No se les llama
precisamente “valla”, pero queda bien como título para este artículo. Por aquí
les decimos “la tapia”, o “la pared del huerto”. Son cercados con materiales
autóctonos que envuelven nuestros pueblos, más con el objeto de división y
abrigo que el de protección. Sus viejos constructores buscaban la economía y la
durabilidad en estas modestas obras, sin importar la estética, y para ello usaban
piedras asentadas con barro, piedras “secas” (sin aglutinante alguno), terrones
de césped o tierra apisonada (tapia) o un poco de todo. Al alcanzar la altura
estimada, para protegerlas de lluvias y nieves, las coronaban con “la barda”.
Ésta se construía de varias formas, sobre piedras planas y delgadas llamadas
“rafalas”, o sobre un lecho de ramas de urz transversales, con unos ordenados terrones
de césped colocados al revés, con la raíz hacia arriba; o sólo con “rafalas” o
tejas. Terminaba de cerrar el recinto una improvisada puerta, creada con
maderas desechadas para otros fines. La cerradura, y terminamos el huerto, un
tranco o una cuerda, que ya dice el proverbio chino: “La puerta mejor cerrada
es aquella que puede dejarse abierta”. Dicen que los huertos nacieron en el
neolítico de la mano de las mujeres. Al lado de sus viviendas, mientras los
hombres salían a cazar o pescar (o a sus cosas), sus compañeras, previsoras,
cultivaron primero cereales y después verduras, legumbres y hortalizas. Esto
poco ha cambiado en nuestros pueblos. Ellas (normalmente) siguen siendo las
directoras de ese complicado mundo de parcelitas para semillas, parcelitas para
trasplantes, parcelitas para “pronto”, las otras para “luego”… ellas siguen los
rituales de visitas, riegos, entresaques, préstamos, comentarios… y ellas se llevan
a casa orgullosas los apetitosos manjares que vieron nacer y crecer bajo sus
cuidados y mimos. Me avergüenza decir que en los últimos años algo está
cambiando en nuestros huertos, el respeto de algunos por los bienes ajenos
comienza a ser un bien escaso y totalmente reprobable. Para ellos mi deseo:
“Mal haya a quienes profanen este santuario a la fecundidad. Mal aprovechen
hurtos y destrozos que no valen más que la calderilla de los bolsillos, pero se
llevan consigo amor de cuidadora “madre” y las ofrendas para su otro recinto
sagrado, la cocina de su familia. Lo que con cariño donaren, con odio
maldicieren; y no con poca razón, porque cuán fácil se deja querer la tierra y
que desagradecida parece la mano que roba y alimenta. Amén”
eltijoaquin@hotmail.com - facebook.com/El Ti Joaquin
domingo, 17 de marzo de 2013
viernes, 8 de marzo de 2013
Mitos rurales
Aunque parezca
mentira, es muy común la zoofobia, el miedo a los animales concretos, no por el
daño físico que pueda causar el encuentro con ese animal, si no miedo a ese
enfrentamiento, miedo al miedo. A casi todos nos dan miedo, o por lo menos repelús,
las serpientes, o los sapos, las arañas, los ratones…, o algún otro animal, que
aunque sabemos que no nos van a hacer daño nos cuesta mantenernos serenos
compartiendo local, o cercanía.
En nuestra comarca, y casi en el resto del país, todos son prácticamente inofensivos y beneficiosos, para nosotros y para el ecosistema del que formamos parte, perfectamente autorregulado, en el que la carencia de alguno disparará las poblaciones de otros provocando plagas y descontrol de funciones que disminuirán la calidad del medio ambiente. Estas bondades son distintas en otras variedades y en otros países, hablaríamos de portadores de venenos extremadamente tóxicos, y mortales en la mayor parte de los casos. Por ejemplo, una “inocente” ranita (rana dardo) es el animal más venenoso, y en lo posible necesario de evitar, del mundo; por fortuna tampoco habita en nuestra península.
