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domingo, 5 de junio de 2011

Publireportaje - Santuario Virgen del Campo



Mañana, nuestro Santuario de la Virgen del Campo reabre sus puertas. Con un mes de retraso, chicos y chicas de la comarca estrenarán con sus primeras comuniones la nueva imagen de este hermoso templo. Las últimas obras de restauración, en las que he tenido el privilegio de participar, han sido la causa de esta demora. Ajunto varias fotos, el antes y el después de esta profunda reforma de saneamiento, erradicación de la plaga de termitas, y reposición de soleras. Aprovecho para agradecer la colaboración de todos, y en especial a Don Víctor, nuestro cura, por su firmeza y constancia para cumplir este objetivo. Quedan grandes metas, el tejado, el campanario, el entorno,… pequeñas barreras para tanta ilusión.











domingo, 22 de mayo de 2011

Las cigüeñas de Campo Ferrero






Parece imposible acercarse personalmente a una cigüeña en libertad. Este simpático animalito tan vinculado a los humanos, por su figurativa mediación en la venida al mundo de los niños, nos rehúye a pesar de la protección que tienen entre las gentes de los pueblos, estrecha y diariamente relacionadas con la naturaleza y sus criaturas. En su mayoría agricultores y ganaderos, agradecen de éste enorme pájaro su labor de limpieza de gusanos, ratones e insectos de las parcelas. Curiosamente, sólo a ellos les permite compañía, cuando trabajan la tierra con un tractor. Entonces las cigüeñas llegan a escasos metros de los aperos y se dan un festín, sin mostrar recelo por este antinatural, ruidoso y contaminante monstruo que por otra parte remueve el terreno y le proporciona su comida. Desde allí, el conductor puede admirar la destreza de ésta zancuda ave con el enorme y rojo pico, la belleza de sus abultados ojos negros y la elegancia de su vuelo. Sin detener ni bajar del tractor, pues en caso contrario se ven amenazadas y se van. Asombrosamente se ven más seguras con el ruido y el movimiento que con el inofensivo silencio. Tras picotear la tierra durante un buen rato, levantan majestuosas el vuelo y regresan al nido, donde si los tienen, esperan hambrientos los polluelos. Éstas nuestras, que Medio Ambiente les proporcionó un nido en Campo Ferrero, se vieron desahuciadas por ruina, el exceso de peso dobló el soporte y se cayó al suelo. Un pequeño grupo de improvisados ecologistas en acción, nos desplazamos con herramientas a los pocos días, asesorados por José Ferrero, jubilado guarda forestal, y podamos un roble, con la esperanza de no perder la compañía de las cigüeñas. Fue un sábado por la tarde, después de tomar café en el bar de Pepe, y el domingo al anochecer ya habían tomado posesión de su nueva residencia, para regocijo del grupo y beneficio de todos. Poco antes de escribir éstas líneas, estuve visitando el nido, y observando su actividad. Este año tienen tres crías, bastante desarrolladas, ruidosas y nerviosas, lo que se traduce en excelente estado de salud. Da gusto verlas.



