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sábado, 20 de abril de 2013

Manolo, el herrero


 

 









Decía acertadamente Graham Greene (1904-1991), novelista británico, que “siempre hay un momento en la infancia en el que se abre una puerta y se deja entrar al futuro”. A Manuel Diez Barrigón esa puerta se abrió a los 9 años, y lo arrastró para siempre. En tan tierna edad abandonó su pueblo natal, Santa Eulalia de Tábara, dejó con gran pesar su casa, su familia, sus amigos…, para irse con su tío Ginés a vivir a Santibáñez, pueblo vidrialés en el que regentaba una fragua, para conocer e instruirse en el duro oficio de herrero. Para describir este hecho, hoy recurriríamos a términos tan severos como privaciones, explotación, abuso… Era el año 1948, y Manuel, como el resto de contemporáneos que tampoco disfrutaron de una niñez ociosa, nunca lo ha visto así; al contrario, habla con orgullo y naturalidad de aquellos años difíciles en los que toda ayuda fue poca para salir adelante.

Con detalle cuenta como comenzó levantándose temprano para a las 7 de la mañana estar ya en la fragua, hacer lo mandado hasta las 9, asearse, desayunar, e irse al colegio. Por la tarde, tras los deberes, volvía decidido a dar un último empujón al negocio familiar. Esta costumbre lo acompañó el resto de su vida laboral; madrugar para encender la fragua y trabajar en ella 2 ó 3 horas, almorzar, y salvo el descanso de mediodía para comer y disfrutar de los rápidos café y partida con sus vecinos, trabajar hasta el sol puesto, o más bien hasta entrada la noche, de lunes a domingo. Las vacaciones que pudo disfrutar fueron las del cambio de trabajo: agricultura, ganadería, o lo que fuera menester con tal de aportar un extra a la casa que mandó construir, para compartirla con su esposa Mª Fe, y unos años más tarde, con sus tres hijos, Mª Fe, Manuel “Manolín”, e Irene.

Su primer trabajo en la fragua fue el de hacer los agujeros para los clavos a las herraduras. Pronto conoció el arte de la forja para el moldeado y afilado de rejas o útiles de labranza; más tarde, por méritos propios, dejó de ser Manuel para ser conocido como Manolo, Manolo el herrero. Por aquel entonces los sueldos eran por jornada trabajada: a 50 céntimos de peseta; y la producción variaba según las épocas del año. También, con la demanda de nuevos aparatos, le fue exigida una constante especialización, adaptación y perfección. Así se fue pasando de los aros de los carros, a los rodesnos de molino, a las norias de los pozos, a la fabricación de romanas, máquinas de voltear la trilla y por último a la elaboración y reparación de aperos de tractor.

Con los cambios la fragua se fue apagando; los últimos rescoldos sirvieron para reconstruir o afilar azadas, zachos, zadones de monte o utensilios para la construcción, a la vez que la soldadura eléctrica, y la fuerte demanda de puertas, ventanas y otras necesidades de hierro para las obras dieron al local un nuevo uso, y a Manolo otra profesión, la de carpintero metálico. Allí fue donde su hijo “Manolín” se animó a especializarse con el aluminio, más moderno, en la actual fábrica anexa a la fragua.

Esta fue la definitiva puntilla al ancestral arte en tan respetable local, y esta la andadura de Manolo el herrero hasta que la jubilación le devolvió el tiempo perdido de la niñez. Ahora que su fragua y sus máquinas duermen, sus artesanales miniaturas cobran vida como sofisticados juguetes, aunque creo que en realidad son sus más serias y agradecidas actividades. La maestría aprendida de tantos años escudriñando el hierro, se expone en un cuarto de su casa en forma de objetos con centenares de detalles. Juntos, y por separado, dan fe de que nunca es tarde para crear, ilusionarse e ilusionar, jugar y contar historias con sus realistas obras de arte, copias metálicas de lo que sus ojos ven y sus manos no tiemblan en reproducir. Obras pequeñas en tamaño, grandes en mérito y precisión, todas realmente entrañables, fieles reflejos de la alegría que nunca abandona su rostro, ni a su carácter extrovertido y afable; creaciones construidas de la forma tradicional: sierra, lima, compás, punzón…, y paciencia, según se dice, la madre de todas las ciencias.

