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martes, 1 de noviembre de 2016

El Jaque a Carpurias


Castro de El Lugar Sagrado, Ayoó/Carracedo de Vidriales.


Castro de Las Mairas, S. Pedro de la Viña/Fuente Encalada.


Castro de Las Labradas, Arrabalde/Villaferrrueña.

Querido blog, dos puntos. Esta noche he tenido un mal sueño, posiblemente fruto del dolor de espalda que me persigue, pero también de mis ganas de soñar… y he decidido confiártelo, por esta extraña afición que me ha dado por la escritura. La noche es larga, y el sueño se dedicó a resolver una cuestión que tantas veces ha distraído mi atención: la llegada de los romanos a nuestra comarca. Ya ves, otros tienen sueños de amor, y quizás éste no esté tan lejos de ser amoroso, si se tiene en cuenta el que yo derrocho por la tierra que el destino me eligió para vivir.

Las últimas estribaciones del Teleno, la sierra de Carpurias, que actualmente delimitan el sur leonés y el norte zamorano, constituían una barrera para la conquista romana al ser habitada por bravos astures al menos en tres puntos: Castro de la Peña de Ayoó, al que en una traducción alguien llamó “El Lugar Sagrado”, Castro de San Pedro de la Viña/Fuente Encalada, el de las misteriosas “Mairas”, y el Castro de "Las Labradas", el mayor conocido Astur Augustano. Traspasar esta línea y construir además la calzada Vía XVII de Antonino no fue tarea banal para el poderoso ejército invasor. Las hordas locales pelearían con espíritu guerrero, pero también por todo cuanto tenían: territorio, casa, familia…. Esto es historia, y a tenor de las crónicas la lucha fue desigual y en cambio larga, dicen que de un siglo. He dedicado muchos sueños a descifrar este enigma, y he aquí mi resumen, mas que por nada, para que no se me olvide. Y de no valer como indagación o esclarecimiento, que lo haga como novela histórica, o simplemente que sea rebatida… o ignorada, cada cual lo que decida. No me importa, este sueño es mío y en él mando yo.

Roma llegó a Castrocalbón, y una vez pacificado el territorio se instaló, he soñado que en prevención de lo que se le venía encima. ¿Dónde? En "La Chana", en el paraje conocido como “El Robleo”, al lado de la fuente que lleva el mismo nombre. Las marcas de sus grandes campamentos son todavía reconocibles. Dicen que era un lugar de adiestramiento y entrenamiento militar, y de crianza de asturcones, pequeños caballos autóctonos. Perfecto, me vale. ¿Cuánto tiempo? Bastante, el suficiente como para merecer labrar un canal para traer el agua desde Nogarejas que abasteciera personal, caballería, ganadería y campos de pasto. También quedan restos, son conocidos como “El Caño los Moros”. Desde ahí comenzaría el acoso y estudio de los astures que llamaran Superatios, nombrados por Plinio y Ptolomeo, que eran los que estaban “por encima” de algo que no se ha podido descifrar. No era posible traspasar su barrera por al lado mismo de un castro, el de “Las Mairas”, e instalarse en Petavonium, como parece ser. Algo tuvo que ocurrir antes que solo un sueño como este o parecido se atreva a aventurar.

Cuando la potencia bélica en "El Robleo" fuese la necesaria, maldita imaginación, las colinas de Carpurias deberían ser conocidas por los invasores; incluso ya se habrían producido varias escaramuzas para tantear las estrategias defensivas y ofensivas de ambos enemigos declarados mortales. He soñado con el “día D” que todos esperaban y que seguramente nadie quería, salvo los gerifaltes romanos que necesitaban continuar el itinerario hacia Braga, Portugal. Y he aquí, para sorpresa astur, que la ruta elegida no fue la continuación recta de la pista que ya venía desde Astorga. Un rumbo más al oeste condujo una pequeña porción del ejército por el actual camino que los de Ayoó llaman “el Camino La Bañeza” y los de la Valdería “el Camino Ayoó”. "El Lugar Sagrado” sería el primer objetivo, según sugirió mi sueño. Solo hizo falta un pequeño campamento, circular, fuera de la vista de los vigías astures, para pernoctar lo poco que duró el asalto a la pequeña fortaleza de “La Peña”, habitada por unas pocas familias. Socorrer a sus hermanos le fue complicado a los otros asentamientos, por los puestos de control romanos de aislamiento instalados apenas comenzó la ofensiva final. Aquí mi sueño se hizo pesadilla, y "El Lugar Sagrado” astur una ratonera bajo la sandalia romana. Las marcas del campamento atacante son visibles todavía hoy, y el topónimo certifica esta propuesta: “El Castrillo” (castro pequeño).

