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jueves, 8 de marzo de 2018

¿Basura?... no, gracias.






Ha sido ayer a primera hora de la mañana. Parece ser que a alguna “persona” le quedaba más cerca el monte que el contenedor de al lado de su casa para depositar sus deshechos. El punto elegido está al lado de la carretera, a 1,5 Km. o 2,5 Km. desde los pueblos más cercanos, Carracedo o Ayoó. La bolsa, abierta y por más de la mitad, es la típica de basura; lo que indica que no es un error, y que hubo intención en hacer la guarrada.

Al bajar a mi trabajo la he visto, y he sentido la necesidad de parar y terminar lo que su dueño o dueña dejó a medias, depositarla en un contenedor. Curiosamente, no he tenido sentimientos negativos para semejante falta de educación, solo me ha invadido una inmensa tristeza. Inevitablemente he mirado dentro y he visto el reflejo de la personalidad del sujeto: “por sus frutos los conoceréis”, dice una famosa cita bíblica.

Me parece imposible explicarle a ésta “persona” los motivos por los que ha hecho mal dejando allí su bolsa, porque por su mentalidad no entenderá ningún argumento por razonado que sea. No valdrá la sanidad, la belleza paisajística o la riqueza natural de nuestro entorno, y la necesidad de mantenerlo igual que lo encontramos, si es que no nos proponemos mejorarlo. No, porque por encima de todo estará su “persona” y su bolsa.

Aunque más raro me parece lo que ocurre en la otra parte de mi desplazamiento al trabajo. En “el camino de conventico”, esa medio-carretera que discurre estrecha y sinuosa entre San Pedro de la Viña y Santibáñez. No sabría decir si alguien bebe y pincha los recipientes en los lados del camino, o si unos beben y otros pinchan; el caso es que más de medio centenar de envases se pueden ver ensartados en cualquier vegetal que los sustente. Vamos, que esto debe ser lo que toda la vida se llamó “una mierda pinchada en un palo”.

No sé que decir. El caso es que he visto cosas peores en los museos de arte contemporáneo. Recuerdo aquella vez que el servicio de limpieza arruinó una obra por hacer bien su trabajo (1). Aunque puedo, y me apetece, no voy a escribir para estos o estas “artistas”, con la esperanza de que lo lean, reflexionen y dejen de ensuciar el espacio de todos. Quienes actúan así no los veo capaces de leer cuatro palabras seguidas, pero ya que estoy, les pondré solo tres:
¿BASURA?... NO, GRACIAS.











viernes, 9 de febrero de 2018

¿Por qué no nieva en Vidriales?


De las grandes nevadonas
se llenan los titulares;
aquí, que es tierra de algunas,
nada llega de lo de antes.

Se pone el gorro Teleno,
y otros cercanos lugares;
nosotros también, de frío,
pero con polvo en las calles.

¿Qué fue de los chupiteles
que rompimos de rapaces
con la fría artillería
que sobraba por las calles?

En las cuestas resbalinas,
los muñecos bien gigantes,
y el carámbano en los charcos
que no rompe aunque saltes.

Se hacía camino en la nieve,
no porque fuera importante,
bien repletas las despensas,
las paneras y yerbales.

En las noches buenas mantas,
por el día mil telares,
un buen cocido en la mesa,
y la lumbre que no falte.

Ya no tenemos invierno
el campo quiere humedades,
la mejor, la que nos falta,
que para pronto, ya es tarde.

Se secan jaras y urces,
los piornos y agavanzales,
menguan fuentes y lagunas…
no se llenan los cañales.

Dice el refrán que las nieves
traen al año menos males
¿quien se lleva nuestros bienes?,
por robar se va a la cárcel.

Bóreas, viento del norte,
respóndeme tú que sabes:
si al campo no han puesto puertas…
¿por qué no nieva en Vidriales?

-----ETJ-----

domingo, 21 de enero de 2018

Lista de pueblos del Valle de Vidriales


(Foto, centro histórico de Vidriales)

Para hablar con propiedad, tenemos dos herramientas básicas: conocer el tema o hacer consultas contrastadas para averiguarlo; porque de otra forma hablaremos por hablar, y además crearemos confusión. Y nada hay peor que una mentira como argumento.