lunes, 16 de mayo de 2011

La lluvia de sapos




Una de las leyendas rurales que más me gusta oír es la “lluvia de sapos”. Dice, que cuando se prepara una fuerte tormenta, puede darse el caso de intensa evaporación por la excesiva radiación solar y pequeños pobladores de charcas, regueros y alberques son absorbidos junto con el agua hasta las nubes, en lo que sería la primera ascensión a los cielos, pero a lo animal. Después, cuando llueve, aparece Newton con su gravitación y sus leyes, (que antes estaría dormido), y se produce el fenómeno atmosférico: los sapitos caen y milagrosamente no se estrellan contra el suelo, si no que corretean alegres de un lado para otro, incluso en patios y terrazas donde efectivamente, solo pueden entrar por el cielo. Después de oír contar este razonamiento, cada vez que entro en la cocina y veo hervir la olla con garbanzos, me los imagino al igual que los sapitos elevarse junto con el hirviente vapor, y hasta una vez, sin que me vieran, les puse ventilador, no siendo que el viento tuviera que ver… y nada. No pasó nada. No quiero ser destripaleyendas, yo sólo opino como mi amigo Miguel “cuete”, que dice: “Santa Susana parió por un dedo, podrá ser verdad, pero yo no lo creo”. Y es que la obsesión por los batracios es ya muy antigua. Para los egipcios la lluvia de ranas era una plaga, cuando con un poco de salsa la hubieran transformado en delicioso maná. Posiblemente, aunque no nos lo hayan dicho, por tanta abundancia puede venir esa manía de comer sólo media rana. Menos mal que a nadie le ha dado por hacer lo mismo con el cerdo. ¿Es que la otra mitad tiene peor sabor?. Aunque la palma en la “batraciomanía” la lleva Luigui Galvani, médico y naturalista, quien en 1780 pretendía haber encontrado en las ranas la “electricidad animal intrínseca”, una especie de fluido mágico que las hacía saltar chispas como una dinamo. De haber perfeccionado sus inventos, hoy en vez de pilas de polímeros de litio, u otro absurdo nombre, tendríamos atada al móvil o a la radio una rana, con dos electrodos en el culo. Sería la auténtica energía ecológica, aunque poco “limpia”. Otra utilidad de las ranas es la prueba del embarazo. Y ya se sabe, si era feliz y esperado, las atenciones eran para la preñada, pero si no era deseado la pobre rana volvía a la charca de una monumental patada, ¡como si fuera la culpable!. Y la literatura, también castiga a los batracios. El único beso que podían recibir de labios de una bella princesa los transformaba en príncipes, o sea, que ni siquiera podían disfrutarlo como lo que eran, y posiblemente quisieran seguir siendo, batracios. Y aquel ranero local, desaparecido ya, que se quejaba de las cigüeñas ante la escasez de ranas. Decía que eran una especie depredadora. Depredar es cazar para subsistir, él cazaba diezmando las charcas para negociar, y eso no es depredar, sólo es extinguir la raza, tampoco es para tanto. El otro día leí en Internet, en lo que pretende ser una página de información sobre mascotas, y cito textualmente, que además resaltaban en rojo, “los sapos es el nombre que se le da al género masculino de las ranas”. Si, hombre, si. Y el burro es el masculino de la yegua, aparte del sinónimo que califica a una persona necia e ignorante, como el autor de tal burrada. ¡Pobres batracios! Desconocidos, aniquilados y despedazados, despreciados, odiados… pero… ¿Quién no contiene el aliento en un atardecer, para escuchar un coro de ranas?


jueves, 5 de mayo de 2011

Para el comentario de "la campanilla"


Como responsable del blog y autor del artículo “la campanilla”, veo la necesidad de aclarar lo que hay de cierto y de falso en el comentario, no siendo que “el que calla otorga” y aunque no haya mala intención, si no que se haya hecho por desconocimiento, alguien llegue a pensar cosas extrañas de lo ocurrido con las antiguas campanas. En primer lugar, es verdad que eran excepcionales. Recuerdo de niño oírlas desde el monte de mi pueblo, Calzada, cuando el día estaba apacible. “Son las campanas de Ayoó”, me decían mis padres. También es verdad que se tocaron de todas formas y por multitud de campaneros, como todas las campanas de todos los pueblos, había diferentes toques porque era necesario avisar de las diversas actividades, algo obsoleto hoy día. Pero también es cierto que todo tiene su fin, y una se rajó y la otra estaba tan deteriorada que aconsejaba cambiarse y así quedar las dos nuevas, como efectivamente se hizo. Lo que no es verdad es que tuvieran valor, aparte del nostálgico y sentimental para los ayoínos, valor histórico, ninguno. Y no es que yo sea un entendido en el tema, me remito a los consejos de la empresa que las llevó y fundió en las que tenemos, Campanas Quintana, de Saldaña, de reconocido prestigio nacional e internacional. Como certificaron que no tenían más valor que su peso en bronce, NO LAS BAJARON DEL CAMPANARIO, SI NO QUE LAS TIRARON Y SE PARTIERON EN PEDAZOS CONTRA EL SUELO DE CEMENTO antes de llevarlas, por lo que nadie pudo hacer negocio con la antigüedad. También es verdad que todo el pueblo conoció la situación de las campanas, y con el ofrecimiento de la Sociedad de Cazadores y el ayuntamiento, con Rafa al frente, corriendo con los gastos, se hizo posible el cambio. Quiero recordar que se colocaron para un San Isidro, el del año 1991, un día memorable en la reciente historia de Ayoó, por la comida de hermandad que hubo a la puerta del ayuntamiento para todos, con lo que cada uno buenamente pudo aportar. Y lo recuerdo perfectamente porque yo fui uno de los que nos pusimos al servicio de los campaneros para ayudar en lo que hiciera falta, y de los primeros del pueblo en voltear las nuevas campanas. También quiero decir que nadie se ha jubilado en el oficio de campanero, el que quiere tocarlas las toca y yo sé de quien no va a misa pero le gusta subir a repicar. Creo incluso que hay hasta afición y últimamente ningún domingo se queda sin media hora de toque a misa. Y si todavía queda algún escéptico le sugiero que pregunte, que el tema se llevó con total transparencia y se pueden ver incluso las facturas pertinentes.

