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domingo, 15 de julio de 2012

La campana de Calzada





Me parece imposible hablar de mi pueblo natal, Calzada de la Valdería, contar su breve y reciente historia sin mencionar “el cacho la truena”. Es una vieja y sinceramente, mal construida cruz de madera de humero (aliso), que mantiene una estrecha alianza entre la agricultura y una campana que pende en la torre cuadrangular de la iglesia. 

De todos es sabido que la agricultura, principal actividad económica rural, está totalmente expuesta a las inclemencias atmosféricas, y es precisamente el granizo, que suele acompañar a las tormentas, el fenómeno más temido por sus devastadores efectos, mucho más que la sequía, las plagas o las heladas.

 La creencia popular, tanto o más que las convicciones religiosas, atribuye a Santa Bárbara la protección del campo, y varios lugares, entre ellos mi pueblo, la invocan por medio del toque de una campana consagrada a tal fin. Desde antaño, como muy bien recoge J. Argimiro Turrado en su libro “La Valdería en la historia”, una cruz de madera iba de casa en casa por “la vela”, mejor, de tormenta en tormenta, y el vecino que la custodiaba tenía la obligación de acompañar al sacerdote ”a rezar los exorcismos aprobados por la Santa Madre Iglesia en tiempos de truenos y tempestades” (textual del documento “pleito por la maña del conjuro”), por lo que cobraba “una maña de lino con su linaza” por vecino al año, siendo multados dos de ellos por negarse a pagar al encontrar éste impuesto injusto e innecesario. 

De parte última, el poseedor de “el cacho la truena” recibía también la llave del campanario, y tocaba la campana sin tener que subir, ya que una cadena atada al badajo pasa por una pequeña polea y cuelga hasta la misma puerta. Al día siguiente, llevaría la llave y la vieja cruz a casa de su vecino quedando libre del cargo. 

La moderna iglesia (creo que yo fui el tercer bautizado en el segundo bautizo celebrado) se construyó siendo párroco el célebre Don Zoilo, siempre querido y recordado en sus parroquias, sobre la cimentación y con los materiales de la original, que presentaba cierto riesgo de ruina, y estaba consagrada al Salvador. 

Y cuenta una vieja leyenda que tras la edificación del pueblo en el sitio actual, por parte de varias familias de Castrocalbón al lado de la calzada romana que le dio nombre, al finalizar la iglesia pidieron al sacerdote un “santo”, una imagen sagrada que le diera formalidad a su pequeño templo de piedra. Al parecer, después de consultarlo a sus feligreses accedieron, pero de muy mala gana, y les concedieron una talla a la que no le tenían demasiado aprecio, ni más ni menos que un Salvador, la representación de Jesucristo salvador del mundo. Con ella también trajeron un apodo, costumbre muy extendida en Castrocalbón, y todavía hoy, en tono de broma, se conoce la festividad del 6 de agosto, fiesta patronal de Calzada, como “San Sobracio” (algunos dicen Sogracio), por aquello de darle el “santo” menos querido, el que les “sobraba”. 

El origen de la campana mayor de la torre, la de Santa Bárbara, es incierto. Otra narración, que no se cuanto tiene de cierto o de leyenda, y que contamos con el mayor de los respetos, relata como llegó una comisión de monjes de la poderosa orden del Císter desde el vecino monasterio de San Esteban de Nogales, con la sana intención de comprar la maravillosa campana al conocer sus benignas propiedades. Reunido el pueblo en concejo en el sitio de costumbre, a las puertas de la iglesia, se les expuso la oferta de cierta cantidad de dinero, que al instante y por unanimidad rechazaron. Los monjes duplicaron y triplicaron la cantidad, encontrando la misma inamovible postura. Entonces, en un alarde de poder, del que en aquellos años ostentara el monasterio, ofrecieron el contenido de la campana en oro y sería su última propuesta. Con total irreverencia, necesaria para acabar con aquella especie de OPA hostil, los humildes habitantes de Calzada les contestaron que ni aunque la llenaran de “riles” de fraile se separarían de su querida y beneficiosa campana. 