Estos días en una red social, para publicitar como es de bonita la provincia, incluía en nuestro pequeño valle de Vidriales pueblos aledaños. Nada tengo en contra de estos pueblos, al contrario, allí viven muchos de mis amigos; y también me gustaría añadir que nos deberíamos de sentir muy honrados de que hablen de nosotros para bien. Aunque llegado a este punto hay que añadir los “peros”:

Pero las cosas son como son, y el valle es lo que es, y si alguien no sabe lo que significa “valle”, el diccionario de la RAE lo deja meridianamente claro, valga la redundancia, en sus tres acepciones:
Del lat. vallis.
1. m. Llanura entre montes o alturas.
2. m. Cuenca de un río.
3. m. Conjunto de lugares, caseríos o aldeas situados en un valle.

Supongamos que desconocemos Vidriales, e investigamos rápida y fácilmente por Internet, para asesorarnos y llevar a cabo nuestro trabajo. Entre los primeros resultados aparecerá la Wikipedia, ese sitio donde todo el mundo corrige a todo el mundo, en su apartado de Benavente y los Valles. Dice que es una comarca, bla bla bla…, de la comunidad autónoma, bla bla bla…, en lo geográfico (a saberse que entenderemos por geografía) vemos que cuenta no se cuantos municipios y parroquias (¿?¿?) bla bla bla…, y un poco más abajo vemos con sorpresa que pone de ejemplo de uno de los valles de Benavente al Valle de Vidriales.

Pues nada, vienen ordenados de mayor a menor, corto y pego, y encantado los repaso: Santibáñez de Vidriales, San Pedro de Ceque, Quiruelas de Vidriales, Ayoó de Vidriales, San Pedro de la Viña, Brime de Sog, Uña de Quintana, Brime de Urz, Cubo de Benavente, Fuente Encalada, Pozuelo de Vidriales, Congosta de Vidriales, Tardemézar, Moratones, Bercianos de Vidriales, Villageriz, Grijalba de Vidriales, Carracedo de Vidriales, Rosinos de Vidriales, Cunquilla de Vidriales, y Villaobispo. Total 21 pueblos.

Lo primero que echo en falta son los pueblos de Quintanilla de Urz y Granucillo, como si los hubiesen borrado del mapa. Y no es que sean pueblos anejos; ambos son ayuntamientos y me parece un error garrafal ignorarlos. Sumados a los anteriores arrojan un total de 23 pueblos.

Y lo primero que echo de sobra en Vidriales, es a San Pedro de Ceque, Uña de Quintana, y Cubo de Benavente. Ni pertenecen, ni han pertenecido, y me atrevo a asegurar que jamás pertenecerán al “valle de Vidriales”, y si lo llegan a hacer, será tan grande la hecatombe que ya no importará la discusión. Porque… ¿están en la llanura entre montes o alturas? No. ¿Están en la cuenca del mismo río? No. ¿Forma parte del conjunto de lugares, caseríos o aldeas situados en éste valle? NO, NO Y NO. Punto. Así que después de restar, nos quedan 20 pueblos. ¿Es así, o habría que cambiar alguno más?

Consultaremos a la sabiduría popular, la de nuestros mayores, que pisaron poco y menos la escuela y una vez más nos van a ilustrar, y además con arte:

Copla del valle de Vidriales

Ésta es la copla moderna
que ha salido de altas mares:
que entre grillos y cadenas
vino al valle de Vidriales.

Empezando por Quiruelas,
Quintanilla y Brime de Urz,
Cunquilla y Granucillo,
y en Grijalba hace la cruz.

También va por Moratones,
Bercianos y Villaobispo,
Tardemézar y Pozuelo,
y hace parada en Rosinos.

También va por Villageriz,
Fuente Encalada y la sierra,
y San Pedro de la Viña,
que es el que hace cabecera.

Va por Ayoó y Carracedo,
Congosta y Brime de Sog,
Santibáñez de Vidriales,
que es el que lleva la flor.

(Autor desconocido)

¿ALGUNA DUDA MÁS?



martes, 9 de enero de 2018

La caldera de gasificación.


Hoy, con la primera nevada del año, y de varios años que se pueda llamar nevada, cargo el tintero para un tema que bien merece esta mañana de quedar en casa, por si las moscas. Por cierto, “moscas” se llaman aquí a los copos de nieve, cuando caen ralos; hoy los copos son copiosos, y nos guste o no, es lo que el campo necesita, mucha nieve. Y al dicho me remito: “año de nieves, año de bienes”.

