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martes, 25 de diciembre de 2012

Nuestro Belén parroquial 2012




Según relata la Biblia, el libro que recoge más de 3000 años de historia, el más traducido y el más vendido, y el único declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, José, hijo de David, salió de Nazaret para inscribirse con María, su esposa y en avanzado estado de gestación, en la ciudad de Belén. Pero allí había llegado ya multitud de gente con su mismo propósito, y las posadas, completas, cerraron al paso de la necesitada pareja. A última hora de la tarde, les ofrecieron como cobijo un establo, donde María dio a luz a su hijo, lo envolvió en pañales, y acostó en un pesebre. Al poco, se presentaron unos cuantos pastores preguntando por el niño, pues un ángel se les había aparecido en el monte, mientras se turnaban en el cuidado de sus rebaños, anunciándoles la venida de un Salvador. Posteriormente, en el año 1223, el fundador de las órdenes Frailes Menores y Hermanas Clarisas, San Francisco de Asís, llamó a Juan, (hombre de buena fama y de mejor tenor de vida), [sic] y le dijo: “Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que yo te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén, y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y cómo fue colocado sobre heno entre el buey y el asno” [sic]. Aquella noche en una cueva y sobre un pesebre vacío, San Francisco, en presencia de muchas personas venidas desde el pueblo italiano de Greccio con velas y antorchas, celebró la Eucaristía. Otro fraile Franciscano, Tomás de Celano, a principios de 1229 escribió así aquel hecho: Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares; hombres y mujeres de la comarca... Llegó, en fin, el santo de Dios, y viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno y se colocan el buey y el asno... Llega la gente, y ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos.... El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación [sic]. No fue, por tanto, la primera representación del belén como la conocemos hoy, si no algo mucho más importante espiritualmente que desde hace varios años se repite en nuestra iglesia de Ayoó, como en otras muchas: la misa sobre el pesebre vacío los cuatro anteriores domingos a la festividad de la Navidad, lo que se conoce como Adviento. Cuatro velas, una por cada domingo, se irán encendiendo al comienzo de la misa. Todas juntas acompañarán al niño el día de Navidad con nuestros mejores deseos. Este pudiera ser el origen de la inclusión de animales en la representación del establo de Belén, con el objeto de darle mayor realismo a la cueva de Greccio. El Papa Benedicto XVI recoge en su libro, para gozo de incultos tergiversadores, algo que es mundialmente conocido y fácil de comprobar: en ningún lugar de las Sagradas Escrituras se nombran animales que ocuparan sitio alguno del establo donde María diera a luz. Sin embargo añade, (y ocultan los falsos críticos), que incluir animales es una hermosa tradición libre de representar. Ayer en nuestra Iglesia terminamos de colocar el Belén. Con burro y buey, si, pero en segundo plano. Preside la cueva la Sagrada Familia, lo único que de verdad importa, lo realmente indispensable y verdadero. También hemos añadido una cabalgata de Reyes, simbolizando la adoración al recién nacido que allí tuvo lugar. En 1223, San Francisco de Asís pidió un deseo, quizás el primero navideño. Desde la homilía en la cueva de Greccio, de sus propios labios, y con sentido vigente en la actualidad: "Si yo hablara con el emperador, le suplicaría que, por amor de Dios y en atención a mis ruegos, firmara un decreto ordenando que ningún hombre capture a las hermanas alondras ni les haga daño alguno; que todas las autoridades de las ciudades y los señores de los castillos y en las villas obligaran a que, en la Navidad del Señor de cada año, los hombres echen trigo y otras semillas por los caminos fuera de las ciudades y castillos, para que, en día de tanta solemnidad, todas las aves y, particularmente las hermanas alondras, tengan qué comer; que, por respeto al Hijo de Dios, a quien tal noche la dichosa Virgen María su Madre lo reclinó en un pesebre entre el asno y el buey, estén obligados todos a dar esa noche a nuestros hermanos bueyes y asnos abundante pienso; y, por último, que en este día de Navidad, todos los pobres sean saciados por los ricos" (San Francisco, Leyenda de Perusa, 14). Que así fuere.


