eltijoaquin@hotmail.com - facebook.com/El Ti Joaquin

sábado, 1 de diciembre de 2012

San Lucas en Vidriales


No he podido encerrar en un artículo, y estoy seguro que ni resumiendo tampoco en dos, la andadura vital de San Lucas, su repercusión en la comunidad cristiana, y por extensión en el valle de Vidriales que lo vio nacer. D. Augusto Quintana Prieto lo trató de hacer en su libro de más de 160 páginas “Fray Lucas del Espíritu Santo”, editado en Astorga; a este libro yo añadiré importantes detalles que me parecen dignos de elogiar y recordar. Comienzo por la pequeña sacristía de la iglesia, de estilo gótico, en la que destacan la bóveda de crucería adornada con florones en las claves, (arandelas), y multitud de imágenes y objetos relacionados con el santo. En una de las paredes llama la atención un rosario de grandes dimensiones. Es la copia de otro muy valioso, de nácar, que regaló San Lucas al pueblo de Carracedo desde su estancia en Filipinas. Durante muchísimo tiempo se mantuvo visible en la iglesia, en los brazos de San Cayetano. Y cada año, de entre todos los quintos que se preparaban para el servicio militar, uno, el más necesitado, era especialmente encomendado a la Virgen María, y para ello, su familia  llevaba la reliquia a casa y rezaba nueve días seguidos otros tantos rosarios. Hoy el precioso rosario está desaparecido, que al culpable el santo se lo tenga en cuenta. Otro cuadro, con la imagen de D. Aquilino Cavero Cavero, ya fallecido, recuerda al párroco titular de Carracedo, Ayoó y San Pedro de la Viña en los años de canonización de San Lucas, y los posteriores de arreglos y reformas de la iglesia parroquial. Infatigable, arquetipo del hombre bueno, contaba una experiencia como milagro al sufrir, en alguno de los desplazamientos a sus parroquias, un aparatoso accidente de moto. Viéndose malherido y solo en la carretera solicitó a San Lucas protección, y al instante, un coche se acerca, de él desciende un hombre, y lo lleva al centro médico más cercano. En el retablo lateral derecho, así quedó reflejado este hecho a golpe de gubia por D. Evasio Sánchez Fernández, natural de Barrientos (León), igual que D. Aquilino, que además de artista comparte la misma profesión de sacerdote. A él le encargó la construcción del retablo, para mí de un valor extraordinario por la profusión de detalles en el conjunto de una exquisita sencillez. Del mismo modo es realmente agradecida la talla de la imagen de San Lucas, a cargo de otro vidrialés también tristemente fallecido: D. Hipólito Pérez Calvo, nacido en Bercianos de Vidriales, autor de varias obras públicas y especialista con renombre en las religiosas. Arte y saber hacer de la mano en el privilegiado pedestal del presbiterio de la iglesia de Carracedo. Y me parece importante recordar a otro vidrialés más, también excepcional, clave en la recopilación de documentación para el conocimiento de la biografía de San Lucas: D. Abelardo Lobato Casado, el padre Abelardo, natural de San Pedro de la Viña, dominico como el santo, y también fallecido. Como no puede ser de otra forma, en el anonimato quedan otras muchas personas, colaboradoras desinteresadas, enormemente generosas que han llevado a cabo, para sí y para sus semejantes, el orgullo de un hermoso proyecto cumplido, un lugar donde hallar satisfacción o buscar consuelo; un lugar, en definitiva, donde mostrar una parte de la historia de nuestros pueblos moldeada en letras de oro a golpe de firmeza y corazón. A todos, que San Lucas se lo pague.
P.D.- Para adquirir el devocionario de San Lucas o el libro “Fray Lucas del Espíritu Santo” contactar con nuestro párroco, D. Miguel Hernández.












sábado, 17 de noviembre de 2012

San Lucas de Vidriales

 


