Mi admirado Ernest
Loewinsohn visitó varias veces Calzada de la Valdería, mi pueblo natal (no me
canso de repetirlo). Una de las últimas, si no lo fue, viniendo acompañado
entabló conversación con Miguel Martínez “Goma", que en aquel momento
estaba al lado de su casa, a la entrada del pueblo bajando de San Félix. Venían
buscando información sobre dos interrogantes relacionados entre sí: Una fuente
de agua limpia y pura, donde pudieran beber las personas, y cerca de ella el
paso de la calzada vadeando el lecho del río, o los indicios de algún puente.
Algo que debería estar en esa zona, o quizás más arriba, donde el camino
entraba derecho al río, perpendicular a la carretera actual.
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Calzada romana al norte del río. 1973.
 | Calzada romana al sur del pueblo. 1973. |
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Miguel le habló de
cierta fuente, la de Chamarreta, donde antaño las mujeres iban incluso a lavar
por lo agradable e intenso de su manantial. Pero no acertó a enseñarle donde
vadear el río con seguridad. Lo cierto es que Loewinsohn buscaba el paso más
recto desde el tramo del otro lado del río, y su bajada al valle por la
Arquilla, a la calzada que cruza el pueblo; sin duda alguna el primer camino
elegido para la conquista por el ejército romano.
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La Arquilla. |
Pero ese razonamiento
no funcionó esta vez, o al menos no ha quedado constancia. El paso que buscaba
estaba casi 350 metros más abajo, en los Pasaderos, el vado del Caño. Cruzaba una zona muy apreciada en Calzada, que va desde el desaparecido molino
harinero hasta la tradicional zona recreativa, conocida con un nombre, el
Sagral, que invita a conjeturar por su parecido a “sagrado”. Aunque seguramente
estemos ante la forma contraída de un fitotopónimo: el Salgueral, o lugar de
salgueras. Ahí estaba la calzada, destruida por las nivelaciones para las
plantaciones de manzanales del coto; y también las fuentes, dos en lugar de
una: la fuente de Ribota y la del Sagral. ¿Tuvo acceso Loewinsohn a los mapas
antiguos? Si es así, ¿por qué buscó tan arriba?
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Vuelo americano 1973. Vado del Éria. |
Es curiosa la
progresión en la calidad de los mapas. A principios del siglo XX la Valdería se
muestra totalmente carente de detalles; los pueblos aparecen fuera de lugar. De
1915 a 1968 el Instituto Geográfico publica una serie de mapas a escala
1:25.000 con los pueblos bastante bien situados, e infinidad de caminos
ondulados, pero sin especificar cuales están bien para transitar, o cuales
están a punto de desaparecer. Estos mapas se llamaron catastrones, debido al
tipo de papel. Sólo hasta la década de los 80 los mapas no estuvieron al
alcance del público en general, con detalles fidedignos y reales.
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Mapa anterior a los catastrones. |
En los catastrones se
ve claramente un camino por medio del Sagral, que vadea el río. También aparece
el puente de Calzada, que partía aproximadamente donde la depuradora. Era un
puente estrecho, sobre unos caballetes de roble, para el que había una zona
acotada para el aprovisionamiento de madera en las reconstrucciones, el
“plantío”.
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Mapa catastrón.
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Ampliación cruce del río.
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Sagral. Vuelo 1980.
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Y llega el momento
más placentero de la investigación: escuchar a nuestros mayores y sus memorias.
Efectivamente, por los Pasaderos iba el camino que vadeaba el río, para ir a
Castro, al tejar, al Barrio, al molino Maragato, al “Monte el Río”… Son tantos
los recuerdos que el vado aparece nítido en sus relatos, sólo interrumpido tras
las copiosas crecidas del invierno. Los de mi edad todavía lo recordarán justo
por debajo de “la Pocina”, un lugar muy visitado para el baño.
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Bajada por la Arquilla.
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Es encomiable el
nivel histórico-cultural en la baja Valdería. Todo un museo arqueológico y
etnográfico en Castrocalbón. Montones de investigaciones y publicaciones de Don
Anín; la revista Fontiñea; libros de alto nivel, como “La Valdería en la
historia”, de Argimiro Turrado o “El secreto del palacio”, de Saul Cenador;
gente autodidacta con descubrimientos incluidos, como Dori y el dolmen de Ayoó,
y una larga lista de gente desinteresada que lee, patea, comenta… son la
combinación perfecta para el debate, algunas veces más encendido que otras. No
es la primera vez, y me consta que no será la última, que el cruce del Éria por
la calzada romana salta a la palestra. Y no hay consenso. Mi postura es el
resumen de este artículo: una cosa es que haya, o hubiera un vado en el río, y
otra que debido a las riadas se pudiera pasar. Pero esto desde tiempos de los
romanos. No me cabe duda que para seguir utilizando la calzada se buscase el
paso cientos de metros por arriba o por abajo del vado primigenio. Y este vado
original, por pura lógica es el camino más corto entre la Arquilla y el Sagral.
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Calzada en la Arquilla.
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Vista del pueblo desde la Arquilla. |
El emperador Augusto
abrió las puertas del templo de Jano en señal de guerra total para venir en
persona a someter de una vez por todas los últimos indígenas rebeldes, los
ástures y cántabros. Era la cuarta vez que Jano, nuestro enero del calendario,
iba a interceder para que Roma resultase vencedora. En la última batalla de
todas, en el 25 a. de C. contra los ástures, por las puertas abiertas del
templo se coló la traición de un pueblo ástur, los Brigaecinos (Fuentes de
Ropel), que alertaron a los romanos de los planes de sus vecinos, basculando la
balanza bélica a favor de Jano. Cuando Augusto quedó “a gusto”, valga la
tontería, volvió a Roma y cerró de nuevo aquellas mágicas puertas. Pero se ve
que abrió las de otro diosecillo: el Espíritu de la Contraria, patrono del debate; porque, entre otras
cuestiones, aquí seguimos discutiendo por dónde pudieron cruzar el Éria las
tropas de conquista.
Salud, y al lío. O al
río, según se mire.
Muy interesante Joaquín. (Como siempre)
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