Con éste artículo permitidme la licencia de felicitaros la Navidad en nombre de la Parroquia del Salvador de Ayoó de Vidriales. Así nos ha quedado el belén, esperamos que os guste.












lunes, 24 de diciembre de 2012

Brindis de Nochebuena ante el Belén




La vida carece de valor si no nos produce satisfacciones. Entre éstas, la más valiosa es la sociedad racional, que ilustra la mente, suaviza el temperamento, alegra el ánimo y promueve la salud.
(Thomas Jefferson)




jueves, 20 de diciembre de 2012

Feliz Navidad


Hay que ver cuanto ha cambiado la Navidad en pocos años. El hecho cristiano, histórico y conmemorativo del nacimiento de Jesús, y su adoración por pastores y reyes, ha perdido el sentido original para convertirse en un teatro comercial, en un frenesí consumista, ya parece “regalolandia”. Además promocionado por los gobiernos en una anticipada, muy anticipada estrategia de publicidad e iluminación con el objeto de crear el clima adecuado al vaciado de bolsillos. Los mismos gobiernos que luego dicen preocuparse y rasgar las vestiduras por los problemas monetarios de la llamada “cuesta de enero” del personal, u otras necesidades. Gobiernos de la propia nación, mientras no se demuestre lo contrario, que felicitan a chinos y árabes la Navidad que nunca han celebrado porque entre sus costumbres no existe, pero no la felicitan a sus propios vecinos y amigos en el idioma oficial, además conocido y usado mundialmente por casi otros 400 millones de personas, según datos de la UNESCO. Quizás en los luminosos deberían retirar la Navidad y sus iconos, y escribir “feliz consumo”, “próspera compra”, o en el caso nacionalista, simplemente “que os den”. Serían coherentes con sus ideas socio-políticas-económicas, totalmente respetables, aunque a éstos últimos les recuerdo el viejo refrán, “no se debe matar la vaca para destetar el ternero”. La Navidad no debería ser moneda de cambio, y mucho menos arma arrojadiza; debería, de no ser algo mejor, un eslabón más para unir la cadena humana. En estos días aprovechamos la escusa para rellenar un hueco interior con multitud de chismes, este año los diseñados para la perfecta comunicación personal; a ellos le tenemos que agradecer que la sociedad cada vez está más sola e incomunicada. A los niños embelesamos con los perfectos y caros juguetes estudiados para una correcta educación; con ellos corren a la vera de los padres al grito de “me aburro”, expresión totalmente desconocida antes de tanto querer quedar bien o intentar hacer lo correcto. Demasiadas paradojas de la vida por tratar de desvirtuar nuestra Navidad. Celebrar, o participar en ella, como tantas cosas, es libre y voluntario, es un derecho más, es otra forma de terminar un ciclo anual y comenzar otro nuevo con ánimo y renovación. Por ella surgirá un recuerdo para las personas queridas, perdidas o lejanas, y propiciará la necesidad de reunión amigable o familiar. Nuestra Navidad es reconocimiento del nacimiento de unos principios sociales y culturales, y la preparación con adornos y figuritas representativas para una fiesta entrañable en la que no es imprescindible un gasto ni un exceso más allá de lo normal. La Navidad es, entre comillas, “solo” tiempo de frío estacional (al menos en España) y calor emocional, que no es poco; por ella todo el mundo en estos días llena la boca con el “feliz Navidad”; bonita frase carente de sentido si no ha nacido en un corazón sincero y se refleja en una sonrisa, apretón de manos, o calidez de abrazo. Éste es mi deseo para vosotros, lectores, que disfrutéis de sencilla y auténtica Navidad. Sed felices, de corazón, porque un nuevo ciclo ha nacido.