Siempre es un placer cruzar el azul umbral de su fragua para saludar a un artista, y por suerte a un amigo; en aquel fresco, sombrío y misterioso escenario de suelo de tierra, techumbre ennegrecida por el hollín del carbón vegetal que allí se quemó en cantidades inimaginables, y paredes de barro cubiertas de extraños útiles yermos e imprescindibles, el reloj se detiene, e inicia una rápida marcha atrás para rememorar otros tiempos con mejores historias y sabias moralejas. Si la vida mereciera un examen, Manolo ha cumplido a la perfección en Santibáñez la difícil disciplina, desde niño, de trabajador innovador; aportando, en su especialidad, remedios, alternativas y soluciones a las necesidades de todo el valle de Vidriales. Jubilado, elabora composiciones y miniaturas entre las paredes de su fragua, auténtica asignatura pendiente de tan extensa vida laboral.

Por mi parte… matrícula de honor.






















martes, 9 de abril de 2013

La procesión va por dentro


Me gustaría hacer llegar este artículo a un pequeño sector de gente de Ayoó, quienes parece que no ven con buenos ojos las modificaciones que algunas veces se realizan en nuestros actos religiosos. No se si soy yo quien para intentar aclarar estas cuestiones, aunque para ello cuento con el permiso de nuestro párroco, el deseo de seguir trabajando en y para nuestra iglesia, y en la beneficiosa sensación de fraternidad que la acompaña. Comienzo puntualizando que la mayoría de la gente que acude a la iglesia ronda edades avanzadas, y por otra parte la juventud, la poca que tenemos, parece no tomar la iniciativa; aunque también debo señalar que cuando se necesitan voluntarios, aparecen todos. Este panorama ya exige una primera adaptación de horarios, calendarios, rutas…. La segunda serían las normativas que no podemos olvidar para evitar posibles problemas. Por ejemplo: para realizar una procesión por una carretera, se necesita permiso del Gobierno Civil, presencia de la Guardia Civil para el control del tráfico, y seguir las normas de circulación establecidas para estos casos. Digo esto por cierta polémica del año pasado en la procesión de la fiesta de San Mamés, por las críticas al razonado alejamiento de “encuentros” y detenciones en medio de la carretera. En lo posible, se debería utilizar únicamente para desplazamiento, y aún así hacerlo de forma ordenada y atendiendo al resto de tráfico. No se puede, ni se debe cortar la carretera con una procesión, por importante que sea para nosotros, el resto de usuarios no tienen porque compartir nuestras costumbres, y en caso de protesta o accidente siempre llevaríamos las de perder. Creo que importa poco si “el encuentro” se realiza en “la noria”, en “las escuelas”, o abajo, en el acceso a la ermita; todo es simbólico y ya somos mayorcitos para considerar el mínimo riesgo. Otro rumor de alguna forma ha entristecido esta pasada Semana Santa. Parece ser que ha habido protestas por no usar la imagen del niño que acompaña  a la Virgen del Rosario en “el encuentro” tras la iglesia. Ya llevamos algunos años portando la imagen del Jesús adulto, el Sagrado Corazón, en la que se aprecian los estigmas de la reciente crucifixión en las manos, y por tanto, la propia del día. Hay quien ha recurrido a la tradición para pedir sacar otra vez al niño. El caso es que no existe tal tradición, ni nunca ha existido; solamente en el pasado siglo se han hecho tantos