Es bien
sabido que el buen tiempo, el calor, produce bienestar, alegría, euforia,
incluso hiperactividad. No es de extrañar entonces que el ser humano celebre el
solsticio de verano desde que conociera su fecha en los albores de su
inteligencia. Es un día mágico, en cualquier cultura, una fiesta natural, de
las que pide el cuerpo. El sol nos da vida, energía, y para demostrarle nuestro
afecto construimos otro diminuto sol, una lumbre, y la saltamos, del mismo modo
que el sol, una minúscula estrella comparada con otras o con la galaxia que la
retiene, “salta” en tan señalado día el trópico de cáncer, permanecerá varios
días sin moverse (hecho del que recibe su nombre), y a partir de ahí comenzarán
a menguar los días y a alargarse las noches. Los antiguos astrónomos lo sabían,
nada es porque sí. La hoguera simboliza la purificación, y el ánimo (fallido) para
ayudarle a continuar con fuerza. En el calendario, gregoriano y cristiano,
concedieron tan insigne fecha a San Juan Bautista (24 de junio, aproximada al
verdadero solsticio, que es variable, 20-21; este año es el día 20 a las 23:08 en tiempo
universal, una hora más para España). Era hijo de Zacarías e Isabel, sobrino de
la Virgen María. Bautizaba a los penitentes para purificarlos, como al mismo
Jesús, de quien dicen los evangelios fue precursor, y murió decapitado a petición
de Salomé, hija de Herodes. La misma fecha de fiesta pagana, para celebrar
todos, como parte de la naturaleza y sin rencor ni protagonismo, el ancestral
rito de la hoguera. Os animo a realizarlo, aunque solo sea sobre la llama de
una vela, sin supersticiones, que ya somos mayorcitos, sólo como diversión, que
si el grupo es bien avenido está garantizada. Desde luego, yo no me la pierdo.
eltijoaquin@hotmail.com - facebook.com/El Ti Joaquin
domingo, 17 de junio de 2012
jueves, 14 de junio de 2012
La nuera, la suegra y la prima
Mi
esposa, como ayoína tradicional, es una excelente horticultora, con todos los
beneficios que esto conlleva, tanto para la cocina natural como para el
bolsillo, que también cuenta. Su pasión por las plantas va más allá de los
semilleros, quiñones, huertos y parcelas, y como quien se lleva trabajo a casa,
la tiene profusamente decorada con las otras, las que no se comen, pero
engordan la vista.
A veces pienso, celosamente, que a éstas les tiene más cariño que a mí, y entonces me entran ganas de meter los pies en un tiesto y esperar sus mimos. La verdad es que las plantas decorativas aportan, entre otras cosas, dinamismo, color y olor a la casa, y dulce satisfacción a sus habitantes.
Una de las últimas en florecer, que nos ha tenido a todos más pendientes que si de un parto se tratara, es una hippeastrum, la estrella del caballero, algo así como una cebolla de la que florecen unas enormes y opuestas flores, en número de dos a cinco, que precisamente por su disposición antagónica se la llama “la nuera y la suegra”.
De la de mi esposa han florecido tres: la nuera, la suegra, y un tercer elemento de discordia, la prima (no la de riesgo, que no se lleva bien ni con las dos anteriores ni al parecer con el resto del planeta, salvo con los especuladores, aunque está en boca de todos que seguimos pendientes de sus puntos). Antaño puntos no había más que cuatro: los cardinales; ahora los tenemos por casi todo, por el móvil, por el banco, por tráfico… y por ésta prima, aunque los suyos funcionan al revés, como los que nos dan en cirugía: tantos más tengamos tanto peor nos habrá ido la operación.
Pues yo puntos a esta planta, en una escala de cero a diez, le daría once, me da igual que digan que sus flores no se entienden, solo sé que la mires por donde la mires es preciosa, espectacular, digna de llevar con orgullo aquel famoso lema de la medalla de la madre: “dar mucho, pedir poco”, porque sabe regalar a los cuatro vientos su belleza y elevar su rincón a la categoría de “el rincón”. Hablando de puntos, otros once para mi esposa, por encontrar tiempo para dedicar a sus amadas.