viernes, 7 de diciembre de 2012

La dormida jaula del niño


La niñez es una etapa imprescindible para llegar a la madurez. Esto que parece una tontería, es conveniente recordarlo cuando hablamos de los niños, y de su personalidad en constante cambio y transformación, porque en ellos veremos lo que fuimos, en términos generales, con diferencias cuantitativas, pero no cualitativas. Los niños son egoístas por naturaleza, y posesivos, acapararán para si lo material y lo intangible, hasta que aprendan y comprendan voluntariamente criterios como la propiedad de las cosas, o que hay que dar para poder recibir. Y también son innatos aprendices, el mundo que los rodea es demasiado grande y atractivo como para quedarse quieto o sentado. 

Los niños de hoy viven esta etapa de forma muy diferente a como transcurrió la niñez de los de mi edad, y nosotros fuimos privilegiados respecto a nuestros padres o abuelos, y así sucesivamente; no hay más que ver lo que tienen hoy los más pequeños y lo que no tuvimos nosotros. La falta de juguetes la suplimos con imaginación, con mucha energía, con las manos, tierra, agua, maderas…, con cualquier cosa que hacía las veces de otra, y si no… pues daba igual, porque a todos nos daba igual con tal de estar juntos y jugar. Juntos aprendimos a montar en bici, a nadar y bucear, a fabricar cañas y pescar, a construir “estiradores” (tirachinas) y disparar piedras con atino, a distinguir plantas perjudiciales, como las ortigas, de las beneficiosas y sus partes comestibles, como acedas, moras, ruchos de zarza o de vid, “chupas” de jara o madreselva, frutos de malva y un largo etcétera que algún día recordaremos con fotos. Juntos saltamos a la comba, al “burro” o al “cabezote”; corrimos a “pillar”, al “pañuelo” o al escondite, o nos esmeramos en juegos de precisión, como las canicas, las “carpetas”, la peonza o las “cincas”, juegos que funcionaban con una sola pila, una pila de niños ávidos de diversión. Por cierto, para tanta experiencia y actividad, raramente nos acompañó un adulto, y los monitores ni se habían inventado, ni hubieran hecho falta. Pero nuestros juguetes favoritos eran crueles, hoy me doy cuenta. A la audacia del aprendiz se sumaba el egoísmo del cazador y el orgullo de mostrar su presa. Recuerdo las cajas de cartón o las latas de conservas con los botines de una salida a la conquista de los alrededores del pueblo. Pájaros, ranas, peces, grillos, lagartijas, saltamontes, “melucas”, hormigas… eso y los bolsillos llenos de manzanas, peras, ciruelas…, que aquel “ejército” de chavales no podía descuidar el aprovisionamiento. Por cierto, los inocentes e indefensos animalillos “rehenes” morían a las pocas horas agitados, manoseados, asfixiados o en la boca de nuestra mascota, que solía ser más lista que nosotros. 

El otro día sucedió algo que me hizo recordar estas cosas de niño, y abrir otra vez la jaula atrancada por los años. Un pájaro chocó contra el cristal de una ventana interior, y cayó al patio, por suerte a mi lado. En cuestión de décimas de segundo el gato se le echó encima y todavía no sé como se lo quité de la boca antes de que le hincara el diente. Los dos se quedaron asustados, el uno porque le quité entre voces su festín, y el otro porque a las fauces del gato y a las voces había que añadirle el golpe contra el cristal. Pero estaba vivo, alterado, dolorido, pero vivo. Era como un “pardal” (gorrión) muy grande, aunque el pico era demasiado largo y el pecho mucho más bonito. De haberlo soltado hubiese caído otra vez, y mi gato, o el de los vecinos le “hubiesen cantado las diez de últimas”, así que lo metimos en una jaula, emulando aquellos años de niñez, aunque en lugar de correr a enseñarlo o tocarlo para examinarlo lo dejamos reponerse y descansar en un lugar tranquilo. 

