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domingo, 27 de abril de 2014

¿Por qué llora San Fructuoso?




El 16 de abril el santoral nos recuerda a San Fructuoso, el que naciera en el Bierzo y terminara sus días como Obispo de Braga. Entre lo uno y lo otro es conocido como el padre del monacato español, con reglas monásticas propias. Una persona que si bien buscaba soledad y silencio para encontrarse a si mismo a través de la oración y la meditación, eran otras personas quienes le seguían en busca de consejo, amparo u orientación. Llegó a ser una multitud quien lo arrancara de su humilde cueva una vez tras otra; y él, lejos de molestarse, los organizó en monasterios diseminados por gran parte de la península ibérica. Muchos documentados, varios desconocidos, como posiblemente también lo fuera nuestro monasterio Ageo, del que no queda constancia de su fundación ni situación en el actual Ayoó de Vidriales.

El eminente e ilustre, fallecido ya, Don Augusto Quintana Prieto, investigador, escritor y supremo conocedor de todo lo concerniente a los archivos diocesanos del Obispado de Astorga y de la historia de la Iglesia en general, analiza esta posibilidad, concluyendo que no puede ser por razonados motivos. El primero por el nombre: cita un documento del año 1057 en el que la infanta doña Elvira hace la donación del pueblo de Granucillo al completo, “con todo cuanto tiene dentro y fuera” a “la casa de San Fructuoso”, siendo ésta la primera vez que en algún escrito figura así el monasterio de Ageo. Dice don Augusto que no es posible imaginar que un hombre, por santo que sea, se dedique a si mismo una fundación suya. Eso podría ser cierto, pero este no es el planteamiento como tampoco lo fue en San Salvador de Montelios, en la zona de Braga, otro de sus monasterios donde recibió el santo sepultura, y que posteriormente se llamara y fuera conocido como San Fructuoso de Montelios. No fue él, si no sus seguidores quienes cambiaran el nombre al monasterio por el de su fundador, seguramente por un sentimiento de admiración y agradecimiento.

Un segundo motivo para don Augusto es la documentada invasión agarena que comenzó en Algeciras en la primavera del año 711, y que durante un siglo mantuvo despobladas nuestras tierras. Para éste da el primer punto como válido y vemos que es fácil que esté errado, por lo que el monasterio pudo ser destruido por las hordas y reconstruido para el tercer dato en la persona de un personaje histórico: San Arandiselo. Atribuye a su persona la fundación, estudiando muy bien las fechas, y la verdad que no se podría debatir a no ser por el tratamiento que le da San Genadio, que no es leve, pero que no pasa de “Padre y Abad”. Pudo ser reconstructor, e incluso darle el nombre del Santo Ageo, profeta menor y promotor de la reconstrucción del Templo de Jerusalén; pero de haber sido el fundador, San Genadio seguramente se hubiese dirigido a él con otro tratamiento, más digno, en otro nivel y reconocerlo en sus escritos. Por otra parte, el abad dio la bendición a San Genadio y sus compañeros al partir para restaurar San Pedro de Montes, otro monasterio fructosiano, lo que indica un importante vínculo entre ambas casas. Quién soy yo, simple lector y contador de historias relacionadas con nuestro entorno, para contradecir al sabio don Augusto; pero permitidme al menos solicitar para este caso el beneficio de la duda, la misma que tuvieron otros sabios historiadores de la importancia del Padre Alonso Andrés, o el padre Yepes.

Lo indudable es la estrecha relación de Ayoó de Vidriales con San Fructuoso. Todavía hoy, una figura de bulto redondo de éste santo ocupa lugar en un pequeño retablo de nuestra Iglesia. Antaño lo hiciera en una ermita en la calle Palomares, de la que apenas queda un trozo de pared, demasiado elevada para ser de huerto. Del retablo es de destacar su pequeño tamaño, al que se le añadió al llegar a la Iglesia la parte superior, seguramente traída de otra ermita; también las inscripciones de su predela: de izquierda a derecha y de arriba a bajo se puede leer:
“Esta obra se hiço siendo cura el I Dº Don Pedro Alonso de Cifuentes, i maiordomo Juan Teston i Juan Freile  ano de 16 6”
“Esta obra se hizo siendo cura el ¿…?¿ilustre…?¿reverendo? Don Pedro Alonso de Cifuentes y mayordomo(s) Juan Teston y Juan Freile  Año de ¿1676?, o por elisión del cero ¿1606?. Entre estas escrituras una artesana cerradura protegía el sagrario, interiormente adornado con figuras estelares sobre fondo azul, ensalzado con una inscripción latina en el exterior. Gracias a la traducción de nuestro Párroco Don Miguel podemos conocer su mensaje: “Porque esto es mi cuerpo, este es el cáliz de mi sangre, de la nueva y eterna alianza, el misterio de la fe, que será derramada por nosotros y por muchos para remisión de los pecados”. Era, en su día, la parte central de la liturgia eucarística.