A veces pienso, celosamente, que a éstas les tiene más cariño que a mí, y entonces me entran ganas de meter los pies en un tiesto y esperar sus mimos. La verdad es que las plantas decorativas aportan, entre otras cosas, dinamismo, color y olor a la casa, y dulce satisfacción a sus habitantes.
Una de las últimas en florecer, que nos ha tenido a todos más pendientes que si de un parto se tratara, es una hippeastrum, la estrella del caballero, algo así como una cebolla de la que florecen unas enormes y opuestas flores, en número de dos a cinco, que precisamente por su disposición antagónica se la llama “la nuera y la suegra”.
De la de mi esposa han florecido tres: la nuera, la suegra, y un tercer elemento de discordia, la prima (no la de riesgo, que no se lleva bien ni con las dos anteriores ni al parecer con el resto del planeta, salvo con los especuladores, aunque está en boca de todos que seguimos pendientes de sus puntos). Antaño puntos no había más que cuatro: los cardinales; ahora los tenemos por casi todo, por el móvil, por el banco, por tráfico… y por ésta prima, aunque los suyos funcionan al revés, como los que nos dan en cirugía: tantos más tengamos tanto peor nos habrá ido la operación.
Pues yo puntos a esta planta, en una escala de cero a diez, le daría once, me da igual que digan que sus flores no se entienden, solo sé que la mires por donde la mires es preciosa, espectacular, digna de llevar con orgullo aquel famoso lema de la medalla de la madre: “dar mucho, pedir poco”, porque sabe regalar a los cuatro vientos su belleza y elevar su rincón a la categoría de “el rincón”. Hablando de puntos, otros once para mi esposa, por encontrar tiempo para dedicar a sus amadas.
martes, 5 de junio de 2012
Ahora que vamos despacio...
Siempre creí que el dinero se contaba según la aritmética, o
sea, 1 euro mas 1 euro hacen un total de 2 euros, y el 10 por ciento de 100
euros son 10 euros. Parece ser que no, que estas operaciones terminaron
obsoletas y desfasadas. Yo no digo ni si ni no, que soy parvulito en ésta rama
de las matemáticas, yo sigo tocando los dedos que mi buen trabajo me cuesta
hacer presupuestos, gastar menos de lo que gano (ahorrar, por si las moscas),
en resumen administrar, junto con mi esposa, nuestro hogar. Y benditos dedos, porque así “vamos tirando”, como dicen en la
fábrica de cohetes. Para guardar los ahorros existen al menos dos métodos: el
calcetín escondido debajo de una teja, fiable y cómodo, y los banqueros, que últimamente
se esmeran en parecerse a Alí Babá y pertenecer a su cuadrilla. Porque mientras
algunos nos partimos el espinazo de sol a sol, haciendo cábalas para vivir con algo
de dignidad, a base de trampas, comisiones, intereses ridículos, etc., sus
directivos se reparten multitud de millones de euros, aunque acaben de mandar
su empresa al carajo o se jubilen precipitadamente para que ingrese otro nuevo
gestor con derecho de pernada. Y no pasa nada, porque luego interviene papá
estado con el dinero de todos, para que no se pierda el dinero de todos, para al final dejar
a todos sin dinero. Pues vale. Lo grave del asunto es que nos tienen atrapados
en vil ratonera, hay montones de gestiones y pagos que hay que hacer a través
de ellos, tanto queramos como si no, no es como cuando no te gusta el pescado,
que no pisas la pescadería. Y ahora viene una entidad con representación local,
renovando las matemáticas, y promete a bombo y platillo, por televisión, prensa
y radio, y para más INRI, sobre los cristales de su establecimiento, que están
orgullosos de cobrar “hasta un 230 por ciento menos en comisiones que la
competencia”, además como por decreto divino. Yo esto no lo entendía, que los dedos
solo me alcanzan a restar hasta el 100 por 100, así que contacté con mi amigo
David de Santibañez, profesor de matemáticas http://nosolomates.es/,
para que me lo explicara, y así lo hizo de bien: http://nosolomates.es/?p=788 Supongamos, para hacer las cuentas
sencillas, que la competencia cobra un euro de comisión, que pondremos en
