… yo algunas veces hasta bailo y todo… jajaja… (Acabo de exagerar un poco, por hacer una broma)

El medio ambiente bien se merece estos pequeños sacrificios; hoy nieva, pero… ¿Cuándo fue la última vez? Éste pasado verano, y el anterior, fueron sofocantes… el cambio climático, aunque sea cíclico es evidente, negarlo es de necios. Dejemos de mirar el ombligo, hemos heredado un lugar en el mundo, pero de prestado; la condición implícita es dejarlo si no mejor, al menos igual que lo encontramos. La leña es un excelente combustible, respetuoso y de calidad; y si a sus bondades añadimos un sistema como la gasificación, el rendimiento es gratamente superior.

Mientras termino el artículo la temperatura del agua se mantiene automáticamente según su programación, a 72 grados; el calor ambiental nos hace olvidar que en la calle, aunque dejó de nevar, hace un frío invernal. Y todo con cero emisiones; calentitos, una noche más, dormiremos con la conciencia "ecológica" tranquila.











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