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domingo, 16 de septiembre de 2012

De Congosta a la Peregrina


Llevo varios años haciendo desde Congosta el camino a la Peregrina. He de confesar que la primera vez, desconociendo lo que sería y significaba, fue un poco por cabezonería, la propia que llevo en las venas como buen “cazurro” que soy, o sea, un obstinado leonés. Salvo graves excepciones, como ocurrió el año pasado por enfermedad familiar, desde entonces repito y repetiré esta agradable experiencia de colgar un día el trajín cotidiano y caminar como lo hicieron nuestros antepasados hacia un lugar santo, sagrado, un lugar de culto donde poder remendar los jirones del espíritu. Desde “el balcón de Vidriales”, aproximadamente 30 Km. de bellos parajes de la carballeda alientan y acompañan al caminante por una tortuosa carretera hasta el pequeño pueblo de Donado, donde se celebra una importante romería el primer domingo de septiembre, acompañada de multitud de “sacacuartos”, a saber: mercadillo, bares, churrerías, juegos para niños o no tan niños, y lugares donde degustar buen pulpo como ya es tradicional. Cuentan las crónicas que algún año hasta 6000 personas han llegado a inundar los alrededores del majestuoso santuario, y que la víspera, cientos de peregrinos acudían desde lejanos sitios en viaje de varios días, andando, a caballo, o con los pies descalzos, para hacer noche dentro del Santuario, y el domingo, tras cumplir con los deberes religiosos y asistir a la misa principal, regresar por el mismo camino a sus lugares de origen. Esta ruta, la del sábado desde Congosta, se sigue manteniendo y así lo hizo notar, en la misa de los peregrinos, el rector del Santuario D. Manuel Benavides, aunque no todos son de Congosta, también somos de Ayoó, de San Pedro de la Viña, de Santibáñez, de San Pedro de Ceque, etc. En el año 2010, D. Manuel publicó LA PERLA DEL TONKÍN, un estudio histórico sobre la Virgen Peregrina y su Santuario de Donado, editado en Gráficas La Comercial de Astorga. En la homilía nos quiso agraciar con un breve resumen del documentado libro, sobre el origen del Santuario y el largo viaje de la preciosa imagen de la Virgen del Rosario, que preside el retablo mayor, y es objeto de veneración. Realmente me impresionó esta historia, me parece digna de conocer, por lo que, aparte de aconsejar la lectura del libro, yo también la intentaré resumir. Comienza el 28 de diciembre de 1734, cuando nace en Donado D. Manuel de Obelar Bernardo. En 1763 es destinado como dominico a las misiones del Tonkín Oriental, hoy Vietnam. Es consagrado Obispo en 1779 y en 1789 muere a la pronta edad de 54 años. En su lecho de muerte, su último pensamiento fue pera el lejano pueblo que lo vio nacer, Donado, sus familiares y amigos, y mandó hacerles llegar una imagen de la Virgen del Rosario de la que nunca se separó en sus múltiples viajes, de tal forma que la llamaba “mi querida Peregrina”. Mide 70 centímetros de altura, del blanco marfil son sus manos y rostro, y vino en una adornada caja, escoltada por los misioneros Dominicos que escucharon la última voluntad de D. Manuel de Obelar. Junto con la Virgen envió también dos estatuillas de 10 centímetros de altura, S. Pedro y S. Pablo, y un mensaje: “Ahí va esa Paloma, hacedla un Palomar donde dignamente pueda anidar”. El viaje de Vietnam a Donado duró 10 años y 3 días, y la imagen fue colocada provisionalmente en el retablo mayor de la Iglesia Parroquial. El 25 de junio de 1817 se pone la primera piedra del nuevo Santuario, unas obras que finalizarían en 1888, al cabo de 71 años. El resto de vicisitudes se pueden encontrar en el libro de D. Manuel Benavides, de lectura fácil y entretenida. Nombres, fechas, documentos, medidas, coste en reales, exvotos… y el tesón de grandes personas con y sin nombre que han podido llevar a cabo este hermoso proyecto. De “la Pelegrina”, como también se dice, este septiembre he traído varias cosas: esta historia, una poesía, un montón de fotos y un agradable recuerdo espiritual para el que, lo siento, no he encontrado palabras; un recuerdo que cada cual habremos interpretado a nuestro modo. Yo solo sé que ya queda menos para el próximo septiembre.