Pero un pequeñísimo detalle se ha escapado a los ojos de cuantos han contemplado la talla del San Fructuoso. Una bien definida lágrima resbala desde la comisura lateral del ojo izquierdo hacia su mejilla. Parece un defecto del artista al pintar el rostro, algo totalmente descartado por la perfección de las formas y la calidad de la estatua policromada. Es un atributo, un rasgo que alguien dejó o mandó dejar por conocer algún hecho trascendental en la vida de San Fructuoso. He leído y releído cuanto ha llegado a mis manos sobre su biografía, que relata, algunas veces de forma infantil, una personalidad excepcional, una vida apacible y como no podría ser de otro modo, en constante conexión con la naturaleza y sus criaturas. Solo al final de sus días algo pudo merecer no una lágrima, sino toda la aflicción en el corazón del santo. Siendo anciano ya, decidió junto con algunos discípulos peregrinar a Tierra Santa, pero enterado el rey Recesvinto lo mandó detener y custodiar para evitar el viaje. También, en contra de su voluntad, le hizo abad y obispo de Dumio, y más tarde de Braga. Es renombrado el desapego de San fructuoso con las cuestiones mundanas. Encarcelado bajo las vestiduras de obispo, bien le mereció al artista una inadvertida lágrima en un rostro inexpresivo; un artista que también conocía la bienaventuranza “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”, y el refrán “Lo que se siembra con lágrimas, se recoge con gozo”. Si estas no fueran la solución del enigma… ¿por qué llora San Fructuoso?










martes, 1 de abril de 2014

De rana helada a rana hervida


Nací y crecí en un pueblo, y vivo en un pueblo, ambos pequeños e inmersos en plena naturaleza, en los que es fácil identificar distintos ecosistemas y microclimas. Sobra decir que esto, y mi carácter observador, me hace conocedor de muchas e importantes cualidades de la flora y fauna con la que compartimos espacio. Y cuantas veces me veo sorprendido gratamente de tanto derroche de sabiduría, de la perfección de la vida en sí. Una de las últimas maravillas de las que he sido testigo tuvo como protagonista una ranita de mediano tamaño. Ocurrió éste pasado invierno, con las primeras heladas, en las que se alcanzaron los 7 grados bajo cero. En un pequeño cobertizo que he construido en una parcela cercana al pueblo, en donde gotea el tejado, puse un antiguo fregadero cerámico para recoger agua de lluvia, o en su defecto rellenar para que diversas especies animales puedan saciar la sed sin alejarse del lugar. Una mañana, tras varias heladas, al llegar me di cuenta que la totalidad del agua del fregadero estaba congelada, y eran varios centímetros de espesor. Pero, sorpresa, algo que flotaba quedó amarrado al hielo. Era una rana. Solamente a varios cientos de metros hay un canal en el que viven ranas, y me parece difícil que abandonen su hábitat para dirigirse en dirección monte, o sea, mi cobertizo. Pero más difícil, de haber esa probabilidad, que las heladas pillen desprevenida a tan esquiva visitante, flotando a temperaturas crueles para la vida. Sentí una inmensa pena, y aunque lo intenté, no la pude arrancar de su helado abrazo para, muerta como la creí, devolverla a la cadena trófica depositándola en campo abierto, o lo que mejor me pareció para enmendar su sufrimiento, enterarla en un hoyito en la tierra. Arrastré el pesado fregadero hasta donde el sol, que comenzaba a calentar, soltara el cuerpecito de la rana para proceder a su entierro, y seguí a mis quehaceres. Poco después, efectivamente, lo pude despegar y realmente parecía haber terminado de morir; su piel perfecta, las articulaciones correctas… ¿Y si…? Corté un trozo del aislante que usamos en construcción y coloqué sobre él con delicadeza el cuerpo de la ranita, para aprovechar al máximo la radiación solar. Al cabo de otro rato y varias visitas… el cuerpo de la ranita comenzó a sacudirse en espasmos musculares, ¡¡estaba viva!! ¿Como explicar que un ser vivo extraído del hielo vuelva a la vida? Con éste pensamiento recorrí el trayecto hasta el canal de donde la rana quizás nunca debiera haber salido, y allí, entre unas hierbas de la orilla la deposité. Varias heladas, y mucho más persistentes, sucedieron en los siguientes días. Pero seguro que si consiguió esconderse, alguno de los cánticos del verano lo interpretaré como señal de agradecimiento; no era más que una rana, pero como afirma el dicho: “Las grandes cosas de la vida están hechas de pequeños detalles”. Éste me ha dejado increíblemente satisfecho.








