eltijoaquin@hotmail.com - facebook.com/El Ti Joaquin

sábado, 28 de enero de 2023

Calzada, y el vado del Éria


Mi admirado Ernest Loewinsohn visitó varias veces Calzada de la Valdería, mi pueblo natal (no me canso de repetirlo). Una de las últimas, si no lo fue, viniendo acompañado entabló conversación con Miguel Martínez “Goma", que en aquel momento estaba al lado de su casa, a la entrada del pueblo bajando de San Félix. Venían buscando información sobre dos interrogantes relacionados entre sí: Una fuente de agua limpia y pura, donde pudieran beber las personas, y cerca de ella el paso de la calzada vadeando el lecho del río, o los indicios de algún puente. Algo que debería estar en esa zona, o quizás más arriba, donde el camino entraba derecho al río, perpendicular a la carretera actual.


Calzada romana al norte del río. 1973.

Calzada romana al sur del pueblo. 1973.

Miguel le habló de cierta fuente, la de Chamarreta, donde antaño las mujeres iban incluso a lavar por lo agradable e intenso de su manantial. Pero no acertó a enseñarle donde vadear el río con seguridad. Lo cierto es que Loewinsohn buscaba el paso más recto desde el tramo del otro lado del río, y su bajada al valle por la Arquilla, a la calzada que cruza el pueblo; sin duda alguna el primer camino elegido para la conquista por el ejército romano. 


La Arquilla. 

Pero ese razonamiento no funcionó esta vez, o al menos no ha quedado constancia. El paso que buscaba estaba casi 350 metros más abajo, en los Pasaderos, el vado del Caño. Cruzaba una zona muy apreciada en Calzada, que va desde el desaparecido molino harinero hasta la tradicional zona recreativa, conocida con un nombre, el Sagral, que invita a conjeturar por su parecido a “sagrado”. Aunque seguramente estemos ante la forma contraída de un fitotopónimo: el Salgueral, o lugar de salgueras. Ahí estaba la calzada, destruida por las nivelaciones para las plantaciones de manzanales del coto; y también las fuentes, dos en lugar de una: la fuente de Ribota y la del Sagral. ¿Tuvo acceso Loewinsohn a los mapas antiguos? Si es así, ¿por qué buscó tan arriba?


Vuelo americano 1973. Vado del Éria.

Es curiosa la progresión en la calidad de los mapas. A principios del siglo XX la Valdería se muestra totalmente carente de detalles; los pueblos aparecen fuera de lugar. De 1915 a 1968 el Instituto Geográfico publica una serie de mapas a escala 1:25.000 con los pueblos bastante bien situados, e infinidad de caminos ondulados, pero sin especificar cuales están bien para transitar, o cuales están a punto de desaparecer. Estos mapas se llamaron catastrones, debido al tipo de papel. Sólo hasta la década de los 80 los mapas no estuvieron al alcance del público en general, con detalles fidedignos y reales.


Mapa anterior a los catastrones.


En los catastrones se ve claramente un camino por medio del Sagral, que vadea el río. También aparece el puente de Calzada, que partía aproximadamente donde la depuradora. Era un puente estrecho, sobre unos caballetes de roble, para el que había una zona acotada para el aprovisionamiento de madera en las reconstrucciones, el “plantío”.

 

Mapa catastrón.

Ampliación cruce del río.

Sagral. Vuelo 1980.

Y llega el momento más placentero de la investigación: escuchar a nuestros mayores y sus memorias. Efectivamente, por los Pasaderos iba el camino que vadeaba el río, para ir a Castro, al tejar, al Barrio, al molino Maragato, al “Monte el Río”… Son tantos los recuerdos que el vado aparece nítido en sus relatos, sólo interrumpido tras las copiosas crecidas del invierno. Los de mi edad todavía lo recordarán justo por debajo de “la Pocina”, un lugar muy visitado para el baño.


Bajada por la Arquilla.


 Es encomiable el nivel histórico-cultural en la baja Valdería. Todo un museo arqueológico y etnográfico en Castrocalbón. Montones de investigaciones y publicaciones de Don Anín; la revista Fontiñea; libros de alto nivel, como “La Valdería en la historia”, de Argimiro Turrado o “El secreto del palacio”, de Saul Cenador; gente autodidacta con descubrimientos incluidos, como Dori y el dolmen de Ayoó, y una larga lista de gente desinteresada que lee, patea, comenta… son la combinación perfecta para el debate, algunas veces más encendido que otras. No es la primera vez, y me consta que no será la última, que el cruce del Éria por la calzada romana salta a la palestra. Y no hay consenso. Mi postura es el resumen de este artículo: una cosa es que haya, o hubiera un vado en el río, y otra que debido a las riadas se pudiera pasar. Pero esto desde tiempos de los romanos. No me cabe duda que para seguir utilizando la calzada se buscase el paso cientos de metros por arriba o por abajo del vado primigenio. Y este vado original, por pura lógica es el camino más corto entre la Arquilla y el Sagral.

  

Calzada en la Arquilla.


Vista del pueblo desde la Arquilla.

El emperador Augusto abrió las puertas del templo de Jano en señal de guerra total para venir en persona a someter de una vez por todas los últimos indígenas rebeldes, los ástures y cántabros. Era la cuarta vez que Jano, nuestro enero del calendario, iba a interceder para que Roma resultase vencedora. En la última batalla de todas, en el 25 a. de C. contra los ástures, por las puertas abiertas del templo se coló la traición de un pueblo ástur, los Brigaecinos (Fuentes de Ropel), que alertaron a los romanos de los planes de sus vecinos, basculando la balanza bélica a favor de Jano. Cuando Augusto quedó “a gusto”, valga la tontería, volvió a Roma y cerró de nuevo aquellas mágicas puertas. Pero se ve que abrió las de otro diosecillo: el Espíritu de la Contraria, patrono del debate; porque, entre otras cuestiones, aquí seguimos discutiendo por dónde pudieron cruzar el Éria las tropas de conquista.

Salud, y al lío. O al río, según se mire.



sábado, 14 de enero de 2023

Calzada ¿y campamento?.

 

Calzada de la Valdería.


