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sábado, 15 de octubre de 2016

El "Viage" de San Genadio.


Todos los días, en el camino al trabajo, paso ante una señal de tráfico de cuatro palabras (deberían de ser seis, Carracedo también es “de Vidriales”) que siempre me ha parecido una gran página en el libro de la historia de nuestros pueblos vidrialeses. Tres líneas que no dejan de hablar de ires y volveres, de levantamientos y desolación; de intercambio entre el Bierzo leonés y el Vidriales zamorano. Se me antoja el letrero como la rúbrica que certifica el hermanamiento social y cultural de estas dos regiones apenas separadas un centenar de kilómetros, tan unidas antaño y extrañamente alejadas en la actualidad.

El cronómetro de esta historia comienza a contar en el siglo VII de la mano de San Fructuoso, y termina en el X con San Genadio. El primero indiscutible poseedor de una misteriosa aureola que nunca le permitió disfrutar de la forma de vida que eligió para si mismo, la sencillez, la soledad y la meditación. El segundo seguidor del primero, de sus valores y sacrificios, hasta el punto de renunciar a la estabilidad del monasterio de Ageo, o a la comodidad de la silla episcopal astorgana, para aferrarse a la frialdad de una cueva, la frugalidad en la alimentación, y la dureza del ascetismo. La perfección espiritual, y el apego por la naturaleza y sus criaturas, explican esta postura hoy casi inconcebible, esclavos como somos de un mundo globalizado y consumista.

La obstinación de San Fructuoso por su alejamiento de la sociedad, paradójicamente, dio como resultado la fundación de varios centros sociales, por la demanda de convertirse en monjes seguidores de sus enseñanzas, muy relacionados con el cuidado del ganado y empeñados en la observancia de las reglas monásticas. Monjes que se apartaban de esposa e hijos para duro trabajo e instrucción, para volver con ellos y arrastrarlos en su periplo repoblador. Así pudieron llegar a Vidriales, camino de Braga (Portugal), donde el santo abad murió obispo. Al abrigo de Peñacabras y al lado de una generosa fuente fundaría un pequeño monasterio para el valle Vidriales, y las familias se reunirían en Carracedo o Bercianos, alejados pero en constante contacto.

Quiero recordar que hasta no hace tanto, la costumbre en Ayoó era el pastoreo, y la comunicación se restableció con el resto del valle a iniciativa de los ayoínos, al construir por ellos mismos la carretera que baja hasta Carracedo; hasta entonces los dos caminos utilizados se volvían intransitables con apenas cuatro gotas de lluvia. Dos detalles que demuestran que las cosas no ocurren porque sí, que son consecuencia de la historia.

El monasterio de Ageo creció en población e importancia, algo en lo que los historiadores parecen estar de acuerdo. De tal forma que un joven Genadio pide al entonces abad Arandiselo permiso para abandonar Vidriales y partir hacia el Bierzo a reconstruir el monasterio que las hordas musulmanas destruyeron en el avance invasivo hacia el norte. Montes de Valdueza vela con mimo las ruinas del glorioso monasterio de San Pedro de Montes que reconstruyera Genadio y sus doce seguidores. Un lugar que llama la atención por la grandeza y la solidez de sus muros, solo comparables a la perseverancia de los reconstructores. Aquella partida de Ageo se reconoce como el “viage” de San Genadio. Desde el día que la conocí solo he contemplado el deseo de repetirla, y he aquí que llegó el día.

Un domingo cualquiera, de este informal veroño que ya nos asfixia, a media mañana arrancamos el coche para recorrer la ruta más fiel a la que pudo utilizar San Genadio desde Ayoó, lástima no poder hacerlo a pié y de ramal a un animal de tiro, solo se necesitarían de dos a cuatro jornadas de tranquila caminata. Para comenzar el “viage” tomaron sin duda el camino Nogarejas, que sube por Requeijo, para cruzar la Chana hasta bajar a la Valdería. Castrocontrigo es paso obligado usando la línea derecha, que no recta. Todo seguido hasta Truchas, donde se bifurca la carretera. Hay que buscar la dirección Ponferrada, y de verdad que comienza la aventura. Un par de pueblos, Baillo y Corporales nos dejan en manos de las alturas, con una carretera escasa de anchura y quitamiedos. Los Portillinos (1957m)y el Morredero (1762m) hacen pitar los oídos, casi tanto como el alma si no hay un momento de parada y disfrute de las impresionantes y lejanas vistas a lo que dejamos atrás y a donde buscamos ir. El cielo es inmensamente azul, apenas salpicado por pequeñas nubes que más nos hacen apreciar los colores celestes y terrenales; precioso, sin más. En la bajada cansa el ejercicio al volante, derecha izquierda y freno. Las primeras casas del siguiente pueblo parecieron devolvernos a la civilización, de tanto devanar por la minúscula pista desierta de vida: San Cristóbal de Valdueza, vamos bien, al menos por el apellido. Si preguntando se va a Roma, por Peñalba de Santiago debería ocurrir lo mismo, y así un amable aldeano nos aconsejó volver unos centenares de metros para encaminar una pista montañesa que bordea las faldas como una sinuosa cenefa con un firme bastante aceptable y sobre todo, recomendable. Algunos caminantes nos despertaron la envidia de patear, disfrutar de todo el esplendor, y revivir los pasos de aquél que nos invitó a venir. Peñalba nos recibió con un túnel de castañales y un aparcamiento a la entrada, pues no se puede entrar con el coche. Me parece correcto. Parada para comer, no sin antes constatar la hermosura del pueblo, tanto como en vías de declararlo el más bonito de España.