Suscribo y comparto una opinión publicada en la revista Muy Historia nº 44: “Nadie con sentido común cuestiona la existencia histórica de Jesús de Nazaret”. Deidades y divinidades aparte, que entraríamos en terrenos de controvertida fe, no cabe duda que fue un personaje excepcional, un líder. Sus enseñanzas conducen a un modelo de sociedad en la que prevalece la vida, la familia, la comunidad, y por encima de todo un concepto que parece difícil de entender y de moverse entre sus márgenes: el mutuo respeto, o dicho de otra forma, mutuo amor. Tampoco me parece momento de juzgar aciertos o errores de la comunidad seguidora de estas enseñanzas, sigo pensando que lo maravilloso del ser humano en su coexistir es poder atinar o equivocarse, y también el aprender lo que se debe o no repetir. De este modelo de vida, a juicio de una inmensa mayoría correcto, destaca su represión histórica, hasta el punto de pretender eliminar su libre seguimiento, tan perseverante y convincente que son por millones las personas que han perdido la vida antes de renegar de sus creencias; son los llamados mártires, y de entre ellos unos pocos reconocidos como beatos o santos. Este año se cumplen los 25 años de la canonización de un vidrialés, que nació el 18 de octubre de 1594 en el seno de una humilde familia del pequeño pueblo de Carracedo de Vidriales. Sus padres, Domingo y Leonor, lo bautizaron seguramente en sus primeras horas de vida, siguiendo una tradición de darle el nombre del santo del día: Lucas. Antes de cumplir 16 años, el 31 de junio de 1610 tomó el hábito religioso; y al cumplir sus estudios, se ofreció voluntario para ir como misionero a Filipinas. Era el año 1617, y la larga ruta era Sevilla – Méjico – Filipinas. En su estancia en un convento de Méjico se ordena sacerdote y celebra su primera misa; tenía 23 años. Luego, tras cruzar el país, parte desde Acapulco en el anual barco “Galeón de Manila” para su destino en Filipinas. Pero por una violenta represión y matanza de cristianos en Japón, se le envía junto con otros religiosos allí para continuar la labor de sus compañeros muertos; era el 9 de junio de 1623. En total clandestinidad, y ayudado por japoneses conversos al cristianismo, aprende costumbres y lengua, recorriendo el país de esquina a esquina. Como sobrenombre, por si le descubrían el correo, su compañero y superior “el vizcaíno” le escogió el alias de “buey”, por ser el animal apocalíptico correspondiente al evangelista S. Lucas, y porque sus trabajos apostólicos misioneros podían compararse con los realizados por este animal tan relacionado con forzados trabajos agrícolas. Con expresiones como “trabaja como un buey”, y “bueno y trabajador como tal”, retrata el carácter del vidrialés, y luego añade una proverbial frase: “¿pero dónde irá el buey que no are?”, que pone de manifiesto que la personalidad y la disposición de cada uno es indiferente al lugar en que se halle, para continuar con un presagio:”temo que me lo lleven pronto a la carnicería, a donde todos llevamos traza de ir a parar”. El 8 de septiembre de 1633, tras 10 años de apostolado clandestino, cae prisionero junto con otros compañeros. A algunos de ellos les comenzarán a torturar al día siguiente mediante el “tormento del agua”, que consistía en la forzada ingestión de gran cantidad de agua y su doloroso vómito saltando el verdugo sobre el abdomen del reo. El 14 de septiembre, con casi 40 años, torturan así a Lucas. El objetivo es sonsacar información del escondite de los cristianos, o hacerle apostatar de su fe. Pero queda tan mal parado que sus verdugos temen por su vida y le dejan descansar al sol tras intentarle tranquilizar el estómago. A los pocos días les trasladaron a una cárcel de Nagasaki, donde fueron condenados a muerte por “horca y hoya”, cruel tormento que ocasiona una muerte lenta y dolorosa, colgando al condenado de los pies sobre una fosa cavada en la tierra, sin que la cabeza toque el fondo, algunas veces lleno de sustancias nauseabundas. Cerrando con tablas el agujero a la altura de la cintura, se dejaba horas e incluso varios días así hasta que morían. Algunas veces solían hacer un corte en la cabeza para que la hemorragia causara mayor desesperación. Unos jueces permanecían al lado del instrumento de tortura, de donde los sacarían perdonándoles la vida si había intención de apostatar de su fe, codiciada confesión que usarían para desengaño de otros cristianos. Cinco horas estuvo Lucas colgado, al cabo de las cuales le retiraron volviéndole a la cárcel, e hicieron correr el rumor de que el conocido Padre Lucas había renegado de su Dios. Él, desde su mazmorra a gritos, defendió su fe hasta que al amanecer le devolvieron al tormento, donde falleció a los 39 años y un día, el 19 de octubre del año 1633, destrozado física y moralmente, aunque convencido de no hacer mal a nadie al enseñar una forma de vida más humana, y por tanto, mejor. La pequeña iglesia de Carracedo honra la memoria de San Lucas, entre objetos como su imagen tallada en tronco de tilo, o la escenificación de los momentos más importantes de su vida en un pequeño retablo esculpido con gusto y esmero. San Lucas ha sido canonizado y declarado patrono y protector de Vidriales y sus vidrialeses, de quienes acepten estos hechos, claro está; “como a nadie se le puede forzar para que crea, a nadie se le puede forzar para que no crea”. (Sigmund Freud).