cambios que es imposible definir mayor tradición que la propia procesión independientemente de las imágenes sacadas. Por no ir más atrás en el tiempo, recordaré algunas “tradiciones” desde 1950: Siempre que hubiera procesión, se exponían la Virgen del Rosario y la Virgen Inmaculada, ambas a la vez, aparte del resto de imágenes. Eran encargadas de portarlas las mujeres, sobre todo las jóvenes, y había interés y celo en turnarse para participar en la procesión. Los hombres únicamente llevaban la cruz parroquial, los faroles y a San Mamés. El día 6 de agosto, la fiesta del Salvador, se incluía entre las imágenes la que ocupa actualmente la hornacina de encima del Sagrario. Las andas eran muy antiguas, de color azul y con una línea lateral roja, y llevaba tallados motivos herbales. Con ellas se realizaba también “el encuentro” del día de Pascua, pero encima no se colocaba el niño Jesús de la Virgen del Rosario, si no otra figura, también de pequeño tamaño, que representaba a un Jesús adulto, con pelo largo y barba, sandalias en los pies, túnica blanca con manto rojo cruzado, y báculo de su misma estatura en la mano derecha. Por su similitud con un conocido oficio se le llamaba “el Divino Pastor”, y actualmente se encuentra en paradero desconocido. Pero las andas se encontraban en mal estado, carcomidas, y aunque se intentó no se pudieron restaurar, por lo que, aproximándose la fiesta del Salvador, el párroco de entonces, D. Ezequiel Ferreras, encargó a Daniel Zapatero, más conocido como “el mudo”, y a Alberto Alonso la construcción de unas nuevas andas, un poco más pequeñas, acorde con las imágenes. Estos dos carpinteros en aquellos días trabajaban en casa de Florencio Castaño, al que pidieron alguna madera de la sobrante. Y así, con dos barrotillos de los usados en los trabajos del corredor, y unas tablas de “chilla” de los recortes, construyeron las andas de color blanco que se guardan en la casa del cura. Esto fue en el año 1952, y D. Ezequiel obsequió a los carpinteros, que querían donar su trabajo, con dos pesetas como gratificación. Seguramente fue en la década de los 60, cuando desapareció “el Divino Pastor”, y entonces en la mano, normalmente del monaguillo, se llevaba el niño Jesús en “el encuentro” de Pascua. Siendo párroco D. Aquilino Cavero, decidió poner esta pequeña imagen en unas andas, que construyó también Alberto Alonso, son las pequeñitas también de color blanco que cumplieron su función tantos años y eran ideales para llevar entre niños. Por desgracia, en los últimos años llegó a ser difícil encontrar 4 niños de estaturas parecidas para este menester, y con adultos la imagen parecía de broma, por lo que se decidió, antes de perder la procesión, de exhibir el Sagrado Corazón, como se hizo este año. Acusan a D. Víctor de este cambio, también tengo que decir que NO; son los tiempos y las circunstancias los que empujan a adaptarnos, él lo único que aportó fue su parecer y su permiso, y creo que ganamos con el cambio, lo digo sólo como opinión personal. Por último, hay que ser realistas, todas las imágenes son simbólicas, y me parece ridículo recordarlo; cuando participamos en actos religiosos debemos olvidarnos de materialismos para hacer realidad el mensaje de aquel refrán: “la procesión va por dentro”, aunque otro dice que “nunca llueve a gusto de todos”. Apelo al entendimiento y a la razón para borrar ese “nunca” en nuestro pueblo.