Peñalba de Santiago es paso imprescindible a la hora de hablar de San Genadio por dos motivos, aquí se encuentra la cueva donde el santo se retiraba en vida ascética, y aquí murió, en lo que algún día fue el monasterio de Santiago de Peñalba, mandado construir por él. Dicen que desde el pueblo a la cueva hay dos kilómetros, pudiera ser, pero no lo parece. En todo caso debe de tomarse el camino con calma, recreándose en la extraordinaria belleza del paisaje y parando cada poco para recobrar el aliento. La cueva no es para describir, creo que hay que recorrer el camino y dejar fluir las sensaciones, sin más.

Desde Peñalba, a dos horas de caminata está Montes de Valdueza. En coche parece que también. Extremadamente estrecha y sinuosa carretera, hasta el punto de tener que hacer peligrosas maniobras en caso de cruzarse con otro coche. Pero merece la pena, lo prometo. Lo mismo que en Peñalba, el pueblo nos recibe con un amplio aparcamiento, y justo al lado el final del trayecto, las ruinas del monasterio de San Pedro de Montes.

Pilar, la guardesa del conjunto arquitectónico, amablemente nos mostró las joyas que guarda la Iglesia, la historia del lugar, y la forma de vida monacal; pero eso bien merece artículo aparte, que esto ya se alarga y el personal se me queja.

Indudablemente existen otras rutas alternativas para ir de Ayoó de Vidriales a Montes de Valdueza. Dos son muy conocidas y transitadas: la calzada romana Astorga – Braga que cruza el valle muy cerca al este, y la cañada real Astorga – Alcañices que lo hace paralela por Cubo de Benavente al oeste. Cualquiera de las dos, y luego por el camino de Santiago francés dejarían a los monjes a los pies del Valle del Silencio. Pero Genadio y su grupo, que huyen del ruido social, no hubiesen elegido rutas transitadas, me inclino a pensar que aparte de ser el camino más recto, aunque más tortuoso, el descrito es el más adecuado para llegar al valle del Oza. Pudiera haber una pequeña variante, de Morla a Pozos y de allí a por encima de Corporales, pero estudiando el terreno creo que es preferible seguir hasta Truchas, buscando buen abrigo y mejor posada.

San Genadio es fundamental en la historia de Ayoó de Vidriales o de la de Montes de Valdueza. Ese es un vínculo que nos mantiene unidos, a pesar del incómodo trayecto que nos separa. ¿Hubo más relación tras la muerte del santo? Indudablemente si. Y las pruebas están en los retablos laterales izquierdos de las Iglesias de Ayoó y de Montes, ambos con una imagen de San Genadio; no es necesario fijarse demasiado para comprobar que ambos retablos son de la misma época (quizás el de Ayoó un poco anterior), mandados construir por las mismas personas y realizados por los mismos artesanos. Las columnas, las molduras, la cenefa de arriba, las ménsulas, la predela… fue además el momento elegido para devolver a Genadio en imagen a lo poco que quedaba del monasterio de Ageo, el que lo inició para ser uno de los obispos más queridos y respetados de la diócesis astorgana, y el póstumo reconocimiento a una excepcional y carismática personalidad. Espero y deseo que en un futuro cercano las dos comarcas revivan su propia historia y el camino no sea obstáculo para que el lazo de unión que siempre nos ha tenido unidos prevalezca como nunca debió dejar de hacerlo.

Hasta pronto, Valle del Silencio.
Hasta siempre, San Genadio.

"Viage" de San Genadio:




Cueva de San Genadio en Peñalba de Santiago:













Monasterio de San Pedro de Montes, en Montes de Valdueza:










Retablo izquierdo de la Iglesia de Montes:


Retablo lateral izquierdo de la Iglesia de Ayoó:


Lienzo de San Genadio, Ayoó:


(Para ampliar las imágenes clicar sobre ellas)



viernes, 9 de septiembre de 2016

De burla a Cazurros y Pendones...


No es la primera vez, y con toda seguridad no será la última que entro en debate por culpa de algo tan vinculado a nuestro carácter leonés: la palabra Cazurro. Resumiré mi posición, añadiendo de antemano que me considero cazurro, orgulloso además, y cuando me refiero a leonés o León, no es como gentilicio y provincia, siempre es como miembro de la amplia región histórica que por la forma de ser merece este adjetivo; algo que no se puede contener dentro de divisiones o fronteras: un cazurro en Pekín seguirá siendo cazurro. Tengo que reconocer además que solamente puedo aportar un poco de lectura y un mucho de razonamiento, pero seguramente que poco menos que los demás, dado el declarado origen desconocido de esta palabra que raras veces fuera del territorio mencionado no se usa de forma peyorativa.