Pues nada, “prenderemos la calefacción”.

Hace ya unos años que sustituimos la caldera de leña, de esa marca tan conocida, que empieza por “ro” y termina por “ca”, simplemente porque se quedaba pequeña. Buscamos alternativas en combustibles, y por convicción, porque nos rodea un monte maravilloso de roble y encina, decidimos seguir con leña.

La leña se desarrolla en nuestra comarca muy por encima de su consumo, y con la manía de control burocrático mucho más, pues ya hay quien por no andar con permisos y zarandajas, deja de cortar y podar con el lógico envejecimiento del monte, que ya se está adueñando hasta de los caminos. Con el monte se expande la fauna, y ya es normal que corzos, jabalíes, ciervos o lobos, se vean en los arrabales del pueblo, o lo que es peor, se sientan sus efectos destructivos.

Por otra parte, dicen que la leña es ecológica, sostenible, y de nulas emisiones… yo no digo nada, solo sé que da calor. Calor para cortarla, calor para trasportarla, calor para guardarla, y calor de hogar, sobre todo en la chimenea, cuando se está ante el embrujo de las llamas. Pero algunas tradiciones es lo que tienen, dan trabajo… y satisfacción, por realizar una buena labor ecológica.

Otra cosa es decidirse por la caldera: marcas, tamaños, calidades… Y por probar, probamos con un sistema totalmente desconocido para nosotros, y por lo que he visto, para la inmensa mayoría de la gente: la gasificación, o llama invertida, pues “arde hacia abajo”. La marca que adquirimos, no creo que importe, comienza por “Vi” y termina por “gas”, en su modelo modulante de 5 a 31 kW, la básica.

Describiré la caldera como parecida a las de toda la vida, con una cámara de combustión, con su salida a la chimenea, y su puerta de acceso para alimentarla. Solo que donde las demás tienen un cajón para recoger la ceniza, debajo, éstas tienen otra cámara de combustión, y la rejilla entre ambas es una ranura. En el frente tiene un servo ventilador, que varía la velocidad automáticamente, y encima una pantallita, donde nos indica dicha velocidad, la temperatura del agua, y la temperatura de la chimenea.

El funcionamiento es relativamente sencillo: se enciende como las clásicas, yo sugiero que en vez de papeles se usen pastillas de encendido, un poco de leña menuda, y a esperar que arda bien. Luego se añade leña hasta completar el hueco, por la sencilla razón que hasta que no se consuma por completo no podremos abrir la puerta. De esta forma aseguraremos un mayor tiempo de calefacción. Observaremos la temperatura de la chimenea hasta que alcance o supere los 125 grados, supongo que en otras u otros modelos será distinto, dependiendo de varios factores. A continuación se cierran las puertas, la de la cámara de abajo y la de alimentación, y se tira de una palanca que hay al lado de la manilla de ésta puerta. Lo que hace dicha manilla es taponar la salida de la cámara alta hacia la chimenea, por lo que la leña debería de dejar de arder, puesto que se ha quedado sin tiro ni salida. Entonces se acciona el ventilador, que proporciona una corriente de aire en la ranura que describí, entre ambas cámaras. Y… ¡¡¡voilá!!! en la cámara de abajo se produce la gasificación, una intensa llama azulada que viene hacia adelante y luego asciende por unos conductos traseros a la chimenea, aprovechando al máximo el combustible. Encender ésta caldera supone aproximadamente media hora, para largas horas de calor, olvidando por completo que es leña quien abastece el quemador.

Las ventajas creo que son obvias, y ya están descritas. Los inconvenientes creo necesario describirlos también, desde mi punto de vista, claro está. El primero es el de todas las calderas de leña, es necesaria limpieza y más limpieza. Una es diaria, antes de encender (si se deja apagar), y otra es mensual. Ésta última consiste, en nuestro modelo, en levantar una tapa trasera, quitar dos tornillos y otra tapa para acceder a los conductos traseros que antes mencioné. Con un útil, suministrado con la caldera, limpiaremos la carbonilla acumulada, que sacaremos con otro útil por la cámara de abajo. Finalizado tapamos y a funcionar. Tengo que decir que es poca la suciedad que se acumula. Otro inconveniente es el humo producido en esa media hora de encendido, lo digo por los vecinos; con la gasificación luego será mucho menor, muy aceptable. Y otro es la leña en si; debe estar seca, no ser resinosa, y se debe disponer de abundante espacio para almacenamiento.