Al cabo de unas horas volvimos y comprobamos cómo estaba “listo”, restablecido, nervioso tras las rejas, y tras robarle unas fotos de rigor, lo soltamos lejos de depredadores, por si las moscas. Voló rápido, a una rama cercana, donde reposó unos segundos; luego se perdió entre las casas, ojalá le vaya bien. Por la noche, una guía de campo nos llevó a conocer la especie, era un ejemplar de Bisbita Común, come insectos e invertebrados pequeños y se puede ver en cualquier punto de nuestra geografía en los inviernos. Aunque reconozco que de haber sido un “pardal”, no habría sido tan benevolente con la visita, ni tan injusto con mi gato; el dormido sentimiento de niño no se habría despabilado y este artículo seguiría pendiente. Como el Bisbita libre, tras estos gratos recuerdos, también respiro feliz



sábado, 1 de diciembre de 2012

San Lucas en Vidriales


No he podido encerrar en un artículo, y estoy seguro que ni resumiendo tampoco en dos, la andadura vital de San Lucas, su repercusión en la comunidad cristiana, y por extensión en el valle de Vidriales que lo vio nacer. D. Augusto Quintana Prieto lo trató de hacer en su libro de más de 160 páginas “Fray Lucas del Espíritu Santo”, editado en Astorga; a este libro yo añadiré importantes detalles que me parecen dignos de elogiar y recordar. Comienzo por la pequeña sacristía de la iglesia, de estilo gótico, en la que destacan la bóveda de crucería adornada con florones en las claves, (arandelas), y multitud de imágenes y objetos relacionados con el santo. En una de las paredes llama la atención un rosario de grandes dimensiones. Es la copia de otro muy valioso, de nácar, que regaló San Lucas al pueblo de Carracedo desde su estancia en Filipinas. Durante muchísimo tiempo se mantuvo visible en la iglesia, en los brazos de San Cayetano. Y cada año, de entre todos los quintos que se preparaban para el servicio militar, uno, el más necesitado, era especialmente encomendado a la Virgen María, y para ello, su familia  llevaba la reliquia a casa y rezaba nueve días seguidos otros tantos rosarios. Hoy el precioso rosario está desaparecido, que al culpable el santo se lo tenga en cuenta. Otro cuadro, con la imagen de D. Aquilino Cavero Cavero, ya fallecido, recuerda al párroco titular de Carracedo, Ayoó y San Pedro de la Viña en los años de canonización de San Lucas, y los posteriores de arreglos y reformas de la iglesia parroquial. Infatigable, arquetipo del hombre bueno, contaba una experiencia como milagro al sufrir, en alguno de los desplazamientos a sus parroquias, un aparatoso accidente de moto. Viéndose malherido y solo en la carretera solicitó a San Lucas protección, y al instante, un coche se acerca, de él desciende un hombre, y lo lleva al centro médico más cercano. En el retablo lateral derecho, así quedó reflejado este hecho a golpe de gubia por D. Evasio Sánchez Fernández, natural de Barrientos (León), igual que D. Aquilino, que además de artista comparte la misma profesión de sacerdote. A él le encargó la construcción del retablo, para mí de un valor extraordinario por la profusión de detalles en el conjunto de una exquisita sencillez. Del mismo modo es realmente agradecida la talla de la imagen de San Lucas, a cargo de otro vidrialés también tristemente fallecido: D. Hipólito Pérez Calvo, nacido en Bercianos de Vidriales, autor de varias obras públicas y especialista con renombre en las religiosas. Arte y saber hacer de la mano en el privilegiado pedestal del presbiterio de la iglesia de Carracedo. Y me parece importante recordar a otro vidrialés más, también excepcional, clave en la recopilación de documentación para el conocimiento de la biografía de San Lucas: D. Abelardo Lobato Casado, el padre Abelardo, natural de San Pedro de la Viña, dominico como el santo, y también fallecido. Como no puede ser de otra forma, en el anonimato quedan otras muchas personas, colaboradoras desinteresadas, enormemente generosas que han llevado a cabo, para sí y para sus semejantes, el orgullo de un hermoso proyecto cumplido, un lugar donde hallar satisfacción o buscar consuelo; un lugar, en definitiva, donde mostrar una parte de la historia de nuestros pueblos moldeada en letras de oro a golpe de firmeza y corazón. A todos, que San Lucas se lo pague.
P.D.- Para adquirir el devocionario de San Lucas o el libro “Fray Lucas del Espíritu Santo” contactar con nuestro párroco, D. Miguel Hernández.