La sabiduría popular mitifica y exagera los efectos de los ataques de nuestros convecinos. He reunido algunos dichos, pareados para mejor recuerdo, oídos por estos pueblos; el primero dice así: “Si la víbora oyera, y el liso viera, no existiría el hombre sobre la tierra”. La víbora no suele causar graves problemas en personas sanas, si son atendidas correctamente, de todas formas es el peor caso en la lista y muy raramente llega a ser mortal. Su primera reacción es la huída, y sólo en el caso de verse acorralada atacará; el “liso” es un inofensivo eslizón, de la familia de los lagartos, que come orugas, grillos, babosas, saltamontes, arañas… carente de veneno y en peligro de extinción; se suelen ver por Prepalacio entre la hierba. Segundo dicho: “Si te pica un alacrán no vuelves a comer más pan”. Por alacrán se conocen dos animales distintos, el escorpión y el alacrán de agua. En la península ibérica existen 5 variedades de escorpiones; el más peligroso es el Buthus Occitanus, de picadura dolorosa pero no peligrosa, (yo conozco dos casos que no precisaron tratamiento), y los demás producen picaduras similares a abejas o inferiores. El alacrán de agua es una chinche acuática inofensiva, con patas anteriores prensiles y un sifón trasero que utiliza para respirar, de ahí su parecido al escorpión. Tercer dicho: “Si te pica una salamanquesa, coge el pico y la pala y vete pa la puerta de la iglesia”. La salamanquesa es de la familia de las lagartijas, un reptil con escamas, aunque creo que el dicho se refiere al tritón, anfibio, de la familia de las salamandras. Ni la salamanquesa ni el tritón “pican”, ni envenenan sus mordiscos, si pudieran darlos. Cuarto dicho: “Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hinchó el papo”. A los sapos se les sataniza, desprecia y mata aunque en cada jardín debiera haber unos cuantos para el control de los insectos. Su piel contiene toxinas, que darán un buen dolor de barriga a un posible predador. Por nuestra zona a ese “veneno” se le llama “cogío” y realmente son totalmente inofensivos y beneficiosos. Quinto dicho: “Si te pica una salamandra, a la puerta tienes las andas”. Las salamandras son, de la lista, mis preferidas; además de anfibios muy sensibles a la contaminación, así que si os la encontráis en una fuente indica que las aguas son de buena calidad. No “pican”, porque no tienen aguijón ni colmillos y tampoco veneno alguno. Su nombre, seguramente, es persa y compuesto por “sam” (fuego) y “andarūn” (dentro) y tiene que ver con otro mito, el de vivir entre el fuego y su poder de extinguirlo. En el Renacimiento se vendía un producto llamado “lana de salamandra”, con dos cualidades, ignífugo y extremadamente caro. Los comerciantes ocultaban su verdadera procedencia, el amianto, para elevar el precio por relacionarlo con la salamandra y su fantástica facultad. Aunque la verdadera y la más importante sea la misteriosa capacidad de regenerar los miembros amputados, es el único vertebrado con este don, y además sin cicatrices.
Todos estos inocentes animalillos viven en torno a nuestros pueblos, y los dichos exageran, pero también sirven, o sirvieron, para preveer y educar. Con ellos, de niños, aprendimos técnicas de prevención de posibles problemas. A nadie se le ocurría, por ejemplo, meter la mano debajo de una piedra que estuviera fuera del agua, o tentar a un animal sin haber repasado mentalmente la lista de mitos. Nos enseñaron que los animales no son juguetes para manosear, encerrar o torturar; son seres, hijos como nosotros de la naturaleza, que se deben de tratar con precaución y respeto. Recuerdo que de niño nos hacían meditar con aquella pregunta… “¿a ti te gustaría que te hicieran lo mismo?”. Claro que no, y sin más explicaciones conocimos el límite de la convivencia y el valor de la tolerancia.
Decía que las salamandras son indicadores de alta calidad medioambiental. ¿Sabéis? en Ayoó abundan. Esta la encontré a la puerta de casa, le hice unas fotos y la dirigí al lugar pedregoso de donde salió tras unos días borrascosos; en eso se parecen al arco iris, para poder gozar de su compañía, primero hay que soportar la lluvia.
En nuestra comarca, y casi en el resto del país, todos son prácticamente inofensivos y beneficiosos, para nosotros y para el ecosistema del que formamos parte, perfectamente autorregulado, en el que la carencia de alguno disparará las poblaciones de otros provocando plagas y descontrol de funciones que disminuirán la calidad del medio ambiente. Estas bondades son distintas en otras variedades y en otros países, hablaríamos de portadores de venenos extremadamente tóxicos, y mortales en la mayor parte de los casos. Por ejemplo, una “inocente” ranita (rana dardo) es el animal más venenoso, y en lo posible necesario de evitar, del mundo; por fortuna tampoco habita en nuestra península.
La sabiduría popular mitifica y exagera los efectos de los ataques de nuestros convecinos. He reunido algunos dichos, pareados para mejor recuerdo, oídos por estos pueblos; el primero dice así: “Si la víbora oyera, y el liso viera, no existiría el hombre sobre la tierra”. La víbora no suele causar graves problemas en personas sanas, si son atendidas correctamente, de todas formas es el peor caso en la lista y muy raramente llega a ser mortal. Su primera reacción es la huída, y sólo en el caso de verse acorralada atacará; el “liso” es un inofensivo eslizón, de la familia de los lagartos, que come orugas, grillos, babosas, saltamontes, arañas… carente de veneno y en peligro de extinción; se suelen ver por Prepalacio entre la hierba. Segundo dicho: “Si te pica un alacrán no vuelves a comer más pan”. Por alacrán se conocen dos animales distintos, el escorpión y el alacrán de agua. En la península ibérica existen 5 variedades de escorpiones; el más peligroso es el Buthus Occitanus, de picadura dolorosa pero no peligrosa, (yo conozco dos casos que no precisaron tratamiento), y los demás producen picaduras similares a abejas o inferiores. El alacrán de agua es una chinche acuática inofensiva, con patas anteriores prensiles y un sifón trasero que utiliza para respirar, de ahí su parecido al escorpión. Tercer dicho: “Si te pica una salamanquesa, coge el pico y la pala y vete pa la puerta de la iglesia”. La salamanquesa es de la familia de las lagartijas, un reptil con escamas, aunque creo que el dicho se refiere al tritón, anfibio, de la familia de las salamandras. Ni la salamanquesa ni el tritón “pican”, ni envenenan sus mordiscos, si pudieran darlos. Cuarto dicho: “Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hinchó el papo”. A los sapos se les sataniza, desprecia y mata aunque en cada jardín debiera haber unos cuantos para el control de los insectos. Su piel contiene toxinas, que darán un buen dolor de barriga a un posible predador. Por nuestra zona a ese “veneno” se le llama “cogío” y realmente son totalmente inofensivos y beneficiosos. Quinto dicho: “Si te pica una salamandra, a la puerta tienes las andas”. Las salamandras son, de la lista, mis preferidas; además de anfibios muy sensibles a la contaminación, así que si os la encontráis en una fuente indica que las aguas son de buena calidad. No “pican”, porque no tienen aguijón ni colmillos y tampoco veneno alguno. Su nombre, seguramente, es persa y compuesto por “sam” (fuego) y “andarūn” (dentro) y tiene que ver con otro mito, el de vivir entre el fuego y su poder de extinguirlo. En el Renacimiento se vendía un producto llamado “lana de salamandra”, con dos cualidades, ignífugo y extremadamente caro. Los comerciantes ocultaban su verdadera procedencia, el amianto, para elevar el precio por relacionarlo con la salamandra y su fantástica facultad. Aunque la verdadera y la más importante sea la misteriosa capacidad de regenerar los miembros amputados, es el único vertebrado con este don, y además sin cicatrices.