Observación y meditación, ese es mi lema en cuanto a la naturaleza se refiere. Y si para observación tuvimos una rana, invito a meditar con otra, ésta imaginaria, núcleo de una alegoría propuesta por Marty Rubin en su libro publicado en 1987: The boiled Frog Syndrome (El síndrome de la rana hervida). Supongamos que la ranita “descongelada” la depositamos en un recipiente grande lleno de agua. Lo primero que hará será inspeccionar las dimensiones y los rincones, y al no encontrar nada extraño se tranquilizará y adaptará al nuevo hábitat. Supongamos que comenzamos a calentar suavemente el recipiente. Al momento la rana detectará el cambio, pero no hará nada, se acomodará a la nueva temperatura. Un tiempo más tarde, al seguir incrementándose el calor, la rana incluso agradecerá el agua tibia, propia del verano, e incluso se atreverá a cantar como si en tales fechas se encontrara. Al rato el agua está caliente, demasiado para su gusto, pero también le proporciona cansancio y somnolencia, e intenta aclimatarse a la nueva situación. Postula el principio que la rana ya no tendrá fuerzas para saltar del recipiente cuando el agua comience a hervir, y morirá sin oponer resistencia. Terrible prueba y dramática moraleja aplicable a nuestra vida diaria. Dice el autor, Marty Rubin: “Es un experimento rico en enseñanzas. Nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción, ni oposición, ni rebeldía”. La rana hervida explica nuestra total indiferencia ante el cambio climático, ante la corrupción política, ante la degradación de la familia, de la salud, del tema laboral, del amoroso, del respeto por lo propio y ajeno… Y así hasta incontables situaciones que de presentársenos de repente, saltaríamos cual rana arrojada al recipiente en el comienza a hervir el agua. Dicen que el camino más corto entre una persona y una verdad es un cuento. Lo dicho, para meditar… apliquémonos el cuento.

sábado, 22 de marzo de 2014

Al agua de la fuente.





 

Para mi no hay nada tan delicado y generoso como una fuente de agua. Es un verdadero regalo natural y puro para nuestros sentidos. Ante nosotros el espectáculo, a poco que nos esforcemos, está servido. Con nuestros ojos podremos admirar la especial transparencia, el reflejo tintineante de la luz, la tersura y a la vez el movimiento ondulado de la superficie del agua. El oído nos mandará contener la respiración para disfrutar de su cantarino chapoteo, o su casi imperceptible caminar. Qué decir del tacto… cómo explicar la sensación del juguetear entre nuestros dedos, de refrescarnos la cara, del desear quedar a su lado. El olfato, con una honda inspiración, nos indicará el grado de pureza, de humedad del entorno, de la benignidad del lugar. Y el gusto nos mostrará la frescura, ese especial sabor que no sabe a nada, y aplacará cualquier debilidad ocasionada por la sed, aunque no hará falta sed para sucumbir a sus encantos. La vieja definición de “agua”, como incolora, inodora e insípida no fue más que la forma de no saber expresar nuestros sentimientos, aturdidos entre tanta perfección. La moderna definición, en lugar de aclarar, como la propia agua, ignora la máxima “lo bueno si breve…” y cede ante la complejidad. Un valorado divulgador científico, John Emsley, reconoció que el agua es una de las sustancias químicas más investigadas, pero que sigue siendo la menos entendida.

El mundo rural otorga a las fuentes el grado de imprescindibles; no en vano en torno a ellas se desarrolla gran actividad. El agua se necesita todos los días y así el camino a la fuente, como actualmente el camino a la panadería, era obligación y costumbre. En muchos pueblos, una costumbre no perdida; cerca de la hora de comer todavía los botijos, las jarras, o los recipientes de plástico llevan a las mesas a su inseparable compañera. Y no es obligación, pues otra hermana brota de los grifos, y aunque no sea recogida de ríos o pantanos y purificada, y mane espontánea de las entrañas de un pozo artesiano y sea conducida a la red, todos sabemos que nunca será la misma.

Por tantos paseos a la fuente, la inercia ha desarrollado un reconocido folklore literario y musical, refranesco e incluso picarón. Por simplificar, quizás el más representativo es el de los mozos y mozas tonteando con la escusa del agua: “Moza que mucho va a la fuente, anda en bocas de la gente”. En éste lugar el tradicional cántaro se convierte en una bella metáfora simbolizando la virginidad femenina, “cántaro roto no tien remedio”, porque ya se sabe, “tanto va el cántaro a la fuente, que al fin se rompe”. La primera en enterarse podía ser la madre:

- Ay, madre, que me lo han roto.
- ¡Hija, no digas el qué...!
- El cantarillo en la fuente,
madre, ¿qué se creía usted?

Y después del susto inicial ya se quedaba más tranquila, solo era el recipiente de barro y todos los años volvía el “cacharero”; porque el otro “cántaro” no tiene enmienda y el miedo era a la deshonra, a la censura social y al “que dirán”:

- Ay de mí, que me lo han roto,
el cantarito en la fuente.
No siento yo el cantarito,
sino qué dirá la gente.

Éste mito juvenil, irónicamente recogido en un viejo cantar leonés:

En los caños d’ésta fuente
hay un bicho venenoso,
que echa las mozas p’alante
y echa la culpa a los mozos.