jueves, 28 de marzo de 2013

Ante Ti, buen Jesús


ANTE TI, BUEN JESÚS

¿Que hemos hecho con el bueno,
el seguido y admirado,
Rey de reyes proclamado,
y acosado por su pueblo?
Torturado en escarmiento,
sin argumentos juzgado…
¡y por nos la vida ha dado!
 …sabia lección del maestro.
¿Dónde está el remordimiento,
o el motivo de tal pago?,
Él, que nos tendió la mano
la ensartamos con un hierro.
¿Qué lo mantuvo sereno?
Como ese perro apaleado,
cuando se humilla ante el amo,
bajo el palo queda quieto.
¡Que dolor y desconcierto,
el de la madre que ha estado
contemplando al desgarrado,
ese hijo que llevó dentro!
Y Él, amarrado al madero,
empuñando gruesos clavos
y con los pies destrozados,
perdona mirando al cielo.
Ante ti, doliente muerto,
siento el daño causado,
eres Tú, mi admirado,
buen Jesús, el Nazareno.

ETJ






lunes, 25 de marzo de 2013

Domingo de Ramos Ayoíno


Un viejo refrán castellano dice que “para ser el año verdadeiro (verdadero), las Navidades al sol y las pascuas al fumeiro (en la cocina, a la lumbre). Este año los augurios son buenos; incluso se están cumpliendo también los de “febrero nevoso, marzo airoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso”; y, por desgracia, el de “en la semana de Ramos lava tus paños, que en la semana de Pasión podrás o no”. Estamos pues en Semana Santa, y llueve. Como dice el nombre, semana dedicada a múltiples actividades religiosas, (que solo detiene el agua de lluvia); comienza el Domingo de Ramos con bullicio, se entristece con solemnidad el Jueves y finaliza en un suspiro el Domingo de Pascua. Por supuesto que todo esto espiritualmente hablando, exclusivo para quienes disfrutamos de nuestra libertad religiosa. Semana de vacaciones, los pueblos se llenan y se vacían algunas ciudades. Semana de carretera, de desplazamientos, y de extremar la precaución, que en el destino esperan los gestos de afecto y la compañía de los seres queridos. En Ayoó, como todos los años, completa programación religiosa. Procesiones, culto, cánticos, ritos… y para quienes “pasan”, y el pueblo les pudiera parecer aburrido, (creo que solo se aburre el que quiere), decirles que en poco más de una hora de reloj, lo que sería un normal desplazamiento urbano pero sin aglomeraciones ni atascos, se llega a León o a Zamora, en la mitad de tiempo a Sanabria, Benavente, La Bañeza o Astorga, en la cuarta parte de tiempo a La Cabrera, al Tera, la Valdería o a los valles de Benavente para encontrar todo tipo de distracción u ocio, y andando a cualquier punto de nuestra extensa y natural periferia, para disfrutar de lo que algunos llaman “descanso y contemplación”, que también me parece necesario. Hoy es Domingo de Ramos y amaneció con lluvias intermitentes. A la una del mediodía el cielo nos concedió una tregua para nuestra particular procesión y recreación del paso de La Borriquilla. En la plaza ramos de olivo, de laurel, de romero… “ramas cortadas en el campo”, y sobre un burro la escenificación del hecho escrito con cinco siglos de antelación por el profeta Zacarías: “He aquí que tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna." (Zacarías 9:9). El pueblo de Ayoó revive la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, como relata el Evangelio de San Marcos: ”Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: "Vayan al pueblo que ven allí enfrente, al entrar, encontrarán amarrado un burro que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganmelo. Si alguien les pregunta por qué lo hacen, contéstenle: El Señor lo necesita y lo devolverá pronto". Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron. Algunos de los que allí estaban les preguntaron: "¿Por qué sueltan al burro?" Ellos le contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó. Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas: "¡Hosana! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¡Hosana en el cielo!". (Marcos 11, 1-10). He visto sonrisas en la plaza, y me alegro, era precisamente nuestra intención; la alegría y la formalidad nunca han estado reñidas. Y no me cansaré de recordar en los agradecimientos a nuestros párrocos D. Miguel y D. Felipe, a Adrián, Celso, Jorge y Roberto por dedicarnos su tiempo, al pueblo en general por su participación y a la Casa Rural El Molino de Congosta, por prestarnos amablemente a “Bustamante”, noble burro como el que hace 20 siglos portara a Jesús entre ramos en la ciudad de Jerusalén. Broche de oro para una bonita mañana.







domingo, 17 de marzo de 2013

¡Vaya valla!