A DONADO PEREGRINO

El sol despunta en Congosta,
amanece, y hace frío;
agosto se va, y septiembre
despereza con rocío.

La mochila y una vara,
sin más, partimos con brío,
charla larga, paso corto,
grata compaña de amigos.

En el raso de la chana
la laguna seca vimos;
cuando el agua la abandona
todo el monte está en peligro.

Detrás del pozo artesiano
Cubo aparece vacío:
quien aserana aún dormita,
quien madruga ya se ha ido.

Cruzamos la carretera
de Nogarejas al Río,
Negro, como se le llama,
y del Puente su apellido.

Largo trecho nos separa
entre encinas y tomillos,
del pueblo de Villalverde;
saludamos sus vecinos.

Una fuente medio seca
es el próximo objetivo,
al lado otra carretera
viene de Castrocontrigo,
y nos acercará entre ondas
a Donado, que es el sitio,
donde a la blanca paloma
el palomar le han construido.

En buen recodo encontramos
a Quintanilla escondido;
a la entrada nos esperan
sus viejos pétreos molinos,
y en la plaza banco y fuente…
es hora del bocadillo.

Con el cuerpo remediado
de Quintanilla partimos,
próximo pueblo, Justel,
hermano de su vecino,
la carretera lo ignora
y continuar es preciso,
que el sol no concede tregua…
adiós y al paso, decimos.

A orillas de la cuneta
bajan a vernos los pinos,
nos acompañan a un valle
donde vemos edificios:
Muelas de los Caballeros;
antes, su río sentimos.

Llegamos al mediodía
al arroyo cristalino;
hay quien descalza y descansa,
si de los pies quiere alivio,
y quien quiere continuar,
nosotros así lo hicimos.

En la terraza de un bar
pedimos aperitivo,
el paseo detenemos,
deshacemos los hatillos,
compartimos cual hermanos
refrigerio merecido,
y luego partida o siesta,
cada cual como ha querido.

Dan las seis, y retomamos,
con más romeros venidos,
el camino a Donado,
es lo que hemos prometido.

A otra vuelta un campanario
nos avisa del destino,
al santuario hemos llegado,
un templo catedralicio.

A las siete nuestra misa,
el don es agradecido;
aquí estoy una vez más,
ya no sé qué me ha traído,
solo sé que volveré
mientras pueda, a repetirlo.

En el trono nos aguarda
la Virgen Madre de Cristo,
a Ella pedimos amparo
para nos y conocidos,
salud, trabajo, esas cosas
para no vernos perdidos,
y ojalá el año que viene
venga alguien más que los mismos.

Volver a casa contentos,
satisfechos, doloridos:
nuestro tributo por ser,
este día… peregrinos.

---ETJ---

P.D.-Para visualizar mejor las imágenes, hacer clik encima






































domingo, 9 de septiembre de 2012

Sr Quico, campeón.



