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jueves, 3 de octubre de 2013

Bebedera, la fuente encalada


No me pareció correcto añadir, al artículo de D. Pedro Fernández de Fuente Encalada, el pequeño reportaje fotográfico que tenía preparado de su supuesto, que no imposible, pueblo natal. Fuente Encalada es un pueblo típico vidrialés, con sus casas de materiales naturales y autóctonos, piedra, barro, tapia, madera… entre las que florecen nuevas construcciones. Pero sin duda su edificio más emblemático es una joya arquitectónica del siglo XVI, su iglesia parroquial consagrada al Salvador, a él dedicaremos otro tiempo. Fuente Encalada es también un nombre toponímico paradójico. Alude a un pequeño edificio, levantado sobre un manantial, que lo preserva de agresiones atmosféricas y de animales para que el agua esté en óptimas condiciones para el consumo humano. Fuente también se llama el mismo manantial, sin edificio, pero en este caso, la segunda palabra “Encalada” deja claro que en este pueblo lo hubo, y además que lo embellecían o desinfectaban con lechada de cal. Lo hubo, y he aquí la contradicción, porque en las calles de este pueblo vidrialés hay varias fuentes de agua conectadas a la red de abastecimiento, que vierten el líquido elemento en grandes depósitos circulares, conjuntos cuidadosamente encalados, o mejor, blanqueados, pero la antigua y auténtica fuente, la llamada fuente “Bebedera”, desde que perdió su manantial, está desaparecida porque fue demolida, retirados los escombros e igualado el terreno. Sólo con las explicaciones de algún habitante, y si es de avanzada edad mejor, conoceremos el exacto emplazamiento y sus características. Parece ser que la base era, como poco, romana, de forma cuadrangular. Recordemos que a pocos metros transcurre la calzada que unía Astorga y Braga (Portugal), la vía 17 del Itinerario de Antonino, y las fuentes importantes cercanas, como puntos de abastecimiento animal y personal, fueron señalizadas, empedradas y cuidadas. Los últimos recuerdos de la gente nos describen como era la fuente antes de ser demolida: Tres de sus cuatro lados, y el techo abovedado eran de “hormigón”(seguramente mortero de cal y canto). En su frontal, una gran losa de piedra hacía las veces de barandilla para inclinarse en su interior con el recipiente y recoger el agua. El médico local, Don Abelardo, hombre recordado con respeto y admiración, aconsejó, por evidentes motivos higiénicos, cerrar el cuarto lado de la fuente, y colocar un “caño”, un tubo por donde se pudiesen llenar los recipientes sin meterlos y enturbiar o contaminar el agua que luego sería consumida. Al menguar el manantial se siguieron sus consejos; se demolió el hormigón para limpiar y ahondar la fuente, se labró un pequeño pozo delante para donde había que descender por unos escalones, y se le agregó un tubo para la salida del agua. Luego se edificó encima una pequeña caseta de ladrillo “de muro” (el de 3 agujeros), con el tejado “a dos aguas” y se revocó de mortero blanqueándolo con cal. El caudal siguió mermando hasta su total extinción, parece que la proliferación de los pozos artesianos artificiales tuvieron algo que ver, (los principios de la física no perdonan), entonces acabó demolida por completo, rellenando con tierra el hueco y perdiendo cualquier signo de identidad, tal como la encontramos muchos años. Sin embargo, un nuevo y misterioso manantial de aguas frías y cristalinas amenaza profundo y derrumba las cercanas cuevas centenarias, desde que las máquinas excavaron el suelo para el soterramiento de cables y tuberías. El agua erosiona, por arriba y por abajo, en este caso destrozando el esfuerzo de unos hombres que buscaron bajo tierra frescura y conservación para sus vinos, unas obras totalmente irrecuperables. Quizás, después de analizar estos hechos, deberíamos plantear y meditar algunas cuestiones, y después intentar, al menos, actuar en consecuencia. La primera es una frase de Enrique Pestalozzi: “tarde o temprano seguro que la naturaleza se vengará de todo lo que los hombres hagan en su contra”. La segunda es la dejadez en torno a nuestros orígenes, no importa si es el monumento más antiguo, o el testimonio de nuestras propias raíces. En este caso, de este pueblo vidrialés, como consta en los archivos de heráldica, partió el apellido “Encalada”, que comparten en España más de 600 personas y otras tantas en el resto del mundo, en especial Ecuador, Perú y Argentina. Es difícil, sin la fuente y sin recurrir a la mentira, explicar el apellido o el origen del pueblo, como me parece difícil comprender la total desaparición de este icono de riqueza y vida. Hace unas semanas, una capa de grueso hormigón, para mayor agravio, sepultó por completo la zona, sin un triste epitafio recordando tan vetusta y honorable desaparecida. Como la fuente “Bebedera”, muchas  han quedado secas, destruidas, abandonadas. Por ellas, un viejo refrán: “El viajero que sed siente, se agacha y besa la fuente”. Ojala nunca seamos viajeros con nuestras fuentes…



























 P.D. El lugar de la fuente "Bebedera"



3 comentarios:

  1. Hola Joaquín.
    Hace días que consulté tu blog. ¡Qué maravilla y qué bien escribes! Gracias por el tiempo que le dedicas.Te felicito y sigue adelante.

    ISIDORA

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    1. Hola, Isidora. En breve comenzaré tu artículo. Gracias y hasta pronto.

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  2. de que cosas te enteras leyendo tu blog. muy bien!

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