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domingo, 22 de febrero de 2026

La Corte de Ayoó.

La Corte nevada, vista desde la Chana.

Una rama de la ciencia del leguaje, o lingüística, es la etimología; que define la RAE como “Origen de las palabras, razón de su existencia, de su significación y de su forma”. La etimología, aparte de ser la historia de las palabras, su origen y derivaciones, se me antoja como la historia de las cosas, o la historia de las historias. Un nombre (o su raíz) nos puede llevar a definiciones inesperadas, como la que nos espera a continuación:

Una aplicación de la etimología es la toponimia, el estudio de los nombres propios de los lugares, así como sus raíces. Bien, pues hagamos un ejercicio de toponimia con un lugar de Ayoó de Vidriales como otro cualquiera, sin ninguna particularidad especial.

Siempre me llamó la atención, desde el primer momento que lo oí, el topónimo “La Corte”, un lugar en medio de un valle al norte del pueblo. No debiera carecer de importancia, ya que da nombre al arroyo que baja desde la Chana con aguas de lluvia, y recoge las de varias fuentes de la parte más alta del valle, Los Labayos, otro topónimo bastante común en España, que parece hacer referencia a zona pantanosa, encharcada. Nunca mejor descrito el lugar.

La Corte. MTN 50 (1936)

Antes de seguir, también quiero darle importancia al hecho de que en Ayoó se establecieron dos importantes comunidades culturales en un monasterio seguramente fundado por San Fructuoso hacia el año 650, por lo que se deduce de un documento de 1057 de la infanta doña Elvira, hija ilegítima del rey Bermudo II, fundador del monasterio de Carracedo, en el Bierzo, y cooperador necesario en la restauración del monasterio de Ageo. Explícitamente habla de una donación: “Y la dimos y entregamos a la casa de San Fructuoso, en toda su integridad, para que le sirva para siempre”. La casa de San Fructuoso sin duda nos habla de su fundador, seguramente a raíz de la decadencia de Petavonium, en Rosinos de Vidriales. La primera etapa, interrumpida dos veces por la invasión musulmana, dio paso a la segunda, tomada a la fuerza por los templarios hasta el 1310. Estas dos comunidades le dieron especial importancia a los topónimos, llamando “Fanum” (lugar sagrado) a un castro indígena, “El Castrillo” a la zona donde seguramente hubo un campamento romano para conquistar el anterior castro, y La Corte, en femenino, no a lo que imaginamos, un corte en el terreno, o un valle estrecho, sino a otra explicación mucho más relevante.

El diccionario de la RAE tiene 18 acepciones para la palabra “corte”, desde la acción y efecto de cortar, el filo del instrumento, la herida, etc, pero hay una segunda palabra “corte” con un significado distinto y 10 acepciones. Las número 4 y 5 hacen referencia al ganado como un edificio, recinto o cercado para guardarlo; el resto a las personas como grupo menos una, que describe el territorio que hay alrededor de esa gente. Puesto que buscamos un significado antiguo, nada como consultar a nuestros mayores ayoínos, y “corte” es una palabra desconocida de como comienza el diccionario, al margen del topónimo que estamos estudiando. En la vecina Valdería, concretamente en mi pueblo Calzada, coinciden con la gente de Ayoó, dato que confirma Isidora Rivas al no incluir “Corte” en su diccionario “Voces del Eria”.

Por la estrecha relación de la primera comunidad de monjes con el Bierzo, y las repoblaciones conjuntas, he consultado otro diccionario online: El Varal, del museo etnográfico agrícola en Carracedo del Monasterio, pueblo que acogió a la comunidad de Ayoó durante la conquista musulmana, y que más tarde hizo el viaje de vuelta con la comunidad berciana al llegar allí las hordas invasoras. Fruto de este último viaje seguramente naciera el pueblo de Carracedo de Vidriales. En el Varal, la entrada 200 dice: CORTE. cuadra de los animales, y la 201: CORTELLO. Cuadra pequeña. Precisamente en éste Carracedo de Vidriales se utilizó una palabra parecida, “cortea”, para nombrar a las pocilgas de cerdos (informante Manuel, actualmente la persona de mayor edad que reside en el pueblo). Y ya preguntando en Ayoó por esa “cortea” y no por “corte”, Andrés Gutiérrez la relacionó sin dudar con la pocilga, en desuso, pero no olvidada. Otra informante, Trini Lobato, recuerda de sus mayores una palabra similar, más importante si cabe: “curtea”, para llamar a la pocilga. Digo lo de la importancia porque estamos ante una típica palabra en leonés y su evolución fonética del latín, en el que sus vocales -o y -e se cierran en -u y -i, o incluso en diptongos, como -oi y -ei (ejemplos en Ayoó: coito por coto, veiga por vega, requeijo por requejo). (Ver la Cátedra de Estudios Leoneses de la Universidad de León, entrada “cortea” o “curtea”). Y ya, indagando levemente, en el pueblo de San Pedro de Ceque, vecino por el Sur de Ayoó, la cortea a día de hoy es una palabra en uso, normal, para denominar la pocilga.