El refranero, como forma de expresión social, recoge consejos y recomendaciones para el uso y disfrute del agua que se encuentra de forma natural: “Agua corriente no mata a la gente, agua detenida mala bebida”, ó “Agua estancada, agua envenenada”. El mejor momento para recoger el abastecimiento diario es de madrugada, así se conservará en óptimas condiciones: “Quien madruga, halla en la fuente agua fresca y transparente”. Otros trucos, como el de observar si en la fuente nadan salamandras, pueden parecer una aberración; y sin embargo es un perfecto marcador de la pureza del agua. Importantes detalles éstos a conocer si en plena naturaleza sentimos necesidad de saciar la sed, “El viajero que sed siente, se agacha y besa la fuente”. Más refranes, para quienes no guarden el debido respeto “Agua que no has de beber, déjala correr”, porque “Nunca digas de ésta agua no beberé”, al fin y al cabo “Algo tendrá el agua cuando la bendicen”.

Las fuentes, en su mayor parte se han secado. Los pozos artesianos facilitan la salida de agua en puntos más bajos; la ley de los vasos comunicantes, las salidas de la capa freática, no perdonan. Y una fuente seca es un cadáver de la naturaleza. Si un día bullía vida a su alrededor, al faltar el agua campa la desolación. Quienes más lo notan y sienten son las gentes que necesitaron y cuidaron que el agua fluyera en perfecto estado, porque era su necesario tesoro. Algunos, como Pedro Paz de Villageriz de Vidriales, en su único y particular arrebato poético, se emociona al contarnos aquellas historias de tiempos pasados, en torno a la fuente que desde niño sació su sed, y que ahora, como un viejo cascarón, permanece vacía, muerta, y para mayor desgracia, olvidada; exactamente como las costumbres y vivencias rurales que florecieron a su alrededor.



El 22 de Marzo de cada año fue declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Día Mundial del Agua, para fomentar la conciencia pública sobre la conservación y desarrollo de recursos hídricos. Este 22 de marzo, nuestro tributo al agua, y a su madre la fuente, va de la mano de Pedro, que con gran cariño escribió estos versos:

Homenaje a nuestra fuente

En este pueblo, señores,
había una fuente hermosa,
que por los años cuarenta
estaba como una rosa.
Porque por aquellos tiempos
se cuidaba con esmero,
y de allí se abastecían
los vecinos de este pueblo.
Los chicos de aquel entonces
entre los deberes contaban,
cuando salían de escuela,
sin falta ir a buscar agua.
Al llegar, nos enseñaron,
a lavar bien los botijos,
que al meterlos en la fuente
debían estar bien limpios.
En aquellos alrededores,
en senderos y caminos,
no había nada de zarzas
ni brotes de negrillos.
Cuando llegaban las fiestas
se le hacía una limpieza,
los encargados los mozos,
con mucha delicadeza.
Antes de hacer la limpieza
la voz de alerta se daba,
para que toda la gente
los recipientes llenara.
El trabajo consistía
en sacarle toda el agua,
frotando las paredes
hasta que casi brillaran.
Así al día siguiente
luego muy de mañana
se veía bajar a la gente
con cacharros a por agua.
Allá por aquel entonces
para nada se oía hablar,
que había que echarle cloro,
que lo manda la autoridad.
Pero los tiempos cambiaron,
y en el grifo hay que tratarla,
por eso de ir con la ley
y hacer lo que nos mandan.
Los chavales, de aquel entonces,
todos la fuente añoramos,
ahora después de los años
¡cómo nos acordamos!
Yo todos los días voy
hasta allí, dando un paseo,
y todo me da mucha pena,
está abandonado y feo.
Así que tengo que decirles
que echo de menos el agua,
aquella que todos los días
en nuestra fuente brotaba.



domingo, 16 de marzo de 2014

En Boca de Mujer.





En Boca de Mujer, y si me lo permitís, también con armas de mujer, el domingo 9 de marzo se celebró en La Bañeza la primera edición de un recital poético, en el salón del Centro Cultural Infanta Cristina de ésta pequeña ciudad leonesa, presentado por Carmen González, concejala del Área de Igualdad. Derroche de elegancia, dulzura, belleza,… y también temperamento y carácter, para declamar sobre la diversidad de temas que preocupan o conmueven, ahora y siempre a la mujer, en sosegada clave lírica. Nueve poetas, nueve mujeres deslumbraron a un público entregado, en un silencio solo roto por los sinceros aplausos y los varios “bravos” que premiaban así el buen saber hacer de estas nueve reconocidas artistas:
- Fina Brasa -
“Un mar de anhelos
separan nuestros cuerpos.
Nuestras almas se abrazan,
y me duermo con sus besos.”
- Laude Charro -
“… bajo ese sol de justicia
que la piel curte y reseca,
con la mirada perdida
en futuro de pobreza.”
- Mª Ángeles Cordero –
“Soy susurro al oído de tu amada,
soy el rincón de la luna que, escondida,
acecha cada noche tu salida
y al alba siente que ya no queda nada.”
- Olvido Fuertes –
“No quiero nada, ¡me voy!,
sólo me llevo mis alas,
donde cobijo a mis hijos,
hijos de mis entrañas.”
- Concha González –
“La instaron a aprender
que debía dominar mil y un oficios
que no siempre serían de su agrado,
y también,
que la roca era algún tipo de piedra
con la que se habían fabricado sus manos.”
- Charo Martínez –
“La luna riela en los charcos.
Las estrellas y las palabras son de escarcha.
¿Por qué nadie me dijo que la verdad se parece al desencanto?”
- Inocencia Montes –
“Somos (dicen) la generación mejor preparada.
Y nos toca perecer sin haber vivido,
y estar lúcidos mientras las familias se desgarran.”
- Ester Ruvira –
“Mujer te defiendo
como se aboga a lo más amado
como al equilibrio y bajo el estigma
que con tu ejemplo, en mi has
creado.”
- Manuela Vidal –
“Continúas.
Eres blanca y de todos
eres tuya y eres libre
aunque te aten al sol tantas derramas."