No se les llama precisamente “valla”, pero queda bien como título para este artículo. Por aquí les decimos “la tapia”, o “la pared del huerto”. Son cercados con materiales autóctonos que envuelven nuestros pueblos, más con el objeto de división y abrigo que el de protección. Sus viejos constructores buscaban la economía y la durabilidad en estas modestas obras, sin importar la estética, y para ello usaban piedras asentadas con barro, piedras “secas” (sin aglutinante alguno), terrones de césped o tierra apisonada (tapia) o un poco de todo. Al alcanzar la altura estimada, para protegerlas de lluvias y nieves, las coronaban con “la barda”. Ésta se construía de varias formas, sobre piedras planas y delgadas llamadas “rafalas”, o sobre un lecho de ramas de urz transversales, con unos ordenados terrones de césped colocados al revés, con la raíz hacia arriba; o sólo con “rafalas” o tejas. Terminaba de cerrar el recinto una improvisada puerta, creada con maderas desechadas para otros fines. La cerradura, y terminamos el huerto, un tranco o una cuerda, que ya dice el proverbio chino: “La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta”. Dicen que los huertos nacieron en el neolítico de la mano de las mujeres. Al lado de sus viviendas, mientras los hombres salían a cazar o pescar (o a sus cosas), sus compañeras, previsoras, cultivaron primero cereales y después verduras, legumbres y hortalizas. Esto poco ha cambiado en nuestros pueblos. Ellas (normalmente) siguen siendo las directoras de ese complicado mundo de parcelitas para semillas, parcelitas para trasplantes, parcelitas para “pronto”, las otras para “luego”… ellas siguen los rituales de visitas, riegos, entresaques, préstamos, comentarios… y ellas se llevan a casa orgullosas los apetitosos manjares que vieron nacer y crecer bajo sus cuidados y mimos. Me avergüenza decir que en los últimos años algo está cambiando en nuestros huertos, el respeto de algunos por los bienes ajenos comienza a ser un bien escaso y totalmente reprobable. Para ellos mi deseo: “Mal haya a quienes profanen este santuario a la fecundidad. Mal aprovechen hurtos y destrozos que no valen más que la calderilla de los bolsillos, pero se llevan consigo amor de cuidadora “madre” y las ofrendas para su otro recinto sagrado, la cocina de su familia. Lo que con cariño donaren, con odio maldicieren; y no con poca razón, porque cuán fácil se deja querer la tierra y que desagradecida parece la mano que roba y alimenta. Amén”











viernes, 8 de marzo de 2013

Mitos rurales


Aunque parezca mentira, es muy común la zoofobia, el miedo a los animales concretos, no por el daño físico que pueda causar el encuentro con ese animal, si no miedo a ese enfrentamiento, miedo al miedo. A casi todos nos dan miedo, o por lo menos repelús, las serpientes, o los sapos, las arañas, los ratones…, o algún otro animal, que aunque sabemos que no nos van a hacer daño nos cuesta mantenernos serenos compartiendo local, o cercanía.

En nuestra comarca, y casi en el resto del país, todos son prácticamente inofensivos y beneficiosos, para nosotros y para el ecosistema del que formamos parte, perfectamente autorregulado, en el que la carencia de alguno disparará las poblaciones de otros provocando plagas y descontrol de funciones que disminuirán la calidad del medio ambiente. Estas bondades son distintas en otras variedades y en otros países, hablaríamos de portadores de venenos extremadamente tóxicos, y mortales en la mayor parte de los casos. Por ejemplo, una “inocente” ranita (rana dardo) es el animal más venenoso, y en lo posible necesario de evitar, del mundo; por fortuna tampoco habita en nuestra península.