Todos estos inocentes animalillos viven en torno a nuestros pueblos, y los dichos exageran, pero también sirven, o sirvieron, para preveer y educar. Con ellos, de niños, aprendimos técnicas de prevención de posibles problemas. A nadie se le ocurría, por ejemplo, meter la mano debajo de una piedra que estuviera fuera del agua, o tentar a un animal sin haber repasado mentalmente la lista de mitos. Nos enseñaron que los animales no son juguetes para manosear, encerrar o torturar; son seres, hijos como nosotros de la naturaleza, que se deben de tratar con precaución y respeto. Recuerdo que de niño nos hacían meditar con aquella pregunta… “¿a ti te gustaría que te hicieran lo mismo?”. Claro que no, y sin más explicaciones conocimos el límite de la convivencia y el valor de la tolerancia.
Decía que las salamandras son indicadores de alta calidad medioambiental. ¿Sabéis? en Ayoó abundan. Esta la encontré a la puerta de casa, le hice unas fotos y la dirigí al lugar pedregoso de donde salió tras unos días borrascosos; en eso se parecen al arco iris, para poder gozar de su compañía, primero hay que soportar la lluvia.
viernes, 1 de marzo de 2013
Al ti Joaquín.com
El pasado día 25 fue
especial para éste vuestro blog. Se cumplían 3 años desde aquel aparentemente
lejano febrero del 2010, en el que tímidamente salía a escena mi afición por la
divulgación de estas cosas de nuestro pueblo y su contorna. Para conmemorar la
fecha, he guardado un regalo de un amigo, la visión que tiene sobre mi persona
y forma de actuar desde la perspectiva de la poesía, esa que a veces se muestra
extraña y a veces metafórica, pero siempre hermosa. Gracias a todos por estar
ahí, y particularmente… ¡Gracias, Emilio!
AL TÍ JOAQUÍN.COM
En tierras de La
Valdería,
de la provincia
de León,
Calzada tiene por
nombre,
el pueblo donde
nació.
Es de la raza
cazurra,
erudito, noble y con
garra,
y hasta el mismo rey
Ordoñez,
en sus huestes
deseara.
Con el devenir del
tiempo,
a Zamora se traslada
y buscando nuevos
amores,
en Ayoó de Vidriales
se casa.
En Vidriales se
establece,
realizando
diversas artes,
destacando la
albañilería,
que es su oficio de
base.
En ella, como
ninguno,
no hay nadie que le adelante,
y en sus obras con
destreza,
deja su firma
flamante.
Destaca en muchos
campos,
por su entrega y
gallardía,
pero también
sobresale,
en las letras,
literatura y poesía.
En internet y su
blog,
" el
tijoaquin.com ",
periódicamente edita,
interesantes
artículos,
romances y poesías,
ensalzando nuestras
tierras,
de Vidriales y La
Valdería.
Es tanta la
concurrencia,
que a su blog
se avecina,
que se quedan
sorprendidos,
por su sabia y
valentía.
No hay nada que se le
oponga,
en destreza y en bravía,
es el primero en las
artes,
las letras y la
albañilería
y cómo no, en la
Iglesia,
para ayudarla e
imaginería.
Por todas estas
virtudes,
y otras muchas que
escondieres,
hoy te proclama tu
amigo,
" señor de los
vidrialeses ".
EMILIO LÓPEZ FERRERAS
sábado, 23 de febrero de 2013
¿Publicar o borrar?
Las máquinas son monstruos crueles carentes de sentimientos.
En poco tiempo de sus garras metálicas hemos visto el destrozo en una de las
zonas más románticas de nuestro pequeño pueblo… pueblo.
Primero fue la agónica
fuente de la iglesia, icono ayoíno ya del pasado, saciadora de secaños,
colmadora del pilo, regadora de todo Prepalacio y alimento de costumbres, como
las de detenerse ante los caños para lavar manos y cara, aunque estuviesen
limpias, beber sin sed, admirar su continuo correr y salpicar, o zambullirse en
sus aguas almacenadas por la fiesta de San Bartolo. Las máquinas actuaron a
sabiendas de atentar contra la estética y la indulgencia de todos respecto a la
figura y composición de la no tan vieja aguadora. Un frío e inexpresivo muro de
hormigón recogió el mismo manantial y lo deposita en el mismo sitio, pero todos
sabemos que ya no es lo mismo, y que tardaremos en cogerle cariño, si acaso
acaba mereciéndolo.
Ahora acaba de caer su vecina, la valla pétrea de la huerta
del cura, la que lucía una melena de tupida hiedra que cada año un vecino se
preocupaba de recortar para parecer, consiguiéndolo, más esbelta y hermosa.
Otra máquina hundió sus fauces en tan frágil cerramiento, levantado con las
piedras acarreadas desde la sierra o la peña, barro de los alrededores de
nuestras cuevas, pajas trilladas en las eras y amor de canteros. Nulo esfuerzo
actual para tanto sufrimiento y sudor pasados, claro ejemplo de la ley del
embudo.
Siento ambas pérdidas, el entorno de nuestra iglesia con este par de
obras cambiará demasiado, para mi gusto no para mejor, y es solo una opinión
parcial, coaccionada por el respeto y la pasión que me ha infundido la
construcción tradicional. Ninguna necesidad aconsejaba estos cambios, quitarle a
un pueblo sus cosas de pueblo es como quitarle el color a la leche. La fuente
nueva será copia de otras fuentes…, la antigua era más o menos bonita… pero
única y original, y ahí está el valor que se fue por el desagüe y a la
escombrera. La valla de piedra estaba torcida, la puerta rota, en el huerto
reinaban las zarzas… pero pienso que quizás algunas veces deberíamos dejar de
modernizar lo natural, o acabaremos con la naturaleza.
¿Una plaza?, ya tenemos
y no necesitamos más, ¿un jardín? para eso no hacían falta destrucciones, ¿un
parque? lo tenemos y no usamos, porque vivimos rodeados de uno, enorme y
maravilloso, que es el pueblo que queremos convertir en… no sé qué. A fuerza de
querer presumir acabamos confundiendo, y cuando a nuestro pueblo le hayamos cambiado
estas cosas, dejará de ser pueblo para tampoco ser ciudad; perdiendo su
identidad.
Llamadme retrógrado, antiguo, enemigo de actualizaciones y
modernidades, pero es que si quisiera vivir entre asfalto y edificios de acero
y cristal no viviría en Ayoó, tengo que decirlo, este querido pueblo. Las
máquinas, decía, no tiene sentimientos; su corazón permanece frío hasta que una
chispa lo despierta en medio de un trueno, para que sus venas recobren la
abrumadora energía del fluido hidráulico. Luego la destrucción… y de nuevo el
frío. Quien sabe, si de tener sentimientos y potestad algunas veces no
aportarían su objeción de conciencia para evitar tanto estrago y cicatriz.
Perdón, hoy estoy tan triste como el día, lluvioso, y mi blog ha querido
escucharme. A lo mejor en lugar del botón de “publicar” el correcto hubiera
sido “borrar”, y a lo peor pronto lo haga. En fin, adiós fuente de piedrecitas
de cuarzo, adiós huerto del cura, y si no queda más remedio… bienvenido, don
hormigón.
P.D.- Es cierto, demasiado sentimentalismo; mañana seguro
que lo veré de otra forma. Ánimo con los cambios; decía Buda (-600 a. C.) que "Siendo
reconocido que las cosas han de transformarse, todavía hay quienes se aferran a
ellas...", parece ser que hablaba de mi…
sábado, 16 de febrero de 2013
Carnaval y ceniza
Un poco de historia para completar el artículo anterior: el diccionario
etimológico castellano e hispánico del filólogo Joan Corominas apunta la
posible procedencia de la palabra “carnaval”: “carnelevare”, compuesta de
“carne” y “levare” (quitar), por ser las últimas fiestas antes del inicio del
ayuno en la cuaresma. Ésta se estableció en el siglo IV como espacio de 40 días
similares a los que pasó Jesucristo en el desierto, y como homenaje era
aconsejable el ayuno y la abstinencia. Pero a partir del siglo VII se
excluyeron los domingos por ser días festivos y por tanto permisivos.