Y si de algo estamos orgullosos en nuestro pequeño pueblo es de tan sabia decisión; para algunos escépticos no dejará de ser un pedazo de metal que hace ruido, para otros una creencia, la necesidad de saber que algo más vela por nosotros y nuestras posesiones, y cuando la grandiosidad de la naturaleza las amenace, por convicción esperaremos campanada a campanada el menor mal que tengamos destinado. 

El cacho la truena actualmente está en restauración, y por su delicado estado será apartado de la vela y exhibido para seguir contando estas, para mi, maravillosas historias a generaciones venideras.

P.D.- “Riles”- Gónadas del aparato reproductor masculino.




domingo, 8 de julio de 2012

El número de oro


Creo que uno, si no el mayor de los inventos (o descubrimientos, estupendo debate) más antiguos y provechosos para la humanidad son los números. ¡Pobrecita rueda! Actualmente, con números podríamos describir todo, incluso nuestra vida; estatura, edad, porcentaje, enumeración de sentidos, órganos, etc, y ya en el extremo, una película de vídeo segundo a segundo desde que nacemos hasta que morimos quedaría recogida y sería reproducida con ceros y unos, informáticamente hablando. ¡Qué maravilla!. Y números contamos infinitos (bella paradoja). Pues entre todos, solo tres agraciados llevan nombre propio, además griego, para tres extraordinarios conceptos: el número “pi” Π= 3,1415…, que es la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro. El número “e” Ε=2,7182…, conocido como el número de Euler, o constante de Napier, considerado el número por excelencia del cálculo, base para las funciones exponenciales y logaritmos naturales (vamos, lo que necesitamos saber para pagar en el supermercado). Y el número “fi” Φ=1,6180…, inicial de Fidias, escultor griego que lo utilizó en sus obras, llamado también número de oro, y establece una relación entre tamaños y proporciones. Lo más sorprendente del número de oro es que se encuentra de forma espontánea en la naturaleza, como sección áurea, rectángulo áureo o en la sucesión de Fibonacci, sobrenombre de Leonardo de Pisa (1170 – 1250), rico comerciante, que lo introdujo en Europa junto con el sistema de numeración arábico que usamos. En esta sucesión, si dividimos dos términos consecutivos, el mayor entre el menor, obtenemos el número de oro. En el arte encontramos escondido dicho número en incontables obras. Leonardo da Vinci, con su “Homo Vitrubio” o el rostro de la “Mona Lisa” sería uno de los muchos ejemplos de artistas que lo usaron. En el esoterismo es parte fundamental de medidas y símbolos, como en el pentágono o su estrella pentacular o pentagrama, poderoso talismán asociado con la magia y el ocultismo. En la construcción la pirámide de Keops, la Notre Dame de París o el Partenón griego estarían entre otra infinidad de edificios que se levantaron usando “la divina proporción”, llamado también así. Y en la naturaleza en las poblaciones de conejos (primer ejemplo que usó Fibonacci), o de las vacas, abejas, etc; en los flósculos de los girasoles, en las piñas de pino, en algunas flores, en la espiral geométrica de la concha del Nautilus, en… incontables sitios se produce por deducción este número decimal infinito. Johannes Kepler, astrónomo y matemático alemán, lo llamó “joya preciosa”, porque aparece hasta en las distancias que hay entre los cuerpos del sistema solar o en la forma de algunas galaxias. En Ayoó podemos contemplar la proporción áurea por lo menos en dos sitios de la parte más antigua de nuestra iglesia. Uno sería dentro, en el rectángulo hallado en la parte interior de las columnas que sujetan el tejado, la línea imaginaria que une sus capiteles y el suelo. El otro, mucho más vistoso, que mantiene el número de oro, es el espacio que conforman los pilares, el arco y el suelo, el hueco proporcionado que alberga las puertas del sol. (No se porqué, pero el oro y el sol mantienen una armoniosa relación desde la antigüedad, algunas de sus primeras definiciones áureas eran “lágrimas o gotas del sol”, o “brillante amanecer”). El problema que pudiera surgir es que una primera medición arroja un déficit de 10 centímetros de altura para cumplirse la regla. La solución es que las dos piedras que forman la base de la entrada no son originales o están elevadas esos 10 centímetros, porque ocultan en esa medida las molduras talladas de las primeras piedras de los pilares laterales, molduras que lógicamente fueron hechas para ser vistas; la línea que podemos ver debajo es sencillamente la altura original del suelo de la iglesia. Un número mágico, dorado, el 1,6180… transmite belleza y armonía a sus obras, y añade además en éste caso, el buen saber hacer de expertos constructores y canteros, que nos han dejado un mudo ejemplo de cómo con recursos limitados también se pueden dejar las cosas perfectas. 