Considero que no se desmontó la torre, que se dejó como bastión de
vigilancia de las futuras obras que ya eran planeadas para lo que iba a acontecer. La orden de ejecutar el segundo paso no se hizo esperar, y otra avanzada partió de “El Robleo” por el mismo camino, con la seguridad de la reciente conquista. Llegados a la torre cruzaron el pequeño arroyo que posteriormente se llamara “Almucera” y descendieron por su margen derecha hasta un montículo en medio de una fértil llanura. Desde su parte más elevada se controlaba fácilmente el castro a reducir, el de "Las Mairas”, mucho más alto y poblado que el anterior. El operativo guerrero aconsejó poner en marcha la castrametación para, a la sombra visual del objetivo, construir un campamento ordinario y planear la estrategia para el asalto. También los restos son perceptibles en el paraje “La Calea", como en adelante llamaremos a este campamento romano, que se me antoja como nombre descendiente del latín que podría significar “calle o paso estrecho”.

Aquí desperté, y tuve necesidad de un poco de agua. Solo sé que cuando volví al sueño el castro estaba reducido a cenizas, y que seguramente algunos astures huyeron hacia “Las Labradas”. No importaba demasiado para el ejército romano, el camino para continuar estaba libre y los campamentos de “El Robleo” se desmontaron en parte, lo mismo que el de “La Calea” para instalarse en otro llano, en el corazón de Vidriales, donde hoy llaman “Petavonium”. El lugar elegido también fue estudiado, al abrigo de las miradas del tercer y último objetivo. Sabían que este llevaría tiempo, así que mereció de todas las instalaciones para el largo acoso. Incluso una legión de artesanos construyó talleres, almacenes y viviendas anexas a las empalizadas. Algunos canales trajeron agua valle abajo para abastecer los residentes y a los que habrían de llegar. También llegaron los ingenieros para continuar la calzada; peones y esclavos capturados seguirían sin apenas contratiempos los trabajos largo trecho, atrás quedaba un infierno difícil de describir, un lugar sitiado agonizando por jaque mate.

El despertador sonó y por una vez se lo agradecí. Desde el mañanero camino al trabajo elevé la mirada escalonadamente hacia los tres puntos estratégicos astures y ya no quiero continuar el sueño. La fiereza y la crueldad fueron una firma con sangre y fuego de aquellos años en Carpurias que no deseo seguir imaginando. Hace demasiado daño, y eso que según dicen, los sueños, sueños son.



Llegada a Carpurias desde Astorga.


Establecimiento romano en El Robleo.


Camino y establecimiento en Ayoó.


Establecimiento romano en El Castrillo.


Foto aérea 1980 de El Castrillo.


Foto aérea 2014 de El Castrillo.


Ataque al castro Lugar Sagrado.


Viaje y establecimiento en La Calea.


Foto aérea 1945 de La Calea.


Foto aérea 1956 de La Calea.


Foto aérea 1973 de La Calea.


Ataque al castro de Las Mairas.


Continuación de la calzada y establecimiento en Petavonium.


Foto aérea 2014 de Petavonium.


Ataque al castro de Las Labradas.


Paso de la calzada de la conquista por Vidriales.

Antiguo artículo sobre la castrametación de El Robleo.


(Para ampliar las imágenes hacer "clic" encima)

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