lunes, 2 de mayo de 2011

La campanilla




En lo alto de la torre, nuestra campanilla se ha quedado muda. Ya no puede llamar alegre a los feligreses; la “seña” ya sólo resonará en nuestro recuerdo. Una grave enfermedad llamada grieta, mortal para las campanas, ha aconsejado su jubilación y con ella su silencio. Nada ululará en su auxilio porque no hay hospitales para su mal. Y es que cualquier tipo de cura agravaría la herida, y la única receta para su tratamiento se llama resignación. Se la aplicaremos con abundancia, y añoraremos su canto, trabajo que realizó fielmente desde su remoto nacimiento en el año 1662, como indica su piel de bronce. También lleva grabado en relieve el dulce nombre de MARIA, y por Ella invitó con su aguda voz infinitas veces a rosario. Desde su atalaya conoció decenas de generaciones, cientos de cambios, miles de detalles que a no ser por su afonía gustaría de relatar en éste su largo retiro. ¡Quédate tranquila, campanilla!, ya no te marearemos más. Demasiados tañidos nos has dado desde tu alto pedestal como para pedirte en tu enfermedad algo más que reposo. Pero cada día, siempre que la luz ilumine nuestros ojos, míranos y recibe nuestras miradas de agradecimiento, que para ti, siempre lo tendremos en exceso.



martes, 26 de abril de 2011

El descubrimiento del dolmen



Para añadir información acerca del dolmen de Ayoó transcribo con pelos y señales la publicación del descubrimiento en la revista Lirva, en los números 13 y 14 del mes de abril del año 1988. Editada por el Instituto Comarcal de Estudios Bañezanos, ICEB, en la página 44, bajo el título de noticiario cultural, se muestra una vista general del hallazgo y la descripción que recojo textualmente. La consulta a dicha revista se ha realizado gracias a Dori y al Museo Arqueológico y Etnográfico de Castrocalbón, lugar que encarecidamente recomiendo visitar por el valor y la variedad de las piezas expuestas.


"D. Isidoro Lobato San Juan, decorador, vecino de Jiménez de Jamuz, asiduo lector y entusiasta de nuestra revista, en su cotidiano trabajo y por las zamoranas tierras de Vidriales, gusta de salir por el campo a realizar la también necesaria tarea del almuerzo, en días luminosos, entre matojos, roquedales o pinos. Este amante de la Naturaleza y de la Historia, en este septiembre observó, en un cerro rocoso rodeado de pinos, una gran losa, con varios cientos de kilogramos de peso, que a forma de horizontal mesa estaba situada encima de otras piedras hincadas en el suelo. En seguida le pareció interesante su descubrimiento y púsose en contacto con el Jefe del Departamento de Investigación del ICEB, Maximino Descosido Fuertes, quien de inmediato visitó el lugar, llamándole fuertemente la atención y observando que la piedra fue colocada, como que también en la zona del suelo por ella cobijado se acumule tierra fina, de la que está exenta la ladera rocosa que la alberga, y por todo lo expuesto crée un túmulo u otro tipo de monumento funerario prehistórico que pudiera constituir importantísimo descubrimiento arqueológico en nuestra Comunidad Autónoma. El ICEB va a hacer gestiones para que, con la mayor urgencia, expertos de la Universidad Leonesa auxilien a nuestro Departamento en el estudio y catalogación del hallazgo y, esperamos, en nuestro próximo número, poder ofrecer un estudio riguroso y pericial del mismo."
"Departamento de Investigación."



sábado, 23 de abril de 2011

El vigilante de piedra



Si, ya sé, solo es una peña. Una inerte y vasta roca que hay que mirar desde determinado sitio para encontrarle la gracia. Sin ningún valor, por supuesto, que nadie se llame a engaño, que la mano del hombre nada tuvo que ver con su forma. Pero no se me negará que tiene su encanto. En una especie como la humana, tan llamada a simbolismos, a mi me apetece imaginarla como el vigilante, el noble guerrero, el incansable vigía atento al acceso a nuestro pequeño pueblo, me apetece contemplarlo y saludarlo como al ser más viejo de Ayoó.