domingo, 1 de julio de 2012

Nuestra fiesta pagana




No me gusta el verano. Me parece que tiene demasiado de todo: demasiado calor, demasiado sudor, demasiadas fiestas, demasiado cortas las noches, demasiada gente…, demasiada luz diurna que paradójicamente hace escaso el tiempo para tantos proyectos. Esta adversidad da fe del veterano refrán: “no hay mal que por bien no venga”, y así al verano tengo que agradecerle demasiadas siestas, para mi el mejor y más económico invento de la humanidad. Será que soy de agobio fácil, porque ésta es la estación del año más intensa y que menos me agrada, y prefiero celebrar este pasado solsticio no como principio de verano, si no como final de primavera, para su homenaje y veneración. No en vano nací a primeros de mayo, y suelo presumir jocosamente de mi mes de las flores, el que media el trimestre primaveral. La primavera es vida, frescura, hasta el firmamento parece detenerse para contemplarla (curioso efecto astronómico) y el sol pospone irse y madruga como quien disfruta y aprovecha una propicia ocasión. El día 21 hubo quien dijo… ¡hola verano!; yo he pensado… ¡hasta pronto, primavera! No quiero que esta noche agradable se palpe despedida, si no un acto de gratitud y ofrenda. Alrededor de una hoguera hemos sentido la magia del momento, y el valor y el sabor de la amistad. Saltar, cantar, bailar, reír…, estos son nuestros espontáneos halagos, poco más sabríamos hacer para tan seductora velada.





















domingo, 17 de junio de 2012

La noche de San Juan




Es bien sabido que el buen tiempo, el calor, produce bienestar, alegría, euforia, incluso hiperactividad. No es de extrañar entonces que el ser humano celebre el solsticio de verano desde que conociera su fecha en los albores de su inteligencia. Es un día mágico, en cualquier cultura, una fiesta natural, de las que pide el cuerpo. El sol nos da vida, energía, y para demostrarle nuestro afecto construimos otro diminuto sol, una lumbre, y la saltamos, del mismo modo que el sol, una minúscula estrella comparada con otras o con la galaxia que la retiene, “salta” en tan señalado día el trópico de cáncer, permanecerá varios días sin moverse (hecho del que recibe su nombre), y a partir de ahí comenzarán a menguar los días y a alargarse las noches. Los antiguos astrónomos lo sabían, nada es porque sí. La hoguera simboliza la purificación, y el ánimo (fallido) para ayudarle a continuar con fuerza. En el calendario, gregoriano y cristiano, concedieron tan insigne fecha a San Juan Bautista (24 de junio, aproximada al verdadero solsticio, que es variable, 20-21; este año es el día 20 a las 23:08 en tiempo universal, una hora más para España). Era hijo de Zacarías e Isabel, sobrino de la Virgen María. Bautizaba a los penitentes para purificarlos, como al mismo Jesús, de quien dicen los evangelios fue precursor, y murió decapitado a petición de Salomé, hija de Herodes. La misma fecha de fiesta pagana, para celebrar todos, como parte de la naturaleza y sin rencor ni protagonismo, el ancestral rito de la hoguera. Os animo a realizarlo, aunque solo sea sobre la llama de una vela, sin supersticiones, que ya somos mayorcitos, sólo como diversión, que si el grupo es bien avenido está garantizada. Desde luego, yo no me la pierdo.












jueves, 14 de junio de 2012

La nuera, la suegra y la prima




Mi esposa, como ayoína tradicional, es una excelente horticultora, con todos los beneficios que esto conlleva, tanto para la cocina natural como para el bolsillo, que también cuenta. Su pasión por las plantas va más allá de los semilleros, quiñones, huertos y parcelas, y como quien se lleva trabajo a casa, la tiene profusamente decorada con las otras, las que no se comen, pero engordan la vista. 