jueves, 8 de noviembre de 2012

Mariposa colibrí





Decía un viejo sabio: “Si lloras por no haber visto el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas” (Rabindranath Tagore). Cuántas veces los árboles no nos dejan ver el bosque, o la armonía de las flores ocultan el hechizo de un animado jardín. Cuántas veces presumen las fotos de robarle y encerrar tanta belleza, y ni siquiera conservan su más leve fragancia, las caricias del viento o el sonoro aleteo de sus recaderos alados, insectos de distintos tamaños y colores que dan vida a las plantas, en el más estricto sentido de la palabra. Quien gozara de tiempo para derrocharlo en actitud contemplativa entre tanta beldad; porque cada año es único, cada día diferente, la naturaleza es sabiamente egoísta y como Paganini, no repite.  En los pocos momentos que dispongo para deleite en nuestro jardín, volví a encontrar un asiduo, temporal, y maravilloso visitante. He oído decir que pertenece a un clan nocturno, pero parece disfrutar más del brillo del sol que de la palidez de la luna; de sobra sabe que sus amadas las flores anhelan también la luz y el calor, de que servirían sus llamativos colores sin claridad; inevitablemente, la cruel noche es un rasero para el color. Este forastero es un insecto delicado en sumo grado, tan tímido y considerado que ni roza a sus admiradas, aletea furioso para mantenerse en el aire, levitando en apariencia, batiendo sus alas hasta 85 veces por segundo para desenrollar su larga trompa y libar delicioso néctar. La semejanza con el pájaro más pequeño le presta el nombre a la mariposa, mariposa colibrí. Con una envergadura de 5 cm, llega a alcanzar los 80 km/h, ríete tú de las decenas de reactores que escriben garabatos tóxicos en la pizarra celeste que nos cubre, y cada día odio mirar. Laboriosa y delicada, es todo un tierno espectáculo; actualmente está emigrando hacia el sur, huyendo del frío. Sea bienvenida al jardín, lástima que mi pequeña cámara apenas muestre un borrón escondido entre las flores. Quizás cuando vuelva, y sé que lo hará, traiga compañía. Por eso abogaré para que el próximo año el jardín le ofrezca multitud y variedad de petunias, de entre todas nuestras flores, su preferida.