 

Queda una visita general en Google de “corte”, y nos lleva al resto de Castilla y León, Cantabria, Asturias, Galicia, etc, (incluso en catalán se dice “cort” y en vasco “korta”), sitios donde también se utiliza esa palabra o derivadas para nombrar pocilga, cuadra o establo, aunque generalmente en desuso. Y me parece interesante una última acepción para “corte”, que se sigue utilizando aunque no la recoja el diccionario, y es en masculino (el corte) y sinónimo de “tajo”, como el sitio a donde llega y se interrumpe el trabajo de los operarios para comer o como final de jornada, porque queda “cortado”. Pero quizás el topónimo de La Corte tenga más que ver con los animales que con otros cortes, aunque sean metafóricos, así que seguiremos ese hilo.


Según la prestigiosa página “Etimologías de Chile”, la acepción que buscamos de la palabra “Corte” viene del latín “cors, cortis”, y éste de “cohors, cohortis”, palabras formadas por el prefijo “co-” y la raíz “hort-” (lugar cercado, huerto). Desde el latín muy antiguo esta palabra pasó al ejército, donde “cohors” definió a una unidad militar, una subdivisión de una legión de normalmente unos 500 hombres. Las cohortes con el tiempo fueron tropas auxiliares con recinto propio que daban apoyo a la legión, por lo que cohorte acabó significando “tropa que rodea a un mando”, luego “séquito que rodea a un rey”, y con el tiempo “asambleas consultivas”, lo que da sentido a las Cortes parlamentarias, y a la Corte como tribunal de justicia. Por otra parte, “huerto” parece venir del latín “hortus” (jardín), y éste del griego “hortos”, como “lugar cercado, rodeado de valla, recinto” que se usa como pasto.

 

En San Pedro de la Viña hay un lugar en el que se repite la relación entre huerto y corte, pero escondida tras un diminutivo. Las huertas que hay entre el campamento de la Calea (de una cohorte) y la fuente del lugar, o fuente romana, se conocen como “Las Cortinas”, como si “la corte” original hubiera sido dividida en “cortes” más pequeñas o Cortinas, que es el nombre dado en la actualidad.


 

Vuelo americano A. 28/07/1946.


Campamento romano, o "la corte" (lugar cercado).

Topónimo las Cortinas (división de la corte en partes más pequeñas)

Volviendo a Ayoó, buscaremos en La Corte algún tipo de corral o recinto que pueda servir para el ganado, o tal vez asociado a la larga estancia de los romanos en Vidriales. Sobre el terreno actualmente no hay nada, y las memorias de nuestros mayores tampoco recuerdan otra cosa que un tejar, justo debajo de uno de los barrancos. El tejar podía haber sido una excelente explicación, pero entre sus restos no hay ni rastro de ímbrices o tégula, es relativamente reciente. En la fotografía aérea del vuelo B americano se aprecia una llamativa línea recta de unos 100 metros, con dos esquinas redondeadas en sus extremos, al lado derecho del arroyo. El lado izquierdo, debido al desnivel y el natural arrastre de sedimentos no conserva marcas, si acaso en la última esquina izquierda, a unos 90 metros de dicha línea. En conjunto parece un rectángulo con esquinas redondeadas, el modelo típico de campamento romano con una superficie inferior a la hectárea.




Como campamento incumple los consejos de Vegecio, estando dominado por lugares más altos. Por la pendiente es improbable que inundara alguno de sus fosos, como en casi la totalidad de campamentos de la zona; cuenta con agua, sí, pero el arroyo lo cruza por el centro. La verdad es que como campamento es muy raro, y en verano el arroyo lo dejaría casi sin agua, porque merma su caudal y ya conocemos las necesidades hídricas romanas y su facilidad de conducirla donde hiciera falta.