La sabiduría popular mitifica y exagera los efectos de los ataques de nuestros convecinos. He reunido algunos dichos, pareados para mejor recuerdo, oídos por estos pueblos; el primero dice así: “Si la víbora oyera, y el liso viera, no existiría el hombre sobre la tierra”. La víbora no suele causar graves problemas en personas sanas, si son atendidas correctamente, de todas formas es el peor caso en la lista y muy raramente llega a ser mortal. Su primera reacción es la huída, y sólo en el caso de verse acorralada atacará; el “liso” es un inofensivo eslizón, de la familia de los lagartos, que come orugas, grillos, babosas, saltamontes, arañas… carente de veneno y en peligro de extinción; se suelen ver por Prepalacio entre la hierba. Segundo dicho: “Si te pica un alacrán no vuelves a comer más pan”. Por alacrán se conocen dos animales distintos, el escorpión y el alacrán de agua. En la península ibérica existen 5 variedades de escorpiones; el más peligroso es el Buthus Occitanus, de picadura dolorosa pero no peligrosa, (yo conozco dos casos que no precisaron tratamiento), y los demás producen picaduras similares a abejas o inferiores. El alacrán de agua es una chinche acuática inofensiva, con patas anteriores prensiles y un sifón trasero que utiliza para respirar, de ahí su parecido al escorpión. Tercer dicho: “Si te pica una salamanquesa, coge el pico y la pala y vete pa la puerta de la iglesia”. La salamanquesa es de la familia de las lagartijas, un reptil con escamas, aunque creo que el dicho se refiere al tritón, anfibio, de la familia de las salamandras. Ni la salamanquesa ni el tritón “pican”, ni envenenan sus mordiscos, si pudieran darlos. Cuarto dicho: “Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hinchó el papo”. A los sapos se les sataniza, desprecia y mata aunque en cada jardín debiera haber unos cuantos para el control de los insectos. Su piel contiene toxinas, que darán un buen dolor de barriga a un posible predador. Por nuestra zona a ese “veneno” se le llama “cogío” y realmente son totalmente inofensivos y beneficiosos. Quinto dicho: “Si te pica una salamandra, a la puerta tienes las andas”. Las salamandras son, de la lista, mis preferidas; además de anfibios muy sensibles a la contaminación, así que si os la encontráis en una fuente indica que las aguas son de buena calidad. No “pican”, porque no tienen aguijón ni colmillos y tampoco veneno alguno. Su nombre, seguramente, es persa y compuesto por “sam” (fuego) y “andarūn” (dentro) y tiene que ver con otro mito, el de vivir entre el fuego y su poder de extinguirlo. En el Renacimiento se vendía un producto llamado “lana de salamandra”, con dos cualidades, ignífugo y extremadamente caro. Los comerciantes ocultaban su verdadera procedencia, el amianto, para elevar el precio por relacionarlo con la salamandra y su fantástica facultad. Aunque la verdadera y la más importante sea la misteriosa capacidad de regenerar los miembros amputados, es el único vertebrado con este don, y además sin cicatrices.

Todos estos inocentes animalillos viven en torno a nuestros pueblos, y los dichos exageran, pero también sirven, o sirvieron, para preveer y educar. Con ellos, de niños, aprendimos técnicas de prevención de posibles problemas. A nadie se le ocurría, por ejemplo, meter la mano debajo de una piedra que estuviera fuera del agua, o tentar a un animal sin haber repasado mentalmente la lista de mitos. Nos enseñaron que los animales no son juguetes para manosear, encerrar o torturar; son seres, hijos como nosotros de la naturaleza, que se deben de tratar con precaución y respeto. Recuerdo que de niño nos hacían meditar con aquella pregunta… “¿a ti te gustaría que te hicieran lo mismo?”. Claro que no, y sin más explicaciones conocimos el límite de la convivencia y el valor de la tolerancia.

Decía que las salamandras son indicadores de alta calidad medioambiental. ¿Sabéis? en Ayoó abundan. Esta la encontré a la puerta de casa, le hice unas fotos y la dirigí al lugar pedregoso de donde salió tras unos días borrascosos; en eso se parecen al arco iris, para poder gozar de su compañía, primero hay que soportar la lluvia.





viernes, 1 de marzo de 2013

Al ti Joaquín.com




El pasado día 25 fue especial para éste vuestro blog. Se cumplían 3 años desde aquel aparentemente lejano febrero del 2010, en el que tímidamente salía a escena mi afición por la divulgación de estas cosas de nuestro pueblo y su contorna. Para conmemorar la fecha, he guardado un regalo de un amigo, la visión que tiene sobre mi persona y forma de actuar desde la perspectiva de la poesía, esa que a veces se muestra extraña y a veces metafórica, pero siempre hermosa. Gracias a todos por estar ahí, y particularmente… ¡Gracias, Emilio!


AL TÍ JOAQUÍN.COM

En tierras de La Valdería,
de la provincia de León,
Calzada tiene por nombre,
el pueblo donde nació.

Es de la raza cazurra,
erudito, noble y con garra,
y hasta el mismo rey Ordoñez,
en sus huestes deseara.

Con el devenir del tiempo,
a Zamora se traslada
y buscando nuevos amores,
en Ayoó de Vidriales se casa.

En Vidriales se establece,
realizando diversas artes,
destacando la albañilería,
que es su oficio de base.

En ella, como ninguno,
no hay nadie que le adelante,
y en sus obras con destreza,
deja su firma flamante.

Destaca en muchos campos,
por su entrega y gallardía,
pero también sobresale,
en las letras, literatura y poesía.