domingo, 4 de noviembre de 2012

El miércoles, mercado


Santibáñez de Vidriales, situado en el centro del valle que le presta el apellido, destacó en el reciente pasado como centro industrial, financiero, de servicios y comercial. En la actualidad un matadero industrial de ganado, una fábrica de productos lácteos, variedad de comercios y de sucursales bancarias, talleres mecánicos, biblioteca y museo, asesoría, farmacia, el centro médico de urgencias y el colegio, representación de varios organismos oficiales (correos, medio ambiente, agricultura y ganadería, etc.), una bodega, carpinterías de madera y metálicas, un taller textil, cristalería, una fragua, fábrica de embutidos, servicio de taxi, fontaneros, electricistas, peluquerías, un taller informático, servicios funerarios, unos pocos agricultores y ganaderos y quizás demasiados locales de ocio y por desgracia, recientes clausuras de restaurantes cierran la lista de organismos y profesionales que reconocen la tradición empresarial y popular de este pequeño pueblo zamorano. Muchos otros negocios han cesado su actividad, algunos realmente importantes, como la fábrica de harinas o la alcoholera, y sus edificios a día de hoy apenas logran mantenerse en pié; aunque la actividad desaparecida que sentimentalmente más se hecha de menos, y no hay más que preguntar a los vecinos, es su mercado, con productos autóctonos de necesidad en aquella época, como cestería, maderas, cacharrería, cordelería, etc., amén de pequeños regalos, como dulces y caramelos o las “joyas” del puesto del “ti arillero”, anillos, pendientes, colgantes…. A la par, cajones de “gorrifos” (lechones), y desde el fin de semana posterior a Las Candelas (2 de febrero) hasta principios de la primavera, importante mercado de vacas enseñadas especialmente para trabajos agrícolas, (el arado y el carro). Los días señalados para tanta actividad eran todos los miércoles de cada mes, y el lugar la Plaza Mayor de Arriba, o la de la Ermita, en semestres alternos. En los primeros días de septiembre también se celebran las tradicionales Ferias y Fiestas, con exposición y venta de productos de la tierra en el marco de un mercado astur-romano, por las inmediaciones del ayuntamiento. Actualmente, unos pocos puestos vuelven tímidamente a Santibáñez los miércoles, cosas de la crisis, para competir con los establecimientos locales, cosas del libre comercio, y ofrecer a los viandantes con los tenderetes al aire libre sus productos en un ambiente de trato y teatro, cosas del mercadillo. El lugar es la calle que rodea al parque, junto al Arco del Ferial, símbolo y recordatorio de la afamada y perdida feria. Mercados cercanos semanales tenemos los lunes en el Puente de Sanabria, los martes en Astorga, los jueves en Benavente y los sábados en La Bañeza. Aunque los verdaderos días idóneos para el mercado son los miércoles, los del exiguo mercadillo de Santibáñez, porque las dos palabras comparten historia y grafía en su raíz latina: “merx”. Con ella se construyen mercancía, mercar, mercader, mercado… y miércoles, en el momento en que los antiguos consagraron este día de la semana al dios Mercurio, uno de los dioses errantes de la esfera celeste. Y Mercurio, mensajero alado de los dioses, según la mitología romana, dios del comercio, de la abundancia y del éxito comercial, que comparte la misma raíz latina “merx”, era venerado en altares en los cruces de caminos y en templos a la entrada de los pueblos, y se representaba rodeado de animales, cabras, gallos, tortugas…. ¿Qué mejor día, pues, para el mercado que el miércoles?






domingo, 28 de octubre de 2012

Años con nombre propio


Desde donde alcanza la memoria a nuestros días, han transcurrido algunos años que por sus características, casi siempre nefastas, se recuerdan con nombre propio, el relativo a la eventualidad que lo hizo popular. No son los años para un individuo en particular, como podría ser “el año que me casé”, ni siquiera para un pueblo, “el año que cambiaron las campanas”, son años renombrados en una extensa comarca, una comunidad autónoma o la nación entera.

Pero nuestros mayores recuerdan estos años no con rencor, si no con orgullo, el propio de haberlos superado y poder vivir para contarlo. Ya dice el refrán: “lo que no te mata te hace más fuerte”. Y extraordinariamente fuertes son cuando sobrevivieron a inclemencias atmosféricas graves, guerras, miserias y desgracias familiares. Me maravilla ver que al preguntarle por esos años no escatiman una sonrisa a su arrugado rostro, ni se avergüenzan de su indefensión ante los infortunios; muy al contrario, con sabia autoestima valoran la resignación y humildad con la que fueron capaces de subsistir y adaptarse, y como decía el refrán, fortalecerse.

Hoy es difícil comprender aquellos hechos, ya que disponemos prácticamente de todo tipo de recursos. Pero los primeros tres cuartos del pasado siglo nuestros pueblos carecieron de lo más elemental, aunque vivieron sobrados de lo verdaderamente importante: humanidad. Las adversidades no fueron tales en cuanto fueron compartidas, con mutua, desinteresada y fraternal ayuda.

Por eso nuestros abuelos, con una sonrisa en los labios, recuerdan un episodio muy famoso, “el año de la nevada”, por la gran nevada que cubrió España entera los primeros días del mes de febrero del año 1954. Por la noche en algunos lugares de nuestra contorna se arremolinó más de metro y medio de nieve, cubriendo puertas y ventanas, dejando personas atrapadas en el interior de sus viviendas. Túneles y callejones fueron excavados en la nieve para intentar normalizar la situación. Parece ser que una masa de aire caliente propició un deshielo rápido, porque de haber persistido, la situación se hubiera recordado catastrófica en lugar de anecdótica.

En los primeros años de la década de los cuarenta sucedieron otros dos eventos memorables. El primero ocurrió el 15 y 16 de febrero de 1941, y dio nombre al “año del huracán”. Un temporal inusitado azotó la mitad norte de la península, causando enormes destrozos a su paso. Los vientos huracanados del sur de más de 200 kilómetros/hora avivaron el fuego que destruyó el centro histórico de Santander. En el observatorio de León se registraron casi 120 kilómetros/hora, y en el de Valladolid 112. En nuestra comarca el viento arrancó árboles, tejados, incluso dicen que mató animales en el monte. En el vecino pueblo de Sitrama, en la cuesta de la encina, la milenaria encina que daba nombre a la cuesta no pudo resistir los envites del vendaval y cayó abatida de raíz.