Pero… ¿es sólo una peña… o hay algo más? Porque un secreto se esconde a los pies del guerrero. Quizás en una época tan temprana como el neolítico ya conocieran y veneraran al vigilante, y dejaran a su cargo algo de gran valor sentimental. Es un yacimiento descubierto hace años, valorado, catalogado y publicado en una revista cultural llamada Lirva. Fue encontrado casualmente por Isidoro Lobato, “Dori”, vecino de Castrocalbón, conocido en Ayoó por distintas facetas, como la de decorador, músico y amante de la naturaleza. Correctamente orientado hacia naciente, pasa totalmente desapercibido entre pinos y urces, sólo unos ojos educados descubrirán y valorarán este pequeño edificio. Se trata de un dolmen, que en bretón significa “mesa grande de piedra”, un monumento megalítico sepulcral, posiblemente de una antigüedad cercana a los 4000 años. Es una rareza, totalmente distinto a otros monumentos de la zona, como los dólmenes de Granucillo o de Morales del Rey, pero no por eso menos valioso, y se desconoce el origen y el clan que la construyó. Lo levantaron con piedras, porque ya sabían que perdurarían en el tiempo, mostrando así gratitud y respeto por la naturaleza que los acogía, y a ella confiaban la memoria y los restos de sus seres queridos. Y piedras son, piedras de las abundantes piedras, como la peña que asemeja al vigilante. Podemos verlas como ellos, objetos sagrados, o despreciarlas como lo que son, inactivas piedras, porque el valor siempre, siempre es relativo. Distinto es explicar el significado de estas piedras y lo que simbolizan, para lo que creo que no hay bastantes palabras, como tampoco se puede describir, por ejemplo, la esencia de algo tan cotidiano como la de una mirada; y si es la atenta del Vigilante, peor.


domingo, 17 de abril de 2011

Escombros o ruinas



No sería cosa de entrar en debate sobre la visita de culturas de otros mundos al nuestro, nos meteríamos en terreno escabroso, pero si nos sirve de analogía en un tema para los moradores de nuestra comarca olvidado e ignorado por repetido y cotidiano. Una paradoja, o eso me parece a mi. En el pasado siglo estuvieron muy de moda las noticias de avistamientos, encuentros, abducciones y convivencias con seres extraterrestres. Noticieros de todo el mundo se hacían eco, asociaciones y revistas florecían por todas partes, y de repetirlo, yo por lo menos, casi lo daba por sentado. Digo casi, y uno de los peros me viene al pelo para este artículo. Comenzamos. El ser humano en su ignorancia y en su innato deseo de conocer, y creo que esto es aplicable a la vida inteligente, para hacer poquita cosa necesita un enorme despliegue, genera un montón de basura y deja un rastro de señales tras de si, algunas hermosas, otras, las más, desagradables e imborrables. Todo para hacer poquita cosa. Por ejemplo: para “subir” unos cuantos (cientos) satélites y unas pocas escapadas al espacio exterior, hemos dejado en tierra un desproporcionado desarrollo de medios, de personal, de suciedad, de escombros y por el camino, esto es, orbitando a la tierra, en el jardín de nuestra casa, toneladas y toneladas de peligrosa chatarra. Todo para unos aparatos que aunque algunos nos hacen la vida más agradable, otros, los más, están totalmente injustificados desde el punto de vista práctico, no desde la necesaria investigación. Un Pulgarcito espacial, siguiendo las “miguitas” de chismes y chatarras, nos encontrarían en nuestro afán colonizador sin trabajo alguno. Aplicando éste principio a los “visitantes” (y no los volveré a nombrar), la verdad es que han sido muy cuidadosos y educados, porque en sus incontables visitas, fíjate tú, todavía no han dejado o perdido una sola cosa que hayamos encontrado, analizado y destripado que nos dé fe de su estancia. Alguna cosa, por pequeña que sea, no fabricada en la tierra con materiales y tecnología de aquí. Algo muy distinto al funcionamiento del ser humano, que por ejemplo, en las sucesivas oleadas colonizadoras en nuestra comarca, la han dejado salpicada de hermosos restos de sus culturas e indelebles señales que la hacen única y especial. Desde el Paleolítico, pasando por el Neolítico, el Calcolítico o edad del cobre, la edad del bronce, la edad del hierro, o la época tardorromana, en poblaciones como Arrabalde, Calzada de la Valdería, Camarzana de Tera, Castrocalbón, Colinas de transmonte, Granucillo de Vidriales, Manganeses de la Polvorosa, Rosinos de Vidriales o Vecilla de Transmonte, (solo por poner algunos ejemplos), situadas en las vegas del Eria, Esla, Orbigo, Tera y Vidriales, abundantes en agua y de fértiles tierras, permitieron emplazamientos de gran interés para su supervivencia, dejando tras de si tesoros y arte de gran valor y apreciados monumentos perfectamente mimetizados en el terreno, que hoy son estudiados y visitados, reconstruidos y cuidados, para preservar su recuerdo en el paso del tiempo. Dos de los más importantes para mi, y de la misma época, son el castro Celta de Las Labradas, en lo más alto de la sierra de Carpurias, en el término de Arrabalde, con una población astur, (aunque los primeros indicios de ocupación hallados pertenecen a la edad del bronce) y el campamento romano de Petavonium, en Rosinos de Vidriales, hábilmente escondido de las miradas de sus enemigos y al lado de la calzada romana, la via XVII del itinerario de Antonino, que cruzaba Vidriales desde León a Portugal, entre las antiguas ciudades de Astúrica Augusta (Astorga) y Brácara Augusta (Braga), para vigilar el transporte y comercio del oro extraído en las minas de las Médulas, en León, donde según dicen, trabajaron 80.000 esclavos en una extraordinaria obra de ingeniería. En el castro de Labradas, se había refugiado toda la población de los asentamientos cercanos a la llegada de las legiones romanas, y fue asediado y conquistado en el siglo I a.c., tras una larga y sangrienta resistencia de casi un siglo. Apasionante historia de David contra Goliat, aunque aquí el grande acabó con el pequeño de un pisotón. Invito a la visita de éstos dos asentamientos, culturas totalmente distintas, contrastadas, donde la más moderna y avanzada nos ha dejado mucha más cantidad de huellas de su paso por la comarca. Campamentos, grandes calzadas, canalizaciones de agua, minas, edificios, puentes… no dudaron en transformar el entorno para conseguir su propósito. Ahora bien, ¿Qué dirán de nosotros las sucesivas culturas que nos visiten y encuentren nuestras señales?. Chatarras, escombros de la moderna construcción, cristales, plásticos en toda su variedad, CO2 y todos los gases que diariamente soltamos a la atmósfera, venenos, basuras, algunas formas de radiacción, residuos industriales y un largo etcétera de cosas que desconozco, (o que en general se desconoce o se desconoce que es general), y que están complicando la existencia en nuestro maravilloso planeta. ¿Seremos merecedores de admiración y respeto como el que profesamos por éstos antiguos pueblos? Sinceramente… creo que no.