Una noticia necrológica que no sabría decir si es buena o mala; por ser un fallecimiento, sin duda es mala, triste y dolorosa; pero por acontecer a casi los 112 años de vida repleta de salud, trabajo y familia, me guardo el calificativo por respeto en los siempre duros momentos previos y posteriores a un entierro. Pinilla de la Valdería ha perdido a quizás su vecino más conocido en la historia del pueblo: el señor Francisco Fernández Fernández, conocido como el señor Quico, o Quico “el galochero”. Gracias a él, en estos tiempos difíciles, hemos estado contentos y orgullosos a la cabeza de Europa en lo más grande y hermoso, primordial en el ser humano: la vida. En un símil deportivo, ha sido el delantero que tuvo en jaque a un equipo que juega con trampa y ventaja; nuestro Fernando Alonso, indiscutible ganador de una carrera complicada y que no permite correcciones, la longevidad. El señor Quico vivió al completo el siglo XX, el que a mi me parece un siglo de locos. Extraordinarios adelantos en medicina, ciencia y tecnología, en relaciones humanas… alternados con las más cruentas miserias, guerras, hambre, odio, desigualdad…. Pudo discernir entre gentes de bien, y malvados hipócritas, comportamientos opuestos que facilitaron la vida o la destruyeron por millones usando la misma misteriosa energía del átomo. El señor Quico casi asistió a los primeros pasos que dieron las máquinas, y a sus primeros aleteos, y de allí hasta la luna o a los confines del sistema solar. Vivió el momento en el que delegamos nuestro mayor tesoro, la inteligencia, en otras máquinas, por desgracia, para nuestro propio control. Y también pudo conocer con qué facilidad se guarda y se reproduce indefinidamente la imagen o el sonido, o se envía en la distancia, como yo acabo de hacer para comunicar su hazaña al mundo entero. Ojala la larga vida que él encontró normal nunca los adelantos la produzcan artificialmente, porque sería retirar el listón mortal que, independientemente de la condición social, absolutamente a todos nos iguala. En la Valdería hemos estado contentos y orgullosos del señor Quico: respiramos de su mismo aire, bebemos de la misma agua y caminamos sobre la misma tierra; en cierto modo somos su gran familia, que como tal llora la pérdida de su patriarca. 
Señor Quico, allá donde se haya ido… ¡campeón!       



P.D.- Aporte fotográfico internet
Enlaces de interés:
http://elhumordecisimo.blogspot.com.es/2012/03/el-abuelo-de-europa.html
http://aprestamo.blogspot.com.es/2012/09/fallece-el-abuelo-de-europa.html

sábado, 1 de septiembre de 2012

El señor Ismael



Si hubiera que nombrar el ayoíno del siglo XX, y, a Dios gracias, de lo que llevamos del XXI, en la larga lista de candidatos no podría faltar Ismael Ferreras. Y no porque esto se me haya ocurrido a mi, o porque lo cuente entre mis admirados, si no porque es evidente que es una persona querida y respetada en Ayoó y más allá de todos sus pueblos limítrofes.

 Ismael inició su andadura en los difíciles años previos a la guerra civil. Como no podía ser de otra manera, unos inacabados conocimientos elementales en la escuela, se turnaron con trabajos en el campo al lado de sus padres, ya en la tierna edad de la infancia. Agricultura y ganadería, actividades indispensables y hermanadas, aunque se alternaran con otros oficios: zapatero, albañil, herrero, carpintero…, como le ocurriera a Ismael, que precisamente, heredó de su padre José María, “el carabinero”, toda la sabiduría como tratante de ganado, y de la cría de caballos y burros sementales en “la parada”, edificio en donde se abastecían las necesidades reproductivas de yeguas y burras de toda la comarca. Se le enciende la mirada cuando cuenta cómo en la exposición de sementales de la feria de ganados de Zamora, en el año 1923, su padre se llevó el primer premio con el caballo “Ureña”. De su madre Felisa aprendió aquella extraña trastienda que suponía el arte culinario para las bodas, y así, todavía hoy, se le conoce también por “el cocinero”; no en vano en los 25 años de oficio, nada más en Ayoó cocinó junto a su mujer Dorinda para 118 bodas. 