Remataré con la seguridad, puesto que una caldera de leña es una bomba que tiene el vapor como potente explosivo. Potentísimo, me atrevo a decir. A la válvula de seguridad que se instala en todo sistema de calefacción, que se abre por presión (presostato), este modelo que describo está fabricado con un serpentín interior, conectado al agua corriente mediante una válvula, accionada con un termostato. Si hubiese algún fallo, antes de hervir el agua se accionaría la válvula, entrando agua fría en el serpentín, y bajando rápidamente la temperatura interna. Otro caso sería el corte de electricidad: la bomba de recirculación se pararía, pero también lo haría el ventilador de la gasificación, por tanto, al no entrar oxígeno por ningún sitio la leña se apagará irremediablemente, dejando de calentar. Por tanto confianza plena.

Otro pequeño inconveniente es el ligero “temblor” del aire al bajar las revoluciones del ventilador de la gasificación: la llama pide oxígeno, y el aparato se no niega, el sistema se ahoga y “sufre”. A esto se tarda uno en acostumbrar, parece la batería de un loco… yo algunas veces hasta bailo y todo… jajaja… (Acabo de exagerar un poco, por hacer una broma)

El medio ambiente bien se merece estos pequeños sacrificios; hoy nieva, pero… ¿Cuándo fue la última vez? Éste pasado verano, y el anterior, fueron sofocantes… el cambio climático, aunque sea cíclico es evidente, negarlo es de necios. Dejemos de mirar el ombligo, hemos heredado un lugar en el mundo, pero de prestado; la condición implícita es dejarlo si no mejor, al menos igual que lo encontramos. La leña es un excelente combustible, respetuoso y de calidad; y si a sus bondades añadimos un sistema como la gasificación, el rendimiento es gratamente superior.

Mientras termino el artículo la temperatura del agua se mantiene automáticamente según su programación, a 72 grados; el calor ambiental nos hace olvidar que en la calle, aunque dejó de nevar, hace un frío invernal. Y todo con cero emisiones; calentitos, una noche más, dormiremos con la conciencia "ecológica" tranquila.











Vídeo desde YouTube:

sábado, 23 de diciembre de 2017

El Belén del carpintero.


EL BELÉN DEL CARPINTERO


En el corazón de un palo,
apartado para el fuego,
encontró un padre mañoso
material para dos sueños:
el suyo, hacer una cuna,
y acostar su primogénito.

Sierra las piezas mayores,
las tornea con esmero,
cepilla, barrena y lija,
sin descanso, que no hay tiempo;
pues un pesebre no es lugar
para un niño tan pequeño.

Muchas y tiernas virutas
recoge después del suelo,
y las mete en un jergón,
para acolchar todo es bueno;
pinta cuidadoso su obra,
y sonríe, satisfecho.

Ya está acabada la cuna,
el niño duerme en el lecho,
ángeles, reyes, pastores…
han venido para verlo;
alaban al trabajador
y adoran al Dios del cielo.

Con la sencilla madera
fabricó un trono el obrero;
nunca quiso, por su labor,
ningún reconocimiento.
En homenaje al honrado
José: nuestro nacimiento.


Moraleja: en éste mundo,
todos dos manos tenemos
para crear o destruir;
al hijo del carpintero
le arrebataron la vida
colgándolo de un madero.

---ETJ---

sábado, 25 de noviembre de 2017

Cuento a mi nieto.


Contando, contando, cuento
en las manos treinta dedos;
unos largos, otros cortos,
unos viejos, y otros nuevos.
Tanto contar, que despierto
la vida de veinte de ellos;
diez se encierran en puñitos,
diez, piececitos traviesos.
Los puños se alzan al cielo,
floreciendo en pleno invierno;
cinco pétalos se agitan,
y otros cinco, y no hace viento.
Ahora hay música… y no entiendo
qué es lo que suena en silencio:
son dos, las dos batutillas
directoras del concierto.
Lo que hoy en las manos tengo
sobrepasa el mejor sueño;
treinta, veinte, diez, cinco, dos…
 me pierdo... y a contar vuelvo.

