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sábado, 7 de marzo de 2026

La Junta castiga a Ayoó (y Carracedo)

Una sola foto resume los daños del incendio forestal a Ayoó.

Una noche más, entre incontables vueltas de cama y de cabeza, no he podido dormir. He tenido incluso suerte, sólo son las 3, 38 de la mañana cuando he bajado a desayunar, y por qué no, a vomitar en el ordenador lo que no me deja descansar. Supongo que era a esto a lo que le llaman “quitarse peso de encima”.

El verano pasado pasó lo que tenía que pasar, valgan todas las redundancias. La despoblación, mezclada con los trámites burocráticos en agricultura y ganadería, bien aliñado todo con trabas al acarreo de leña de ríos y montes, y de postre dejadez en la limpieza de solares, han sido el cóctel perfecto para que un… “alguien” (juro que me estoy mordiendo la lengua para no calificarlo) con una simple cerilla cambiara la faz de nuestra tierra en muerte y desolación, y a la gente en impotencia y desesperación.

Parece ser que todo empezó en Entrevalles. Desde Ayoó el espectáculo era dantesco. Aquel domingo las columnas de humo avanzaban claramente en nuestra dirección. Terrible. Imposible definir.

Pero por la mañana era otra cosa. El lunes amaneció sin rastro de humo. La humedad nocturna, o el trabajo de los bomberos (pensamos), habían parado uno de tantos incendios forestales que pese a lo grave y extraordinario hemos acabado normalizando.

Aquel lunes teníamos programado un viaje familiar. Una ventana a la ilusión. Dudamos de salir, es cierto, pero desde nuestra posición el incendio del domingo nos quedaba en contra del viento y no había rastro de humo que indicara peligro. Por otra parte, nada podemos hacer. Si el monte se quema, como ardió la Peña de Abajo, al fin y al cabo es una pérdida, terrible, pero no es más que madera. Así que lo programado: coche y rumbo a la capital.

Dicen que la mañana estuvo tranquila. En Congosta, pueblo que lindaba con el extinto incendio, vida normal. Pero a mediodía todo cambió. El incendio no estaba muerto, sólo desatendido, y la sequedad extrema del verano y un poco de viento avivaron auténtica gasolina. Si la primera chispa fue intencionada, el abandono y falta de perimetrar de un monstruo también hace pensar lo mismo. La diferencia es que ya no era monte, ya no era sólo madera, ahora tocaba pueblo. Ahora iba a por la carne. Tocaba venganza.

Una pequeña vega se interponía. Sólo unos rastrojos y la hierba seca de cunetas. Un frente de poca altura, de lento avanzar. Una mecha que si nadie pisa hará explotar la bomba. Y explotó, vaya si explotó.

La primera reacción fue confinar la gente en sus casas. La Guardia Civil patrullando bajo pena de multa. La idea era la táctica del avestruz; si yo no veo el incendio el incendio no me ve, pasa de largo. Todos en casita con las ventanas cerradas y las persianas bajadas. Y la cabeza bajo tierra, a ver si el fuego nos ignora. O a lo mejor le da por llover. O cae un meteorito y la falta de oxígeno que provoca la explosión ahoga el fuego. Los directores de operaciones se estaban ganando el sueldo haciendo experimentos con los ayoínos. Dicen que los experimentos se hacen con gaseosa, pero aquí no, aquí siguieron los mismos consejos del que dijo “no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado”. O sea, hacer nada (qué contradicción).

Menos mal que la gente salió de casa, manguera y calderos en mano, como se ha hecho toda la vida, en contra de la opinión de las patrullas lápiz en mano. Menos mal, porque entonces el famoso incendio del 25 de marzo de 1878 en el que se quemaron 44 casas, de ellas 33 habitadas, hubiera sido peccata minuta, un fueguito sin importancia. Menos mal que era verano y los abundantes veraneantes, codo con codo con los autóctonos, le echaron güevos. Menos mal, porque de lo contrario el cementerio hubiera colapsado, y todos y cada uno con una multa. Encima.

Nosotros, mi familia, cuando quisimos volver, después del largo viaje nos cortaron el paso en el cruce de Rosinos. Retenidos en Santibáñez de Vidriales. No sé cuánto tiempo. Hasta que nos permitieron rodear por retaguardia. Hasta que todo había pasado.

Por casa bien, gracias a los valientes ayoínos. Pero mal por mis dos almacenes, en los que guardaba máquinas, herramientas y útiles para mi pie de vida en la construcción como autónomo, y mis actividades como autosuficiente: adiós al tractor, aperos, leñas…

A algunos les toca la lotería, a otros nos tocó al revés, tocó el gordo y devolver el reintegro sin haber jugado. Pero a resiliencia nadie nos gana. Detrás de toda tormenta vuelve a salir el sol.