Ya que estamos en la era de Internet, allí mismo encontramos la primera explicación, muy utilizada en las redes sociales: «“Cazurro” es una derivación latina de la expresión árabe “Cad’ Ur”, que significa “el que no cesa”». Que los árabes tuvieron una extraordinaria relevancia en nuestra historia es incontestable; aparte de los nombres de lugares, pueblos o ríos, de historias y leyendas, útiles y herramientas, un importante legado en ciencias, etc, recogemos en el vocabulario sus palabras y expresiones que usamos muchas veces sin darnos cuenta de ello. Sabemos que durante su ocupación se conservaron las lenguas nativas, se mezclaron con las suyas, nacieron nuevas como el romance y el mozárabe, y posteriormente durante la reconquista  quedaron definitivas y oficiales las latinas que han llegado evolucionadas a nuestros días. Puede ser perfectamente creíble esta explicación, aunque no está claro ni documentado el origen y significado de las dos palabras árabes; otra cosa es descifrarlas y traducirlas al español, cuando solamente de oídas pudieron construir el vocablo “cazurro”. Me viene a la memoria la leyenda del “canguro”. Se dice por ahí, que cuando los ingleses llegaron a Australia preguntaron a los nativos por el nombre de aquella rata descomunal. Ellos contestaron “kan ghu ru”, y con canguro se quedó. Más tarde comprendieron que lo que en realidad le habían dicho era “no te entiendo”. Leyendas aparte, y solo como reflexión, “Cazurro” podría ser el particular “Canguro” para los leoneses.

También corren por ahí otras explicaciones, algunas tan divertidas como la de los zurrones repletos de botillos, chorizos, jamón, salchichón… que los leoneses llevaban durante la trashumancia a Extremadura. Los extremeños, al verlos llegar decían: “vaya cacho zurrones traen”, y de ahí viene cazurro, de la contracción de cacho y zurrón, ca-zurro. Por la misma abundancia se nos conoce a los leoneses, la prueba irrefutable está en el regalo de las tapas en los bares; tómate unos vinos y vas comido “pa” casa; aunque por el contrario, algunos asturianos nos tildan de cazurros como agarrados, poco dados a invitaciones… ¿qué pretenden, reventar? (Un abrazo para esta buena gente, siempre es un placer su amistad y compañía)

Para el aspecto serio consultemos los diccionarios. En el DRAE cazurro es malicioso, reservado y de pocas palabras, tosco, basto, zafio, torpe, lento en comprender… Para el “Corominas”, que data la palabra en 1220-50, es grosero, marrullero, malicioso, insociable. Otros diccionarios de nombres indecibles (interesante paradoja, teniendo tanto donde escoger) en subidón intelectual, añade acepciones como astuto, ladino, pícaro, socarrón, zorro… Y todos en común reconociendo el origen incierto de la palabra; menos mal, porque sin menos datos no se puede poner a un cazurro más a caer de un burro (valga el pareado). Curioso, ahora que lo pienso, compartimos con el burro hasta algunas definiciones: persona terca, cabezota… otras no, como necio, ignorante, y menos como describe “burro” el DRAE, persona bruta e incivil. Estas últimas definiciones me suenan a derroche de palabrería, y más sabiendo que el burro es posiblemente el animal doméstico que más fácilmente aprende y realiza rutinas y tareas, y también, cómo no, el que protesta cuando las condiciones no le son favorables; muy humano él. El burro no suele ser burro, de haber un burro buscad en el comportamiento del amo; en el burro y en el cazurro buscad cabezonería, perseverancia, constancia, testarudez… vamos, literalmente el significado de aquellas palabras árabes: “el que no cesa”. Puede no venir a cuento, pero no puedo dejar el tema sin unos viejos versos dedicados al noble animal por un asnólogo, aprendiz de poeta:

Haced que yo a los hombres desengañe
de su falsa opinión, del error ciego
con que miran al asno, despreciando
el mejor animal que hay en el suelo.

Siguiendo con la seriedad, Ramón Menéndez Pidal, en el capítulo VIII de su “Poesía juglaresca y juglares” cita textualmente que “A la palabra caçurro (cazurro), que designa a un juglar de ínfima clase, se le da un origen árabe: Cadzur, (sucio, indecente), pero – continúa - no satisface fonéticamente y es muy probable que sea una voz prerromana a juzgar por su sufijo (…urro)”. Esto confirmaría también el origen árabe, y sería un buen insulto para los refugiados en los picos de Europa, aquellos que hostigaron e hicieron retroceder al ejército invasor, no les iban a llamar “guapitos de cara”. Según Menéndez Pidal, en el oficio de juglar existían distintas especialidades: El goliardo, compositor; el juglar de gesta; el remedador, imitador; y el cazurro, que parece ser el que usaba “palabras caçurras”, mencionadas por Alfonso X El Sabio en sus Partidas. Cazurro también tenía una acepción en el diccionario, “se decía de las palabras, expresiones o actos bajos y groseros, y de la persona que las profería o los practicaba”. O sea, el más divertido de todos. Pero lo que queda sin aclarar es qué tienen que ver los artistas cachondos callejeros de la edad media con el origen de la palabra, y en qué punto se los relacionó con los leoneses y su perseverancia guerrera.

