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domingo, 9 de abril de 2017

Y a quien no madruga… también le ayuda.


Con permiso, si me escuchan,
a esta historia he puesto versos;
la moraleja es muy chula,
atentos, que al punto empiezo.

En Congosta había una industria
en la que era carpintero,
molinero, y otras muchas
más cosas el ti Silverio;
hombre de mucha cordura,
un trabajador, honesto,
los vivos así lo juzgan,
no porque el hombre esté muerto.

Un tal día tuvo pura
necesidad de repuesto:
a La Bañeza y sin duda
pensó ir temprano por ello,
antes que la gente bulla,
y así volver pronto al pueblo.

Cuando todo se arrebuja
bobada es poner talento,
y a Silverio la aventura
truncó el sueño mañanero:
despertó e hizo alguna jura,
y acordó salir corriendo,
- “hoy menda no desayuna,
lo haré dos veces comiendo”.

Salió de la Congostura,
quería clarear el cielo,
se ajustó las vestiduras,
y presto enfiló el sendero,
alternando con soltura
las dos marchas de su cuerpo:
caminando deprisa, una,
y en la otra andaba ligero.

Relevó a tiempo a la luna
el sol, como un caballero,
alumbrando la bajura
donde el pontón del Palero,
cuando vio entre la espesura
una cartera en el suelo,
sin nombre que hiciese suya,
y con bastante dinero.

Solo estaba, qué ricura,
comprobó girando el cuello;
la chaqueta con mesura
entreabrió e hizo adentro
del bolsillo su fortuna,
y aflojó el paso contento.

Y por arte de una musa
le vino este pensamiento:
-“Quien madruga Dios le ayuda,
pero Dios por lo que veo
le ayuda al que no madruga
bastante más que al primero”.

Si alguien de mentir me culpa,
esto fácil le sugiero:
diríjase al “Hotel Rural
el Molino”, de sus nietos,
y si quiere allí pregunta,
y toma algo, por supuesto.

------ETJ------


1 comentario:

  1. Impresionante amigo Joaquin. Un diez. Un abrazo Paulina

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