--------ETJ--------

viernes, 24 de noviembre de 2017

De Ástures y equinoccios...





Revisando cosas del reciente pasado (un par de meses ya, como pasa el tiempo), hoy me apetece recordar aquel sábado 23 de septiembre, para mí objetivo y meta de un intenso trabajo, todo robado al descanso. Para esa fecha dos temas bullían al unísono en mi cabeza; el primero mandaba madrugar, y comenzar temprano en el pueblo que me vio nacer, Calzada de la Valdería. El segundo mandaba preparar documentación y equipo para mi primera charla, en la Joya de Vidriales (Santuario de Nuestra Señora la Virgen del Campo), sobre el reciente descubrimiento del efecto luminoso conocido como “el milagro de la luz equinoccial”.

Así, que antes de salir el sol, ese que me destrozó el trabajo de la tarde (bendito desagradecido), ya estaba en la carretera camino a Calzada. Allí más de medio centenar de amigos nos reunimos para recrear la historia, y participar como sorpresa en una marcha programada por la Asociación Legio IV Macedónica, quienes con rigurosa fidelidad portaron vestimentas y armas de la época romana. En el pueblo, en el Sagral, les prepararon un potente desayuno, para enfilar con energía el largo trecho que los separaba de la meta en Petavonium. Sopas de ajo “picantillas”, chocolate, café y pastas, dicen los cocineros que aquellos romanos eran algo flojillos, cuando no terminaron todo lo que le habían preparado.

Quisieron varias circunstancias que iniciaran tarde la marcha, el calor comenzaba a apretar, y el equipo pesa, en algunos casos 30 Kg. Al llegar estas tropas a los corrales de la cuesta, un niño les salió al paso, arrojándoles piedras del camino a gritos, increpándoles a no continuar por ese camino. Incertidumbre en las filas. El niño se escondió y entonces una turba de astures de ambos sexos invadió el camino, obligando a los romanos a adoptar una pose defensiva. Amplia mayoría autóctona, griterío general, toscas armas en alto, lanzas, espadas de antenas, tornaderas, pinchos… la batalla estaba servida.

Pero entonces quien parecía el cabecilla astur, envainó su espada, y se adelantó, escoltado por su lugarteniente, y dos aguerridos guerreros escudados lanza en ristre. Del cinto extrajo un documento enrollado, y comenzó a leer lo que parecía una tregua; evocando al Dios Tilenus compartido de ambos pueblos, que en aquellos momentos observaba desde su altar la escena, propuso un pacto de amistad.

Fueron segundos de indecisión romana, pero la cordura estrechó un abrazo entre el prefecto y el cabecilla astur, quien mandó abrir filas para permitir continuar la marcha hacia otros objetivos. Una caminata interrumpida con más contratiempos, como la visita a los grandes campamentos de la Chana, la Fuente del Robleo, y alguna escaramuza de rebeldes astures que quisieron tentar la fiereza romana. Saldo, un herido romano, por suerte sin importancia.

Dicen las crónicas, que varios Abisinios acompañaron a los romanos hasta Petavonium, pues nadie mejor que ellos conocía el camino. Una vez allí, volvieron a estrechar las manos con el firme propósito de repetir el año que viene.

Y lo que no dicen las crónicas, lo digo yo. Es un orgullo pertenecer a un pueblo, Calzada, al valle Valdería, vivir en Vidriales, y sentir el placer de reunirnos todos simplemente porque alguien de lejos decide venir a caminar por una milenaria senda. Ha sido proponer añadir más emoción al proyecto de recreación organizado por la Asociación Legio IV Macedónica, darles una sorpresa participativa, y ver gente volcada desinteresadamente en hacer un día muy especial. Ha habido críticas, infundadas, como siempre, que dejamos de lado para poner en marcha un proyecto de futuro, en el que todos juntos intentaremos sentar las bases de una recreación histórica anual, y la recuperación de costumbres ancestrales para lo que nos sobra historia e ilusión.














P.D.- Como no se puede “repicar e ir en la procesión”, no tengo fotos ni vídeos propios de la recreación histórica, y vengo de prestado. Álvaro, Andrés y otros muchos nos han ilustrado.

Del canal de YouTube de nuestro amigo Císimo:


Del canal de YouTube de TV Benavente:


Del canal de YouTube de La Bañeza Hoy:


La Legio IV macedónica el Facebook, con más vídeos e información:





Antes de las 5 de la tarde, volvía a estar en la carretera, esta vez camino del Santuario, para preparar la charla. A las 6 y media dio comienzo, para terminarla exactamente cuando el sol hiciese el trabajo encomendado: iluminar donde el maestro cantero le dejó dicho. Solo que las nubes, envidiosas, quisieron salir en la foto y al final no hubo para ninguno de los dos. Desilusión general; pero no importa, repetimos el domingo, a la misma hora.


Dice un refrán que “cuando el año viene de piojos, es bobada lavar la camisa”. El domingo otras nubes truncaron de nuevo lo que debería haber sido un milagro, el de “la luz equinoccial”. Será que los milagros escasean. Pues lo intentaremos el próximo equinoccio, el 20 de marzo de 2018, o el 21, o el 22… o el siguiente equinoccio, el del 23 de septiembre, o el 24, o el 25… y así hasta que, al menos por una vez, podamos contemplar en grupo el efecto al completo.

Del efecto no voy a poner fotos ni vídeos, para que os animéis a venir a verlo en vivo; perdonad mi maldad, merece la pena.

Algunos días deberían ser vividos al menos tres veces. La primera, porque por mucho que se programe, siempre surgen imprevistos; la segunda, para corregirlos y mejorarlos, y la tercera para disfrutar de verdad de todos los momentos. Qué corto me pareció aquél sábado…





viernes, 10 de noviembre de 2017

A Celso y Geno, panaderos.


Algo bueno tenía que tener hacerse mayor en el tiempo, y una de las cosas es el recordar. Tiempos peores o mejores, da igual, siempre que nos quedemos con la parte buena de cada cual. Puestos a recordar, qué mejor ocasión que ésta para volver, en mi caso un medio siglo atrás, para rememorar preciosas costumbres relacionadas con el único alimento que es, además de un manjar, parte de la oración cristiana por excelencia.

El pan está en el centro del Padre Nuestro (en la actual traducción al español está después de 28 palabras, la número 29, y quedan otras 28 para el final, comprobadlo). Es, según los Evangelios, composición del mismo Jesús de Nazaret, y ya dejó constancia hace dos milenios (aunque sea metafóricamente) de la importancia del pan de cada día; somos muchos los incapaces de comer sin buena cantidad de pan en la mesa, los que nos molesta ver el pan “al revés”, y no nos resistimos a colocarlo debidamente, y los que nos ofende tirarlo a la basura, y cuando sin querer se cae al suelo, recordamos que de niños nos decían de recogerlo y besarlo posteriormente.
¡Cuánto van cambiando los hábitos!

Algo tan especial como el pan es obra de gente especial, no me cabe duda. Antiguamente, cada familia hacía su pan en casa. Y eran casi siempre las mujeres las encargadas de elaborarlo, con un hermoso ritual de respeto en la preparación de la mezcla, en compartir la masa madre, en arropar el reposo de las porciones, en el arrojado del horno, y en abrigar el pan una vez cocido. Ningún alimento se cocinó con tanta veneración, hasta el punto de ser común hacer una cruz sobre las piezas sin cocer, o rezar antes de tapar el horno.

El auténtico pan se compone de harina, preferentemente de trigo, agua, sal, levadura… y cariño. Solo la desangelada industrialización se ha saltado este último componente; el mucho y muy deprisa degrada los productos alimenticios mucho más que a cualquier otra cosa, de eso sabemos quienes vivimos cerca de lo natural.

En el método tradicional la harina se vertía en un recipiente de madera conocido como masera (que viene de amasar). Después se practicaba un hoyo en el centro, y se añadía agua caliente. A continuación la masa madre, que se guardaba y compartía con los vecinos en un recipiente de barro (el urmiento o recentadura en nuestra comarca), y la levadura se desmenuzaban en el agua, se añadía sal y comenzaba a mezclarse agua y harina, primero despacio y después con energía, hasta hacer una pasta que se dejaba “dormir” arropada con una manta. Al cabo de unas horas se hacían las formas, normalmente redondas (hogazas), una más delgada (la torta) y si había niños un muñeco llamado “maragato”, y se volvían a tapar. Entonces se encendía el horno con urces o jaras (sigo hablando de nuestra comarca); labor llamada “arrojar” (poner al rojo) el horno, y es que el color interior, o unos testigos de ladrillo incrustados en el fondo, talmente parecían enrojecer al alcanzar la temperatura adecuada. Al acabarse de quemar la leña se recogían los rescoldos y la ceniza con un útil de nombre variado, aquí el “cacho”, un palo largo con otro corto atravesado. Luego se barría con otro palo, el “organero”, al que se le ataba la “mundilla”, una escoba de pajas de centeno, o vegetal, en la Valdería se usaban los helechos. Éstos útiles se tenían metidos en agua, para que no se quemasen por la elevadísima temperatura. Una vez preparado el horno, se meterían las piezas por medio de una pala, también de madera, tapando después la entrada, la “boca”, con una puerta metálica. Se moverían al cabo de un buen rato, y entonces se sacaría la torta y el “maragato”, que por tener menor espesor deberían estar cocidos. Cuando el panadero, o la panadera, estimase conveniente, sacaría el resto de pan almacenándolo en la masera y cubriéndolo de nuevo con una manta, para que enfriase despacio.

Y por ser el pan obra de gente especial, sirva este artículo de homenaje a una familia encuadrada perfectamente en ésta categoría, quienes han defendido hasta la jubilación la única panadería de Ayoó de Vidriales. Ellos son Celso y Geno, sobra decir que muy conocidos y apreciados en Vidriales, y en los pueblos aledaños de Cubo y Molezuelas.

Allá a principios de los años 80 tomaron el testigo de otra familia de panaderos, los padres de Geno, quienes a su vez hicieron lo mismo de los abuelos. Era un matrimonio joven, con dos hijas pequeñas, Yolanda y Cristina, y un tercero encargado solo un par de meses antes, Celsito, que en vez de traer un pan bajo el brazo trajo una guitarra.

Venían de Madrid, donde Celso había trabajado en una panadería industrial 6 años, y otro montón de tiempo en la Barreiros, y Geno la no poca tarea de la familia y el hogar. La idea era probar, y probando, probando se le han ido 34 años como un suspiro, defendiendo el negocio con calor o nieve, en fiestas y vacaciones, todos los días de cada año; en esa casa siempre hubo pan para quien lo necesitó.

El último día, ya repartida la masada definitiva, recordamos tiempos pasados: antaño, el viejo panadero yendo a repartir con dos caballerías, atada la cabezada de una al rabo de la siguiente, ambas rodeadas de fardelas llenas de hogazas. Después ya llevaba el carro, y por fin una furgoneta Saba de color verde claro, que no daba más que problemas mecánicos, me cuenta como anécdota. Luego una “Cirila”, la Citroen 2CV, y luego otra, que fue la primera de reparto de Celso. Se hizo pequeña, y pasó a la Nissan Vanette, a la Peugeot Boxer, La Ford Conect, la Volkswagen Transporter, la Renault Trafic… Un verdadero muestrario y siempre el mismo pan, que se esperaba pacientemente al toque de bocina en los pueblos de la contorna. Pan y bollería, y empanadas, y “picas”, y cuando no, los extraordinarios asados en el horno calentado con leña, porque no hay nada como lo natural.

Al final de la carrera está el podio, y en éste el premio a la constancia, al esfuerzo, a la dedicación… no es continuar o incluso ampliar, o mejorar; es, tristemente se mire como se mire, el cierre del negocio. La frialdad del horno ha contagiado a estanterías y expositores; pero como hacen las buenas semillas, algo ha de morir para comenzar una nueva vida. Echaremos en falta ese olor mañanero a pan recién cocido y envuelto en sonrisas, pero también es inevitable alegrarnos porque se acabaron los interminables madrugones, los nervios, y los problemas burocráticos que asfixian mucho más que el trabajo mismo, ya que lo demás era “solo” harina, agua, levadura, sal, y… cariño.

Cuando una estrella fugaz se apaga, se suele pedir un deseo; con vuestro horno apagado voy a desear…
que Dios os lo pague, con largos años de salud y paz.





El grupo "La Decena" rindiendo homenaje a un amigo que se jubila:


Prensa:

YouTube: Celsito a sus padres: