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viernes, 6 de abril de 2012

El monumento





Como cada año en nuestra iglesia, el Jueves Santo por la mañana se construye el monumento, el altar para la adoración del Cuerpo de Cristo. En la misa de la última cena, se traslada con solemnidad el Copón con las Hostias consagradas al nuevo sagrario, para su exposición y comunión del Viernes Santo. En algunos lugares se crean auténticas obras de arte, realizadas siempre por personas desinteresadas, como las que instalan nuestro monumento. También existió otra costumbre, la de cubrir el día de las ánimas los retablos con lienzos amarrados a bastidores, con pinturas de muerte y resurrección. Por el tamaño y peso eran izados con poleas, hasta cubrir por completo el pan de oro y las imágenes sagradas. Parece ser que fue una costumbre cristianizada de otra pagana de la Grecia y Roma clásicas, cuando para determinados ritos y sacrificios se cubrían con telas pinturas y esculturas de sus dioses. En el Santuario de Rosinos, los lienzos de lino se separaron de sus bastidores, seguramente deteriorados, y se guardan para una posible futura exposición. La pintura es al temple y aparecen distintas figuras, como enfermos o fallecidos, ángeles y demonios, religiosos y civiles; representaciones de distintas tentaciones, como la lujuria, la avaricia, la burla, el mal; también de algunas virtudes, como justicia, fe, esperanza… y otros temas como la resurrección de Jesucristo y las ánimas del purgatorio, junto con algunos textos llamativos. Los monumentos se desmontan para el Domingo de Resurrección, día final de la cuaresma e inicio de un nuevo período, más solemne y festivo. La Semana Santa es un acontecimiento móvil, para que coincida su celebración con una condición clave, Jesús murió durante la primera luna llena tras el equinoccio de primavera. Por eso siempre se celebra entre el 22 de marzo y el 25 de abril (menos el cristianismo oriental, que al seguir utilizando el calendario juliano puede caer entre el 4 de abril y el 8 de mayo). Desde niño me ha llamado la atención la coincidencia, y durante estas noches no puedo menos que levantar la vista y recrearme en el cielo. Un refrán, ya en cierto modo desfigurado, me da la razón: Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol; Jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión. 

















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