céntimos para que sean 100. Entonces, un 20% son 20 céntimos, un 50% son 50
céntimos y un 37% son 37 céntimos. Sencillo, ¿verdad? Pues bien, un 50% menos
es la mitad menos, así que nos cobrarían 50 céntimos. Un 80% menos es un
descuento de 80 céntimos y nos cobrarían 20. Un 100% menos, sería el total
menos, es decir, que no nos cobrarían nada. Y, efectivamente, un 230% menos son
230 céntimos menos, es decir, 2’30€ menos (Recordemos que la competencia cobraba
1 euro). Si hacéis la cuenta, la única manera de que esto sea posible es que
nos paguen 1’30€, en vez de cobrarnos. Podéis ir a la oficina y preguntar si os
dan dinero por las comisiones. Ya os adelanto yo la respuesta: NO. De modo que
el anuncio es, sencillamente, mentira. O eso, o el nivel de matemáticas de los
banqueros ha decaído tanto que ya no entienden ni los tantos por ciento… O
sea, que más que por gracia de Dios, el tema está entre diablillos, y ahora que
se ralentizan las finanzas siguen al pié de la letra la de aquella vieja
canción popular… “Ahora que vamos despacio, vamos a contar mentiras, tralará”. Y
hay bastantes más absurdos, como EVO banca inteligente, que promete en su anuncio que el
dinero que no gastas se ahorra automáticamente. Eso no es inteligente (inteligente sería que ellos se quedaran con todo), eso
sencillamente es… obvio, y ya decía
un proverbio árabe, que si lo que vas a decir no es más bello que el silencio…
¡cállate! Cada día entiendo mejor a mi padre, cuando porfiaba que el dinero
debería ser como las patatas y servir para un solo año. Visto lo visto, ¿sabéis
lo que os digo?
¡QUE VIVA EL TRUEQUE!
sábado, 2 de junio de 2012
El efecto torcecuellos
Dice un
proverbio chino, que el aleteo de las mariposas se pueden sentir al otro lado
del mundo. Seguro que Edward Lorenz, meteorólogo y matemático estadounidense,
conocía esta máxima cuando acuñó el término “efecto mariposa”, que enunció así:
Cuando una mariposa bate sus alas, en el lado opuesto del mundo se crea un
tornado. Esto no es rigurosamente cierto, pobrecitas mariposas, lo real, a grosso
modo, es que pequeños cambios en un sistema pueden tener un resultado complejo
y errático. Pues si me permitís invertir esta famosa teoría, algo muy gordo ha
tenido que suceder al otro lado del planeta para que un precioso pájaro, un
torcecuellos, abandone su hábitat natural, y venga a Ayoó a estrellarse contra
el cristal de una ventana, tratando de introducirse en el interior de una
vivienda. El desgraciado murió en el acto, y se libró de las fauces de algún
espabilado gato, y de pasar totalmente desapercibido, sólo porque el dueño de
la casa oyó el choque, y salió a ver la causa del ruido en su ventana. Yo nunca
había visto ninguno, y lo mismo me contestaron quienes pregunté, fue una guía
de campo y después Internet quienes nos sacaron de dudas. El torcecuellos es un
pájaro carpintero, familia de los cucos, que éstos si abundan en nuestros
montes, y aunque se les ve poco, se les oye perfectamente a largas distancias.
Su plumaje es parecido al del engañapastores, perfecto para el camuflaje, y su
tamaño es bastante menor. Come insectos, principalmente hormigas; en nuestra
zona desarrollaría una importante labor de limpieza de plagas, pero por
desgracia no es autóctono, y éste podría estar extraviado, alejado de la ruta de
migración. También podría ser que algunos “defensores de la naturaleza”, con
sus delirantes sueños maternales, (tema en tintero, bastante maduro), hayan soltado
algunas parejas para poblar, que no repoblar, nuestros campos y montes. O
también que su insólita muerte sea fruto del extraño comportamiento que padece
nuestro planeta, propio de un estado de demencia; el clima se ha vuelto
inestable y yo diría respondón. Por ejemplo, la sequía y el calor del pasado…
¿invierno? nos comienzan a pasar factura. Nuestra querida fuente de la Iglesia
está dejando de manar, no quiero ni pensar lo que podría ocurrir al otro lado
del mundo, como profetizaba Edward Lorenz con su “efecto mariposa”… ¿otro
tsunami?
lunes, 28 de mayo de 2012
La fuente romana de El Robleo
Recuerdo
que siendo adolescente, no tendría más de 10 o 12 años, jugaba con mis amigos a
las excavaciones… ¿arqueológicas? Cuando teníamos algún día libre, muchísimos
menos de los que disfrutan los chicos de hoy, cogíamos las bicis y alguna
pequeña herramienta para ir a la chana, al lado de la fuente que llamamos “El Robleo” (el Robledo) a buscar “tesoros”. Nadie nos había dicho que allí los
pudiera haber; creo que lo mágico del lugar nos animaba a hacerlo, sin más.
Bueno, en cierto modo miento, nuestros mayores nos habían contado que en los alrededores de la fuente se acercó un cacharero de Jiménez, con su carro lleno de barriles, cántaros, tarteras, etc. Y debido a lo cenagoso del lugar, las vacas, el carro, y todo su contenido se hundieron desapareciendo para siempre, y del asustado artesano decían que se libró por los pelos. Claro, que en la fuente de “mildeos” (mildedos) de Ayoó parece ser que sucedió lo mismo, o bien el cacharero era gafe, o era su fantasma vagando de fuente en fuente repitiendo su mismo accidente.
La fuente del “robleo” se secó hace por lo menos medio siglo, cuando comenzaron a perforar pozos artesianos en los valles. Y algo de pozo artesiano natural tendría, cuando recuerdan los que lo vieron manar que el agua levantaba con fuerza las blancas arenas del lecho, junto con pequeñas burbujas de aire, a las que les damos el simpático nombre de “gurgulitos”. La calzada romana, llamada también carretera del obispo (supongo que por venir desde Astorga por ella), pasa a escasos metros del seco manantial, por lo que tuvo que ser forzoso alto en el camino de incontables viandantes. ¡Cuántas meriendas se verían ayudadas por el agua de esta fuente!
Por cierto, un sorprendente dato: la calzada cruza la chana en perfecta línea recta, aproximadamente4 Km .,
y además está orientada con la misma perfección norte-sur. ¿Casualidad?, me
gusta pensar que no, aunque solo sea para poner una vez más de manifiesto la
magnífica habilidad romana para la construcción. Aunque para sorpresas, la de
saber que bajo los pies de aquellos inocentes niños exploradores, en realidad
se esconden las ruinas de dos grandes campamentos romanos, y lo que parece ser
una torre circular de vigilancia.
Yo conocía, a200 metros en dirección
sur partiendo desde la fuente, una elevación circular en el terreno, como un
plato vuelto del revés, con un diámetro aproximado de 70 metros . Aquello no era
natural, es evidente, y ha tenido que ser gracias a potentes y gratuitas
herramientas como el Google Maps o el SigPac, cuando los modernos satélites nos
han llevado a otra realidad, maravillosa realidad. Al lado de la fuente, dos construcciones militares dejaron restos todavía hoy visibles y apreciables
conociendo su paradero. Dos campamentos romanos: el mayor de 230,67 metros , (medidas aproximadas) que corresponderían a 6,5
actus vorsus (o surco, medida empleada para marcar el perímetro de la nueva
ciudad, que equivale a 35,489
metros, véase ( http://eltijoaquin.blogspot.com.es/2012/02/de-astorga-rosinos.html ), 156 passus o 780 pedis (plural de pes, pié
romano) de largo por 159,70
metros , 4,5 actus vorsus, 180 passus o 540 pedis de
ancho; y el menor de 159,70
metros , 4,5 actus vorsus, 180 passus o 540 pedis de
largo por 124,21
metros , 3,5 actus vorsus, 84 passus o 420 pedis de
ancho. La elevación circular tiene un diámetro de 70,97 metros , 2 actus
vorsus, 48 passus o 240 pedis. Para comparación, el campamento Petavonium tiene
248, 42 metros ,
7 actus vorsus, 168 passus o 840 pedis de largo por 195,18 metros , 5,5
actus vorsus, 132 passus o 660 pedis de ancho. (Medidas aproximadas en
distintos sistemas romanos de medida realizadas en metros con el SigPac).