En la década de los sesenta, el paraje conocido como La Chana de Castrocalbón comenzó su andadura por la enigmática senda de la arqueología a raíz de un innovador y casi milagroso método de detección de estructuras que no precisa de patear el terreno; por tanto, totalmente ajeno a las condiciones climatológicas o de accesibilidad. Allí, donde los lugareños recuerdan una maravillosa fontana de bullicioso y fresco manantial en medio del árido campo cereal, hoy robado por el monte de encinas y jaras, Ernest Loewinsohn Robles († 9 marzo 2013) desde un lugar remoto localizó 3 campamentos romanos y lo que parece ser una torre de vigilancia. Este ilustre ingeniero de caminos alemán, casado con una astorgana, por pura afición dedicó gran parte de su tiempo a visualizar fotogramas de los vuelos fotogramétricos que la Army Map Service realizó por todo el territorio español. El objetivo de Ernest en la Valdería no era otro que definir el trazado de la vía XVII de Antonino, con el premio de pasar con letras grandes a la historia, y ser mencionado en gran parte de los trabajos sobre el tema.

 

El conjunto arqueológico de La Chana ha llamado la atención de muchos estudiosos y aficionados a la arqueología, concretamente por prospección aérea, siendo ejemplo para otros lugares, como en el cercano valle de Vidriales en los campamentos de Petavonium, donde las fotos aéreas también tienen mucho que contar.

 

Son sin duda fotogramas espectaculares, de gran valor histórico, etnográfico, arqueológico y de no sé cuantos adjetivos que terminan en “ico”. Una pequeña droga visual que engancha e invita al descubrimiento y a la meditación. Es muy de agradecer al Instituto Geográfico Nacional la digitalización de los fotogramas y su visualizador por internet, con la comodidad de copia, recorte, ampliación, medición y otras muchas herramientas que se pueden manejar con el ordenador; algo que Ernest no tuvo tan fácil, por lo que su descubrimiento tiene un extra de valor.

 

La Fototeca Digital es una herramienta que también consume mis horas, y que la he exprimido para, con acierto o sin él, situar lo que por estrategia o necesidad parecen 3 nuevos campamentos romanos; en Ayoó, San Pedro de la Viña y Bercianos de Vidriales. Este artículo servirá para proponer un cuarto campamento, en un lugar que si me equivoco no debería estar muy lejos, porque tuvo que ser totalmente necesario.


Paso original del río por la calzada.

El cruce del caprichoso río Éria por la mencionada calzada romana en el actual pueblo de Calzada de la Valdería, como casi todo lo romano, no fue casual. Cuando los recursos son limitados hay que agudizar hasta el último de los detalles. Y en las inmediaciones de Calzada se observan 2 cauces antiguos del río, conocidos como “el Pozo” y “el Caño”, amén del propio río Éria. Esto parece indicar que hace dos milenios las aguas se repartían por al menos dos cauces, siendo más fácil vadear o construir algún puente sobre el río en esta comarca de gran valor estratégico y logístico, lo primero por lo peligroso y abundante pueblo ástur, y lo segundo por el transporte del oro Valderiense y Berciano. El paso del río no estuvo en el mismo sitio; dependiendo de las riadas se podría hacer en unas zonas u otras. He señalado el tramo por “los pasaderos”, porque me parece uno de los primeros, el de la calzada de la conquista.


Por tanto, muy cerca de la calzada y del río, sin duda alguna, debió de levantarse un campamento romano para controlar el paso y a la vez resguardarse en lugar seguro, como era norma en el disciplinado ejército que sometió hasta el último rincón empleando su avanzada táctica y pericia. Además, el tamaño del campamento debería ser mediano, para albergar propios y allegados, y contar con canalizaciones que inunden los fosos perimetrales para facilitar el consumo de agua y complicar el posible asalto por contingentes hostiles. Con estas premisas, y la inestimable ayuda de los fotogramas propongo:

Plano general de Calzada de la Valdería.

Lado sur. Verano Vuelo americano 1967-68.

Esquina redondeada lado norte. Verano 1967-68.


Señales en el terreno.

Al sur del pueblo, a una distancia prudencial de la espesura que bordea el río y cruzado por la calzada romana como los de Petavonium, parece distinguirse una estructura rectangular muy clara en el lado oeste y sur, pero con marcas débiles en el norte y este, debido a los edificios y a las intensas labores agrícolas. Siguiendo el ejemplo de Petavonium, un canal podría haber inundado el foso norte tomando las aguas del “Caño” y otro el foso sur desde aguas de lluvia o manantiales de debajo de la “Marcilla” (el Reguerón)

Canales de abastecimiento


He consultado todos los vuelos disponibles y el que más señales aporta es el Interministerial del 1973-1986, el fotograma 13, sobre el que he hecho mediciones aproximadas con la aplicación del visualizador. La forma es rectangular, con una largura aproximada de 280 metros por 170 metros de anchura, lo que hacen cerca de 5 hectáreas. La orientación con los puntos cardinales es asombrosa, como se puede comprobar por el paralelismo del campamento con las fotos, correctamente orientadas según cartografía; lo mismo que dos de los campamentos de la Chana, que también comparten dicha alineación Norte – Sur en los lados mayores. Como detalle especial, el perímetro en algunos puntos aparece doble, ¿había doble foso, o en su día sufrió una ampliación?


Perímetro del campamento

Este campamento pudo ser del tipo “castra hiberna”, habitualmente destinados a vigilancia y protección de fronteras, o como es el caso, el paso de un río. Sería construido con materiales menos duraderos que los “castra stativa” cuyo ejemplo tenemos el del Ala II Flavia en Petavonium. Sabemos que bajo las órdenes del Legado de Lusitania Publio Carisio, azote de los ástures y comandante la X Gemina (Rosinos de Vidriales) y la VI Victrix (¿Bercianos de Vidriales?), estuvo también el mando de la Cohors IV Gallorum, unidad auxiliar reclutada en la Galia. La pregunta es evidente: ¿pudo ser éste el campamento que luego daría nombre a Castrocalbón por su estancia en la zona?


Dobles señales, paralelas.


Para finalizar, quiero compartir un error de bulto a la hora de buscar viejas señales. Calzada de la Valdería fue muchas veces mi objetivo con el visualizador de fotogramas en primer lugar porque es mi pueblo natal, y a quién no le tira conocer como era su pueblo en el pasado. Pero también por mi pasión por indagar en ese cruel espacio de tiempo entre la llegada de los romanos y el sometimiento de los pueblos indígenas, en el entorno de la arteria principal que desangró la comarca, la Vía XVII de Antonino. Y el error está en buscar en lo más antiguo porque debería haber más “señales”. Vemos que no, que en las 3 series de vuelos americanos (del 1945 al 1968) este campamento pasa bastante desapercibido. No ocurre lo mismo en el vuelo Interministerial del 1973 al 1986, donde por razones de calidad, humedad, vegetación… o suerte, parece bastante evidente. No me cabe duda que la zona ha sido repasada miles de veces, hasta por el mismo Loewinsohn; quizás hasta hoy todos hayamos pecado con el mismo error.