Vuelo PNOA 2006 de La Corte

Posiblemente forzando el relato, recuerdo que Pascual Madoz nos habla de agua canalizada desde Castrocontrigo, a tres leguas de distancia, hasta el castro de San Pedro/Fuente Encalada. Manuel Gómez-Moreno en su Catálogo Monumental de la provincia de Zamora, también menciona “otra conducción de aguas (que) llegaba encañada desde Ayoó, faldeando la ladera del valle”. Ambos canales sin duda son el mismo, y necesariamente deberían discurrir “faldeando” el lado izquierdo del Almucera, sin cruzarlo, lo que nos lleva a la Peña de San Mamés, y de ahí hasta el valle más a la izquierda de la cuenca de Ayoó, al arroyo de La Corte. El valle que más se acerca a la Valdería es el de Ayoó Pequeñino, pero también el más pantanoso. En cambio, La Corte parece ideal para ese canal, ya que es el valle más al Norte que vierte las aguas en Vidriales, y quitando un pequeño tramo en los Labayos discurre por una zona que conservaría bien la calidad del agua.

 

Paralelo a ese valle discurre el camino Foracuervos, suplantado por otro nuevo de la concentración parcelaria, para mí la forma de subir a la Chana por el sitio más sano, en contra del resto de valles que mientras no se abrieron canales fueron humedales difíciles de transitar. Un camino que iría paralelo a ese canal hasta la Chana, donde enlaza con el camino a Castrocontrigo. De haber un canal, sin duda son necesarios esos caminos paralelos, para su construcción y mantenimiento. También es posible que el canal original se repartiera en dos o más ramales, pero seguramente que uno abastecería permanentemente el recinto de La Corte. Ese camino a Castrocontrigo, que más tarde se ampliaría por Requeijo, mantendría buena comunicación de las tropas acantonadas en Petavonium con las minas de oro de la Valdería, por ser el camino más corto entre ambos puntos.


Pero queda por encontrar sentido al recinto de La Corte. Mi propuesta, siempre como hipótesis, pudo tener origen como campamento (para una cohorte, unos 500 hombres), y de ahí su forma, en el momento de la construcción de dichos camino y canal para no tener que desplazarse cada jornada de trabajo, y para protegerse de las inclemencias atmosféricas o de alguna otra amenaza. Pero posteriormente, y debido a su situación, pudo dedicarse a abastecer al ejército de un bien preciado, la cría de ganado, y me decanto por caballos. El último cuerpo romano en abandonar Vidriales pudo ser el Ala de caballería II Flavia Hispanorum civium romanorum en el siglo cuarto después de Cristo, de unos 500 jinetes a caballo. Para mantener y renovar esa caballería, y sus otros animales de carga, como burros o mulos, por fuerza en los alrededores de Petavonium serían necesarias importantes caballerizas. Debido al abundante pasto fresco y agua, los valles de Ayoó son indicados para la cría, alimentación y entrenamiento de los équidos. De hecho, en un censo del Ministerio de Agricultura de mediados del siglo XX, y gracias a las bondades descritas, se contabilizan 133 cabezas de ganado caballar, 21 cabezas de ganado asnal y 111 cabezas de ganado mular (siempre fueron muchos más de los censados, entre crías, nuevas compras y algunos no inscritos), que se organizaban para salir a pastar a toque de campana como “yeguada”.

 

Mi conclusión, y sólo por buscarle sentido al topónimo La Corte:

La llegada de los monjes para la fundación del monasterio de Ageo sin duda encontró el mencionado recinto, o al menos sus restos, y vista su importancia no dudaron en llamar “cors o cortis” al sitio, que derivó en La Corte como se denomina actualmente. Ese enorme establo dio nombre al arroyo que algún día fue canal artificial. Por falta de mantenimiento y debido a las tareas agrícolas, se nivelaron los restos y gran parte de los canales se taparon, lo que nos lleva a conjeturar cómo, por dónde y en la pendiente adecuada encauzaron el agua. De los ingenieros romanos nos podemos esperar cualquier cosa, por extraordinaria que parezca. Por su increíble constancia y determinación dejaron escrito: Aut viam invenian aut faciam. (Encontraré un camino o haré uno).

Al agua o a lo que sea. 


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