De los dos campamentos de la chana, al lado de la fuente del robleo, me sacó de mi ignorancia Saúl Cenador García, natural de Castrocalbón, graduado en ingeniería mecánica, quien ha presentado un extraordinario trabajo como proyecto final de carrera, con puntuación de matrícula de honor. Entre otros temas incluye estos campamentos, que fueron curiosidad de niños sin sospecharlo, e importante testimonio para satisfacción de ese otro niño que sigo llevando dentro. Dicen los seguidores del esoterismo que los cruces de caminos y los pozos esconden positivas fuentes de energía. A lo mejor llevan razón, y es la energía que me llevó y llevará, mientras pueda, a disfrutar al mismo lugar. Es mi sino.
P.D.- Las fotos de abajo están sacadas del google maps y del sigpac, para apreciar mejor las distintas coloraciones del terreno.Bueno, en cierto modo miento, nuestros mayores nos habían contado que en los alrededores de la fuente se acercó un cacharero de Jiménez, con su carro lleno de barriles, cántaros, tarteras, etc. Y debido a lo cenagoso del lugar, las vacas, el carro, y todo su contenido se hundieron desapareciendo para siempre, y del asustado artesano decían que se libró por los pelos. Claro, que en la fuente de “mildeos” (mildedos) de Ayoó parece ser que sucedió lo mismo, o bien el cacharero era gafe, o era su fantasma vagando de fuente en fuente repitiendo su mismo accidente.
La fuente del “robleo” se secó hace por lo menos medio siglo, cuando comenzaron a perforar pozos artesianos en los valles. Y algo de pozo artesiano natural tendría, cuando recuerdan los que lo vieron manar que el agua levantaba con fuerza las blancas arenas del lecho, junto con pequeñas burbujas de aire, a las que les damos el simpático nombre de “gurgulitos”. La calzada romana, llamada también carretera del obispo (supongo que por venir desde Astorga por ella), pasa a escasos metros del seco manantial, por lo que tuvo que ser forzoso alto en el camino de incontables viandantes. ¡Cuántas meriendas se verían ayudadas por el agua de esta fuente!
Por cierto, un sorprendente dato: la calzada cruza la chana en perfecta línea recta, aproximadamente
Yo conocía, a
De los dos campamentos de la chana, al lado de la fuente del robleo, me sacó de mi ignorancia Saúl Cenador García, natural de Castrocalbón, graduado en ingeniería mecánica, quien ha presentado un extraordinario trabajo como proyecto final de carrera, con puntuación de matrícula de honor. Entre otros temas incluye estos campamentos, que fueron curiosidad de niños sin sospecharlo, e importante testimonio para satisfacción de ese otro niño que sigo llevando dentro. Dicen los seguidores del esoterismo que los cruces de caminos y los pozos esconden positivas fuentes de energía. A lo mejor llevan razón, y es la energía que me llevó y llevará, mientras pueda, a disfrutar al mismo lugar. Es mi sino.
Campamento circular, o torre de vigilancia romana.
Campamento romano, SigPac-Maps
Otro campamento, Sigpac-Maps.
Petavonium, Maps.
martes, 22 de mayo de 2012
Las obras del 2012 en nuestro Santuario
Este
pasado domingo comenzó en el Santuario de la Virgen del Campo, con la primera
comunión de 11 niños, un nuevo ciclo de actividad religiosa con importantes
mejoras en el edificio, como recordó nuestro párroco D. Miguel, y resumo para
darle el mérito a quien lo tiene, porque lo merece. En primer lugar, el
obispado de Astorga aportó una subvención de 50.000 euros, para el nuevo tejado
del presbiterio, el de la torre y el rejuntado de la misma. Con los recursos
propios y las aportaciones de los socios se pagó la restauración y colocación
de las puertas principales, traídas desde Astorga por mediación del ecónomo
diocesano, antiguo párroco de varios pueblos del valle, y presidente de la
asociación, D, Víctor Murias. La restauración del retablo izquierdo, en lamentable
estado, es una donación de D. José Luis Casanova, autor de los trabajos en el
retablo mayor, que está haciendo una gran labor de reconstrucción de lo que
dábamos por perdido. Y debemos las nuevas campanas a D. Álvaro Huerga,
religioso, antiguo alumno de la desaparecida preceptoría en su día anexa a
nuestro Santuario, exprofesor en una universidad católica en Roma, y
actualmente profesor en otra, en Puerto Rico. Este año, unas obras por un valor
efectivo aproximado de 90.000 euros. A todo esto sumarle pequeñas, o grandes
cosas, como la limpieza, los adornos florales, los coros, las aportaciones
desinteresadas, la organización, etc., para alcanzar un valor real y
sentimental incalculable, para que aquel cruce de caminos vuelva a ser lo que
un día fue, centro de Vidriales, edificio histórico, nuestro patrimonio
cultural. Terminaba el vídeo del artículo anterior con un pequeño “gracias a
quien corresponda”, permitidme otro GRACIAS A QUIEN CORRESPONDA, y otro vídeo,
el del primer solemne toque de campanas, anuncio de la pasada misa del domingo,
y preludio de una nueva etapa en nuestro querido punto de encuentro.