martes, 12 de abril de 2011

Días de perros



A quien, ante una gélida ventisca, no se le ha escapado esa expresión “hace un día de perros”. Paradójicamente, el mal tiempo, cuando el frío y el viento desaconsejan salir a la calle, se ha asociado con quienes siempre están dispuestos al paseo, llueva, nieve o caigan rayos y centellas, los perros. Sólo desean una mirada, una señal de su protector para saltar de alegría y correr hacia la puerta ante la inminente excursión. Y es que, sin pretender cambiar nuestro modo de expresarnos, me gustaría aclarar el origen de esta frase que nada tiene que ver con el frío, si no que es fruto del verano, con el calor asfixiante, la sed, el cielo amarillento… en definitiva, con la canícula. Todos conocemos perfectamente este fenómeno atmosférico y sus efectos, y sabemos que no siempre se produce en verano, por ejemplo, ésta semana pasada del mes de abril lo hemos sufrido, hemos tenido unos “días de perros”. La explicación es astronómica y tiene que ver principalmente con la fascinante cultura egipcia, y su extraño modo de entender la naturaleza. Para ellos, cuando el cielo matutino les mostraba la estrella Sirio a la salida del sol, era la época del año más esperada: el principio de la estación más calurosa y el desbordamiento del Nilo. Sus campos se fertilizarían y permitirían las cosechas para su vital sustento. En su interpretación errónea de la causa-efecto, era la estrella la que propiciaba la subida del Nilo, y no inversamente, que la época de las crecidas coincidiera con la salida de la estrella. De la misma forma que si antes de llover las ranas croaban, en caso de sequía los sacerdotes imitaban sus cantos para, decían, atraer la lluvia. Y es que la estrella Sirio es la 2ª más brillante del cielo, de magnitud -1.46, (porque no nos podemos olvidar que el sol también es estrella), y la más estudiada, con diferencia, del firmamento. Por ella, los astrónomos egipcios ya conocían la duración del año, 365 días y cuarto, y fue Julio César, en una de sus muchas visitas amorosas a Cleopatra, quien llevando de vuelta a Roma al astrónomo alejandrino Sosígenes, reformó el obsoleto calendario lunar romano de 12 meses y 355 días del rey Numa, que éste había modificado del original creado por Rómulo de 10 meses y 304 días, sentando la base de nuestro actual y moderno calendario. Sirio se encuentra en la constelación del Can Mayor, el perro grande, vecina del Can Menor, perro pequeño, mitológicamente los perros que acompañan al cazador Orión, con la liebre yaciendo a sus pies. Y es por eso que la mítica Sirio, llamada también “la abrasadora” por los antiguos egipcios al señalar el comienzo de los días mas calurosos del año, se relacionara con la constelación que la alberga, el perro, y aquellos días de intenso calor los romanos los denominaran canícula, (perrilla), o simplemente fueran “días de perros”.


