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jueves, 14 de junio de 2012

La nuera, la suegra y la prima




Mi esposa, como ayoína tradicional, es una excelente horticultora, con todos los beneficios que esto conlleva, tanto para la cocina natural como para el bolsillo, que también cuenta. Su pasión por las plantas va más allá de los semilleros, quiñones, huertos y parcelas, y como quien se lleva trabajo a casa, la tiene profusamente decorada con las otras, las que no se comen, pero engordan la vista. A veces pienso, celosamente, que a éstas les tiene más cariño que a mí, y entonces me entran ganas de meter los pies en un tiesto y esperar sus mimos. La verdad es que las plantas decorativas aportan, entre otras cosas, dinamismo, color y olor a la casa, y dulce satisfacción a sus habitantes. Una de las últimas en florecer, que nos ha tenido a todos más pendientes que si de un parto se tratara, es una hippeastrum, la estrella del caballero, algo así como una cebolla de la que florecen unas enormes y opuestas flores, en número de dos a cinco, que precisamente por su disposición antagónica se la llama “la nuera y la suegra”. De la de mi esposa han florecido tres: la nuera, la suegra, y un tercer elemento de discordia, la prima (de riesgo), que no se lleva bien ni con las dos anteriores ni al parecer con el resto del planeta (salvo con los especuladores), aunque está en boca de todos que seguimos pendientes de sus puntos. Antaño puntos no había más que cuatro: los cardinales; ahora los tenemos por casi todo, por el móvil, por el banco, por tráfico… y por ésta prima, aunque los suyos funcionan al revés, como los que nos dan en cirugía: tantos más tengamos tanto peor nos habrá ido la operación. Pues yo puntos a esta planta, en una escala de cero a diez, le daría once, me da igual que digan que sus flores no se entienden, solo sé que la mires por donde la mires es preciosa, espectacular, digna de llevar con orgullo aquel famoso lema de la medalla de la madre: “dar mucho, pedir poco”, porque sabe regalar a los cuatro vientos su belleza y elevar su rincón a la categoría de “el rincón”. Hablando de puntos, otros once para mi esposa, por encontrar tiempo para dedicar a sus amadas.





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