También es conocida la explicación del pueblecito zamorano de Cazurra, en la Tierra del vino. Se dice que sus habitantes cuando emigraron a Asturias a trabajar, como no entendían las máquinas, los asturianos los trataban de torpes y lerdos. Así el gentilicio “cazurro” se volvió adjetivo, solo que el gentilicio real es “cazurreño” y mucho antes de las máquinas que pudieran no saber manejar, en la edad media, ya se conocía el vocablo cazurro. Según el INE, a principios de 2015 había 214 personas apellidadas “Cazurro/rra”. Un breve repaso a la heráldica nos pinta en su escudo sobre oro la cabeza sangrante de un jabalí, y sitúa el origen del apellido en el siglo XI. El Jabalí, en este arte de explicar y describir los escudos de cada linaje es “un animal ferocísimo, indomable y de tanta intrepidez que es expresión del ánimo valeroso en la lucha, que rompe valiente y esforzado por las puntas aceradas de los escuadrones enemigos” (Instituto de Historia y Heráldica Familiar, escudo del encabezamiento y demás datos, Internet). No he encontrado explicación a la cabeza sangrante, pero no me puedo contener en dar la mía: el Cazurro es vencedor del jabalí y de todo cuanto significa, es poseedor del valor supremo. Y para finalizar, Jabalí en el Al-Andalus era un cerdo de monte, que en árabe se dice “jabal”; y montes, árabes y leoneses tuvieron mucho en común, ¿no?.

Animaladas aparte y resumiendo, para mí, la palabra “cazurro” no es más que un agravio lingüístico, una palabra que no se sabe como, quizás por su sonoridad, ha acabado siendo insulto. Y añadiré otra palabra tan o más leonesa que sufre las mismas consecuencias: Pendón. Aquí si que conocemos el origen, viene del latín “Pendeo” que significa “colgar, estar colgado de”. Ya me gustaría saber, viendo de frente un Pendón, como ha llegado a recogerse en los diccionarios para referirse a una mujer como “persona de vida irregular y desordenada, de vida libertina en asuntos de sexo, prostituta”, una barbaridad que debiera haberse abolido en cuanto salió a la luz.

Una vez leí a alguien que ponía de ejemplo de cazurro a Sancho Panza, como malicioso reservado y de pocas palabras. Nada más lejos de la realidad, aunque cazurro y aldeano siempre demostró un sentido común muy práctico, una sabiduría innata y ser un parlanchín conocedor del refranero popular. Como no iba a ser cazurro si su padre era cazurro sanabrés, lo mismo que de don Quijote, admirado por su perseverancia en “desfacer agravios, enderezar entuertos y proteger doncellas”. De poder pedirles una última aventura, elegiría la cruzada para que ni Cazurros ni Pendones sean otra cosa que lo que los leoneses llevamos con tanto orgullo y dignidad.

Porque ya está bien, y perdonadme mis palabras cazurras cuando digo que “de burla a Cazurros y Pendones, ya voy estando hasta los cojones”.

Y punto.

domingo, 28 de agosto de 2016

Las campanas de Farrucón.


Cuentan por Fuente Encalada, que hace muchos años se pidieron ayudas y donativos para dotar al campanario del Santuario de Nuestra Señora del Campo de unas campanas. De aquella había un señor en el pueblo que se llamaba Francisco, y por su corpulencia y modo de ser llamaban “Farrucón”. Acudió a la solicitud con su viejo gorro, una montera o como él dijo, con una monterada de monedas de bronce como aportación personal. Eran todas y todo cuanto tenía de valor en su ya de por si humilde casa. Cuando le preguntaron cómo había hecho aquello, respondió que así las nuevas campanas tañerían su gesta con esta cantilena:

“Bom, bom… bom, bom… las campanas de Farrucón…, bom, bom…”

El santuario, como el resto de templos esparcidos por nuestra tierra se levantaron así. Quien pudo, como Francisco, donó cuanto estuvo a su entender; otros aportaron su trabajo personal, otros su pareja de vacas y carro para transportar materiales, y los más diestros todo su saber hacer para tener y compartir un lugar que en el siglo pasado tuviera su máximo esplendor como preceptoría, centro religioso, y en su contorno unas ferias de renombre.

En un afán de nueva puesta en valor del templo Mariano van tímidamente, pero con fuerza, resurgiendo costumbres y tradiciones; viejos derechos adquiridos de los antepasados por su maravilloso legado constructivo y cultural.

Inexplicablemente encontramos problemas y trabas añadidas a las inherentes a cualquier organización. Nuestros servidores y administradores anteponen sus prejuicios al bien común buscado: armonía, fiesta y distinción. Que nuestros pueblos mueren es un hecho fehaciente, solo pedimos que sea de forma natural y no bajo la sandalia de algún petulante e inculto ocupante de un cargo.