En plenas tareas de limpieza, con negro hasta el alma, llegó el milagro. Si en el incendio de 1878 fue San Bartolo el que contuvo el incendio, en verano de 2025 apareció la ministra Margarita en helicóptero. Un par de vueltas sobrevolando el pueblo, sería para no perder detalle de los daños, y aterrizaje en el paraje del “Coito”, en el campo de fútbol. Sin avisar. Vale. El motivo de la visita parece ser que fue pasar revista a la UME, obligada a desplazarse desde su base en Santibáñez de Vidriales (11 km.). Tan lejos quedaba Santibáñez como Ayoó, pero se ve que la foto no es la misma. El fondo calcinado queda mucho más bonito; mires para donde mires desde ese punto no quedó un triste metro cuadrado sin daño. Así cualquiera.

El mensaje de la ministra Margarita en los medios de comunicación fue claro: Gracias a la UME el fuego no llegó al casco urbano de Ayoó de Vidriales.

¿Queeeeeeee…?

A mis 61 años por fin he entendido por qué donde aparcó la ministra Margarita su helicóptero se le llama “Coito” y por qué al lado construyeron el campo de fútbol, para que algún día la ministra Margarita pudiera venir a Ayoó a jod.. y a tocar las pelotas sin moverse del sitio. Esto no se le ocurrió predecir ni a Nostradamus.

A ver, ministra Margarita: el fuego llegó al casco urbano de Ayoó, cruzó el casco urbano de Ayoó, y no quemó todo el casco urbano de Ayoó de chiripa. De chiripa no, del esfuerzo ayoíno. Por poner algunos ejemplos, ardió la Perapán (en el centro del pueblo), un solar en la calle Carracedo, 20 (rodeado de viviendas), o varios edificios en la calle Peñacabras. Incluso en la tele, cuando hablaban de estos incendios, ponían en bucle a los ayoínos frente al fuego tirando de mangueras.

Así que ministra Margarita, por no decir ministra Mentirita, si tu parte de “guerra” ha sido que gracias a la UME el fuego no alcanzó el casco urbano de Ayoó, sólo puedo decir que no has estado a la altura. Ni a la altura de tu rango ni a la intelectual, porque como ves se pilla antes a una mentirosa que a una coja. Y a la física se ve que tampoco, porque podrías no haber llegado a las ventanillas del helicóptero cuando sobrevolaste el pueblo, y eso explicaría tu análisis. Prefiero pensar lo último.

Por cierto, ministra Mentirita, el coche propiedad de una valiente joven de las pocas que apuestan por el pueblo, y aparcado en una calle, también se abrasó. Las marcas todavía están en el hormigón de la calle. Si quieres te envío una foto, o un dossier.

La junta de Castilla y León, que falló en prevención, corrió a decretar ayudas a los afectados. Dice el refrán que las penas con pan son menos penas. Bien. En primer lugar, y antes de nada, corrieron a alimentar a nuestros vecinos los animales silvestres. Sales minerales, paja, hierba, cebada, pienso granulado y de postre melones. Que no les falte de ná. A continuación los pocos animales domésticos, ya sin melones. Vale.

Parece ser que después se centraron en las viviendas afectadas, como es lógico y razonable. Y de parte última ayudas por evacuación (que más bien parecen propinas por las molestias), y en último lugar quienes más impuestos pagan, ayudas para... y copio textualmente: “Reforzar la liquidez y solvencia de los autónomos y pymes para que puedan mantener su actividad y el empleo en la zona, a fin de proteger el tejido productivo y recuperar progresivamente la actividad económica en la zona”.

Como autónomo afectado, y después de un problema en la gestoría, mi solicitud se hizo el diecisiete de septiembre. Ya cumple seis meses y a esa criatura la han ignorado por completo. Después de un ciento de llamadas, de hablar con máquinas como si fuéramos idiotas, alguien de cuyo nombre intento olvidarme me dijo que seguramente no contestarían mi solicitud, y que sería rechazada. ¿El motivo?: Ayoó y Carracedo no fueron desalojados, y por tanto sus autónomos no tendríamos acceso a dichas ayudas.

¿Queeeeeeee…?

En primer lugar, artículo 21 de la Ley 39/2015, la administración pública en España está obligada legalmente a dictar resolución expresa y a notificarla en todos los procedimientos, sin importar cómo se hayan iniciado. El plazo máximo es de seis meses, aunque si no se fija plazo específico, es de tres. Esto se conoce como silencio administrativo, y la consecuencia legal es la responsabilidad disciplinaria (Art. 21.6 LPAC). Sé que la maraña de cargos y cargas, y no es inclusión lingüística, se va a pasar esto por el arco del triunfo. Es lo que hay, y así nos luce el pelo (al que le luce).