Actualmente, la Cuaresma son los 40 días que van desde el Miércoles de Ceniza
al Sábado Santo, sin contar los 6 domingos, que pronto adquirieron los nombres
que recogiera la copla que las memorias, también las ayoínas, han portado hasta
el día de hoy: “Ana, Susana, Suseca,
Rebeca, Lázaro, Ramos, y en pascuas estamos”. En el siglo XI la Iglesia
Católica comenzó a imponer la ceniza, como símbolo de muerte, para recordar lo
efímera de la vida e invitar a la reflexión. Durante la ceremonia las frases
han ido cambiando, los mayores recuerdan aquella curiosa de “polvo eres y en polvo reverteres”, (del
latín Pulvis es, in
pulverí reverter is, (Gn. 3,19)). Pero hablando de reflexiones
religiosas, me gustaría invitar a una, extensible también para los laicos,
basándome en las palabras de Carl Sagan, incuestionable científico y divulgador
de los últimos conocimientos sobre el cosmos que nos acoge y envuelve. Si
ciencia y religión en muchos temas no son afines, su conclusión sobre los
siglos de estudio del universo es cuanto menos asombrosa: “...Y entonces, un día, llegó una criatura cuyo material genético no
era muy diferente de las estructuras moleculares reproductoras de cualquier
otra clase de organismos del planeta, que dicha criatura llamó Tierra. Pero era
capaz de reflexionar sobre el misterio de su origen, de estudiar el extraño y
tortuoso sendero por el cual había surgido desde la materia estelar. Era el
material del Cosmos contemplándose a sí mismo. Consideró la enigmática y
problemática cuestión de su futuro. Se llamó a si mismo humano. Y ansió
regresar a las estrellas”. Podríamos definirla como la forma poética de la
teoría de la panspermia, que explicaría el nacimiento de la vida en la tierra,
relegando a la vida en sí, a la maravillosa naturaleza viva, a mera contaminación
interestelar. Para mi es tanto como decir “solo sé que no sé nada”, del viejo
sabio Sócrates, aunque también añade otra famosa frase: “somos polvo de
estrellas”, (curiosamente, y he aquí el objeto de meditación, nuestro “polvo
eres…”). Volviendo al martes de Carnaval, otra tradición manda en su mañana a
participar uno de cada casa en trabajos comunitarios, en las “yeras” (antes se
hacía al toque de las campanas). Limpiezas de regueros o terrenos comunes,
fuentes, podas de árboles, plantaciones, riegos de praderas, etc, a cada
participante se le asigna un trabajo o una medida, la “varada”, que deberá
cumplir bajo la supervisión del alcalde/alcaldesa o de un concejal. Como
premio, por la tarde un tino de escabeche, pan y vino se reparten en el bar del
ayuntamiento. Algunos, que no podemos cumplir la tradición de los trabajos ni
acudir a la tarde al bar, nos juntamos para cenar el escabeche en el día que no
sé porqué, mejor sabe. Al menos nos lo parece.
domingo, 10 de febrero de 2013
Soy yo... ¡carnaval!