sábado, 19 de mayo de 2012
Las campanas
Las
campanas a veces llaman, otras despiden; festejan con alegría o contagian tristeza;
avisan del tiempo; perturban la paz o tranquilizan devolviéndola…; con su tañido provocan decenas de
sensaciones que a nadie dejan indiferente. Esto ha llevado a multitud de
leyendas, y como protagonistas estos torneados instrumentos de percusión
fabricados con bronce. Las llaman espantadoras de espíritus, de enfermedades y
plagas, de tormentas; las consideran enemigas de brujas y maleficios, y
protectoras de las gentes de bien. Con los distintos ritmos, o toques, informan
de múltiples actividades, o del comienzo de las misas, y al lado de los
callados relojes resaltan el inmemorial paso del tiempo. Los romanos llamaban a
las campanas “tintinábulum”, vocablo onomatopéyico que alude a su sonido “tin”
(Yo creo que hubiese estado más acertado el nombre “tantanábulum”). A partir
del siglo VI se comenzaron a llamar campanas, posiblemente por utilizarse estos
objetos con regularidad en Campania, región italiana. En las iglesias antiguas
se las llamaba “Signum”, señal, y quizás un resto sea aquel pequeño toque que
anuncia el comienzo de la misa, la “seña”. Los antiguos constructores
simbolizaban el poder del edificio en el
tamaño de las campanas, y así al tocarlas trasmitían vibraciones al conjunto
para colmarlo de ecos. La torre que las alberga, el campanario, tiene varias
formas, siendo las más conocidas la humilde espadaña y la más señorial torre
cuadrangular, como la del Santuario de la Virgen del Campo, que en estos días
acoge entre sus muros tres relucientes campanas. Para los seguidores de éste
templo mariano es una gran satisfacción volver a verlas en los ventanales y oírlas
en la contorna. Comenzaba con leyendas, y la más extendida cuenta como algunas
campanas tocan solas, incluso bajo el agua. Tras voltear por primera vez
nuestras nuevas campanas, me sorprendió ese efecto que duró unos minutos, dando
fe de un correcto equilibrado y excelente mecanizado, obra de auténticos
profesionales:
Campanas Quintana.
http://www.laopiniondezamora.es/benavente/2012/05/19/sonoro-regalo-rosinos/601349.html
viernes, 11 de mayo de 2012
Las mazaculas
Otra
bonita tradición perdida. Las mazaculas, que pudieran parecer un castigo, y realmente
son una estupenda diversión, en la que interviene el secreto en la preparación
(tu agarras por los pies y tu por los brazos), la sorpresa (cuando yo diga…),
la lucha, las carreras, el juego… y el contacto, tan necesario en la conducta
humana. Mazaculas, o mazaculos, es una palabra compuesta: maza- de mazar, dar
con el mazo, machacar; y -cula o –culo, obvio. Consiste en levantar un palmo de
espaldas al suelo a la víctima, agarrado por los pies y las manos, y subiendo y
bajando darle unos suaves golpes en el trasero mientras se canta ¡uno!, ¡dos!,
¡tres!... tantos como años o número de veces que se quiera celebrar. Se daban
sobre todo en los cumpleaños, aunque también sirven como broma divertida. En
los niños son efectivas, se dan la totalidad; en los mayores son simbólicas y
con dos o tres vale, aparte de que el peso y la risa no permiten seguir. Son de
tiempos anteriores al consumismo, de cuando los tirones de orejas, y los
colgaderos, aquellos trofeos de caramelos o bollos atados con un hilo, que se
introducen o “cuelgan” por la cabeza del agraciado en el momento de
felicitarlo. Y la verdad es que no se necesita mucho más para ser feliz, seguro
que los de cierta edad me comprendéis perfectamente. Estamos, en broma,
recuperando las mazaculas. Así me las dieron en mi cumpleaños:
domingo, 6 de mayo de 2012
Feliz día, mamá.