martes, 5 de abril de 2011

La carretera 110



A mis “taitantos” años todavía recuerdo cuando llegó a mi pueblo natal la carretera de asfalto. Por fin la bici se deslizaba “a toda máquina” sin el traqueteo de las piedras ni los zig-zag por los baches. Después, los pueblos vecinos parecían bastante más cercanos. La velocidad y la energía propia de chavales descubrieron en aquella negra capa un modo distinto de diversión, y de contacto con otros lugares y sus gentes. Curiosamente, la primera vez que vine a Ayoó fue así, en bicicleta, con mis amigos. Aquel día, domingo por la tarde, destripamos el mito del pueblo que estaba al otro lado de la sierra de San Félix, del que oíamos hablar, y donde, cosas del destino, años después fui a “sentar el culo” y formar una familia. Y es que la carretera, indudablemente, es la salud de los pueblos, no importa si son grandes o chicos, con buena comunicación tienen vida. Apena, por ejemplo, llegar a Villageriz, parece un pueblo triste y alejado, cuando lo único que falla es una adecuada gestión de la administración, que es capaz de dedicar recursos a la construcción de una cancha de tenis e ignorar las vías de acceso, no solo a éstas diversiones, si no a necesidades básicas como la educación, la sanidad, el trabajo o el día a día de los que por alguna razón poblamos los pueblos. (No quiero dar más datos). Y de una carretera me gustaría hablar. Cruza varios valles desde La Bañeza a Camarzana. En algunos tramos, antigua e importante ruta estratégica y comercial, calzada romana, recientemente señalada donde las originales millas desaparecieron. La carretera autonómica LE-ZA 110 es de no poca importancia en nuestra comarca. Y yo llamaría la atención sobre lo acontecido tras sus últimas reformas. Los kilómetros, esas señales colocadas cada 1000 metros, obviamente, están repetidos hasta el kilómetro 17, es decir, la misma carretera tiene 2 km 1, 2 km 2 y así sucesivamente hasta 2 km 17. Parece ser que en un derroche de talento alguien mando contar desde los dos extremos, algo que habría visto en algunos catálogos o en las recientes páginas blancas y amarillas, y así tendrían dos principios y ningún final, un ingenioso truco de igualdad. El antiguo marcado en Zamora se volvió descendente desde el límite de provincias, algo intrascendente para los que transitamos con regularidad por ésta carretera, pero cuando un camionero de vete a saber dónde se queda atascado por la nieve, como sucedió hace dos años, y llama a la grúa explicándole que en la carretera de Camarzana a la Bañeza, en el km 17 se ha quedado atascado y no puede seguir, pues lo que menos piensa es en que provincia está, si no en cómo continuar hacia su destino en medio del frío y la desesperación. Por cierto que la grúa se desplazó, lo hizo desde la Bañeza, y en el km 17 que encontraron ni vieron camión ni la nieve suponía ningún problema, por lo que dieron la vuelta pensando que aquel problema había pasado. Menos mal que por las venas vidrialesas corre solidaridad a borbotones y unos vecinos de Fuentencalada se acercaron con tractores para ayudar al necesitado camionero. Y todo porque alguien no dio su brazo a torcer y siguió contando 18… 19… 20…, como es lógico. Tanto estudiar se nos olvida lo elemental. Lástima.


jueves, 31 de marzo de 2011

La liebre de la Chanica



Creo, sinceramente, que los que vivimos en zonas rurales podemos ser unos privilegiados. El constante contacto con la naturaleza nos proporciona una tranquilidad y bienestar difícil de conseguir con otros medios, si lo queremos apreciar. En Ayoó, por ejemplo, a escasos metros de casa disponemos de sólidas peñas donde encaramarnos y disfrutar de lejanas vistas, o de un pequeño embalse en el que el simple reflejo del cielo sirve de antídoto para los males del espíritu, o de un monte que cada día se acerca a nuestros hogares con una encina nueva o un brote de jara más. Es reconfortante el frío o el calor, porque es natural, o el viento porque huele a flores, como hoy, que nos acompañó insistente en nuestra visita a la casa rural de Congosta, a última hora de la tarde, y aunque no pagó una ronda quedó como perfecto compañero y anfitrión. 

Hoy la naturaleza se ganó un diez. Porque aparte de lo dicho me permitió disfrutar en la cercanía de un nervioso y esquivo animalito. Perfectamente mimetizada entre unas ramas allí estaba, esperándome, y sigo sin saber como la pude descubrir. Tranquila, me permitió ir al coche por la cámara de fotos, y posó silenciosa e inmóvil para más de una docena de fotografías desde diferentes ángulos. Dejó, coqueta, enfocarla a escaso medio metro de su hocico estrecho y orejas largas. A lo mejor aquella liebre me estaba observando a mi con mas curiosidad que yo a ella. Después de las fotos y largos minutos agachado de cómplices miradas me fui, porque al fin y al cabo… ¿quién soy yo para turbar su existencia?


sábado, 26 de marzo de 2011

Para anónimo en La cruz de la Verónica


Llevo tiempo intentando contestarte, pero no se por qué no puedo publicar mi comentario. Lo voy a hacer aquí y era así:
Interesante aportación, gracias. Es difícil conocer lo sucedido hace casi 2000 años, cuando además nadie esperaba la repercusión que tendría la muerte de Jesús en la humanidad, por lo que hay relativamente poco escrito. Pero es aceptado que Verónica es una santa ficticia, una composición del siglo XIV aproximadamente, posiblemente de un hecho recogido en el apócrifo Acta Pilati, (hechos de Pilato). En él se relata como una mujer de nombre Verónica sale en defensa como testigo en el juicio ante Pilato, aportando el testimonio de su milagrosa curación de unas hemorragias, tras tocar el manto de Jesús. Que Verónica signifique “vere eikon”(verdadera imagen) es una bonita paradoja, porque si la imagen que quedó en el paño es la que determina su nombre… ¿Cómo es que se llamaba así, o ya existía su nombre cuando el hecho no había ocurrido?(El juicio es anterior a la aparición de Verónica). Pero si es una composición el juego de palabras ha sido una curiosa coincidencia y el velo con la sagrada imagen todo un misterio. Yo creo, y solo es mi humilde opinión, que el nombre es una deformación de Benerice, (Benerike) que viene a significar “la que lleva la victoria”, nombre de origen macedonio muy común en la época, aunque me declaro parvulito en este apasionante tema, y éstas conclusiones son copia de otras y aquellas de otras, como fiel “semanasantero” no me imagino el vía crucis sin su sexta estación: LA VERÓNICA.

domingo, 20 de marzo de 2011

La chica del puente


Si hay alguna actividad en contra del buen hacer de los albañiles, esa es la de los grafiteros. El esmero por las líneas rectas y los paramentos planos, se ve estropeado con alevosía, premeditación y a veces con nocturnidad por unos desocupados que amontonan pinturas y rayas, con formas y colores que para nada embellecen los edificios, si no que les dan un aspecto de suciedad, descuido y abandono. Y lo que es peor, que en las paredes de caravista o en los revestimientos monocapa eliminar la “gracia” es muy difícil, por no decir imposible, con el agravante de que una vez limpio ya hay otro grafitero preparado para superar la “hazaña” de su colega. Recuerdo una preciosa locomotora del año catapún, que salvaron del desguace mostrándola en una rotonda en Zamora, al lado de la estación. Todo un monumento al progreso que ha proporcionado el tren en el pasado siglo en nuestra provincia. Recuerdo abochornado su deprimente aspecto después del repaso de firmitas y pintadas de unos cuantos impresentables. La solución para mantener en aquel lugar la respetable máquina fue restaurarla, y encerrarla tras unas altas y gruesas rejas, como si el premio a su esfuerzo fuera la cárcel. Peor el remedio que la enfermedad. Pero para casi todo hay excepciones. Cuando una pintada sobrepasa lo bien hecho en el lugar adecuado, entonces se transforma en arte. Arte con mayúsculas, de exposición gratuita, sin cánones ni restricciones. Tristemente arte imposible de mantener, que el tiempo y la intemperie llevarán a la indefectible ruina. Una de estas maravillas se puede contemplar debajo del puente sobre el Tera en Camarzana. Como no me quedan palabras para tan grata visión, solo añadiré que es un ejemplo a seguir, y si algo así no se puede hacer o mejorar, lo mejor es dejar los sprays en la tienda y las ganas de hacer daño bajo la conciencia de cada uno. Lo malo de la conciencia es que es un bien escaso.