En 1942 comenzó una sequía, una “pertinaz sequía”, que desembocó en el “año del hambre”, 1945. Política aparte, por la época en la que se desarrolló el hecho, en León, el 29 de julio de 1942, se registraron las más altas temperaturas desde la invención del termómetro. Y según los datos de la Confederación Hidrográfica del Duero, el menor valor de precipitación de su historia se produjo en los años 1944 – 1945, con 377 mm. Durante estos años, en nuestros pequeños pueblos el autoabastecimiento llevó a la gente a ardides extravagantes, como el embutido de chorizo de patatas, mezcla de la escasa cantidad de carne de los desnutridos cerdos con patatas cocidas para aumentar la provisión de la despensa. El pan se amasó con harina de centeno, adquiriendo un color y sabor bien distinto a nuestro acostumbrado pan que cuántas veces despreciamos y arrojamos a la basura. Dicen que quien tenía dos parejas de vacas se deshizo de una, y quien tenía una pareja solo quedó con una vaca, para trabajar “a coyunta”, es decir, emparejando su vaca con otro propietario de vaca solitaria.

 Por las características del 1942 en nuestra comarca, también se conoció como “el año ruin” (hay quien dice que fue el 45). Las cosechas fueron tan exiguas que el cereal no se segó a hoz, se arrancó de raíz debido a su corta estatura. Apenas hubo fruta, ni uvas, y cuentan por Vidriales que en Ayoó y Congosta sin embargo fue un año normal, debido seguramente a alguna tormenta que aportó al campo el agua suficiente en el momento idóneo.

Entre tanta desgracia la picaresca acuñó al año 1945 otro apelativo, “el año de la bomba”. Fruto de los bombardeos atómicos sobre Japón para forzar su rendición y el final de la Segunda Guerra Mundial, la mal informada población creó un bulo de las escasas noticias sobre los efectos de la diabólica arma. “El año de la bomba” se recuerda todavía hoy en Vidriales por lo particular de los nacidos en aquel año: “la quinta de la bomba”. Al parecer, y según ellos, las explosiones los afectaron siendo un original grupo, jovial, extravertido... peculiar.

Así se recuerda el siglo XX, como progreso pero también como difícil, en el que nuestros abuelos pasaron con nota la implantada asignatura de salir hacia adelante, y lo consiguieron sin más recurso que su trabajo y sacrificio, y además, con una sonrisa en los labios. Vaya por ellos, valientes y luchadores.

Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero quienes luchan toda la vida… esos son los imprescindibles.
(Bertolt Brecht)



lunes, 22 de octubre de 2012

Las avispas


Presumen los chinos de haber inventado el papel. ¡Qué ilusos! Para rebatir su pretendida autoría no hay más que buscar, por ejemplo, debajo de las tejas árabes, donde unos irritables insectos defienden aguijón en ristre cual mosqueteros, y si hiciera falta también a mordiscos, su hogar y un territorio proporcional a su número de habitantes. Son las nerviosas avispas, negras con bandas amarillas o amarillas con bandas negras, según se mire, las que construyen perfectas celdillas hexagonales con auténtico papel, masticando y ensalivando fibras vegetales para la cuna de sus larvas, y en raras ocasiones, para depósito de miel. Ésta es más fluida y transparente que la de abeja, y de peor sabor. Las avispas pueden ser una molesta contrariedad para los albañiles que reparamos tejados antiguos, sobre todo a finales de verano y principios de otoño, porque allí anidan con frecuencia; por eso me parece conveniente recordar algunos consejos para evitar su ataque, que para muchos es molesto, y para otros, los menos, grave e incluso mortal. Lo que jamás se debe hacer al encontrar un avispero son aspavientos, porque los tomarán como una provocación, un ser con movimientos bruscos que amenaza su territorio; conviene en lo posible agacharse y retroceder despacio. Si alguna se vuelve tozuda se puede repeler con un manotazo, son grandes y torpes para esquivarlo. También se debe evitar aplicar con abundancia insecticida tipo spray, no olvidemos la impagable labor polinizadora de los insectos, sin la cual las cosechas se verían mermadas y empobrecidas. Contra el escozor que produce la picada de avispa se conocen varios alivios naturales, algunos tan inocentes placebos como frotar la zona irritada con las hojas de tres plantas distintas. Quien aconseja cubrirla con barro tiene su base lógica, está fresco y el frío baja la hinchazón. El ajo podría ser eficaz, debido a sus propiedades purificadoras, o el aceite de oliva, por reducir las reacciones inflamatorias y alérgicas. Y espero que nadie se escandalice si sugiero un remedio muy antiguo, nuestra propia orina, por su contenido en urea que se transforma en amoniaco, que por cierto, rebajado es ideal para cualquier tipo de picadura. Pero ante todo se necesita autocontrol, tranquilizarse, nunca rascarse y si el ataque es de varias, acudir a un médico de urgencia, para prevenir una posible reacción alérgica en la que el tiempo transcurrido será crucial. Por último, una adivinanza-chiste con la que bromeamos por estos pueblos: ¿Sabéis cuál es el animal que pone los huevos más gordos? La avispa. Sin más comentarios.