 


Ojalá mi aporte sirva para añadir un poco mas de luz a la historia. Porque todo lo que somos y vemos es producto de la Historia, y no hay nada como una buena iluminación a la hora de contarla. Así, cuando alguien pregunte por Calzada de la Valdería, podremos comenzar por un lejano cuarto de siglo antes de nuestra era, cuando el ejército romano cruzó el Éria y acampó en la vega Valderiense, y como era costumbre a su alrededor se establecieron los primeros civiles en toscas cánnabas…

 

P.D.- Para agrandar las imágenes hacer click sobre ellas.



sábado, 17 de diciembre de 2022

La fibra y el fraude.


Me encantan los refranes. Son la sabiduría popular hecha frases cortas, claras y concisas. Hay miles, válidos tanto para nuevo, como para roto o descosido.

 

Hoy, con perdón, quiero aplicar un refrán de origen sexual, muy recurrido también en el campo político; donde persigue el mismo objetivo de acceder mediante engaño a donde no se llegaría de otra forma:

 

“Prometo hasta que (la) meto, y una vez metido, se acabó lo prometido”

 

Este refrán viene a cuento tras mi experiencia con la fibra (y no es cuento), esa maravilla de pelillos transparentes que como por arte de magia transmiten mejor los datos que por otro sistema conocido. Pues eso, que inexplicablemente el servicio ha llegado a nuestros pueblos, cada vez mas envejecidos, abandonados, olvidados, aislados… pero que pueden estar superconectados virtualmente con el mundo mundial. Vamos, que se quema una casa, o se pone alguien enfermo y el aviso llega en nanosegundos, aunque el remedio tardará una hora; eso sí, mientras tanto podremos distraernos, comprar, leer, o mil cosas a velocidad ultrarrápida. La casa se quema, el enfermo se muere, pero la velocidad en una pasada. ¿Os acordáis del otro refrán que decía “la cura va bien, pero el ojo lo pierde”? Pues eso.

 

Sinceramente tengo que reconocer que en Ayoó de Vidriales tenemos un más que aceptable servicio de telefonía de Movistar y sus filiales, amén de acceso a internet. No ocurre lo mismo con otras compañías, que “sólo” están a oscuras; dicho de otro modo, la calidad no es buena ni mala, es nula. Los profesionales o turistas que vengan con estas compañías se las ven y se las desean para usar su móvil en el pueblo.

 

Pero llegó la fibra. Prometieron velocidades de vértigo, calidades sólo soñadas, y “metieron”. Primero por los caminos de concentración, y lo digo sin rodeos, no como los que han dado para llegar a Ayoó, a 200 metros del pueblo hacer un bucle hacia atrás por otro camino, llegar a Congosta y desde allí bajar a Carracedo. ¿Les regalan los cables? ¿No será que pasan la factura por kilómetros enterrados? Después metieron en nuestras casas, y cambiamos sin probar…

 

Yo fui el primero del pueblo en contratar la fibra. Por la sencilla razón que pienso que hay ya demasiada radiofrecuencia en el aire. Puede que sea inocua, o tal vez no. Tantas radios, televisiones, móviles, “guifis”… se pisan y necesitan filtros; la señal luminosa me parece menos dañina. Y hay que estar al día, ¿no? Aunque el efecto estético de tanto cable por nuestras fachadas me parece tercermundista. Al menos, me consuela saber que en caso de terremoto, como todas las casas están amarradas unas a otras, o cae todo el pueblo a la vez o no habrá daños estructurales.

 

Al principio… bien. Al mes, en mi caso a ratos no cargaban los mensajes de WhatsApp. O sea, que una vez metido, se acabó lo prometido. Cuatro veces ha venido el técnico a mi casa, a revisar y poner a punto lo que nunca ha fallado. (No tengo más que palabras de halago para los dos instaladores, unos currantes. Gracias) Escribo sus propias palabras: esto está bien, el fallo está “allá”. La medición de velocidad no llega a 100 mbs. Ojo, la promesa eran 800 mbs.

 

Un informático, después de la gestión de otra profesional como la copa de un pino, se puso en contacto conmigo. Me pidió monitorizar mi ordenador por control remoto, y por supuesto accedí. Entonces comenzaron a aparecer fallos: mi cable estaba “capado” a 100 mbs. Mi ordenador estaba peor, totalmente “petado”, y con una tarjeta de red para cambiar, ya que no pasa de 100 mbs. ¿Cómo iba a tener velocidades por encima de 100 mbs.?

Son razones que convencen. Y el tío más ancho que un tren “atravesao”. Pero no me pudo explicar cómo mi cable capado, mi ordenador petado y mi tarjeta de red para cambiar, en Santibáñez de Vidriales, con otras compañías, me da entre 500 y 700 de velocidad. Al igual que en San Pedro de la Viña. O Fuente Encalada. El mismo ordenador y el mismo cable, con la misma batería. Por cierto, el cable que uso es el que viene de serie con el rúter, el que debería ir a máxima velocidad, adaptado al equipo que instalan con la fibra. La explicación que encuentro a este enigma es que en Santibáñez medí en el bar Latino, en San Pedro en el bar Síntesis, y en Fuente Encalada en el bar municipal; y claro, ahí todos, incluido mi ordenador, vamos a otra velocidad. Si es que el bar nos cambia la vida.

  


Bar Latino. Santibáñez de Vidriales. MasMóvil.


Bar Síntesis. San Pedro de la Viña. Movistar.

 

Bar Municipal. Fuente Encalada. Adamo.

Este martes, cansado y aburrido, llamé a atención al cliente y en vista que sigo con el problema, les di un ultimátum: el viernes a la noche si seguía igual desconectaría sus aparatos, porque la luz la pago yo, y publicaría este artículo de denuncia. Y aquí estoy.


Que la fibra es genial no hay duda, pero la gestión de la empresa que ha instalado Ayoó es muy deficiente. No sólo en mi casa, en otras 3 sé que pasa lo mismo. Por cierto, iba a decir que el nombre de la empresa es Fibritel, pero no lo digo, no vaya a ser que encima les haga publicidad. Diré FRAUDITEL, y así quien quiera entender que entienda.

 

P. D.- En Villageriz, en casa de un amigo, mi ordenador “petao” con su tarjeta de red para cambiar y el cable “capao” ha medido 888.79 mbs de bajada, por encima de lo contratado (800 mbs), y la compañía es Frauditel, los mismos que me dicen que mi ordenador jamás podrá medir más de 100 mbs.


Fibritel en Villageriz.

P. D. 2- Por cierto, si alguien tiene la dirección o el correo de Cuarto Milenio que les escriba, para que vengan a estudiar el comportamiento de mi ordenador “petao” y mi cable “capao”, y cómo puede medir lo imposible. Es que la velocidad de mi conexión no me lo permite. Acordaros que no puedo pasar de 100 mbs. Paradojas de la tecnología.

 

P. D. 3- Por supuesto que el objetivo de este artículo no es hacer daño a una empresa a la que los clientes les importamos una mierda; pero es que me veo en la obligación de informar a mis vecinos de mis problemas, para intentar evitárselos. El año que viene ya buscaremos compañías más serias que no prometan y que metan. Como debe ser.



domingo, 24 de julio de 2022

Maldito seas, pirómano.

 


Humo que viene de lejos,

que alguien nos diga dónde es:

el fuego avanza en el monte

verde que ves y ya no ves.

 

De horror se visten los rostros,

lágrimas que erizan la piel;

la nada viene de pronto

con nada nos paga después

 

El fuego rodea el pueblo,

dicen: “poco se puede hacer”,

coje tus cosas y vete;

hay veces que es mejor no ver.

 

Ya son bastantes los rayos

y los descuidos que atender,

para que tú, mala bestia,

quemes más sin desfallecer.

 

Maldito seas por siempre,

monstruo que le gusta prender,

baboso que deja un rastro

de a saber que negro interés.

 

Pirómano cobarde, que el

legado que te vio nacer

lo has reducido a cenizas;

es lo que debes merecer.

 

 

A ti, solo te deseo,

si en el fuego sientes placer,

tropieces, y en tu última obra

nadie te pueda socorrer.

 

----------ETJ----------


lunes, 27 de junio de 2022

La decadencia medioambiental y sus consecuencias.


El monte arde.

De forma inmisericorde.

Odiosamente imparable, mortalmente desolador.

 

En las más antiguas y brillantes memorias nunca jamás se recuerdan incendios tan extensos y agresivos. Más de 30.000 hectáreas en la vecina Sierra de la Culebra en un “visto y no visto”. Pueblos enteros rodeados por las llamas ante la impotencia, la rabia y el miedo a perderlo todo. Qué barbaridad.

Quizás vaya siendo hora de preguntarnos qué está pasando, las causas y condiciones de estos terribles acontecimientos, para ver si se puede actuar razonablemente, y revertir o al menos minimizar a coste aceptable este problema que con los años se acentúa y exagera.

Y la primera conclusión indica que es una cuestión de tiempo, una decadencia. De apenas cinco décadas a esta parte el monte está irreconocible, tanto en las formas como en el fondo. Desde entonces al monte lo persigue un asesino, el fuego; natural o intencionado. Un asesino que hace 50 años no era más que un pequeño delincuente, sin mayor delito que pequeños conatos con más beneficio que perjuicio, aunque quemar casi nunca ha estado bien. A este asesino algo lo está alimentando, volviéndolo una bestia incontrolable que se escapa con facilidad de los más modernos sistemas de extinción. La segunda conclusión es que si lo que hacemos no mejora, al contrario, empeora los resultados, algo no hacemos bien.

 


Nací en un pueblo rodeado de monte, y la mayor parte de mi vida la he pasado en un pueblo vecino, también rodeado de monte. Las condiciones y tradiciones en ambos sitios son muy semejantes, aunque cambien de provincia. Mi memoria alcanza esas cinco décadas que mencioné antes, y de esa experiencia y observación voy a aportar mi visión particular, sin mayor ánimo que el de ejercitar la reflexión a través de la lectura.

Lo primero que aparece en mi cabeza, es un viejo lema plenamente vigente en la actualidad: “Cuando un monte se quema, algo suyo se quema”. Aunque se entiende mejor sin tanta educación y buenos modales: “Cuando un monte se quema, algo TUYO se quema”. Porque si, literalmente el monte es de todos, aunque también es verdad que de unos más que de otros. Hay quien no lo sabe, pero gran parte es de titularidad privada, y otra parte municipal, en el que los vecinos tienen mucho que decir. Pero el monte también es de quien nada en él tiene, porque los beneficios que acarrea afectan a las generaciones actuales y venideras: humedad, aire limpio, recursos… en una palabra, vida.

 

(1)

Lo segundo que recuerdo era el aprovechamiento libre de la leña como combustible en todas las casas, algo que se venía haciendo desde que los pueblos son pueblos. Para quitar el frío, para encender la cocina, para cocer el pan… en invierno o verano todas las chimeneas estaban activas. Más atrás de esas cinco décadas a nuestros pueblos no había llegado el gasoil, la electricidad, el gas…, aunque sobraba autosuficiencia, y únicamente la falta de especialidades y medicinas diezmaba la población, y empequeñecía la esperanza de vida. El monte surtía leñeros y tinadas de un año para otro, siempre a golpe de hacha. Nunca cortar árboles, y hablo de esta comarca, supuso el fin del monte; de lo contrario después de siglos de aprovechamiento todo sería un desierto.

 

Lo tercero es que se fuera donde se fuera, había que hacer lumbre. Indispensable. Aunque no hiciera frío. La leña seca del entorno se quemaba en una hoguera porque después seguramente algo hubiera para asar, y de paso se hacía limpieza. Nunca hubo incendios, a pesar del nulo nivel educativo, pero del alto saber hacer de nuestros antepasados que conocían el terreno, los vientos y los riesgos de encender fuego. De aquellas, a nadie le interesaba un incendio; a ellos menos porque lo primero que ardería eran sus propiedades.


Lo cuarto y principal son los ganados que pateaban todo el término municipal e incluso más allá, como demuestra la necesidad de un vigilante o guarda y las sanciones a los pastores que se atrevían a saltar las marras. Todos los días sin excepción miles de bocas y patas mantenían la hierba y los nuevos brotes a raya. También hay quien no lo sabe, pero la naturaleza necesita “castigo” constante, de lo contrario envejece y muere. Ese castigo son las podas, las entresacas, las quemas controladas, las siegas, y por excelencia los incesantes bocados del ganado. Cuanto mayor es el hostigamiento, mejor es la calidad. Y en un monte de calidad el fuego no tiene nada que hacer, él sólo se extingue. (Exceptuando los árboles no autóctonos, que son un mundo aparte y no han venido a solucionar nada, sino a ser parte principal del problema.)

A golpe de campana, el ganado salía por grupos y para distintos sitios: vacas, caballos, yeguas, burros, ovejas y cabras. Más o menos en este orden se establecía la distancia. Un ejército de desbrozadoras naturales que sin esfuerzo tintaba los campos de verde, y cuando arreciaba el calor y la sequía, la hierba era tan corta que le costaba mantener la llama, y mucho menos coger temperatura para subirse a los árboles.

 


En el año 1967, hace más o menos esas cinco décadas, el Ministerio de Agricultura publicó un mapa agronómico nacional. Hay un dato que viene al hilo, y es la densidad ganadera en el municipio de Ayoó de Vidriales. Por si alguien pensó que yo exageraba con lo del “ejército de desbrozadoras”, paso a detallar este censo, no sin antes puntualizar que seguramente no es del todo real; faltarían animales recién nacidos, recién comprados, o que simplemente no se declaraban, yo diría que aumentando como poco entre un 10 y un 20 por ciento más:

Ayoó de Vidriales: 60,04 km cuadrados, 300 hectáreas de prados.

475 cabezas de ganado bovino.

471 cabezas de ganado porcino.

1851 cabezas de ganado ovino.

680 cabezas de ganado caprino.

133 cabezas de ganado caballar.

21 cabezas de ganado asnal.

Y 111 cabezas de ganado mular.

 

Exceptuando los cerdos, los demás salían a pastar; algunos todos los días, otros por temporadas. Más de 3.000 animales masticando sin parar, muchas horas diarias, provocan un gasto vegetal muy importante a lo largo del año. Hoy no llegan a 300 animales, que apenas salen por encontrar en la cercanía el alimento. Y esta cifra gracias al último valiente que después de meses y meses de papeles y dolores de cabeza ha puesto recientemente en marcha una granja de cabras. Y es que nunca trabajar ha tenido tanta traba. Volviendo a las mismas cinco décadas, quien podía y compraba un animal, era ganadero. Quien sembraba o plantaba una parcela, era agricultor. Los constantes controles y exigencias actuales han llevado a mucha gente a abandonar los sistemas tradicionales de agricultura y ganadería. Y junto con ellos el monte, que a falta de atención arde como la yesca.


 


Las cortas y podas están muy vigiladas y controladas. Es necesario pedir permiso para gestionar tu propia propiedad. Una ventanilla reparte solicitudes un día a la semana, que el particular debe rellenar y enviar por otra ventanilla a no sé dónde. Aquello de facilitar los trámites no funciona en las infladas administraciones públicas. Da la sensación que hay demasiada gente para nada. Así que la leña queda envejeciendo en el monte, y aunque lo fácil no sea lo mejor para la naturaleza, pasamos de combustibles con nulas emisiones a contaminar y claro está, a pagar por ello. No solo hacemos daño, sino que encima nos cuesta dinero.

 

Como éramos pocos parió… la Guardia Civil un nuevo control: SEPRONA. A las trabas burocráticas se suman los palos al bolsillo por un quítame allá ese papel, ese despiste, ese accidente. Mejor quietos en casa que salir a trabajar, a generar algo de riqueza, a recoger lo que es de uno. (2)

 

Qué curioso. Fue terminar la dictadura para comenzar tanta normativa, que cada año engorda con una nueva estupidez. Y así tiene mas voz un grupo ecologista o animalista de sofá que las asociaciones agrícolas y ganaderas, o los consejos que quienes desde tiempos inmemoriales mantuvieron el monte a raya, las especies cinegéticas a raya, y el fuego a raya. Claro está, no siempre quien sabe gestiona lo que debe.


Las redes sociales son la última puntilla a lo rural. Se acusa al ganadero por el ataque del lobo. Se acusa al conductor por el accidente con un ciervo o jabalí. Se acusa al trabajador del incendio de su máquina. Y la administración en vez de proteger al afectado da una nueva vuelta de tuerca, con nuevas exigencias, nuevos trámites, y más y más trabas que se traducen en un mayor abandono.


 


He salido un momento para hacer unas fotos que documenten mi reflexión. Sin salir de uno de los caminos más transitados, por donde salían a diario los ganados que mantenían la hierba corta y fresca, se entrelazan hierbas grises que ahogan las nuevas, porque ninguna boca las ha retirado a tiempo. Una hierba que con un poco de viento expandirá la llama como si de gasolina se tratara. Y los árboles sin podar, y las jaras y urces sin arrancar, son el escenario perfecto para el pirómano, para el rayo, o para el accidente involuntario.

 

Una última foto, por si queda algún incrédulo. Una valla separa la misma tierra. A un lado pasta el ganado, al otro no puede entrar. Si alguien todavía no lo ve claro, es que no tiene ojos en la cara.

 


Y hasta aquí hemos llegado, a mirar como se quema lo nuestro, mientras carísimos equipos no quieren más que algo de suerte y que las condiciones atmosféricas cambien para contener lo imparable.

 

Cinco décadas y ya sufrimos decadencia medioambiental. A este paso nada resiste otras cinco.


P.D.- Soy incapaz de hacer o publicar una foto de un incendio. Me parece que es seguirle la corriente al pirómano. Os dejo fotos de naturaleza triste y gris, pero viva.


 1- https://www.todocoleccion.net/carteles/cartel-cuando-un-monte-se-quema-algo-suyo-se-quema-1964~x48424493

2- https://www.laopiniondezamora.es/zamora-ciudad/2022/05/06/hermanos-incendiaron-lober-pagaran-679-65771224.html

2- https://www.elcomercio.es/asturias/oriente/201501/09/multa-euros-para-ganadero-20150109003717-v.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

2- https://www.laregion.es/articulo/trives/multas-ganaderos-cortas-lena/202105030008491026315.html

a63a42b

2- https://www.elmundo.es/madrid/2018/01/21/5ca474171258b45f7.html

Y así hasta el infinito y más allá....

miércoles, 19 de enero de 2022

La vela vecinal.

 


Aunque parezca increíble algunos pueblos mantienen una norma ancestral para la organización, la cooperación y el desarrollo de ciertos trabajos y costumbres sociales, siempre en beneficio común, utilizada también en asuntos más particulares. No es cuestión baladí, cuando incluso sirve jurídicamente, al aceptar sin rechistar el orden establecido y los trabajos encomendados, aunque nadie sepa quien o quienes idearon semejante disposición. En la práctica tiene grandes ventajas sobre el actual orden alfabético, porque cualquier vecino conoce casi de memoria el lugar que ocupa en la convivencia vecinal, con las ventajas que conlleva. El nombre de éste sistema me parece enigmático: la vela.

 

Esta “vela” no aparece en el diccionario de la RAE como acepción, y curiosamente se le pasó por alto al recopilador de palabras vidrialesas en uso para su “Diccionario Inacabable de la Lengua de Vidriales”, mi buen amigo Manolo Cabezas (1).

 

La Asociación Cultural Zamorana Furmientu (2), creada para dignificar nuestro patrimonio lingüístico define “vela” parcamente como “turno” (de un servicio, de molienda, de guardar las ovejas…). La siguiente palabra en su diccionario es “Vela, andar a la”, definida como “Seguir un tumo por el orden del vecindario para regar, guardar el ganado, etc”. Mucho que añadir a estas definiciones, porque razonadamente “la vela” no es el turno, aunque “andar a la vela” sí pudiera ser.

 

Yo me decanto algo más por la definición de “vela” del diccionario “Voces del Eria” (3) de mi coterránea Isidora Rivas Turrado, aunque tampoco del todo:

Vela: f. Turno, tanda o alternancia que se sigue en determinadas tareas comunitarias. Tanda. Vez. 2.- Dar la vela: fr. Para expresar el hecho de transmitir la vez o el turno cuando ya corresponde a otra persona, siguiendo el orden establecido por una comunidad. 3.- Ir por la vela: fr. para señalar que una tarea o asunto comunitario se distribuye siguiendo un orden estricto, sea por ubicación, sea alfabéticamente, en el que van participando todos los afectados.

 

Me gustaría corregir este “turno”, porque según la definición de la RAE implica a las personas, y no a las cosas:

1.   m. Orden según el cual se suceden varias personas en el desempeño de cualquier actividad o función.

2.   m Conjunto de trabajadores que desempeñan su actividad al mismo tiempo, según un orden establecido previamente.

Pero claramente la vela se refiere a la posición de las cosas para que luego haya un turno de las personas, es en realidad ese “orden establecido previamente” en una ruta inalterable.

 

La vela sería la ordenación de los bienes, para la participación de su representante en las funciones o tareas de la comunidad. La vela es un listado de domicilios, molinos, corrales (granjas), parcelas, etc, que dependiendo de la necesidad los afectados deben atender a una orden de ejecución cuando le toque la vez.

 

Veamos varios ejemplos:

En los trabajos comunales (la facendera o yera) se convoca a la comunidad a razón de un representante válido por casa habitada, siempre desde el primer punto y siguiendo el orden establecido, en el mismo sentido hasta el último; esta es la auténtica vela vecinal, pudiendo pasar revista para proponer sanción a quien falte sin motivo justificado. Por ejemplo, para limpiar un caño se ordenarán a los trabajadores por orden de vecindad, por la vela. En caso de no terminar el trabajo se volverá a repartir en el mismo orden.

 

Pero hay trabajos comunales en los que no se necesita todo el pueblo; entonces se mandarán en grupos, e incluso se puede hacer una lista, para que los afectados sepan cuando les toca siguiendo la vela.

 

También puede suceder que el tema a tratar sólo incumba a una parte de los vecinos. Entonces la vela mantendrá el orden y dirección, pero solamente incluirá a los afectados. Por ejemplo, la ganadería: El pastor del desaparecido rebaño del pueblo rotaba por la vela, lo mismo que en la vacada, para la que se necesitaba un grupo de pastores. Pastores o pastoras, porque nunca hubo distinción a la hora de participar de las labores ordinarias. En esta vela, quien no tenía ganado no participaba, claro está.

 

El regadío cuenta con su propia vela. Integra a todas las parcelas regadas por un mismo canal, la termanera, y cuando se riega “a hecho” o “por la vela” lo que cuenta es el orden parcelario en sentido descendente. Aquí el anterior turno cambia; es por esto que es innato a las cosas, no a las personas. Y el hecho que corrobora lo que acabo de exponer es que la compra de una propiedad puede llevar consigo derechos y obligaciones de la vela. Por ejemplo, si alguien cambia de domicilio se integrará en el recorrido de la nueva calle. Lo mismo ocurre con la adquisición de una parcela, el nuevo propietario atenderá al turno que se declare para el riego.

 

Resumiendo, la vela ordena cosas y los propietarios establecen turnos: por tanto la vela no es el turno, es el orden necesario para que haya autoridad para establecer los turnos.

 

Pero la vela tiene otros usos, pues se recurre a ella para ordenar los participantes en trabajos más concretos, para los que hay que apuntarse. Por ejemplo, la limpieza de la Iglesia, que actualmente se hace en grupos de 6 y por orden de la vela. Otro ejemplo es la capilla domiciliaria que recorre las casas que la hayan solicitado, en orden también de la vela.

 

En Ayoó la vela comienza en el barrio de los Palomares. A partir de ahí recorre algunas calles, siempre por el lado izquierdo hasta el final y dando la vuelta, y en otras en zigzag para no dejar a nadie atrás. Por cierto, es muy curioso este comienzo, porque como ya sugerí en el artículo relacionado con la cronología de nuestro pueblo, el barrio de los Palomares podría ser la cuna de Ayoó, con cerca de dos milenios de historia. Por tanto, es el sitio correcto, ampliado al crecer poblacionalmente. Pero lo más curioso es que acaba en la calle de la Iglesia, entrando por la izquierda desde la plaza de la Audiencia, cambiando en la fuente al otro lado donde tiene fin. La explicación podría estar en que en esa parte estaba el monasterio de Ageo, exento de trabajos comunales, pero no así cuando dividido pasó a particulares, a los que ya les afectaba la vela.

 

Una vez más, para documentar este sistema de ordenación, he recurrido a las excelentes memorias de nuestros mayores. En este caso a la de Isabel Cano, Trini Lobato y Victoria Cano, esta última hija de Laurentino Cano, fallecido presidente de la Hermandad de Labradores durante muchos años, y luego alcalde del ayuntamiento, dos instituciones para las que la vela era de obligado cumplimiento.

 

El último objetivo de este artículo no es otro que dejar constancia del tortuoso recorrido de la vela en Ayoó, para que no se pierda; y nuevos y viejos habitantes conozcan el ancestral lugar que ocupan en el casco urbano, en un ciclo igualitario, que nunca tiene fin, y que no encuentro motivo para dejar caer en desuso. En un deber social, un legado milenario que forma parte de nuestro rico acervo histórico.

 

Dice un principio de derecho que “Ignorantia juris non excusat”; viniendo a decir que el desconocimiento no sirve de excusa para el cumplimiento de las normas. Ayoíno: si hubiere algo que hacer, ¿sabes cuando te toca?.



 

Referencias:

 

1-   http://www.furmientu.org/07Vocabularios2011/03VocabularioValleVidriales.pdf

2-   http://www.furmientu.org/

3-   https://lafueyacabreiresa.com/tag/voces-del-eria

 Foto aérea – Gabi (gracias).

 


lunes, 27 de diciembre de 2021

El Belén: en la variedad...

 


Creo que una de las obras de arte más cuestionadas es innata a la Navidad: los belenes. Y no porque se opine sobre las formas (es normal expresar los gustos), sino porque hay mucha gente empeñada en juzgar el fondo: la verdadera escena del nacimiento de Jesús.

 

¿Pero qué sabemos de ese suceso histórico? Prácticamente nada. Apenas que José y su esposa María en avanzado embarazo hicieron un viaje a Belén para empadronarse. Una vez allí, no encuentran posada digna, se produce el parto y acuestan al recién nacido en un “pesebre”. Otro texto dice que luego aparecen unos sabios o magos que han seguido una estrella y regalan al niño unos presentes muy valiosos en aquella época. Los evangelistas Lucas y Mateo nos han legado así de pobre el relato del nacimiento del personaje más importante de los últimos dos milenios, al contrario que su muerte, profusamente detallada.

 

Esto no quiere decir que entonces no podamos representar una escena en la que no pueden faltar tres personajes: un varón, una mujer y un niño de muy corta edad. Y la primera y principal razón es porque simplemente es arte popular, y nos gusta. A muchos nos gusta construir belenes y a muchos más verlos; porque precisamente, y ya lo dice el refrán, en la variedad está el gusto. Las figuritas de algunas representaciones pueden ser idénticas, o no; pero desde luego cada escena es única, y ahí es donde entra la imaginación y los recursos del artista… y por supuesto la crítica de los “realistas”.

 

Sin embargo, a nadie se le ocurre criticar una maqueta en la que se recrea el modelismo ferroviario, con sus vías y trenes a escala, dotados de movimiento, luces y otros efectos, en una escena natural imaginada; una afición que además cuenta con muchísimos seguidores, y que me parece una analogía perfecta al modelismo belenista.

 

Para mí un belén es un lienzo en blanco, y todo lo demás la paleta de pintura. Si en el lienzo no puede faltar la pintura, en el Belén tiene que haber representado un recién nacido con sus padres. No tiene por qué haber escena, ni un modelo a seguir. De hecho, se considera que una de las primeras representaciones del nacimiento de Jesús está en la Capilla Greca de las catacumbas de Santa Priscila, en Roma; es pintura y ni siquiera aparece San José.

(1)


Tras otros casos de representaciones de nacimientos, no es hasta 1223 cuando comienza el belenismo, de la mano de San Francisco de Asís (Giovanni di Prieto Brenardone, 1182-1226) en una cueva de Greccio, un pueblo italiano. Este fundador de la orden franciscana, de las Hermanas Clarisas y de la Orden Seglar, pidió ayuda a un lugareño llamado también Giovanni para recrear una idea: “Deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno”. En cierto modo el primer belenista fue el lugareño Giovanni, quien manos a la obra construyó la escena siguiendo las directrices de San Francisco, introduciendo figuras y objetos que podían o no haber estado en el Belén primigenio, como es el caso del heno, el buey y el asno. El 25 de diciembre de aquel año, numerosos visitantes quedaron maravillados por ese primer belén, y espontáneamente un sacerdote decidió celebrar una misa, creando un vínculo inseparable entre la Eucaristía y esas representaciones del nacimiento del Hijo de Dios.

 

Esos nacimientos suelen llenar rincones en muchos hogares, en templos, o en salas de exposiciones, siempre según el ingenio de los artistas. Porque sí, cada belén es arte, arte popular, y los temas pueden ser tan variados que se da el caso de auténticas ofensas a la dignidad de los hechos, por rebuscar los elementos que cosifican y degradan los personajes históricos de una hermosa tradición dirigida a todos los públicos, también y en especial a los niños.

 

Una Navidad más, he colaborado en la construcción de dos belenes: el del Santuario de Nuestra Señora del Campo, junto con la Asociación Cultural Son de Los Valles (2), y el de la Iglesia Parroquial de Ayoó de Vidriales, con la ayuda de Matías. Dos versiones totalmente distintas del nacimiento, y ambas perfectamente válidas, sirviendo como ejemplo al debate del realismo que acabo de exponer.

 

El belén del Santuario partió de la idea de hacer una mezcla de tradición religiosa, exposición de indumentaria típica de nuestro valle, y una muestra de aperos y herramientas que se guardaron hasta hace apenas medio siglo en un lugar de las casas vidrialesas que da a la calle, llamado comúnmente “portal”. El primer y tercer punto lo creo conocer, no así el tema de los trajes, para el cual hemos contado con las expertas manos del grupo Son de los Valles, que abarcan el extenso mundo del folklore, y que luego complementarían con una gala de villancicos populares zamoranos.

 

Este belén consta de un “portal”, una composición más o menos artística que imita a la cueva de Greccio, que Giovanni - no me cabe duda - adornó con lo que tenía a mano para que pareciese un establo, el edificio donde se recogen las pocas pertenencias de los aldeanos más humildes, inevitablemente agricultores y ganaderos. Rescatados de la misma humildad son todos y cada uno de los enseres expuestos, restos de otros tiempos que engulló la revolución industrial del último medio siglo en la comarca vidrialesa.

 

Unos maniquíes han servido de percha a los originales atuendos que todavía se guardan en viejas arcas, en una colocación belenística: el encuentro de la Sagrada Familia con las primeras gentes que se acercaron al portal a conocer al Niño Dios.