A un tiro de piedra
de Vidriales, en la vecina La Bañeza, se desarrolla una de las fiestas
importantes en España, como acredita su declaración de Interés Turístico
Nacional, el Carnaval de La Bañeza. Famoso por su discurrir colorista y divertido, sin
rivalidades ni competencias por no haber premios para los participantes; famoso
por su bullicio y descontrol callejero y también por saltarse la prohibición
expresa de su celebración durante la dictadura franquista. El 3 de febrero del
37 se publicó un bando para “aconsejar un
retraimiento en la exteriorización de las alegrías internas… …éste gobierno
general, ha resuelto suspender en absoluto las fiestas de carnaval”. De
poco sirvió, los bañezanos siguieron saliendo a la calle, si no podían
disfrutar de esas fiestas tendrían otras, “las Fiestas de Invierno”, que serían
las mismas pero con distinto nombre; eso si, pendientes de los “civiles”, para
salir por piernas en caso de encontrárselos haciendo vigilancia. También es de
mención que casi siempre hicieron la vista gorda, y así se acuñó la expresión
tan bañezana de “correr el carnaval”. Este año comienza el 8 de Febrero, con el
Viernes Tranquilo, fiesta de las agrupaciones, en las que destaca el grupo “los
Tranquilos”; el día 9: sábado de chispas, pregón del carnaval, proclamación de
la musa del carnaval 2013 y exhibición de tocados; el domingo 10,
desfile-repetición de los disfraces del martes del año pasado; el lunes 11,
carnaval infantil y a partir de las 12 de la noche comienza la Noche Bruja; el
martes 12 es el gran desfile, con más de 60 grupos previstos y otros muchos que
van por libre; y el miércoles de ceniza se celebra el Entierro de la Sardina,
sonoro cortejo fúnebre rodeado de “lloronas” que termina en la Plaza Mayor,
donde “el Corvillo” recita coplas, unas populares, otras anónimas, críticas con
situaciones o personajes populares. Hoy domingo la tarde estuvo desapacible,
muy fría. Incluso nevó un poco. Pero nada pudo con el desfile, quizás lo
pasáramos peor los muchos espectadores que a pié firme aguantamos el paso de
los grupos y charangas. Los termómetros callejeros marcaban 1 grado, con
viento, por lo que la sensación térmica fue de inferior temperatura. Nada que
no se arreglara luego con un chocolate y los famosos churros bañezanos. ¿El
espectáculo?, genial, muy trabajado, os dejo algo de un todo que describe perfectamente una frase de
Delmira Agustini: "Frufrúes, tintines, sedas, cascabeles, collares de risas,
chillidos alegres. ¿Quién es? ¡Adelante!
Soy yo... ¡Carnaval!"
lunes, 4 de febrero de 2013
Santa Brígida y los renoberos
Me fascinan los
rompecabezas. Os presento uno que doy por completado, aunque se podría hacer
tan extensible que necesitaría mil veces este espacio para exponer la cantidad
de acepciones, lugares e interpretaciones relacionados con el tema; yo solo
adelanto mi resumen, y lo que está más relacionado con nuestro cercano entorno,
por tanto, lo que nos atañe e importa. Principiamos: La primera pieza es una
tradición celebrada en Ayoó, la que me dio un susto de muerte el mismo día que
la conocí. Era una media noche de invierno, en la que no recuerdo el motivo,
pero me adelanté a ir a dormir. Con algo que leer en las manos, oí las campanas
sonar con insistencia. Eso significa poco bueno, por lo que me tiré de la cama,
puse a toda prisa la ropa y salí a la calle en busca de un resplandor. Al no
ver nada extraño, bajé a la calle de la Iglesia en busca de personas alteradas
que me explicaran que sucedía, y la tranquilidad era absoluta, aunque las
campanas seguían a todo trapo. Volví a casa, (por ahí tenía que haber
empezado), y entonces me explicaron que no pasaba nada, que era Santa Brígida.
¿?. ¿A las doce de la noche se tocan las campanas sin oficio religioso,
problema o aviso, sólo por ser Santa Brígida? Busqué entonces la segunda pieza
en el santoral, y la santa que incita al alboroto nocturno tiene poca o nula representación
en los retablos españoles, se trata de Santa Brígida de Kildare, o de Irlanda,
que nació en el año 451, hija de un rey pagano y una esclava cristiana, y fundó
el primer monasterio mixto de Europa. Murió en 525 y fue declarada patrona de
Irlanda. ¿?. La tercera pieza que uniera las dos anteriores traté de
encontrarla en la sabiduría de nuestros campaneros. Por desgracia ninguno de
ellos me ha dado mayor explicación que la continuación de la tradición heredada
de los mayores. Una cuarta pieza la encontré en Congosta, donde también se
repite el toque nocturno, aunque dicen que es “para echar a enero fuera”. ¿?.
Pobre enero, qué mal habrá hecho para despedirlo con tanta algarabía. Aunque
también me hablaron de ciertos “renuberos”, que asociaron con los sapitos que
parecen corretear contentos por el suelo tras el paso de una fuerte tormenta
veraniega, quienes la leyenda arroja desde las nubes. Esto comienza a cuadrar. Para
la quinta pieza salté lo que llaman las últimas estribaciones del Teleno, la sierra
de San Félix, en el pueblo que le da nombre, donde hace pocas décadas también
había sesión musical, y allí encontré los “renuberos” de Congosta con el ligero
matiz del viejo hablar leonés: “reñubeiros”, también relacionados con las
tormentas, a los que acusan además de deformes, porque dicen, o mejor, decían
“eres más feo que un reñubeiro”. Para seguir visualizando el rompecabezas
aportaremos la descripción de los “renoberos”, (nuestros “renuberos”), seres
malignos que habitan en las nubes, amasadores de granizos, fabricantes de
tormentas, y por tanto enemigos acérrimos de los agricultores y ganaderos de
una vasta zona que comprende el éste de Galicia, (allí son “nubeiros”), sur de
Asturias (nuberus) y norte de León (renoberos), lugares donde el primer día de
febrero se tocaban, o tocan las campanas con el convencimiento y la esperanza
de persuadir y alejar a esos seres perversos y así proteger sus bienes. Más
curioso es el origen, el motivo de relacionar precisamente a Santa Brígida, 1
de febrero, con agricultura y ganadería. El nombre Brígida es celta, Brigid,
divinidad femenina, quienes la asociaban al fuego, a las montañas y a cualquier
estado considerado elevado como la inteligencia o la perfección. Los celtas
celebraban equinoccios y solsticios, y sus cuatro intermedios: a grandes
rasgos, el primero de febrero “Imbolc”, celebración de purificación; el primero
de mayo “Beltaine”, que marcaba la llegada del buen tiempo, con el encendido de
hogueras para hacer saltar sobre ellas los ganados y librarlos de enfermedades;
el primero de agosto “Lughnasad”, comienzo de las cosechas y celebración de
torneos y juegos; y el primero de noviembre “Samhain”, su año nuevo, día que
dedicaban a sus muertos y espíritus. Vemos pues algunas importantes fiestas
paganas cristianizadas, Santa Brígida, purificadora; San José Obrero, fiesta
del trabajo; y Todos los Santos, con su contenido funerario y últimamente la
pagana fiesta de Halloween. Volvemos a remover la quinta pieza para que acabe
todo de encajar, la de San Félix de la Valdería. Allí dicen que la noche de
Santa Brígida se hacen hablar las campanas, que, (egoístamente), para alejar las
nubes lanzan los gritos de:
A los montes de
Toledo, que no hay trigo ni centeno;
a los montes de Granada,
que no hay trigo ni cebada.
Y en las casas
rezaban con fervor la jaculatoria:
Santa Brígida
bendita,/ tu que estás en los cielos,
líbranos de los pedriscos/
que tiran los “reñubeiros”
Resumiendo, esta tradición
es un ejemplo de sincretismo, la mezcla de culturas y religiones, es la
preocupación de los diversos pueblos de la antigüedad a sentirse solos y
desamparados, y la búsqueda o el mantenimiento de ritos ancestrales confiando a
lo mágico sus mejores bienes. Ahora ya no creemos en “renobreros”, y está de
moda el laicismo; no importa, sé que seremos muchos los que continuemos con los
ritos aunque solo sea por respeto a nuestros antepasados y sus herencias. Ésta,
en concreto, me encanta. Rompecabezas solucionado.
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