                                   


lunes, 15 de octubre de 2012

Guillermo y la música.




Hablar de percusión es hablar de historia en mayúsculas, con seguridad el primer y más elemental método de comunicación y de transmisión de sentimientos entre individuos. La madre naturaleza es pródiga en sonidos y ritmos y el ser humano un natural imitador; con solo el golpeteo de los pies, y palmadas, rasgueos o agitaciones con las manos, nuestros ancestros comenzaron a plagiar en los ratos de ocio el concierto universal, enigmático y complejo para su primaria cultura y su inhóspito entorno. La percusión originó la sincronización en los bailes, realizó las primeras llamadas, avisos y noticias en la lejanía, fue indispensable en rituales de magia y religión, o en los preparativos y desenlaces de las guerras, se podría decir que la percusión es el primer legado, los pueblos primitivos no sabrían hablar, y mucho menos escribir, pero seguro que supieron y enseñaron a sus descendientes el modo de golpear para hacer sonar un tronco hueco o de agitar un recipiente con semillas. En Ayoó hablar de percusión es recordar las tardes anuales de domingo que el cielo permitiera en la plaza de la Audiencia o frente al actual ayuntamiento, y las de los festivos que aconsejara el calendario en la cercana pradera de Can Redondo. Allí bullía la música tradicional castellana, presente en la superficie de una botella de anís, en los rasgueos y golpeteos de las panderetas, en el entrechocar de piedras o cucharas, en los ecos de las fenicias castañuelas (1000 A.C.), y en el repiqueteo de la caja, ese tambor de baja altura con bordones en la membrana inferior, y todo ayudado con el característico sonido de la dulzaina, a la par de algunos entonados cánticos y siempre animados bailes. Y si de ayoínos percusionistas hablamos, es inevitable nombrar a Guillermo Alonso, adalid del siglo XX, no solo en nuestro pueblo, también en la contorna, la que recorrió algunas veces andando y muchas a lomos de su bicicleta con la caja que todavía conserva, para amenizar cualquier acontecimiento festivo, siempre acompañado de Benigno Tostón, “Benino el gaitero”, maestro dulzainero, con quien formaba el dúo “los Zamoranos”. Guillermo tuvo diversos oficios, agricultor, albañil, pastor…, y fué precisamente cuidando de sus ovejas cuando, repicando en una lata de sardinas y aleccionado por su excelente oído, aprendió los distintos toques y redobles que le dieran fama y, por qué no, remuneración. Junto a Benigno se ajustaban con los mozos para tocar todos los domingos del año por 400 pesetas. También contrataban bodas, fiestas, y cualquier celebración que precisara de baile, aunque fueran en domingo, ya que a finales de año tenían reunión con los mozos para descontar los días sin música y contratar un nuevo año. Guillermo también es nuestro más conocido campanero, desde muy pequeño fue monaguillo y gustó de repicar las campanas. Precisamente “el tañido del valle”, en el libro “Personas mayores, paisajes eternos”, patrocinado por la Junta de Castilla y León y editado por Villena Artes Gráficas, relata su vida que por no repetir yo no he querido contar, más allá de lo relacionado con el tema de éste artículo, la música. Pues el testigo que Guillermo portó en lo que ha sido toda su vida no ha caído en terreno baldío. Jóvenes promesas Ayoínas comienzan a destacar durante los últimos años en el panorama musical. El espectáculo y la diversión rebosan en los escenarios con Celso López, “Celsito”, guitarra en “Malibú”; o con Roberto Cortés, “Beto”, bajo en “M-30” y en “Escapada”, con temas propios. En ciernes Adrián Pérez a la guitarra, Jorge Pérez en la batería, Irene García con la caja y David García en el bombo, estos tres últimos bajo la tutela de Justiniano Cepeda, “Justi”, antiguo miembro de la Banda de Cornetas y Tambores del Tercio Norte de Infantería de Marina, componen la improvisada banda de tambores que acompaña en Semana Santa la nocturna y apreciada procesión de la Soledad. Quizás Ayoó sea un pueblo pequeño, pero muy grande y rico en historia, tradiciones, cultura popular y como vemos, musical; y la música es importante porque sin excepción hemos nacido en el seno de la música; todos compartimos de nuestro pecho el más importante de los sonidos: el latido de un corazón.