Al término del recital, los numerosos asistentes se pudieron llevar al menos un segundo regalo, un cuadernillo con una breve descripción de las participantes y sus poesías, y también de los tres músicos que entre flor y flor añadieron sus propias rosas para mayor disfrute del personal. Éstos fueron Maribel Martínez, Marisol Alija, y el cantautor Antonio Odón. Sobra el comentario del nivel alcanzado. Yo esperé para saludar y conocer, por fin, a algunas “amigas del Facebook” integrantes del evento, y mi premio añadido fueron unos simpáticos versos de la mano del alma máter del recital, 
Charo Martínez:
Ti Joaquin eres más majo que las pesetas!!!!
A peto vino y se llevó el libreto,
piropeó saleroso a las poetas
y no le convidaron ni a un vino.
Tendrás que volver hombre...
es cosa del destino....

Pues volveré, porque este recital tiene que haber creado un precedente en la cultura de La Bañeza y comarca. En Boca de Mujer, poesía varias veces poesía de labios de sus creadoras, en una presentación de lujo para una tarde memorable.











Pero a toda palada de cal hay que corresponderle con la propia de arena, y a mis pasados halagos no puedo menos que añadirle una nota discordante con la interpretación que puede haber de éste tipo de acontecimientos. La actual reivindicación del papel de la mujer en la sociedad va dirigida a un supuesto sector masculino y machista, lo que, siempre en mi opinión, de tener un resultado ventajoso convierte el hecho en actos feministas. Y no se puede combatir el machismo con el feminismo, de la misma forma que no tiene sentido protestar del ruido con una cacerolada; la violencia o discriminación no conoce condición, ni por parte de los opresores ni de los oprimidos. Es necesario encontrar el término medio, la justa medida entre dos géneros perfectamente diferenciados, porque no somos, ni nunca seremos iguales. No existe el unisexo, y el día que eso ocurra la asombrosa variedad de la raza humana creo que se verá gravemente dañada. Esto es tarea de todos y todas, en actos mixtos y simultáneos. Por eso me llamó la atención un solo hombre, Toño Odón, entre tantas mujeres. Lo que ha parecido la excepción debería ser, ampliada, la regla. Juntos como sociedad, y aunque a veces duela, cada uno representando su papel, tenemos que ser capaces de instaurar la dignidad entre las personas. Que nunca la violencia sobre cien mujeres justifique la opresión de un solo hombre inocente, y viceversa, que entre cien hombres deba poder ejercer sus derechos una sola mujer. Sólo ese maravilloso día, hablaremos con gusto de libertad, y no importará quien ni como recite poesía.

jueves, 6 de marzo de 2014

El Cacho la Truena




En una de las paredes de la Iglesia Parroquial de Calzada de la Valdería, desde ésta semana se puede admirar una extraña y carcomida cruz en su parte trasera izquierda. No es una obra de arte, ni siquiera su madera fue elegida para perdurar; la labraron sin mimo, a azuela, con dos palos torcidos de humero, el más humilde de los árboles autóctonos, robados a las orillas del río Éria. Esta cruz nunca fue delicada o valiosa talla, jamás portó vivos dorados del pan de oro, ni si quiera purpurinas; solo conoció el azul al agua de un resto de bote que el artesano constructor aplicó para corregir los fallos de su azuela. No era la idea hacer algo bello, si no un útil para señalar a quien, por estricto orden de “la vela” correspondía, acompañado de la llave del campanario, tañer la campana “grande” de Santa Bárbara en caso de fuerte tormenta, y así solicitar del cielo protección contra las inclemencias atmosféricas. Pero pese a ser un símbolo cristiano, y la campana pender de la torre de la Iglesia, seguramente nunca se respetó como objeto religioso, si no como amuleto, como un testigo y como escudo de los nefastos pedriscos, o los temibles rayos. Su madera conoció, pues, el miedo a perder las cosechas, los ganados o los bienes, transmitido de generación a generación, de casa a casa, de padres a hijos, hasta el día que acabó en el desamparo y en el olvido.