EL CONSEJO MATERNAL
Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día;
(aún parece que escucho en el ambiente
de su voz la celeste melodía).
Ven, y dime qué causas tan extrañas
te arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas pestañas,
como gota cuajada de rocío.
Tú tienes una pena y me la ocultas.
¿No sabes que la madre más sencilla
sabe leer en el alma de sus hijos
como tú en la cartilla?
¿Quieres que te adivine lo que sientes?
Ven para acá, pilluelo,
que con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.
Yo prorrumpí a llorar. Nada, le dije;
la causa de mis lágrimas ignoro,
pero de vez en cuando se me oprime
el corazón, y lloro.
Ella inclinó la frente, pensativa,
se turbó su pupila,
y, enjugando sus ojos y los míos,
me dijo más tranquila:
- Llama siempre a tu madre cuando sufras,
que vendrá, muerta o viva;
si está en el mundo, a compartir tus penas,
y si no, a consolarte desde arriba...
Y lo hago así cuando la suerte ruda,
como hoy, perturba de mi hogar la calma:
¡Invoco el nombre de mi madre amada,
y, entonces, siento que se ensancha el alma!
Olegario Víctor Andrade
(1839-1882)
El San Mamés de Ayoó
Todos
los años, a primeros de mayo, los ayoínos recibimos con ilusión la visita de
San Mamés. Salimos a buscarlo en solemne procesión, y al encuentro se le canta,
en su presencia se bendicen los campos, y de vuelta a la iglesia comienza el
rezo de una novena. Tras éstos días en el pueblo lo devolvemos a su morada, la
ermita, donde nos esperará cada domingo para visita y rosario, y el 7 de agosto
para la fiesta grande.
Cuenta la historia que San Mamés nació hacia el año 259, de una mujer encarcelada por ser cristiana, Rufina (Santa Rufina), que murió poco después del parto. Del niño huérfano pidió hacerse cargo una noble patricia, Ammia (Santa Ammia), y le dio el nombre de lo que quizás más necesitara la criatura, amamantar, (otras fuentes lo relacionan con mamá). Ammia murió cuando Mamés tenía 15 años, y le dejó su rica herencia, que el adolescente repartió entre los pobres. Perseguido también por cristiano, huyó y se dedicó en las montañas al pastoreo, hasta que fue atrapado, conducido al circo y arrojado a los leones. Dicen que lejos de devorarlo, lamían sus heridas, hasta que un enfurecido verdugo clavó un tridente en el vientre del santo, que murió poco tiempo después en una cueva.
Nuestro San Mamés es una talla sencilla, que extrañamente porta en la cabeza una corona dorada. Una cacha en su mano derecha y una oveja a los pies son atributos que recuerdan su oficio de pastor, con gran tradición en nuestro pueblo. La capa se asemeja a las de pardo, que se usaban para protegerse del frío, y el libro de su mano izquierda me trae de la memoria esa imagen del pastor o pastora entretenidos, con la lectura, el punto o ganchillo, y más recientemente con la radio, mientras observan su ganado.
Esto, básicamente, es la tradición, la historia y nuestra imagen; permitidme añadir otra historia distinta, de las que como saben que me gustan me cuentan, y aunque no sean más que pura fantasía, relato con el mayor de los respetos. Pues sucedió que en un pueblo de cuyo nombre suelo acordarme, una mujer dio a luz un niño, y después de darle la teta, como dicen por allí, lo acostó en su cunita para volver sus quehaceres. Al rato, acudió al dormitorio a ver a su hijo, y gritó, y lloró, al ver la cuna vacía; nadie excepto ella estaba en la casa… ¡le habían robado el niño!. El pueblo alertado decidió salir a buscar al ladrón, y partió en todas direcciones, hasta que un grupo encontró al recién nacido solo y dormidito debajo de un roble, en la ladera de un monte cercano. Lo llevaron de nuevo con la madre, que lo abrazó y besó y por el susto el resto del día no se separó de la vera de su cuna.