En internet y su blog,
" el tijoaquin.com ",
periódicamente edita,
interesantes artículos,
romances y poesías,
ensalzando nuestras tierras,
de Vidriales y La Valdería.

Es tanta la concurrencia,
que  a su blog se avecina,
que se quedan sorprendidos,
por su sabia y valentía.

No hay nada que se le oponga,
en destreza y en bravía,
es el primero en las artes,
las  letras y la albañilería
y cómo no, en la Iglesia,
para ayudarla e imaginería.

Por todas estas virtudes,
y otras muchas que escondieres,
hoy te proclama tu amigo,
" señor de los vidrialeses ".

EMILIO LÓPEZ FERRERAS






sábado, 23 de febrero de 2013

¿Publicar o borrar?


Las máquinas son monstruos crueles carentes de sentimientos. En poco tiempo de sus garras metálicas hemos visto el destrozo en una de las zonas más románticas de nuestro pequeño pueblo… pueblo. 

Primero fue la agónica fuente de la iglesia, icono ayoíno ya del pasado, saciadora de secaños, colmadora del pilo, regadora de todo Prepalacio y alimento de costumbres, como las de detenerse ante los caños para lavar manos y cara, aunque estuviesen limpias, beber sin sed, admirar su continuo correr y salpicar, o zambullirse en sus aguas almacenadas por la fiesta de San Bartolo. Las máquinas actuaron a sabiendas de atentar contra la estética y la indulgencia de todos respecto a la figura y composición de la no tan vieja aguadora. Un frío e inexpresivo muro de hormigón recogió el mismo manantial y lo deposita en el mismo sitio, pero todos sabemos que ya no es lo mismo, y que tardaremos en cogerle cariño, si acaso acaba mereciéndolo. 

Ahora acaba de caer su vecina, la valla pétrea de la huerta del cura, la que lucía una melena de tupida hiedra que cada año un vecino se preocupaba de recortar para parecer, consiguiéndolo, más esbelta y hermosa. Otra máquina hundió sus fauces en tan frágil cerramiento, levantado con las piedras acarreadas desde la sierra o la peña, barro de los alrededores de nuestras cuevas, pajas trilladas en las eras y amor de canteros. Nulo esfuerzo actual para tanto sufrimiento y sudor pasados, claro ejemplo de la ley del embudo. 

Siento ambas pérdidas, el entorno de nuestra iglesia con este par de obras cambiará demasiado, para mi gusto no para mejor, y es solo una opinión parcial, coaccionada por el respeto y la pasión que me ha infundido la construcción tradicional. Ninguna necesidad aconsejaba estos cambios, quitarle a un pueblo sus cosas de pueblo es como quitarle el color a la leche. La fuente nueva será copia de otras fuentes…, la antigua era más o menos bonita… pero única y original, y ahí está el valor que se fue por el desagüe y a la escombrera. La valla de piedra estaba torcida, la puerta rota, en el huerto reinaban las zarzas… pero pienso que quizás algunas veces deberíamos dejar de modernizar lo natural, o acabaremos con la naturaleza. 

¿Una plaza?, ya tenemos y no necesitamos más, ¿un jardín? para eso no hacían falta destrucciones, ¿un parque? lo tenemos y no usamos, porque vivimos rodeados de uno, enorme y maravilloso, que es el pueblo que queremos convertir en… no sé qué. A fuerza de querer presumir acabamos confundiendo, y cuando a nuestro pueblo le hayamos cambiado estas cosas, dejará de ser pueblo para tampoco ser ciudad; perdiendo su identidad. 

Llamadme retrógrado, antiguo, enemigo de actualizaciones y modernidades, pero es que si quisiera vivir entre asfalto y edificios de acero y cristal no viviría en Ayoó, tengo que decirlo, este querido pueblo. Las máquinas, decía, no tiene sentimientos; su corazón permanece frío hasta que una chispa lo despierta en medio de un trueno, para que sus venas recobren la abrumadora energía del fluido hidráulico. Luego la destrucción… y de nuevo el frío. Quien sabe, si de tener sentimientos y potestad algunas veces no aportarían su objeción de conciencia para evitar tanto estrago y cicatriz. Perdón, hoy estoy tan triste como el día, lluvioso, y mi blog ha querido escucharme. A lo mejor en lugar del botón de “publicar” el correcto hubiera sido “borrar”, y a lo peor pronto lo haga. En fin, adiós fuente de piedrecitas de cuarzo, adiós huerto del cura, y si no queda más remedio… bienvenido, don hormigón.