Era menester devolverla a la vida, darle una merecida jubilación. Para ello fue necesaria una pequeña como delicada restauración consistente en la retirada de puntas, alambres, cuerdas y maderas de unión, limpieza de manchas, un tratamiento insecticida para la carcoma, la unión de sus cuatro partes con espigas de madera, el relleno del hueco central con pasta reversible, se le añadió un clavo central perdido, y por último un tratamiento consolidante para darle consistencia y dureza en sus partes carcomidas. 

Para sujetarla a la pared se eligieron unas manos de forja, como signo de ofrenda, y porque algo tan querido por los vecinos de Calzada no se puede sostener con más delicadeza que con las manos. Debajo, un símil de pergamino enrollado en sus extremos lleva grabado en letras doradas el nombre del Cacho la Truena y entre signos de interrogación un 1952.


La incógnita es porque en uno de los laterales del mástil de la cruz lleva grabado con un objeto cortante un número de cuatro cifras, que yo, y cualquiera que lo vea, ha de interpretar como una fecha. Una fecha no libre de polémica; porque si la tradición permanece varios siglos, seguramente desde los albores del pueblo, y las gentes de más edad dicen haber conocido el Cacho la Truena así desde la niñez, este dato, 1952, es objeto de misterio y controversia. Yo encuentro dos posibles explicaciones: La primera es una broma de pésimo gusto; grabar sobre un objeto existente una fecha ulterior conduce a la duda sobre su valor auténtico. Quien mancillara la madera de esta forma ha condenado y recortado el valor real de una verdadera reliquia. La otra explicación es que este Cacho sustituyera en el 1952 a otro Cacho, que se encontraba en lamentable estado y fuera inadecuado para seguir “la vela”. La apariencia antigua, centenaria, de nuestra cruz de delicado humero es el resultado de cerca de 50 años pasando de mano en mano, de casa en casa y nunca en las mejores estancias. Su lugar fue el portal, en el suelo, en algún agujero o bajo el tejado entre la ripia, siempre cerca de los aperos agrícolas que debía, y eficazmente cumplió, proteger. Tanto tiempo en bien entendido maltrato no ha pasado en balde.


Otra curiosidad es su nombre: Cacho. Cacho es según la RAE un pedazo o trozo de algo. Cacho es también algo destartalado, de poco valor. Y Cacho es uno de los tres útiles de panadería en la Valdería: para meter y sacar el pan se usaba la pala, para barrer la base del horno con una escoba (la mondilla) el organero, y para juntar las brasas en una orilla se usaba una especie de rastro sin dientes, una herramienta con forma de cruz, el Cacho del horno. De aquí ha podido tomar el nombre, aunque en San Pedro de la Viña, pueblo zamorano muy cercano a Calzada, un trozo de madera, una tabla de aproximadamente 3 centímetros de gruesa por medio metro de larga, con una ligera vuelta central, también iba de casa en casa por “la vela” para señalar a quien correspondía tocar a medio día la campana de la torre. Era el toque del Ángelus, señal de que se acercaba la hora de comer, y aquel trozo de madera se la conocía como “el Cacho la Oración”. Dos objetos distintos, en pueblos separados, que comparten un mismo nombre, Cacho. Curioso.


El sábado 1 de Marzo Don Jorge, el párroco de Calzada, le dio la bienvenida a la Iglesia como Dios manda, esto es, con la oración y bendición adecuadas. Después de muchas vueltas, el Cacho la Truena detuvo su caminar y encontró residencia donde se puede contemplar para contar su hermosa historia e interesante tradición. Situado al lado del campanario, nada lo separará ya de su compañera campana de Santa Bárbara, para ofrecer juntos, a los cada vez menos agricultores y ganaderos como siempre fue y para siempre continuará, protección y confianza; que ya decía San Agustín: “En el Cielo dicen Aleluya, porque en la Tierra han dicho Amén”.

P.D - Explicación de las fotografías: 1 y 2, Calzada de la Valdería, a los pies del Teleno. 3 - Cacho la Truena, restaurado y expuesto en la Iglesia. Debajo, fecha y detalle del Cacho; últimas - pala y cacho del horno y detalle.

  




martes, 18 de febrero de 2014

Una fecha para el recuerdo



Hasta nuestros días nos ha llegado, transmitida oralmente de generación en generación, la historia con tintes de leyenda del incendio que destruyó gran parte del pueblo de Ayoó de Vidriales. Ya hace tiempo edité un artículo, con la versión de entre las distintas que se cuentan que me pareció más hermosa. Hoy vamos a poner fecha y algún dato más a tan triste acontecimiento, con toda la veracidad que nos pueda aportar un periódico del día, el diario madrileño La Iberia, que en su página tercera de su número 6566 narraba escuetamente los hechos. La actual digitalización de libros y documentos, y su publicación en Internet, nos permiten corregir la parte de leyenda y hacernos una mejor composición de lo sucedido aquél día, un histórico 25 de marzo del año 1878. Éste es el artículo, transcrito punto por punto, incluso con sus faltas de ortografía:

                               Hemos recibido el siguiente telegrama:
                               « Zamora, 29.- Un horroroso incendio tiene
                           consternados á los vecinos del pueblo de
                           Ayoó de Vidriales. La catástrofe ocurrió el
                           25, siendo la causa inocente, segun noticias,
                           una niña que sin apercibirse incendió unos
                           juncos.
                                El fuego se propagó instantáneamente y se
                           quemaron 44 casas, de las cuales estaban ha-
                           bitadas 33. Entre las llamas ha perecido una
                            mujer.
                                Se ha solicitado del ministerio de la Gober-
                            nacion que se conceda para aliviar las des-
                            gracias una cantidad del fondo de calami-
                            dades. »
                                La provincia de Zamora, una de las más
                           pacíficas, honradas y laboriosas de España, es
                           tambien una de las ménos atendidas, á pesar
                           de que paga puntualmente al Tesoro. Estas
                           consideraciones y el desastre que han expe-
                           rimentado esos pueblos, nos mueven á impe-
                           trar del gobierno de S. M. algun recurso del
                           fondo de calamidades, con lo cual se remedie
                           la miseria del pueblo de Ayoó de Vidriales.
                                                     __________

Pues conociendo éste importante documento rectifiquemos, que es de sabios, y reescribamos la historia; para que en honor a la verdad, una mala escritura siga siendo mejor que una buena memoria. En primer lugar, la fecha confirma la coincidencia con una de las cuatro romerías que se celebraban en torno al Santuario de la Virgen del Campo, el 25 de marzo es, y así se dice, Nuestra Señora de marzo. También corrobora la circunstancia de que muchos romeros ayoínos, especialmente hombres, habían acudido a mercar a la feria de Rosinos dejando el pueblo con poco personal para enfrentarse a las llamas. Todavía quedan incógnitas por resolver, como el perímetro calcinado, aunque podemos pensar por el número se casas habitadas, y si es cierto que se libró el barrio de la Iglesia, que el fuego cruzara de Oeste a Este por su centro, avivado por los famosos aires de Marzo. De haberse quemado más casas no habitadas, pensaríamos que el incendio fue en las afueras, donde están pajares, corrales y almacenes; y a Peñacabras no llegó porque un corral propiedad de mi familia, hasta mediados del pasado siglo mantuvo su techumbre de urces. Por último, para relacionar a San Bartolomé con la extinción del fuego tenemos otro dato importante: su ermita. Estaba donde comienzan las calles de Peñacabras, que recordemos son dos, o una con forma de “V”. Dicha ermita no se quemó, fue desmontado su tejado vegetal original y reformadas las paredes por albañiles que todavía dan fe de ello. Junto con las pocas pertenencias que los ayoínos podían salvar de sus casas, abrieron las puertas de las varias ermitas y trataron de poner a salvo a sus imágenes sagradas. Alguna pudo no tener suerte, como la ermita de la Virgen de la Alhóndiga, que al parecer estaba frente al Bar Loli. Pero sí lograron sacar a San “Bartolo” a la ahumada calle, y los testigos presentes afirmaron, y así nos lo han hecho llegar, que el fuego “milagrosamente” comenzó a remitir y en un momento fue controlado por completo. Seguramente el santo “bombero” no volvió a su ermita, si no que en aquellos días fue conducido a la Iglesia, subido a lo más alto del retablo principal, y honrado ya el 24 de agosto de aquel año como Santo Patrón con fiesta Sacramental, sustituyendo en ese mérito al Salvador, en su fiesta celebrada el 6 de agosto. Por último queda la incógnita de si fue concedida la ayuda solicitada al gobierno del entonces rey Alfonso XII, recién casado con la reina María de las Mercedes, a través del Fondo de Calamidades; y lo más importante, falta saber el nombre de la mujer víctima del incendio. He consultado el Archivo Diocesano de Astorga, y sorprendentemente desde el 17 de marzo al 22 de abril de 1878 no hubo ningún fallecimiento en Ayoó. Pudiera ser que la mujer mencionada fuera de Congosta, de Carracedo, o de algún pueblo cercano, y en cuanto pueda lo comprobaré; pero lo que más me extraña es que siendo la gente de Ayoó tan complaciente con sus vecinos y paisanos, se recuerde el incendio y NO, con mayor motivo, la persona fallecida en él. O puede ser, lo que me parece más probable, que este dato no fuera más que una maniobra para tener mejor acceso al Fondo de Calamidades, y por eso no conste en la transmisión oral, fiel al tamaño de la desgracia; porque para ningún ayoíno fue mayor pérdida la material que la humana.
El 25 de marzo de 1878 es ya, una fecha para el recuerdo.






viernes, 7 de febrero de 2014

Otro acertijo.


Aunque siguen llegando las soluciones a los acertijos, tengo que felicitaros porque los habéis acertado todos. Muy bien. También decir que las interpretaciones son relativas, depende de la zona y del narrador; puede haber ligeras diferencias tanto en la exposición del acertijo como en la solución. Me han gustado vuestros comentarios y los muchos correos, y os agradezco la participación. Aquí os dejo las soluciones que a mí me han contado y comienzo por el acertijo para un rey, que recordamos era:

- Tenga, buen rey, este vaso de vino,
que ave de pluma llevó a su nido.
Vengo montado en quien no ha nacido,
y traigo la mano encima de su madre.
Si no lo acierta, buen rey,
devuélvame a mi padre.

El hijo del preso, recordamos, se acercó al castillo a lomos de su caballo, con una copa en la mano. Efectivamente, la copa llevaba vino, “que ave de pluma llevó a su nido”. El ave de pluma era una cigüeña que entre los muchos restos de podas o pequeñas maderas, llevó una vara de una cepa. Entre la tierra, los excrementos y la humedad, la vara echó raíces, se hizo nueva cepa y terminó por dar uvas. Por si hay algún lector escéptico, encima del tejado de la torre del Santuario de la Virgen del Campo, había un nido de cigüeña y una cepa, exactamente como en el acertijo, documentado fotográficamente en este artículo. El vino ofrecido, pues, era de las uvas exprimidas de la cepa de la torre. “Vengo montado en quien no ha nacido, y traigo la mano encima de su madre”: Una yegua murió en avanzado estado de gestación, por lo que mediante cesárea extrajeron al potro, “no nacido”, al menos de forma natural. Con la piel de la yegua, una vez curtida, cosieron el forro de la silla de montar, en la que el chico apoyaba la mano. Pero si alguno de vosotros hubiera sido el rey, el prisionero seguiría en la cárcel.

Soluciones para los acertijos “picantes”:
1- Estaba mi abuela meando, vino mi abuelo y le metió el tranco.
Solución: mi abuela meando es la cuba, y el tranco es la espita, la salida lateral que se tapaba con un palo envuelto en fibras de lino.
2- Levanta los cobertores, y no me seas temerosa, que te la vengo a meter, y traigo tiesa la cosa. Solución: la inyección.
3- Yo estaba en la cocina, vino mi novio, y se me echó encima.
Le dije que no, que en la cama es mejor. Solución: el sueño.
4- Entre dos peludos hay un pelao. ¿Que hará en el medio ese condenao? Solución: Los peludos son las vacas y el pelado el arado.
5- Entre dos piedras feroces, hay un hombre dando voces. Solución: el pedo
6- Mi tío va y mi tío viene. Lo de entre las piernas tieso lo tiene. Solución: La balanza
7- Tiesa la traigo y metértela quiero, ponte en facha y prepara el agujero. Solución: la llave.
8- Hondo es el pozo, y larga la soga; si la estiras no llega, y doblada sobra. Solución: El pozo es la boca y la soga el brazo.
9- Allí arriba, en aquel alto, hay un hombre sin camisa; por delante y por detrás se le ve la longaniza. Solución: una campana en la torre a la que se le ve el badajo.
10- Encima de ti me pongo, y tu toda te meneas; yo con el gusto me voy, y tu con la leche te quedas. Solución: la higuera y el higo.

La conversación de la posada:

- Buenas noches, Teresa, con tu perica puesta.
- Bienvenido sea el caballero, con lo que le cuelga.
- Venía a ver si me dabas el roso velloso para mi deseoso…
- Bien se lo diera, con gusto y agrado,
pero hace tres días que lo tengo rapado.
Pase usted, se sentará en duro y en blando,
comerá manjar de culo y caldo entre patas.

Efectivamente, el escenario es una posada, a la que llega un caballero, abre la puerta y saluda a la posadera, que estaba hilando con la rueca y el huso (la perica, pues tiene forma de esa fruta). Ella saluda al caballero con lo que le cuelga (la espada del cinturón). El recién llegado pidió para su deseoso (el caballo), el roso velloso, (que no es otra cosa que dejarlo pacer en el prado; lo velloso, el vello podría ser sinónimo de hierba). En la RAE está recogida la frase “roso y velloso”, muy curiosa: 1. loc. adv. Totalmente, sin excepción, sin consideración ninguna. Con este significado también se podría interpretar la adivinanza como que el caballero pidió para su caballo todo lo necesario para saciar su apetito y descanso; todo, sin escasez. “Bien se lo diera, con gusto y agrado, pero hace tres días que lo tengo rapado” Aquí la posadera se lamenta de haber segado hace tres días el prado, por lo que el caballo no dispondría de hierba fresca, pero continúa: “pase usted, se sentará en duro y en blando, comerá manjar de culo y caldo entre patas”. Sentarse en duro y blando es sentarse a la mesa sobre una silla mullida; manjar de culo son huevos de gallina, y caldo entre patas leche recién ordeñada. Como vemos nada de palabras malsonantes, sólo malentendidas.

Como estamos animados con los acertijos, os dejo otro:

Una torta mató a panda,
panda mató a tres,
y tres mataron a siete.
Tiré a lo que vi,
 maté lo que no vi,
y comí la carne engendrada
con palabras de Dios asada.

Hala, a discurrir; el correo sigue siendo eltijoaquin@hotmail.com.
Encantadores, los acertijos.