sábado, 6 de octubre de 2012

Capillas callejeras


De los primeros, y más tiernos recuerdos que pululan en mi atascada cabeza, está el imborrable de mi madre dándome una moneda y aupándome para que la metiera en una hucha de madera con tres puertecitas. Igualmente tenía que “tirarle” un beso a la “virgencita” que se escondía tras el cristal, antes de cerrar la caja, para después cogerme al cuello rodeado del clásico negro mantón, y cruzar la calle con la hucha para dejarla en casa de la vecina. Era siempre al anochecer, en uno de esos momentos mágicos que siempre encuentran las mujeres para hacer con delicadeza esas pequeñas cosas que son tan especiales. Tantos años más tarde, me gusta evocar estos maravillosos recuerdos de la niñez cuando vuelvo a encontrarme frente a otra de estas cajitas, que comúnmente se llaman altares, capillas u hornacinas domiciliarias, portátiles, itinerantes, etc., o simplemente por el nombre de lo que representan, la Virgen, la Sagrada Familia, etc. Me ha encantado la puesta en marcha de una capilla en Ayoó, con una Virgen Milagrosa; este artículo nace en el momento del regreso a nuestra casa, para volver a presidir por unas horas nuestro rincón favorito. Es seguramente una de las tradiciones religiosas con más raigambre en las zonas rurales, posiblemente por el hecho de disfrutar y compartir en el propio hogar símbolos e imágenes que mueven a devoción. Recordemos un poco de historia: las capillas domiciliarias tienen su origen en el siglo XV, y fueron precursores los frailes Franciscanos. Las primeras llevaban las imágenes de la Virgen del Carmen, de San Antonio de Padua, o de San Francisco de Asís. El ritual apenas ha cambiado: rotan al anochecer, en el más elemental orden de “la vela”, es decir, de vecino a vecino siempre en la misma dirección; no se deberían retener más de un día; para cada capilla suele haber un grupo de 30 hogares, en los que se coloca en un lugar preferente donde quede patente la compañía; algunas veces inscritas en la caja lleva emotivas oraciones de llegada y de despedida, esta última se realiza con una pequeña limosna; y se le enciende una luz como enseña de la fe, y de la devoción profesada, antaño lamparillas de aceite, ahora velas o bombillas. En el caso de muchos más de 30 hogares que soliciten la capilla, comenzaría a rotar una segunda, para que se cumplan dos importantes condiciones, que aproximadamente regrese una vez al mes y nadie se vea excluido de las visitas. Capillas cercanas a la de Ayoó tenemos dos en Cubo de Benavente, una Sagrada Familia y una Virgen Milagrosa; una en Congosta de Vidriales, con la Virgen Auxiliadora; otra en San Pedro de la Viña, con una Sagrada Familia; y cuatro en Santibáñez de Vidriales, dos Sagradas Familias, una Virgen de Fátima y otra Milagrosa. En algunos sitios al entregar la capilla se dicen unas palabras, suelen ser: “Ave María Purísima”, y quien la recibe: “sin pecado concebida”. En Santibáñez se dice: “la Sagrada Familia”, “bienvenida sea”. Es una pena que las envejecidas poblaciones pierdan tan arraigadas e incondicionales tradiciones, desapercibidas y a la vez queridas como las que más, porque… ¿a quien no se le alegra el corazón cuando a su hogar llega una grata visita? Pues nunca mejor dicho: 
bienvenida sea.