En los últimos días la nota dominante ha sido la indignación. En primer lugar fue rechazada la procesión con el patrón San Lucas y desfile de Pendones desde Carracedo, como la del año pasado que tanto gustó, supuestamente porque el corte breve y puntual de la LE-ZA 110 afectaría a muchos usuarios de esta pequeña carretera. Bien, no queremos molestar, solicitamos desde Bercianos. Esta alternativa cuenta con un buen desvío, por Tardemézar y Santibáñez, apenas 3,8 km más, unos cuatro minutos de rodeo en coche y en caso de corte total, que no es el caso, pues solamente necesitamos media vía y prudencia en los conductores. ¿A que se debe esta segunda negativa?

Una de las cosas más tristes que se pueden ver es un desfile de Pendones, con varios siglos de documentación e importancia cultural, desfilar como forajidos, escapados por caminos de tierra. Ha sido la última alternativa, totalmente nefasta para la fiesta y por la que públicamente hemos pedido perdón. Sin más comentarios.

Hay que agradecer el informe positivo por parte de la Diputación de Zamora, y la preocupación de algunos alcaldes de la zona por la realización de la procesión y desfile. También agradecer la incomprensible negativa de otro alcalde, de cuyo pueblo suelo acordarme, a colaborar en unas simples solicitudes, allá su conciencia y capricho; lo suyo no ha sido zancadilla, si no impulso, gracias, porque como bien es sabido, "quien tropieza y no cae, adelanta terreno".

Por lo demás, y dentro de nuestras capacidades, deseamos que cuanto tenemos haya sido del agrado público. Gracias por su presencia, señor Obispo, y gracias a los religiosos que lo acompañaron por la solemnidad de los actos a los pies de Nuestra Patrona. Y gracias Don Miguel por soportarnos, es cierto, somos insufribles.

Y gracias a todos cuantos atendieron a la llamada de las campanas de “Farrucón” para colaborar en lo posible, y dar ese lustre al que el Santuario nos comienza a acostumbrar. No hice fotos, el esplendor podría dañar mi cámara.

El próximo año más y mejor.



Prensa:


Fotos en Facebook, de Pendoneros de León:


domingo, 14 de agosto de 2016

El Pendón de San Mamés de Ayoó.








La recuperación y nueva puesta en uso de una pieza histórica popular desaparecida es una tarea compleja, cargada de incertidumbre. Sin intención ni malicia, se corre el riesgo de modificar la verdad, esto es, mentir en la necesidad de responder preguntas cuando el olvido o la omisión han destruido las respuestas. Quienes emprendan tan honroso proyecto, notarán irremediablemente frenados los trabajos al no tener delante el original, obviamente. Para fidelidad nada mejor que la palabra escrita, y aún así no siempre está recogido lo cierto y auténtico; hay intereses o forma de ver las cosas que han cambiado el devenir de los acontecimientos; está demostrado. También se puede contrastar la opinión de los mayores (benditas memorias), y mediar entre las distintas versiones en caso de haberlas. Y por último aplicar la “navaja de Occam”: "En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta". En todos y cada uno de los casos, de querer tenerla, la controversia está servida.

Expuestas y razonadas las bases, se puede comenzar tan bello proyecto que nos retraiga a épocas antepasadas, cuna de nuestra sociedad, principio y explicación de muchas de nuestras costumbres, en resumen, qué somos y de donde venimos. Ésta es la razón de la importancia, pues como dijo el sabio “la verdad nos hará libres”.

Ayoó de Vidriales tuvo su Pendón, como casi la totalidad de pueblos del viejo Reino de León. Razón de más por la condición de villa que vete a saber quien y por qué antaño concedieron a nuestro pequeño pueblo. Un Pendón que ya muy pocos mayores vieron ondear por las calles del pueblo, procesionado en las fiestas sacramentales. Solo algunos destellos en la sorprendente capacidad retentiva de quienes por entonces no eran más que niños lo pueden confirmar.

Alberto Alonso es uno de ellos, y su recuerdo es corroborado por otras personas de su parecida edad. Describe como fue la última salida desde aquella posición adelantada de niño monaguillo, al lado del párroco, justo detrás del Pendón. En la calle que sube desde el frente del ayuntamiento, justo en la esquina a mano izquierda, bajaba la procesión del día de San Bartolo. Llevaba el Pendón al cinto “el ti” Pascual Lobato, y el remo “el ti” Plácido Gutiérrez. Un remolino azotó el paño, perdiendo el pendonero el equilibrio, y yendo al suelo con el consiguiente rumoreo dentro de la comitiva. Los hombros trasladaron al caído a la Iglesia, y en la esquina derecha trasera donde hasta no hace tanto estaba la pila bautismal, reposó largo tiempo. Primero con el paño, después desnuda, la vara cumplió sus últimos años de vida como palo de escoba, para quitar las telarañas en la parte más elevada del templo.