Por la época vivida, me parece cansado recordarlo, no pasaría hambre, pero seguro que conoció el siniestro rostro de la necesidad. Otros tardaron más en reaccionar, él, valiente hasta la médula, no parpadeó al presentarle batalla y sus parejas de vacas o de caballos quedaron amarradas en la cuadra el mismo día que, flamante, estrenó su nuevo tractor, un legendario Ebro 160 que a día de hoy sigue activo en manos de su hijo; el primer tractor comprado en Ayoó, que por entonces, 1967, contaba con más de 1200 habitantes. El gasoil era más obediente y trabajador que los animales de tiro, y pronto labrar parcelas fue rápido y sencillo, dejando tiempo suficiente para atender su pasión por la cocina. Pero no la cocina como nos la imaginamos hoy, moderna de los restaurantes; la suya, que alimentó a miles de personas, era la propia de cada lugar donde se celebraba una boda, casi siempre en casas o locales vacíos que también servían de comedor para tanto personal; por tanto, el gas era leña, la llama se encontraba a la altura del suelo, las encimeras mesas que se colocaban para ese menester, las máquinas sus brazos, los cacharros grandes paelleras, y las cazuelas enormes ollas de "periyuela" (Pereruela), las mágicas cocineras de barro. Las bodas eran de 3 ó 4 días, el último, día grande, una media de 500 convidados aparecían hambrientos acabado el oficio religioso para dar cumplido fin a sus excelencias gastronómicas. La comida siempre fresca y natural; carnes recién sacrificadas y productos de la huerta hicieron las delicias de propios y extraños. Orgulloso cuenta que jamás un comensal enfermó por la comida, aunque no se pudo decir lo mismo de la bebida, pues el vino corría a raudales para festejar los felices acontecimientos. 

Y como no hay dos sin tres, Ismael también fue comediante. Sus innatas artes interpretativas eran aprovechadas por los ensayadores para los papeles de obras clásicas que necesitaban emoción y drama, y haciendo un sobreesfuerzo en su atareada vida, dedicó innumerables noches de sueño a despertar sueños en los demás a través del teatro. Ya dice un proverbio chino: si quieres que algo se haga, encárgaselo a una persona ocupada. Pero cuantas veces, por las prisas o la falta de preparación se le olvidó el papel y sacó de su labia lo necesario para que la representación continuara… como aquella vez que tras arrancar una unánime ovación del numeroso público presente, se acercó al frente del humilde escenario y les dijo, haciendo gala de su sinceridad: -“¡y porque no me sé el papel, que si no…!”. 

Grandioso, el señor Ismael, y repito que no solo se me ha ocurrido a mi, las personas extraordinarias como él atraen la atención, en este caso también la de su sobrino Emilio, para entregarlo a los agradables brazos de la poesía. Hay que decir que poesía inconclusa, porque sobre la base que sentó Emilio él ha ido añadiendo muchos e importantes versos, reflejos de su ajetreada existencia que brotan espontáneos con la emoción en los ojos y el temblor en sus labios. Dejo asimismo el artículo incompleto, su semblanza no debería ser redondeada como yo lo he hecho, pero las exigencias de este blog así lo aconsejan. A día de hoy y a sus años le digo, señor Ismael: un placer de haberlo conocido, me siento privilegiado de oír por propia boca su deslumbrante historia, y le doy las gracias por permitir a mi torpe pluma esbozar su biografía, todo un ejemplo a seguir, para apreciar cómo la brillantez, la honradez y el saber estar tantas veces se albergan en el pecho de una persona sencilla.

 Señor Ismael, me quito el sombrero.



POESÍA A MI TIO ISMAEL

Con cariño os dedico
esta historia familiar,
esperando que os guste
y gracias por escuchar.

Me llamo ISMAEL FERRERAS,
de apodo “EL CARABINERO”,
que llevo con mucho orgullo,
desde mi padre a mi abuelo.

Vengo de una gran familia,
desciende de varios pueblos,
Cubo, La Valdería,
Felechares y mi pueblo.

Nací en AYOÓ DE VIDRIALES´
de padres nobles y honrados,
FELISA Y JOSÉ MARÍA
el resto otros cinco hermanos.

Mi padre fue hombre de tratos,
regentó una GRAN PARADA,
y en las ferias de antaño
a los gitanos ganaba.