A veces pienso, celosamente, que a éstas les tiene más cariño que a mí, y entonces me entran ganas de meter los pies en un tiesto y esperar sus mimos. La verdad es que las plantas decorativas aportan, entre otras cosas, dinamismo, color y olor a la casa, y dulce satisfacción a sus habitantes. 

Una de las últimas en florecer, que nos ha tenido a todos más pendientes que si de un parto se tratara, es una hippeastrum, la estrella del caballero, algo así como una cebolla de la que florecen unas enormes y opuestas flores, en número de dos a cinco, que precisamente por su disposición antagónica se la llama “la nuera y la suegra”. 

De la de mi esposa han florecido tres: la nuera, la suegra, y un tercer elemento de discordia, la prima (no la de riesgo, que no se lleva bien ni con las dos anteriores ni al parecer con el resto del planeta, salvo con los especuladores, aunque está en boca de todos que seguimos pendientes de sus puntos). Antaño puntos no había más que cuatro: los cardinales; ahora los tenemos por casi todo, por el móvil, por el banco, por tráfico… y por ésta prima, aunque los suyos funcionan al revés, como los que nos dan en cirugía: tantos más tengamos tanto peor nos habrá ido la operación. 

Pues yo puntos a esta planta, en una escala de cero a diez, le daría once, me da igual que digan que sus flores no se entienden, solo sé que la mires por donde la mires es preciosa, espectacular, digna de llevar con orgullo aquel famoso lema de la medalla de la madre: “dar mucho, pedir poco”, porque sabe regalar a los cuatro vientos su belleza y elevar su rincón a la categoría de “el rincón”. Hablando de puntos, otros once para mi esposa, por encontrar tiempo para dedicar a sus amadas.





martes, 5 de junio de 2012

Ahora que vamos despacio...



Siempre creí que el dinero se contaba según la aritmética, o sea, 1 euro mas 1 euro hacen un total de 2 euros, y el 10 por ciento de 100 euros son 10 euros. Parece ser que no, que estas operaciones terminaron obsoletas y desfasadas. Yo no digo ni si ni no, que soy parvulito en ésta rama de las matemáticas, yo sigo tocando los dedos que mi buen trabajo me cuesta hacer presupuestos, gastar menos de lo que gano (ahorrar, por si las moscas), en resumen administrar, junto con mi esposa, nuestro hogar. Y benditos dedos, porque así “vamos tirando”, como dicen en la fábrica de cohetes. Para guardar los ahorros existen al menos dos métodos: el calcetín escondido debajo de una teja, fiable y cómodo, y los banqueros, que últimamente se esmeran en parecerse a Alí Babá y pertenecer a su cuadrilla. Porque mientras algunos nos partimos el espinazo de sol a sol, haciendo cábalas para vivir con algo de dignidad, a base de trampas, comisiones, intereses ridículos, etc., sus directivos se reparten multitud de millones de euros, aunque acaben de mandar su empresa al carajo o se jubilen precipitadamente para que ingrese otro nuevo gestor con derecho de pernada. Y no pasa nada, porque luego interviene papá estado con el dinero de todos, para que no se pierda el dinero de todos, para al final dejar a todos sin dinero. Pues vale. Lo grave del asunto es que nos tienen atrapados en vil ratonera, hay montones de gestiones y pagos que hay que hacer a través de ellos, tanto queramos como si no, no es como cuando no te gusta el pescado, que no pisas la pescadería. Y ahora viene una entidad con representación local, renovando las matemáticas, y promete a bombo y platillo, por televisión, prensa y radio, y para más INRI, sobre los cristales de su establecimiento, que están orgullosos de cobrar “hasta un 230 por ciento menos en comisiones que la competencia”, además como por decreto divino. Yo esto no lo entendía, que los dedos solo me alcanzan a restar hasta el 100 por 100, así que contacté con mi amigo David de Santibañez, profesor de matemáticas http://nosolomates.es/, para que me lo explicara, y así lo hizo de bien: http://nosolomates.es/?p=788 Supongamos, para hacer las cuentas sencillas, que la competencia cobra un euro de comisión, que pondremos en céntimos para que sean 100. Entonces, un 20% son 20 céntimos, un 50% son 50 céntimos y un 37% son 37 céntimos. Sencillo, ¿verdad? Pues bien, un 50% menos es la mitad menos, así que nos cobrarían 50 céntimos. Un 80% menos es un descuento de 80 céntimos y nos cobrarían 20. Un 100% menos, sería el total menos, es decir, que no nos cobrarían nada. Y, efectivamente, un 230% menos son 230 céntimos menos, es decir, 2’30€ menos (Recordemos que la competencia cobraba 1 euro). Si hacéis la cuenta, la única manera de que esto sea posible es que nos paguen 1’30€, en vez de cobrarnos. Podéis ir a la oficina y preguntar si os dan dinero por las comisiones. Ya os adelanto yo la respuesta: NO. De modo que el anuncio es, sencillamente, mentira. O eso, o el nivel de matemáticas de los banqueros ha decaído tanto que ya no entienden ni los tantos por ciento… O sea, que más que por gracia de Dios, el tema está entre diablillos, y ahora que se ralentizan las finanzas siguen al pié de la letra la de aquella vieja canción popular… “Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará”. Y hay bastantes más absurdos, como EVO banca inteligente, que promete en su anuncio que el dinero que no gastas se ahorra automáticamente. Eso no es inteligente (inteligente sería que ellos se quedaran con todo), eso sencillamente es… obvio, y ya decía un proverbio árabe, que si lo que vas a decir no es más bello que el silencio… ¡cállate! Cada día entiendo mejor a mi padre, cuando porfiaba que el dinero debería ser como las patatas y servir para un solo año. Visto lo visto, ¿sabéis lo que os digo? 
¡QUE VIVA EL TRUEQUE!