De esta historia hace más de ochenta años, Alberto, y gente más joven recuerdan la vara en la esquina, con paño o sin él, como también recuerdan una segunda vara bastante más corta, apoyada al lado de la primera. Como ahora suele ser normal que un pueblo exhiba Pendón y Pendoneta, antaño no solía suceder, a no ser que una cofradía u otro tipo de congregación contaran con la suya propia. Ayoó de Vidriales en algún tiempo estuvo sembrado de ermitas: la de las Animas, la de la Alhóndiga, la de San Bartolomé, etc, y la de San Mamés. Podemos afirmar que a alguna de ellas perteneció la vara pequeña, y aunque nadie viera ya restos de paño, es fácil que llevara los colores del grande, que por lo visto y leído, también suele suceder.

Hemos buscado escritos que documenten nuestros Pendones; aunque nunca es tarde nada hemos hallado. Del paño poco sabemos, aparte del testimonio de Alberto y sus contemporáneos (algunos ya fallecidos), todavía hay quien recuerda unos restos en las cajoneras de la sacristía, y todos coinciden en un color “parecido a las cubiertas de los libros de la Iglesia”, o sea, encarnado, colorado o carmesí. Y de la misma forma sitúan con gran claridad unas “tiras doradas”, la pasamanería. Es perfectamente evidente que así fuera, así que damos por concluido el rompecabezas.

En el último año una familia ha querido donar un Pendón para San Mamés y cuantas tradiciones estén relacionadas. Puestos manos a la obra, hemos elegido una vara obra del maestro Emiliano, y las labores de costura de Mercedes Pérez, muy conocida en el mundillo folklórico como “Merche la cubanita”. El pasado 7 de agosto, en la explanada de la ermita, hemos visto el deseo cumplido con la bendición de un Pendón de 5,50 metros y su paño carmesí, con bastante seguridad como el pequeño de antaño.

Hoy domingo, hemos ido a buscar al santo para realizar las futuras obras en su casa, la ermita. Con todos los honores, como Dios manda, lo hemos subido a hombros presidido por la que ya consta como su enseña. Ya en la Iglesia llegó caminando Alberto, haciendo un enorme esfuerzo, para conocer el Pendón y rememorar aquellos años de niño monaguillo. La satisfacción brilló en sus ojos, y por reflejo en los míos. Hoy toca dormir tranquilos; la historia en su afán de repetirse nos ha agraciado con un nuevo punto de partida. Velaremos por él.

Informantes: (De entre los muchos)
Laurentino Cano. (DEP)
Alberto Alonso.
Eufemia Álvarez.


Bendición del Pendón. (Foto Marian)

Traída del santo por las obras.








Llegada a la iglesia. (Fotos Marian)




En la Iglesia.


domingo, 31 de julio de 2016

Emiliano, maestro pendonero.

Emiliano Santos. 
Viñeta de Juárez, Diario de León

Solo algunas veces, la afición pasa de ser un mero entretenimiento, una distracción, para convertirse en una motivación en continuar o mejorar, o en darle el toque personal para añadir aún más si cabe estilo o atractivo; entonces habrá nacido un bienhechor, un abnegado artista.

Recientemente, he tenido el placer de conversar con uno de ellos, Emiliano; toda una institución en el extravertido mundillo de los Pendones leoneses. De carácter campechano y bonachón, recoge en sus excelentes 80 años toda la esencia de una tradición milenaria. Primero pujador, luego remero, y mientras fabricante de varas: quiero pensar que desde siempre se hizo así, pocos medios y muchas ganas de participar llevaron a algunos intrépidos autodidactas a construir y mejorar lo que hoy día mejor representa la idiosincrasia de los pueblos leoneses, los Pendones.

Emiliano Santos era albañil. Pero albañil de los de antes, que lo mismo valía para un roto que para un descosido. Compartía el noble arte de levantar edificios con el más noble de restaurar las partes que el tiempo, el uso o las adversidades se encargaban de deteriorar. Una profesión que exigía el dominio de varias técnicas, lejos de las especializaciones actuales. Son trabajadores instruidos por un maestro que se llamaba necesidad, intuición, perseverancia…, sé bien a lo que me refiero, mi padre, de su aproximada edad, realizaba las mismas tareas: pura y malpagada artesanía multidisciplinar.

Emiliano vivió aquellos años con la ilusión de participar en cuantas pendonadas se organizaran en la contorna, y sobre todo en la más especial, la de Castrotierra a Astorga. Con el inconveniente que en su pueblo, Santa María de la Isla, la vara del Pendón se había partido, el paño deteriorado, y él y el medio centenar de mozos que por entonces había, tenían que pedir a otros pueblos que les dejaran llevar el suyo. Llegó a ser clamor popular restaurar el Pendón; varias mujeres se comprometieron a las labores de costura, y su experiencia en las reparaciones lo animó a un reto: labrar una nueva vara para participar sin pedir favores. Fue su padre, Domingo, con alguna práctica más en carpintería, quien lo aleccionara en el cómo y por donde comenzar aquella empresa.

No es nada fácil, y lo demuestra las poquísimas personas que se atreven (con las facilidades que aportan las modernas herramientas), a fabricar tamaña pieza que cumpla una serie de requisitos: Belleza, altura, rectitud, ligereza, ausencia de cimbreo… cada vara es única y especial, de eso sabemos los pendoneros. La madera empleada ha ido mejorando; desde el chopo del país, pasando por los “palos de la luz”, a las actuales maderas laminadas; lo mismo que el paño, desde la costosa seda adamascada a las actuales sintéticas. Un proceso de adaptación que nada resta a la verdadera intención que siempre acompaña a los pendones: hermandad, amistad, conversación y sobre todo, armonía.