domingo, 13 de marzo de 2011

La urz



Nuestros montes se tiñen de morado con las primeras y tímidas flores de urz. Con una diferencia de adelanto de bastantes días con las de la Valdería, la llegada de la primavera queda sobradamente anunciada en el valle Vidriales por todos los rincones con esta planta de diminutas y frágiles hojas. En la antigua construcción, techaba los tejados de las viviendas, protegía las paredes formando parte de las bardas, y era utilizada, aunque mucho menos que la jara, bajo las tejas como ripia. En las casas del pueblo nunca faltó como combustible, bien para amasar o como iniciador de la diaria lumbre. Un puñado de brotes atados con una cuerda hace una excelente escoba, y otro puñado, en flor, perdura en un bonito ramo, eso si, sin agitarlo. En nuestra comarca también se pueden ver, aunque escasamente, urces de flores blancas, y hay una planta que se le parece mucho, que se puede contemplar en todo Peñacabras, la terriega, que es como un precioso bonsái de urz. Por si fuera poco, para los que apreciamos el vino de nuestra zona, podemos degustar unos excelentes caldos que llevan su nombre, vino de urz, (y no es que el vino se haga con esta planta, no hagáis el chiste fácil), y por el especial gusto que da a la miel, es muy apreciada por los apicultores y sitúan sus colmenas cerca de donde abundan. No resulta banal entonces la urz, cuando incluso tenemos un pueblo cerca que la lleva de apellido: Brime de Urz. Pues en el diccionario esta palabra ni está ni se la espera, si no que hay otra muy distinta para sustituirla: Brezo. Dicen que es lo mismo, yo creo que no, y si no que le pregunten a los de Brime si les gustaría ser de Brime de Brezo. Pues no. Y mucho más insultante que obviar la hermosa y poética urz en el diccionario, es añadir, por ejemplo, a escasas líneas de "brezo" bodrios como “brik” y “break” y otros parecidos, que o bien no necesitamos o ya tenemos palabras propias para describirlos. Dicen que el diccionario es sinónimo de cultura… pues viva la ignorancia.



PD- Ahora en serio, algunos de los muchos sinónimos de urz: Argaña, aulaga, azuleja, bercol, berecilla, bereza, berezo, berezo negro, bermeja, berozo, bierco, biercol, biercol merino, biércol, biércol merino, bércol, brécol, brecina, brecinilla, brezo, brezo común, brezo de lastra, bruga, bruza, campanita, carpaza, charliza, cherliz, chupe, escobas de brecina, escobas mogarizas, ganzo, garbeña, gato, gorbiza, mogariza, olaga, orbezo, pan de queso, paraíso, perrito, pica la miel, queiriño, querihuela, quirihuela, quiroga, quirola, quírola, reguarno, reguazno, sardino, tanarro, uces, urce, urcias, urcina.

La cruz de la Verónica


Según cuenta una leyenda apócrifa, Verónica mandó hacer un retrato de Jesucristo cuando lo conoció durante su actividad pública, como maestro y taumaturgo. La versión cristiana nos dice que durante el vía crucis el rostro de Jesús quedó impreso en el paño que ella le ofreció para limpiarse, movida por la compasión. Al parecer, en el siglo XV comenzó la devoción del camino del Calvario de Jesús, con 14 estaciones, y así se recogió este hecho, que no aparece en los textos bíblicos, aunque su paño se guarda como una de las más importantes reliquias. Si el tiempo lo permite, en Semana Santa es tradición el rezo del vía crucis por unas calles determinadas de los pueblos, y Verónica pertenece a la sexta estación. En ella se refiera a “la Verónica”, injustamente creo, cuando lo correcto sería sencillamente a “Verónica”, nombre de mujer, del griego Benerice, porque en ningún texto bíblico encontramos el mismo trato a otras mujeres, como “la María”, “la Salomé” o “la Magdalena”. Aparte de ésta opinión, un poco de historia religiosa para recordar el porqué de la cruz de la Verónica de Ayoó, topónimo situado donde acaba el pueblo y comienza el camino “la Bañeza”. Y es que la cruz de la Verónica no siempre estuvo donde hoy la podemos ver. Los mayores, y si son del barrio mejor, la recuerdan en el risco de la foto de abajo, y era una gran cruz de madera de roble sujeta en su base simplemente con grandes piedras. Lo que no podemos saber porqué se trasladó al lugar que ocupa en la actualidad, aunque estéticamente queda más vistosa y Verónica le da un toque espiritual a éste recodo del camino, que llega a su máxima expresión durante la procesión de la Soledad, que cada año recorre durante la noche las calles de Ayoó.