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sábado, 22 de noviembre de 2014

Un ramito de violetas



En su día, me propuse hacer una trilogía pendonera del norte de Zamora y sur de León: el estudio de cada uno de los tres valles, extraordinariamente ricos en arqueología y hermanados en sociedad, como acreditan los numerosos yacimientos y los incontables lazos afectivos entre naturales de los pueblos de las tres riberas: Tera, Almucera y Éria. No ha podido ser, todavía es tan grande el patrimonio que tres de mis pequeños artículos no compensan ni de lejos tamaño proyecto. Así que seguimos por la zona, siguiendo Pendones, una gratificante afición.

Tras unas cuantas llamadas de teléfono para localizar rastros y personas que nos abran puertas, encaminamos un nuevo sábado el coche en dirección Benavente, valle Tera abajo, con la ilusión y esperanza de hallar algo que llevarnos en las retinas de nuestras cámaras y libretas. No me canso en agradecer la colaboración, en este caso, de D. Baltasar, párroco de Santa Cristina de la Polvorosa; de Enrique, teniente alcalde de éste ayuntamiento; de Jose, presidente de la asociación cultural Santa Cristina; del señor Benigno, que tan amablemente nos atendió pese a sus quehaceres, y a cuantos aparecieron en torno a sus Pendones. Siempre sorprende y agrada tan buena disposición en este tema.

Comenzamos en Santa Cristina de la Polvorosa, a escasos kilómetros de Benavente, famosa por sus productos de la tierra, en especial sus quesos. Mis invitados son Jose, de Soto de la Vega, ya asiduo en mis últimos artículos; Gelo, de Sopeña y Carneros, Procurador de la Tierra; y Flori, de Posadilla de la Vega, pendonera y nuestra particular escribiente. Sólo apuntar como un poco de historia, que en esta comarca Alfonso III El Magno, allá en el año 878, acaudilló la derrota total de las huestes musulmanas en la batalla de Polvoraria, según dicen ayudado por el campo de batalla polvoriento y fuerte viento a favor de las tropas cristianas (he aquí el origen de Polvorosa). D. Baltasar nos abrió las puertas de la Iglesia, y puso en contacto con Enrique y Jose, para mostrarnos su Pendón y Pendoneta, recientemente recuperados según los colores originales. Primeramente desenvolvimos la pendoneta, preciosa y multicolor, muy ligera y manejable. Consta de una vara de 4,70 m, multilaminada, con lanza torneada de madera. El paño es de los más llamativos que se pueden ver, de 7 franjas de 25 cm con pasamanería dorada, de estos colores en sentido descendente: violeta claro, azul oscuro, azul, blanco, dorado, rojo y verde. Largo de paño arriba 2,40 y abajo 1,37. Repito, preciosa. La vara del Pendón es igualmente multilaminada, de 9 m. de larga y coronada por una cruz de 30 cm; una vara demasiado robusta, nos pareció, para su manejo con comodidad. El paño es muy holgado y tremendamente bello; 4,80 m de alto, 6,90 de ancho arriba y 3,90 abajo, con los mismos colores que la Pendoneta. Vestido es un Pendón impresionante; ofrecería mi reino por llevarlo un rato. Muchas fotos, agradable charla con nuestros anfitriones, un apretón de manos, y continuamos muy satisfechos nuestro periplo volviendo carretera arriba.

Segundo pueblo, Colinas de Trasmonte; y como viene siendo norma, dirección Iglesia, situada por regla general en lo más alto, en algún montículo si lo hubiere, como es el caso. Parece ser que por iniciativa de Solidaridad Intergeneracional, financiado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, un popular taller de arte diseñó y decoró con respetables y respetados graffitis este entorno para elevarlo a la categoría de bello, de especial. Pues veamos también los colores que encabezan las procesiones festivas que se celebran el segundo domingo de mayo, la novena, y el 22 de junio, San Juan.

El señor Domingo nos enseñó, escondida bajo el coro de la tan pequeña como cuidada Iglesia, una vara de una pieza finamente labrada de 3,40 de alta rematada con cruz de 20 cm. En las enormes cajoneras de la sacristía se guardan dos paños abanderados, de 2,10 de altos por 2,60 de largos. Vestimos la vara con el primero: rojo, verde y rojo, y se lo enseñamos al cielo que comenzaba a querer llover. Varias fotos de rigor y probamos el segundo, algo más antiguo, que no entra por lo que suponemos que tenía otra vara. De idénticas proporciones que el anterior, conserva el color verde del centro, y cambia el de las otras dos franjas exteriores por el morado. Entonces me ha venido a la memoria una de las más bellas historias jamás cantadas, mucho morado y poco verde hace “un ramito de violetas”; y uno de tantos amargos accidentes en nuestras carreteras. Era una apacible madrugada de agosto que se tornó trágica en segundos, al colisionar un coche que bajaba de Vigo contra un carro agrícola, resultando heridos el conductor del carro y su esposa, y dos de los cuatro ocupantes del vehículo. Entre los otros dos, que fallecieron en el accidente, se encontraba la cantautora Evangelina Sobredo, conocida como Cecilia, laísta con gusto, que viajaba dormida en el asiento trasero. Era el año 1976 y tenía tan solo 27 años. Este es mi tributo para una de nuestras inolvidables; hoy, en el día de Santa Cecilia, patrona de la música, de quien con seguridad tomara el nombre artístico. Sin duda aquel día murió una estrella en Colinas de Trasmonte. Vaya por ella, que músicas y pendones siempre han ido de la misma mano.

Santa Cristina de la Polvorosa








Colinas de trasmonte








Y el ramito de violetas


Va por ti, Cecilia


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