Emiliano ha adquirido esa rara habilidad de conseguirlo, y Vidriales es y será testigo de sus obras. La vara del Pendón de la Virgen del Campo, la del futuro Pendón de Carracedo, y la del futuro Pendón de San Mamés de Ayoó serán erguidas gracias a sus manos, Dios mediante, en este próximo agosto. Y solo son algunas de los más de tres cientos que se exhiben en la actualidad, de aquí a lugares tan alejados como Malhadas, al lado de Miranda do Douro, o Poza de la Vega, Palencia.

Las varas de Emiliano están perpetuando unas enseñas medievales que recorren la península en lugares destacados como Pamplona, Sevilla, Palencia, Madrid, Gijón o por el vecino Portugal, amén de nuestras fiestas y romerías, en las que añaden una sobredosis de elegancia y colorido. Un hecho que ayuda a mantener vivas nuestras más ancestrales tradiciones.

Dice un refrán que “de tal palo tal astilla”, y la sabiduría popular raras veces se equivoca. Domingo, instruyó a Emiliano, que a su vez ha inculcado el gusanillo a su hijo, Toño, para continuar la labor artesana de restaurar una pieza básica en la milenaria costumbre que incluía a todos y cada uno de nuestros pueblos. Yo, como aprendiz de pujador que soy, solo pretendo darle el mérito a quienes lo merecen, al maestro pendonero Emiliano y a su discípulo, y agradecerle sus conocimientos y el permitir ocupar una página de mi humilde blog. Con pocos como ellos, los Pendones están a salvo, y nuestra afición perpetua.











Fotos del proceso de labrado. 
Fotos de Toño.


Recogida de las varas para Vidriales. 
Emiliano, tercero de izquierda a derecha.



viernes, 8 de julio de 2016

Todos somos autónomos.


De lo poco que veo la tele, hay un anuncio que me ha llamado la atención últimamente, el de Bankia. Dicen en su spot que “los autónomos no parecen humanos”, como si tuviera gracia, viniendo de un banco investigado por estafa en su salida a bolsa, tarjetas Black, apropiación indebida, administración fraudulenta, delito fiscal… Un banco que para evitar la quiebra papá Estado inyectó… ¿Cuánto era?¿Veintidós mil millones de Euros? MÁS DE 3 BILLONES Y MEDIO DE PESETAS… Pues no, señores, ni tiene gracia ni los autónomos somos humanos, a una legua se nos nota la aureola de la santidad.

Quizás antes de nombrar a los autónomos los debieran conocer. Si, y no por sus cuentas corrientes. A esa conclusión solo llegan como parásitos sociales que son: “¡vengan, vengan, traigan sus ahorrillos, pídanos dinerito y nosotros engordaremos a vuestras expensas!”. Patético.

Papeleo, impuestos, normativas,… y la frasecita final: domiciliación bancaria, como que no hay escapatoria. Si o si hay que ir al banco, esperar el turno, saludarlos con educación (por si acaso), y hacer los trámites sin rechistar, que para eso nos tratan de sobrehumanos… Creo que al menos no es mucho pedir evitar la burla, ¿no?.

Si Bankia se hunde aparecen millones de euros como por encanto… ¿Saben ustedes lo que pasa cuando un autónomo se hunde? Pues, por ejemplo, pregunten a los afectados por el incendio en la fábrica Embutidos Rodriguez, de Soto de la Vega. Fracasa su medio de vida y ahí están, con una mano delante y otra detrás… ¿Dónde estás ahora, papá Estado?

Recogidas de firmas, búsqueda de apoyos, todo es poco para concienciar del mal trago de la casi totalidad de la plantilla de la fábrica, que a la vez alzan la voz en nombre de otros compañeros autónomos en su misma situación. La última idea es ir a León a manifestarse, y pienso que allí deberíamos estar todos… solo que como humanos que somos, mal que le pese a los de Bankia, tenemos que apechugar con nuestros respectivos trabajos, que día a día reinventamos y mantenemos con esfuerzo, sudor y lágrimas.

Acabamos de sufrir unas segundas elecciones, y seguimos siendo los grandes olvidados. Claro, que apenas somos 1.961.282, según el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, a 31 de marzo de 2016. Solo les preocupa jubilarnos a los 67, o 70 años, porque juegan a no saber de economía. Me veo con la cachica subido en el andamio… mientras quienes me obligan gozan de pagas vitalicias y otras prebendas. Si acaso nos mirarán con lupa, como posibles defraudadores de Hacienda, no siendo que hagamos algún movimiento de unos miles de euros en “negro”. En su estudiada miopía nunca ven los grandes movimientos de capital, no hay más que ver las noticias, ¿verdad? Hipócritas.