En segundo lugar, se está produciendo un agravio comparativo, un trato desigual e injustificado recibido frente a otros en situaciones idénticas, violando el principio de igualdad. Yo me atrevo a decir que los autónomos de Ayoó y Carracedo estamos en peor situación que la de otros pueblos que si han recibido ayudas. Hay pueblos con daños, como Ayoó y Carracedo, y pueblos sin pérdidas materiales en los que el fuego no llegó al casco urbano (y tampoco gracias a la UME de la ministra Mentirita, sino a los cambios del viento). Si las comparaciones son odiosas, ésta se lleva la palma.

En tercer lugar, si hubiera justicia distributiva, las ayudas deberían ser equitativas, no igualitarias, adaptando el apoyo a las necesidades y circunstancias específicas de cada beneficiario para alcanzar un resultado justo. Sé que esto es pedirle peras al olmo, si en algo destaca la administración es en vagancia (excepto la parte recaudatoria, qué curioso), y es más sencillo de repartir ayudas igualitarias. Pero, ¿alguien me puede explicar qué tiene que ver desalojo o no desalojo, o en mi caso retención, para excluir nuestros negocios de las ayudas a autónomos y PYMES? ¿Por qué no ha habido ni un solo problema en concederla en pueblos no afectados y en Ayoó y Carracedo completamente cercados por el fuego, con varios edificios destruidos y graves daños materiales no han podido acceder a las ayudas? ¿Entendéis mi indignación?

En cuarto lugar, ¿alguien ha visto al ayuntamiento de Ayoó? ¿Sabéis si es lo único que desalojaron y no han vuelto? ¿Cómo es posible que permita distinto trato en dos de sus tres pueblos? En Congosta las ayudas fueron aprobadas, en el monte común los trabajos son iguales, a los animales silvestres se les ha tratado por igual, se ve que los ciudadanos de Ayoó y Carracedo estamos un peldaño por debajo de la última mierda del cuento. ¿Acaso el haber trabajado en las tareas de extinción como héroes no merece aparte de la misma ayuda un plus de agradecimiento, y sobre todo un ápice de dignidad? Se han quemado casas, almacenes, un coche en la vía pública… ¿qué más tiene que ocurrir para que deis un puñetazo sobre la mesa del pleno extraordinario que ni siquiera habéis convocado para exigir como poco justicia e igualdad, y una declaración formal de ayuntamiento gravemente afectado? ¿O es que pensáis lo mismo que la ministra Mentirita, que aquí no ha pasado nada?

En el lugar numero cinco, y la coletilla a la inversa nos viene de perlas, este escrito estaba preparado para el diecisiete de marzo. Pero el día quince habemus elecciones autonómicas. Así que sirva este adelanto de rabia contenida para mostrar al mundo la calaña que nos gobierna, que se llena la boca con la despoblación y sus soluciones a la hora de pedir el voto, que promete hasta que mete, y después de metido voy y te olvido. Los autónomos somos trabajadores, resignados, valientes en este país de palos en las ruedas. Y no queremos nada que no nos pertenezca, por igualdad, por dignidad, y porque no tenéis razón ni derecho a ningunearnos. Yo trabajo en la construcción y sé de primera mano la dureza del hormigón armado. Nada comparado con vuestra cara, con vuestra actitud chulesca y mentirosa que ha dejado en la cuneta a los poquitos que resistimos en estos pueblos. Si tenéis lo que hay que tener, os espero en algún mitin para cantaros las cuarenta. A todos. Porque todos sois distintas razas de perro con el mismo collar del sillón calentito y del trabajo sin hacer. Y lo confirmáis a diario.

Está amaneciendo. Voy a tomar otro café y a publicar. Y después al baño, una necesidad fisiológica manda. Mira, pensando en vosotros, políticos, no hay estreñimiento que valga. Algo os tengo que agradecer. Que os aproveche.

_el ti Joaquín_

 

P.D.: Las ayudas a autónomos y PYMES desde un principio me parecieron una generosa inyección económica a nuestros pueblos, castigados por los incendios. Pudiera parecer, y no es cierto que me parezca mal que a vosotros, autónomos, os hayan aprobado las ayudas aunque vuestro pueblo haya sufrido poco o nada. Sólo quiero que entendáis mi postura que mañana puede ser la vuestra, cuando vuelva a haber una catástrofe similar, que volverá, y os dejen selectivamente con el culo al aire como a nosotros.