 

Esa es mi visión, pero me parece imprescindible aportar la de Ángel María, miembro fundador de Son de Los Valles, principalmente sobre la indumentaria expuesta, porque me parece francamente muy interesante, y prácticamente imposible de simplificar:


"La Virgen presenta un conjunto de gala, cual novia engalanada con las mejores ropas guardadas con primor en el arca de la casa para la boda. Calza zapatos de tafilete, calados y de hechura antigua con medias de algodón blancas indicándonos su estado social. El rodao negro, de paño fino, con mandil de terciopelo y chambra, donde destacan los agremanes de abalorios y lentejuelas, que a su vez aportan elegancia y enriquecimiento en el conjunto. Al talle, mantón de Manila con escenas chinescas y sobrepañuelo de seda para evitar el roce y el sudor del mantón. A la cabeza, pañuelo de cuadros de seda con cerras y mantilla de paño y seda negra también con abalorios de azabache. Los pendientes de calabaza realizados en plata dorada junto a una rica collarada de corales, cuentas vítreas, medallas y relicarios de diversas devociones hacen que el conjunto resulte de especial importancia.



El Niño se muestra con la indumentaria infantil que con esmero se confeccionaba en casa para vestir a los recién nacidos. Como prenda característica destacamos la mantilla de acristianar o envuelta de paño fino con diferentes adornos con la que se rodea el cuerpo de la criatura y el fajero con el que se ciñe la cintura. La chambra sirve para cubrir el torso y los brazos sobre la cual se coloca el babero. En la cabeza destaca por su colorido el gorrito engalanado con puntillas, pasamanerías y galones, haciendo que la atención sobre el recién nacido recaiga en las diversas prendas para así evitar los alunamientos y supersticiones tan frecuentes. Sobre la cintura destacada el cinturón de dijes y amuletos para la protección del bebé, tales como cascabeles, caracolas, medallas, ramas de coral, evangelios e higas de azabache. Todas las protecciones eran siempre pocas para una criatura indefensa.



San José se nos presenta como buen mozo con traje de gala compuesto de zapatos de oreja, media blanca de algodón, ataqueras o bragas de paño fino con botonadura de plata y cintas de seda a modo de ligas. La camisa de cabezón, de lino con ricos bordados en el cuello y puños, armador de escote de ventana con doble botonadura de moneda y faja de color aportan vistosidad al conjunto, el cual se completa con la capa de estameña parda, de las denominadas de “ala de murciélago”, tan propias y exclusivas de Los Valles de Benavente. A la cabeza, sombrero de paño con cinta de seda anudada al lateral, distintivo predominante de la zona, con algún pequeño adorno obsequio de alguna moza.



El Ángel luce la indumentaria propia de los danzantes de la comarca, quienes representaban a los ángeles en las danzas que interpretaban principalmente en la procesión del Corpus Christi o en otras celebraciones destacadas. Viste zapatillas adornadas con escarapelas de color y media blanca calada de “ochos”, ligas de seda con borlas, enagua y camisa blancas. A modo de alas lleva cintas y escarapelas de seda sobre los hombros, los brazos y el torso. Va tocado con un pañuelo merino anudado a modo de corona. La vestimenta del danzante se complementa con escapularios de diversas devociones populares sobre el pecho, “pañuelos de tiber” a la cintura y unas pequeñas castañuelas o “pitos” en las manos.

Las mozas que se dirigen al portal visten conjuntos vistosos por su colorido y composición.


* Moza de amarillo: luce traje de gala antiguo con rodao amarillo de estameña con labores de picao, mandil de estameña con bordados en lanas, faltriquera de tela de pescadero con picaos, camisa de lino bordada, jubón de paño con bordados en las bocamangas y mantón de cadeneta. A la cabeza un pañuelo de algodón estampado denominado de palma. En cuanto al calzado se aprecia el zapato de oreja y las medias coloradas. Porta en sus manos una cinta de seda como ofrenda, al igual que diversos exvotos de cera, que eran ofrecidos a las imágenes de mayor devoción por favores recibidos o curaciones de partes del cuerpo. Luce pendientes de arracada, gran cruz de Caravaca, collarada de corales y diferentes medallas.



* Moza de verde: viste traje antiguo de gala con rodao verde de estameña con labores de picado y aplicaciones donde destaca el colorido, mandil azul de satén, justillo de paño y camisa de lino. Al torso lleva mantón de mil colores. Zapato cerrado de piel y medias azules. A la cabeza, pañuelo de lana con cerras, denominado “de tiber”. Luce joyería con varias vueltas de coral y medallas de plata, patena de “corazón de novia” además de cuentas de pasta vítrea denominadas “cuentas romanas” y pendientes de polca. Sostiene un bebé ataviado con mantilla y gorrito de acristianar, así como un dijero de amuletos.



*Moza de azul: lleva traje dominguero con rodao azul de estameña con tachón de terciopelo, mandil de lanilla bordado con lanas, camisa de lino, jubona de estameña y mantón de algodón denominado “de sandía”. Zapato de piel con medias de lana y pañuelo de cabeza denominado “de palma”. Se completa el conjunto con pendientes de arracada, collar de vueltas de cristal y corales.

A estas letras solo puedo apuntar que en el momento de hacer las fotos no había joyería, porque se retira al final de cada evento religioso.



El belén expuesto en la Iglesia Parroquial de Ayoó, en cambio, muestra el estilo más extendido: un paisaje más o menos adornado, tradicionalmente ligado al musgo, en el que se muestran usos y costumbres intemporales. En un lugar privilegiado destaca un espacio recogido donde la Sagrada Familia parece ocultarse o abrigarse de las inclemencias humanas o atmosféricas. Este año, hemos querido resaltar el colorido neutro, la sequedad, en señal de duelo por los crudos tiempos que atravesamos.





En todos los belenes, dentro de la variedad, siempre destaca la misma esencia: el aporte extra de ilusión y ternura. Hay muy pocos rostros que no se iluminan, aunque sólo sea mínimamente, al encontrarse con un nacimiento, por humilde que sea. Al menos los de la gente de buen corazón. Para todos ellos, el deseo de las tres “efes”: felices y familiares fiestas, y que el viejo año que concluye haya sido menos propicio que el nuevo que ya pugna por comenzar.

 

Feliz y auténtica Navidad.

 

Referencias:

1-   elcorreoweb.es/aladar/cuando-surge-la-tradicion-de-montar-el-belen-BE7035715

2-   https://www.facebook.com/SondeLosValles