sábado, 17 de noviembre de 2012

San Lucas de Vidriales

 


Suscribo y comparto una opinión publicada en la revista Muy Historia nº 44: “Nadie con sentido común cuestiona la existencia histórica de Jesús de Nazaret”. Deidades y divinidades aparte, que entraríamos en terrenos de controvertida fe, no cabe duda que fue un personaje excepcional, un líder. Sus enseñanzas conducen a un modelo de sociedad en la que prevalece la vida, la familia, la comunidad, y por encima de todo un concepto que parece difícil de entender y de moverse entre sus márgenes: el mutuo respeto, o dicho de otra forma, mutuo amor. Tampoco me parece momento de juzgar aciertos o errores de la comunidad seguidora de estas enseñanzas, sigo pensando que lo maravilloso del ser humano en su coexistir es poder atinar o equivocarse, y también el aprender lo que se debe o no repetir. De este modelo de vida, a juicio de una inmensa mayoría correcto, destaca su represión histórica, hasta el punto de pretender eliminar su libre seguimiento, tan perseverante y convincente que son por millones las personas que han perdido la vida antes de renegar de sus creencias; son los llamados mártires, y de entre ellos unos pocos reconocidos como beatos o santos. Este año se cumplen los 25 años de la canonización de un vidrialés, que nació el 18 de octubre de 1594 en el seno de una humilde familia del pequeño pueblo de Carracedo de Vidriales. Sus padres, Domingo y Leonor, lo bautizaron seguramente en sus primeras horas de vida, siguiendo una tradición de darle el nombre del santo del día: Lucas. Antes de cumplir 16 años, el 31 de junio de 1610 tomó el hábito religioso; y al cumplir sus estudios, se ofreció voluntario para ir como misionero a Filipinas. Era el año 1617, y la larga ruta era Sevilla – Méjico – Filipinas. En su estancia en un convento de Méjico se ordena sacerdote y celebra su primera misa; tenía 23 años. Luego, tras cruzar el país, parte desde Acapulco en el anual barco “Galeón de Manila” para su destino en Filipinas. Pero por una violenta represión y matanza de cristianos en Japón, se le envía junto con otros religiosos allí para continuar la labor de sus compañeros muertos; era el 9 de junio de 1623. En total clandestinidad, y ayudado por japoneses conversos al cristianismo, aprende costumbres y lengua, recorriendo el país de esquina a esquina. Como sobrenombre, por si le descubrían el correo, su compañero y superior “el vizcaíno” le escogió el alias de “buey”, por ser el animal apocalíptico correspondiente al evangelista S. Lucas, y porque sus trabajos apostólicos misioneros podían compararse con los realizados por este animal tan relacionado con forzados trabajos agrícolas. Con expresiones como “trabaja como un buey”, y “bueno y trabajador como tal”, retrata el carácter del vidrialés, y luego añade una proverbial frase: “¿pero dónde irá el buey que no are?”, que pone de manifiesto que la personalidad y la disposición de cada uno es indiferente al lugar en que se halle, para continuar con un presagio:”temo que me lo lleven pronto a la carnicería, a donde todos llevamos traza de ir a parar”. El 8 de septiembre de 1633, tras 10 años de apostolado clandestino, cae prisionero junto con otros compañeros. A algunos de ellos les comenzarán a torturar al día siguiente mediante el “tormento del agua”, que consistía en la forzada ingestión de gran cantidad de agua y su doloroso vómito saltando el verdugo sobre el abdomen del reo. El 14 de septiembre, con casi 40 años, torturan así a Lucas. El objetivo es sonsacar información del escondite de los cristianos, o hacerle apostatar de su fe. Pero queda tan mal parado que sus verdugos temen por su vida y le dejan descansar al sol tras intentarle tranquilizar el estómago. A los pocos días les trasladaron a una cárcel de Nagasaki, donde fueron condenados a muerte por “horca y hoya”, cruel tormento que ocasiona una muerte lenta y dolorosa, colgando al condenado de los pies sobre una fosa cavada en la tierra, sin que la cabeza toque el fondo, algunas veces lleno de sustancias nauseabundas. Cerrando con tablas el agujero a la altura de la cintura, se dejaba horas e incluso varios días así hasta que morían. Algunas veces solían hacer un corte en la cabeza para que la hemorragia causara mayor desesperación. Unos jueces permanecían al lado del instrumento de tortura, de donde los sacarían perdonándoles la vida si había intención de apostatar de su fe, codiciada confesión que usarían para desengaño de otros cristianos. Cinco horas estuvo Lucas colgado, al cabo de las cuales le retiraron volviéndole a la cárcel, e hicieron correr el rumor de que el conocido Padre Lucas había renegado de su Dios. Él, desde su mazmorra a gritos, defendió su fe hasta que al amanecer le devolvieron al tormento, donde falleció a los 39 años y un día, el 19 de octubre del año 1633, destrozado física y moralmente, aunque convencido de no hacer mal a nadie al enseñar una forma de vida más humana, y por tanto, mejor. La pequeña iglesia de Carracedo honra la memoria de San Lucas, entre objetos como su imagen tallada en tronco de tilo, o la escenificación de los momentos más importantes de su vida en un pequeño retablo esculpido con gusto y esmero. San Lucas ha sido canonizado y declarado patrono y protector de Vidriales y sus vidrialeses, de quienes acepten estos hechos, claro está; “como a nadie se le puede forzar para que crea, a nadie se le puede forzar para que no crea”. (Sigmund Freud).














jueves, 8 de noviembre de 2012

Mariposa colibrí





Decía un viejo sabio: “Si lloras por no haber visto el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas” (Rabindranath Tagore). Cuántas veces los árboles no nos dejan ver el bosque, o la armonía de las flores ocultan el hechizo de un animado jardín. Cuántas veces presumen las fotos de robarle y encerrar tanta belleza, y ni siquiera conservan su más leve fragancia, las caricias del viento o el sonoro aleteo de sus recaderos alados, insectos de distintos tamaños y colores que dan vida a las plantas, en el más estricto sentido de la palabra. Quien gozara de tiempo para derrocharlo en actitud contemplativa entre tanta beldad; porque cada año es único, cada día diferente, la naturaleza es sabiamente egoísta y como Paganini, no repite.  En los pocos momentos que dispongo para deleite en nuestro jardín, volví a encontrar un asiduo, temporal, y maravilloso visitante. He oído decir que pertenece a un clan nocturno, pero parece disfrutar más del brillo del sol que de la palidez de la luna; de sobra sabe que sus amadas las flores anhelan también la luz y el calor, de que servirían sus llamativos colores sin claridad; inevitablemente, la cruel noche es un rasero para el color. Este forastero es un insecto delicado en sumo grado, tan tímido y considerado que ni roza a sus admiradas, aletea furioso para mantenerse en el aire, levitando en apariencia, batiendo sus alas hasta 85 veces por segundo para desenrollar su larga trompa y libar delicioso néctar. La semejanza con el pájaro más pequeño le presta el nombre a la mariposa, mariposa colibrí. Con una envergadura de 5 cm, llega a alcanzar los 80 km/h, ríete tú de las decenas de reactores que escriben garabatos tóxicos en la pizarra celeste que nos cubre, y cada día odio mirar. Laboriosa y delicada, es todo un tierno espectáculo; actualmente está emigrando hacia el sur, huyendo del frío. Sea bienvenida al jardín, lástima que mi pequeña cámara apenas muestre un borrón escondido entre las flores. Quizás cuando vuelva, y sé que lo hará, traiga compañía. Por eso abogaré para que el próximo año el jardín le ofrezca multitud y variedad de petunias, de entre todas nuestras flores, su preferida.