Sus caballos en las ferias
entre todos destacaban,
y algunos como “EL BERLÍN”,
los premios se los llevaba.

Por el contrario mi madre
de la casa se ocupaba,
y entre otras virtudes,
la cocina le encantaba.
Fue la primera en las bodas,
en bautizos y matanzas,
y todos estaban contentos
por sus sabrosas viandas.

Yo de mi padre aprendí
hidalguía y mucha labia,
por eso en las grandes comedias
de protagonista actuaba.

Hice de REY MARSIRES,
de bandido TRITÓN,
del guapo FRANCISCO ESTEBAN.
Cuando salía en escena,
todo el mundo se callaba;
enmudecían las piedras,
las damas se enamoraban,
los hombres palidecían,
las mujercillas lloraban.

Los niños con alegría
de esta manera gritaban:
“Ahí va FRANCISCO ESTEBAN
el terror de Andalucía”,
de las mujeres la pena,
de las mozas la alegría.

De mi madre aprendí
el arte de cocinar,
que yo con mucho cariño
me dispongo a preparar.
Hice cientos de bodas,
bautizos, muchas matanzas,
y de todas ellas salí,
muy airoso y con fama.

Finalmente mis amigos
termino como he empezado,
con un dicho muy sonado:
Carabinero mi padre,
carabinero mi abuelo,
y yo como soy su hijo,
“VIVAN LOS CARABINEROS”.

-Emilio López Ferreras-






domingo, 26 de agosto de 2012

La radio y yo



Mis clientes ya lo saben: la primera en llegar y última en abandonar la obra de todas mis “máquinas”, la que comienza las mañanas antes que yo, y se desconecta justo antes de irme a casa es… la radio, mi eterna compañera, la que anima y dulcifica las largas y a veces tediosas horas de trabajo. Por tanta responsabilidad mi radio no es una radio cualquiera. A simple vista una radio antigua... a la que le extirpé su corazón valvular de ondas media y corta, y parcialmente rellené el hueco con un implante de frecuencia modulada, la que fue diseñada para la fidelidad, y por ende, para la música, esa que permanentemente amansa mi fiera personal. (Qué bien me ha quedado el símil médico; éste gremio y el de los albañiles siempre estuvieron hermanados: los defectos de ambos se solucionan añadiendo más cemento). Mi vieja-nueva radio lleva ahora por “tripas” un amplificador de sonido de una televisión, la parte del sintonizador de FM de un radiocassette de coche, y una casera fuente de alimentación, que a lo Frankenstein dan una nueva vida al viejo altavoz Melodial. Relativamente pocos, e intensos años de vida tiene la radio. Popov, Marconi, Hertz, Tesla, o el español Julio Cervera pleitearon su paternidad, cuando otros más humildes quizás aportaron el verdadero sentido del mensaje a través de las ondas. Para mi, los auténticos orígenes tienen casi tres “noches buenas”: la primera la del 24 de diciembre de 1844, cuando Samuel Morse envió por cable el primer mensaje de texto codificado a larga distancia, entre Washington y Baltimore, que decía así: “Lo que Dios ha forjado”; la “casi” segunda, el 23 de diciembre de 1900, Reginald Fessenden hizo llegar la primera señal de audio con aparatos inalámbricos a la distancia de una milla (1,6 Km.); y la tercera, el 24 de diciembre de 1906, el mismo Fessenden realizó la primera transmisión de música y voz para entretenimiento de público en general, interpretando en directo con su violín el villancico “O holy night”, y acto seguido la lectura del capítulo 2 del Evangelio de San Lucas, ambas cosas hacen referencia al nacimiento de Jesús, en el mismo momento solemne que acababa de nacer la radiodifusión. Pero el verdadero padre del aparato de radio fue un visionario, David Sarnot, famoso por informar ininterrumpidamente durante tres días con sus noches del desastre del Titanic desde una estación de Nueva York. En 1916 vaticinó “la caja de música con radio, con diferentes longitudes de onda para escoger, provista de amplificadores y un altavoz frontal, y se podría colocar sobre una tabla en el salón”. Genial. Miro mi radio y veo concebida la idea de Sarnot; giro el botón izquierdo y comienza a sonar la música, porque mi radio no conoce la crisis, ni la grave situación actual de muchas familias, ni sabe de política, ni de paro, etc., mi radio solo “canta”, que ya dice El último de la fila “el que canta su mal espanta”. Y todo porque el botón derecho de mi radio, el de escoger, se ha quedado quieto en el 107.9, la emisora municipal de Villanueva de Azoague, Sonora.va. Prácticamente sin palabras, sin pesados anuncios, sin morbosas noticias…, Fernando Campo, su director, hace diariamente una selección de temas musicales variados para todos los gustos, que para eso se hicieron los estilos. Solo por los pitidos horarios que señalan el momento de abandonar la tarea dejo descansar a mi compañera, algunas veces ni eso, no es la primera vez que durante la comida o toda la noche mi radio ha quedado ofreciendo su programación a las sordas paredes de la obra, para desconcierto de los vecinos. Es agradable saber que la magia de las ondas siempre está ahí, esperando callada; un poco de electricidad y como por arte de encantamiento se extiende en el vacío la actividad desarrollada a decenas o miles de kilómetros. Quien le diría, a quienes comenzaron a experimentar con antenas y chismes, que en poco más de 100 años este misterio conectara el pasado 6 de agosto el explorador marciano Curiosity con Camberra, capital australiana, para dejarnos su mensaje: “estoy entero y a salvo en la superficie de Marte”. Un increíble recado que ha viajado 567 millones de kilómetros a casi 300.000 Km. por segundo, para lo que ha necesitado 14 largos minutos en recorrer tan angustioso viaje. Y quien le dirá a futuras generaciones que durante todo el siglo XX estuvimos atentos, algunas veces con la mirada perdida, al lado del rudimentario altavoz de la “caja de música con radio” de Sarnot. Sin duda un hecho sorprendente y admirable, aunque “lo que sorprende, sorprende una vez; pero lo que es admirable lo es cuanto más se admira” (Joseph Joubert). Yo, sinceramente, admiro la radio.





PD. Mi emisora preferida: Sonora.va, 107.9 FM


lunes, 20 de agosto de 2012

A un pirómano


Arde la tierra. Como quien muerde la mano de quien le da de comer, en este caso además de respirar, el pirómano mata y huye a esconderse, o en el peor de los casos observa como su víctima, la naturaleza, se retuerce, agoniza y muere. “De bien nacidos es ser agradecidos”; pues mal nacido seas, que no mereces el aire que respiras o el agua que bebes, estúpido ignorante, que te ha dado la vida el viento que huele a fresco y los manantiales que saben a pureza y le has pagado con fuego y desolación. Tú has teñido el color más bello del negro de tu corazón, y el cielo es testigo; lo ha despertado la bocanada de humo y terror que ha salido de tu bolsillo. Pues que sepas que ya nos pasará, y nos está pasando la factura de tu locura, y nos la cobrará y nos la está cobrando con intereses, que el cielo no perdona, ni te podemos perdonar nadie, como no podemos pagar todos lo que tú solo has consumido. ¿Cómo apelar a tu conciencia, si no la tienes?¿Cómo razonar contigo si matas, huyes y te escondes, miserable traidor?... ¿Cómo hacerte comprender que has destruido millones de vidas, cientos de años, cosas únicas y pasajeras que nunca se podrán repetir, placeres que de ser Dios injusto tú nunca deberías haber disfrutado, y de haberlo hecho, ese fuego que no enrojece tu cara te hubiese rodeado mucho antes que a tus víctimas?. Si esto fuera un juego, por mi parte has ganado, pero no esperes podio ni medalla, en tu solitaria carrera solo eres el campeón del desprecio. Sigue así, lo haces muy bien. Has acabado con el monte que nunca volveré a ver, como tampoco me gustaría ver tu cara; te imagino falso y cruel, y aún temo embellecer tu cavernícola expresión. En unos días, como todos los años, madrugaré en peregrinación a un cercano lugar santo, y no tendré más remedio que cruzar los restos de tu valentía. Que sepas que te he maldecido y te maldeciré a cada paso, aunque al final del camino rezaré por ti, porque si no cambias y mejoras nos harás cambiar y empeorar a los demás. Y no me parece justo. Ojala encuentres multiplicado tu castigo. El monte llora y se viste de luto. No pidamos minutos de silencio, si no voces de rabia, y colaboración ciudadana, un delincuente suelto nos quiere quemar nuestro bien más preciado… la vida.

domingo, 12 de agosto de 2012

El pájaro albañil



Antes creía que el nombre de pila era duracell, cegasa, energizer, … Parece ser que no, que lo de “pila” viene de la cristiana pila bautismal, y es el nombre que nos dan el día del bautismo, aunque no haya bautizo, y solo se inscriba al neonato en el registro civil. De ahí viene el chiste de Pepedro Pepeperez, que no era tartamudo, lo fue su padre, y el encargado del registro un jilipollas. 

El nombre propio es esa palabra que nos acompaña toda la vida, la que más nos importará, la que nos designa y distingue de quienes nos rodean. Se complementa con apellidos para mejorar la distinción, algunos curiosos como los terminados en –ez, que significan “hijo de …” (Pérez – hijo de Pedro; González – … de Gonzalo; Dieguez - … de Diego; etc.) Algunos nombres podrían incluso coincidir o divergir con la idiosincrasia de la persona, en algún momento para encomio o chascarrillo fácil, como sería el de Adoración, Bárbara, Benigno, Benjamín, Bienvenido/a, Blanca, Carina, Casto, Clara, Clemente, Concepción, Consolación, Cristiano, Diana, Dolores, Encarnación, Esperanza, Felicidad, Felicísimo, Fina, Gloria, Gracia, León, Modesto/a, Soledad, Valentín-a, Victoria, Visitación… etc. 

Aunque un viejo refrán apunta que “la persona hace al nombre, no el nombre a la persona”, en referencia a los que llevan un nombre difícil y un carácter extraordinario. Lo curioso, salvo honrosas excepciones, es que nos incomode que nos llamen por un nombre que no es el nuestro; rápidamente, por inercia, lo corregimos. Bueno, a no ser que nos llamen “pa comer”, que entonces da igual, mientras nos llamen. 

Por eso quiero salir, a lo quijotesco, en amparo de un indefenso pajarillo, libre y sin embargo confiado y cercano, que como las cochinas golondrinas construye sus nidos en lugares de ruido y tránsito, aunque por su higiene excepcional podría pasar desapercibido. Me refiero al mal llamado Carbonero, o Carbonera. Supongo que se le ha aplicado el nombre por el uniforme color oscuro de su plumaje, solamente alterado por el adorno rojizo de su larga cola, justamente el motivo de su nombre verdadero, el de “pila”: Colirrojo. 

El Carbonero es otro pájaro, de vivos colores, que nada tiene que ver con nuestros Colirrojos, tremendamente atrevidos, como la parejita que en un descuido construyó su hogar dentro de mi hormigonera, inutilizándola por completo. En cuestión de pocos días, rellenaron el fondo de la cuba con finas hierbas secas y en un hoyito sus huevecitos. Ni siquiera el flash de la cámara inmutó su incubación, ni el ruido de la obra, las continuas visitas guiadas, o el impertinente sol que pretendió convertir con su calor la cuba de acero en una olla con pajaritos dentro. De cuatro huevos salieron tres ruidosos hambrientos, que forzaron a los padres en un sin parar a cazar todo tipo de insectos y gusanos. Incluso cuando los polluelos salieron del nido echando a volar, volvieron muchas noches a dormir a la hormigonera, para todos sirve lo de “hogar, dulce hogar”. 

Se la dejé mientras pude, y me la devolvieron sin un solo excremento, solo un puñado de hierbas que me dio pena retirar y un huevecito que cerrando los ojos arrojé lejos para no verlo caer. Ha sido instructivo, divertido; pero el año que viene les procuraré otros recipientes, mi hormigonera no, que me cuesta mucho trabajo hacer las mezclas en el suelo. 

Bueno… si insisten…










domingo, 5 de agosto de 2012

El arte del engaño



Afirma un viejo refrán: pescador de caña, pescador de nada. La verdad es que este arte de pesca es menos productivo que otros, y como del “mar” apenas conozco el marisco de pocilga, que está la “mar” de bueno, pues solo me referiré en este artículo a la pesca en agua dulce, la que se practica en pantanos y ríos de nuestra comarca. Para pescar en cantidad, con fuerza bruta, está la red, prohibida y penalizada, que en los ríos se utiliza compuesta de tres paños de distinta luz de malla y se llama trasmallo; luego, en pequeñas corrientes, se utiliza el también prohibido y evidentemente fácil sistema de cortar o desviar el caudal mediante una presa, esperar a que baje el nivel del agua y atrapar los peces con la mano o con una sacadera (en esta técnica, que en mi pueblo se llama “ensecar”, era especialista una persona muy querida para mi, creo que pescaría así decenas de grandes truchas “a mano”, con la habilidad necesaria para tan escurridizo pez); así mismo en el pasado se utilizó la “ñalsa” (nasa), igualmente prohibida, que es un recipiente de mimbre con un orificio de entrada cónico a modo de embudo, por donde entran los peces y no saben salir; otro sería el inhumano envenenamiento del agua, totalmente deplorable y denunciable, y quienes lo practican indignos del término pescadores; y por último el menos eficaz y a la vez más complacido método del engaño: la pesca con caña. El refrán que lo avala dice: por la boca muere el pez. Y es que básicamente consiste en engañar a los peces con cebo vivo insertado en un gancho de acero llamado anzuelo, atado a un invisible bajo el agua sedal, y éste al extremo de una larga y ligera caña vegetal. En el sedal, para mantener el nivel del anzuelo se sujeta un plomo y un corcho que hace las veces de chivato. Este es el verdadero y antiguo modo de pesca con caña, mejorado con las “cañas” artificiales con anillas, carretes mecánicos para el lance y recogida del sedal, y todo tipo de señuelos y cebos artificiales. Hay multitud de modelos, aunque los más famosos son  la cucharilla en el primer grupo y la mosca en sus tres versiones: mosca seca, mosca ahogada y ninfa en el segundo. Mi amigo Abelardo, compañero de fatigas en las obras, es un excelente pescador, y lo que es más importante, su propio autodidacta fabricante de cebos. En su interesante blog http://pescamoscatera.blogspot.com.es podemos apreciar sus obras de arte, auténticas reproducciones de los distintos insectos deseados en las diferentes épocas y horas por cada variedad de pez. Recomiendo su visita como curiosidad, para considerar la paciencia y la dedicación en esta disciplina de pesca. Abelardo me ha recordado mi afición de adolescente por coger la caña en los ratos libres y perderme en la ribera del río Éria. La vieja foto que encabeza el artículo me muestra en una de las muchísimas escapadas después del trabajo, recién pescada una pequeña trucha que por supuesto devolví al agua, y sujetando mi flamante caña de anillas con su ya mítico carrete Segarra de aguja. Pocos años más tarde colgué los bártulos, mi dolor por la lenta muerte de los peces fue superior al placer de engaño y lucha, y hoy el río para mi no es más que un paraíso en el que se mezcla vegetación, agua y cielo; sonidos, olores y colores naturales para la relajación y la tranquilidad. Por cierto, prodigiosa mezcla.