sábado, 2 de junio de 2012

El efecto torcecuellos






Dice un proverbio chino, que el aleteo de las mariposas se pueden sentir al otro lado del mundo. Seguro que Edward Lorenz, meteorólogo y matemático estadounidense, conocía esta máxima cuando acuñó el término “efecto mariposa”, que enunció así: Cuando una mariposa bate sus alas, en el lado opuesto del mundo se crea un tornado. Esto no es rigurosamente cierto, pobrecitas mariposas, lo real, a grosso modo, es que pequeños cambios en un sistema pueden tener un resultado complejo y errático. Pues si me permitís invertir esta famosa teoría, algo muy gordo ha tenido que suceder al otro lado del planeta para que un precioso pájaro, un torcecuellos, abandone su hábitat natural, y venga a Ayoó a estrellarse contra el cristal de una ventana, tratando de introducirse en el interior de una vivienda. El desgraciado murió en el acto, y se libró de las fauces de algún espabilado gato, y de pasar totalmente desapercibido, sólo porque el dueño de la casa oyó el choque, y salió a ver la causa del ruido en su ventana. Yo nunca había visto ninguno, y lo mismo me contestaron quienes pregunté, fue una guía de campo y después Internet quienes nos sacaron de dudas. El torcecuellos es un pájaro carpintero, familia de los cucos, que éstos si abundan en nuestros montes, y aunque se les ve poco, se les oye perfectamente a largas distancias. Su plumaje es parecido al del engañapastores, perfecto para el camuflaje, y su tamaño es bastante menor. Come insectos, principalmente hormigas; en nuestra zona desarrollaría una importante labor de limpieza de plagas, pero por desgracia no es autóctono, y éste podría estar extraviado, alejado de la ruta de migración. También podría ser que algunos “defensores de la naturaleza”, con sus delirantes sueños maternales, (tema en tintero, bastante maduro), hayan soltado algunas parejas para poblar, que no repoblar, nuestros campos y montes. O también que su insólita muerte sea fruto del extraño comportamiento que padece nuestro planeta, propio de un estado de demencia; el clima se ha vuelto inestable y yo diría respondón. Por ejemplo, la sequía y el calor del pasado… ¿invierno? nos comienzan a pasar factura. Nuestra querida fuente de la Iglesia está dejando de manar, no quiero ni pensar lo que podría ocurrir al otro lado del mundo, como profetizaba Edward Lorenz con su “efecto mariposa”… ¿otro tsunami?