Al día siguiente le volvió a dar el pecho, y lo acostó para su reposo. Y otra vez, en cuanto la madre abandonó la habitación, el niño desapareció. Salieron de nuevo a buscarlo, y lo encontraron sano y dormido en el mismo lugar, algo que sucedió desde entonces, era darle de mamar, dejarlo solo y el niño milagrosamente aparecía en el monte, a donde la madre, ya sin avisar a nadie, iba por su hijo para volver a casa. A las dos semanas, llegó el momento de bautizarlo, y le pusieron de nombre Mamés, porque los ojitos de este niño parecían decir “- Ya mamé, y vuelvo a la sombra del roble”. Y en aquel lugar la gente del pueblo levantó un edificio, para que por lo menos el niño no tuviera frío mientras llegaba la madre.
Cuenta la historia que San Mamés nació hacia el año 259, de una mujer encarcelada por ser cristiana, Rufina (Santa Rufina), que murió poco después del parto. Del niño huérfano pidió hacerse cargo una noble patricia, Ammia (Santa Ammia), y le dio el nombre de lo que quizás más necesitara la criatura, amamantar, (otras fuentes lo relacionan con mamá). Ammia murió cuando Mamés tenía 15 años, y le dejó su rica herencia, que el adolescente repartió entre los pobres. Perseguido también por cristiano, huyó y se dedicó en las montañas al pastoreo, hasta que fue atrapado, conducido al circo y arrojado a los leones. Dicen que lejos de devorarlo, lamían sus heridas, hasta que un enfurecido verdugo clavó un tridente en el vientre del santo, que murió poco tiempo después en una cueva.
Nuestro San Mamés es una talla sencilla, que extrañamente porta en la cabeza una corona dorada. Una cacha en su mano derecha y una oveja a los pies son atributos que recuerdan su oficio de pastor, con gran tradición en nuestro pueblo. La capa se asemeja a las de pardo, que se usaban para protegerse del frío, y el libro de su mano izquierda me trae de la memoria esa imagen del pastor o pastora entretenidos, con la lectura, el punto o ganchillo, y más recientemente con la radio, mientras observan su ganado.
Esto, básicamente, es la tradición, la historia y nuestra imagen; permitidme añadir otra historia distinta, de las que como saben que me gustan me cuentan, y aunque no sean más que pura fantasía, relato con el mayor de los respetos. Pues sucedió que en un pueblo de cuyo nombre suelo acordarme, una mujer dio a luz un niño, y después de darle la teta, como dicen por allí, lo acostó en su cunita para volver sus quehaceres. Al rato, acudió al dormitorio a ver a su hijo, y gritó, y lloró, al ver la cuna vacía; nadie excepto ella estaba en la casa… ¡le habían robado el niño!. El pueblo alertado decidió salir a buscar al ladrón, y partió en todas direcciones, hasta que un grupo encontró al recién nacido solo y dormidito debajo de un roble, en la ladera de un monte cercano. Lo llevaron de nuevo con la madre, que lo abrazó y besó y por el susto el resto del día no se separó de la vera de su cuna.
Al día siguiente le volvió a dar el pecho, y lo acostó para su reposo. Y otra vez, en cuanto la madre abandonó la habitación, el niño desapareció. Salieron de nuevo a buscarlo, y lo encontraron sano y dormido en el mismo lugar, algo que sucedió desde entonces, era darle de mamar, dejarlo solo y el niño milagrosamente aparecía en el monte, a donde la madre, ya sin avisar a nadie, iba por su hijo para volver a casa. A las dos semanas, llegó el momento de bautizarlo, y le pusieron de nombre Mamés, porque los ojitos de este niño parecían decir “- Ya mamé, y vuelvo a la sombra del roble”. Y en aquel lugar la gente del pueblo levantó un edificio, para que por lo menos el niño no tuviera frío mientras llegaba la madre.
Hoy dicen que aquello es una ermita.
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