domingo, 4 de noviembre de 2012

El miércoles, mercado


Santibáñez de Vidriales, situado en el centro del valle que le presta el apellido, destacó en el reciente pasado como centro industrial, financiero, de servicios y comercial. En la actualidad un matadero industrial de ganado, una fábrica de productos lácteos, variedad de comercios y de sucursales bancarias, talleres mecánicos, biblioteca y museo, asesoría, farmacia, el centro médico de urgencias y el colegio, representación de varios organismos oficiales (correos, medio ambiente, agricultura y ganadería, etc.), una bodega, carpinterías de madera y metálicas, un taller textil, cristalería, una fragua, fábrica de embutidos, servicio de taxi, fontaneros, electricistas, peluquerías, un taller informático, servicios funerarios, unos pocos agricultores y ganaderos y quizás demasiados locales de ocio y por desgracia, recientes clausuras de restaurantes cierran la lista de organismos y profesionales que reconocen la tradición empresarial y popular de este pequeño pueblo zamorano. Muchos otros negocios han cesado su actividad, algunos realmente importantes, como la fábrica de harinas o la alcoholera, y sus edificios a día de hoy apenas logran mantenerse en pié; aunque la actividad desaparecida que sentimentalmente más se hecha de menos, y no hay más que preguntar a los vecinos, es su mercado, con productos autóctonos de necesidad en aquella época, como cestería, maderas, cacharrería, cordelería, etc., amén de pequeños regalos, como dulces y caramelos o las “joyas” del puesto del “ti arillero”, anillos, pendientes, colgantes…. A la par, cajones de “gorrifos” (lechones), y desde el fin de semana posterior a Las Candelas (2 de febrero) hasta principios de la primavera, importante mercado de vacas enseñadas especialmente para trabajos agrícolas, (el arado y el carro). Los días señalados para tanta actividad eran todos los miércoles de cada mes, y el lugar la Plaza Mayor de Arriba, o la de la Ermita, en semestres alternos. En los primeros días de septiembre también se celebran las tradicionales Ferias y Fiestas, con exposición y venta de productos de la tierra en el marco de un mercado astur-romano, por las inmediaciones del ayuntamiento. Actualmente, unos pocos puestos vuelven tímidamente a Santibáñez los miércoles, cosas de la crisis, para competir con los establecimientos locales, cosas del libre comercio, y ofrecer a los viandantes con los tenderetes al aire libre sus productos en un ambiente de trato y teatro, cosas del mercadillo. El lugar es la calle que rodea al parque, junto al Arco del Ferial, símbolo y recordatorio de la afamada y perdida feria. Mercados cercanos semanales tenemos los lunes en el Puente de Sanabria, los martes en Astorga, los jueves en Benavente y los sábados en La Bañeza. Aunque los verdaderos días idóneos para el mercado son los miércoles, los del exiguo mercadillo de Santibáñez, porque las dos palabras comparten historia y grafía en su raíz latina: “merx”. Con ella se construyen mercancía, mercar, mercader, mercado… y miércoles, en el momento en que los antiguos consagraron este día de la semana al dios Mercurio, uno de los dioses errantes de la esfera celeste. Y Mercurio, mensajero alado de los dioses, según la mitología romana, dios del comercio, de la abundancia y del éxito comercial, que comparte la misma raíz latina “merx”, era venerado en altares en los cruces de caminos y en templos a la entrada de los pueblos, y se representaba rodeado de animales, cabras, gallos, tortugas…. ¿Qué mejor día, pues, para el mercado que el miércoles?