P.D.- Es cierto, demasiado sentimentalismo; mañana seguro que lo veré de otra forma. Ánimo con los cambios; decía Buda (-600 a. C.) que "Siendo reconocido que las cosas han de transformarse, todavía hay quienes se aferran a ellas...", parece ser que hablaba de mi…



sábado, 16 de febrero de 2013

Carnaval y ceniza


Un poco de historia para completar el artículo anterior: el diccionario etimológico castellano e hispánico del filólogo Joan Corominas apunta la posible procedencia de la palabra “carnaval”: “carnelevare”, compuesta de “carne” y “levare” (quitar), por ser las últimas fiestas antes del inicio del ayuno en la cuaresma. Ésta se estableció en el siglo IV como espacio de 40 días similares a los que pasó Jesucristo en el desierto, y como homenaje era aconsejable el ayuno y la abstinencia. Pero a partir del siglo VII se excluyeron los domingos por ser días festivos y por tanto permisivos. Actualmente, la Cuaresma son los 40 días que van desde el Miércoles de Ceniza al Sábado Santo, sin contar los 6 domingos, que pronto adquirieron los nombres que recogiera la copla que las memorias, también las ayoínas, han portado hasta el día de hoy: “Ana, Susana, Suseca, Rebeca, Lázaro, Ramos, y en pascuas estamos”. En el siglo XI la Iglesia Católica comenzó a imponer la ceniza, como símbolo de muerte, para recordar lo efímera de la vida e invitar a la reflexión. Durante la ceremonia las frases han ido cambiando, los mayores recuerdan aquella curiosa de “polvo eres y en polvo reverteres”, (del latín  Pulvis es, in pulverí reverter is, (Gn. 3,19)). Pero hablando de reflexiones religiosas, me gustaría invitar a una, extensible también para los laicos, basándome en las palabras de Carl Sagan, incuestionable científico y divulgador de los últimos conocimientos sobre el cosmos que nos acoge y envuelve. Si ciencia y religión en muchos temas no son afines, su conclusión sobre los siglos de estudio del universo es cuanto menos asombrosa: “...Y entonces, un día, llegó una criatura cuyo material genético no era muy diferente de las estructuras moleculares reproductoras de cualquier otra clase de organismos del planeta, que dicha criatura llamó Tierra. Pero era capaz de reflexionar sobre el misterio de su origen, de estudiar el extraño y tortuoso sendero por el cual había surgido desde la materia estelar. Era el material del Cosmos contemplándose a sí mismo. Consideró la enigmática y problemática cuestión de su futuro. Se llamó a si mismo humano. Y ansió regresar a las estrellas”. Podríamos definirla como la forma poética de la teoría de la panspermia, que explicaría el nacimiento de la vida en la tierra, relegando a la vida en sí, a la maravillosa naturaleza viva, a mera contaminación interestelar. Para mi es tanto como decir “solo sé que no sé nada”, del viejo sabio Sócrates, aunque también añade otra famosa frase: “somos polvo de estrellas”, (curiosamente, y he aquí el objeto de meditación, nuestro “polvo eres…”). Volviendo al martes de Carnaval, otra tradición manda en su mañana a participar uno de cada casa en trabajos comunitarios, en las “yeras” (antes se hacía al toque de las campanas). Limpiezas de regueros o terrenos comunes, fuentes, podas de árboles, plantaciones, riegos de praderas, etc, a cada participante se le asigna un trabajo o una medida, la “varada”, que deberá cumplir bajo la supervisión del alcalde/alcaldesa o de un concejal. Como premio, por la tarde un tino de escabeche, pan y vino se reparten en el bar del ayuntamiento. Algunos, que no podemos cumplir la tradición de los trabajos ni acudir a la tarde al bar, nos juntamos para cenar el escabeche en el día que no sé porqué, mejor sabe. Al menos nos lo parece.