A veces me imagino un rincón campestre en el que el autónomo es como un caracolillo, constante, paciente, siempre tanteando el terreno que pisa. Claro que por eso lleva su casa encima, y si algo le ocurriera a la dirección todo su ajuar caerá con él a cualquier hoyito. Bien delante, lleva sus cuernecitos sociales, para que vaya por donde vaya se sepa qué es y a qué se dedica. Compite como puede con las hormiguitas, muchas más y mejor entrenadas; pero quizás él se siente especial y le gusta dejar su toque personal. Se esmera en un trato amigable con el cliente, porque sabe que contento es su mejor publicidad. Sueña con tiempos mejores y su único anhelo es disfrutar de los placeres de una vida digna, fruto de su esfuerzo diario. Si algo se rompe intentará arreglarlo, y si la tarea sale bien será menester guardar para la que sale mal. En los malos tiempos se recogerá en casa, minimizando energías; serán vitales a la hora de volver a caminar. Su gran problema es el rastro que lo persigue vaya donde vaya. Por él se guiarán los depredadores, los oportunistas que tratarán de medrar a su sombra, conocedores de esa debilidad de no saber caminar hacia atrás, ni de tener unos afilados dientes para defender su hogar.

Ánimo, compañeros autónomos. Sabed que estamos con vosotros aunque el cuerpo siga donde lo dejamos ayer. Algo tiene que cambiar, y quizás sea el momento. A por ellos!!!

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domingo, 12 de junio de 2016

Mi humilde aportación al Pretérito Imperfecto.


Del bien entendido desinterés, que no es falta de curiosidad o ilusión (al contrario, es de lo que más tiene), ha nacido un proyecto promovido por el Instituto Leonés de Antropología y Desarrollo Rural: Pretérito Imperfecto. Un proyecto remunerado únicamente con el saber que es un trabajo en equipo entre gente que ama su tierra y sus costumbres, coordinados por un amigo de sus amigos entre los que me cuento, Francisco Velasco, conocido folclorista, alma máter de Cantar de Crines.

La idea me parece que tiene, entre otras virtudes, la de ser original. Una foto antigua, y una reacción literaria. Todo recogido en papel y formato digital, y expuesto al público para en caso de prosperar y generar dinero dedicarlo a algún fin social. Un propósito brillante para el que han sido invitadas gentes de lo más variado de la sociedad; yo mismo, un simple albañil de pueblo.

El blanco y negro de fotografías inéditas de la colección que Francisco guarda y presta con celo, nos evoca tiempos y escenas de la primera mitad del siglo pasado, con la naturalidad e inocencia de aquellos usos y tradiciones que hoy aportan tantos recuerdos. Parece que hace mil años y apenas fue ayer, con sus luces y sombras, esa es nuestra identidad, y los nuevos textos el torrente de sensaciones que cada cual tiene a flor de piel.

Mi humilde aportación, un insignificante granito de arena, parte de la estampa de la fiesta Sacramental. Todos los valores morales inculcados en aquella sociedad se reflejaban un solo día, cuando el pueblo entero celebraba su festividad. Amistad, respeto, agradecimiento, laboriosidad, paz, tolerancia… Ese ha sido mi punto de vista y así lo he querido hacer ver:

Pero no sin antes agradecer infinitamente haber sido seleccionado.


Caras largas, emoción contenida.

El pueblo rinde tributo a su más fiel definición de unidad. Quizás solo sea por un día, de no importa qué mes, pero es la fecha esperada con ilusión.

Las casas rebosan humanidad. Fieles convidados venidos de lejos se acomodan en sus últimos rincones desde hace días para preparar el acontecimiento. Ha corrido la sangre de castrón, de pollo, de cordero… todos celosamente reservados para la ocasión. Se han desempolvado las grandes tarteras de Pereruela y llevan toda la mañana sobre el fuego de la recién encalada cocina, vigiladas de cerca por la sabiduría popular en el arte culinario. Mismamente parece que el humo oliera a gloria. Con la alborada es menester madrugar para cortar ramas de cualquier frondoso árbol y llenar de verdor las calles recién barridas y regadas por mor de matar el polvo. Incluso las más humildes paredes de huerto lucen sus galas vegetales; hoy, el pueblo parece otro.

Las campanas repican a fiesta, los niños corren, los mayores se besan. La pana y el lino, la estameña y el mantón florido salieron del arca severamente custodiada por alcanfor. Hoy se ve la calle regada de tomillo, romero, hinojo; hoy relucen la cruz parroquial y los faroles, se pasea el palio y hay concelebración en torno al Santísimo, que se digna en bendecir a su parroquia. Hoy sabemos de solemnidad. Y exhibiendo fuerza y maestría allá van los mozos, con el Pendón acariciado al viento, con el orgullo a flor de piel.

Luego a comer, manjares selectos y alegría en el mantel, aunque mañana solo alcance para sopas de ajo en puchero de barro. Y sobremesa del enorme mazapán y su consabido pocillo de café y copita de licor. Sin prisa, pero sin pausa, que en la pradera da en arremolinarse la gente para juegos y bailes de dulzaina y tamboril, y hay que llegar antes de que saquen a bailar a las mozas más guapas…

¡Pero callarse, hombre, que vamos en procesión…!

Enlace de interés: